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MISIONEROS EN CAMINO: XXII Domingo del T.O. (Mt 16, 21- 27) - Ciclo A: LA FE NO ES UN ATAJO
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sábado, 27 de agosto de 2011

XXII Domingo del T.O. (Mt 16, 21- 27) - Ciclo A: LA FE NO ES UN ATAJO



Aquel Pedro que fue inspirado por el mismo Jesús para su profesión de fe “Tú eres el hijo de Dios” hoy es puesto sobre las cuerdas: tú no piensas como Dios, piensas como los hombres.

1.- La fe es gracia y es regalo. Es un privilegio que Dios nos concede. Desde esa luz, que es la fe, podemos alumbrar todo lo que acontece en torno a nosotros e, incluso, nuestras mismas personas.

Como a Pedro, al mundo de hoy, no le seduce demasiado el sufrimiento. Preferimos una fe de bizcocho a una fe probada; una fe de gloria a una fe de calvario; una fe de sentimientos a una fe de conversión, una fe con camino llano más que aquella otra expresada en camino angosto o empedrado duro.

Pensar como Dios, exige optar por lo que el mundo nos oculta. Pensar como los hombres, puede llevarnos a perdernos en unos túneles sin salida, a caer en unos pozos sin fondo.

2.- El camino que Jesús nos propone, no es el de los atajos que el discurso materialista nos vende machaconamente. No es aquel del escaparate del triunfo, sino aquel otro que se fragua en el escenario del servicio. No es el de la apariencia, sino el trabajar sin desmayo allá donde nadie oposita.

Para que brille el sol es necesario que el cielo esté limpio de nubes. Jesús, en el evangelio de este domingo veraniego, nos advierte que para que destelle Dios con toda su magnitud en nosotros, no hemos de ser obstáculo. El sufrimiento y la cruz, o dicho de otra manera, las contrariedades, oposición, zancadillas, sinsabores, incomprensiones, etc., lejos de rehusarlas hemos de aprender a valorarlas y encajarlas desde ese apostar por Jesús de Nazaret en un contexto social donde, a veces, se oyen más las voces de los enemigos de Dios que la labor transformadora de aquellos que creemos en El.

¿A quién le apetece un camino con espinas? Jesús nos lo adelanta. Y los primeros testigos del evangelio (apóstoles y mártires) lo vivieron en propia carne: ser de Cristo implica estar abierto a lo que pueda venir. Incluso dar la vida por El.

Frente al único pensamiento que algunos pretenden imponernos (que puede distar mucho del pensamiento que Dios tiene sobre el mundo) no cabe sino ser fuertes y abrazar la cruz cuando sea necesario.

3.- Los cristianos no podemos hacer como los avestruces; dicen que cuando ven peligro a su alrededor bajan la cabeza y la esconden entre su plumaje. Nuestra fe nos exige opciones y, una de ellas, es precisamente ser fuertes ante nuestras propias realidades. Frente aquello que sabemos que convive con nosotros y que nos acompañará indefinidamente: el sufrimiento o la duda, la ansiedad o el dolor, la contradicción o la cruz.

4.- COGERÉ TU CRUZ, SEÑOR

Pues su madera, bien lo sé, Jesús

es escalera que conduce a la Resurrección.



Cogeré tu cruz, Señor,

pues su altura, es altura de miras

para los que creen en otro mundo

para los que esperan en Dios

para los que, cansándose o desangrándose,

saben compartir y repartir en los demás.



Cogeré tu cruz, Señor,

pues sus clavos, pasan la carne

pero no matan la fe.

Es la fe, quien a la cruz,

le da otro brillo y hasta otro color:

ni es tan cruel ni es definitiva.

Después de la cruz, vendrá la vida.



¡Dame tu cruz, Señor!

Merece la pena arriesgarse por Ti

Merece la pena sembrar en tu campo

Merece le pena sufrir contratiempos

Merece la pena adentrarse en tus caminos

sabiendo que, Tú, los recorriste primero.



¡Cogeré tu cruz, Señor!

Enséñame dónde y cómo

Indícame hacia dónde

Háblame cuando, por su peso,

caiga en el duro asfalto.

Quiero coger tu cruz, Señor,

porque bien lo sé,

hace tiempo que lo aprendí

que ideales como los tuyos

tienen y se pagan por un alto precio

Quiero coger tu cruz, Señor,

porque es preferible

en el horizonte de los montes

ver tu cruz

que el vacío del hombre errante

Amén


WebJCP | Abril 2007