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MISIONEROS EN CAMINO: XIX Domingo del T.O. (Mt 14, 22-33) - Ciclo A: ANTE EL MIEDO… OREMOS
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jueves, 4 de agosto de 2011

XIX Domingo del T.O. (Mt 14, 22-33) - Ciclo A: ANTE EL MIEDO… OREMOS



1.- Había quedado atrás aquel milagro espectacular de la multiplicación de los panes y de los peces. Los discípulos, sin pensárselo dos veces, subieron a la barca invitados por Jesús.
Con aquel Señor que cumplía lo que decía, que multiplicaba a miles, panes y peces, merecía la pena ser seguido y obedecido. ¡Qué mejor seguridad que caminar con tan buen cayado!
Pero, como en las películas, en el seguimiento a Jesús hay escenas de miedo. Momentos donde parece detenerse la felicidad. Instantes que uno quisiera pasar rápidamente para llegar al final cuanto antes.

Los discípulos se embarcaron en aquella aventura que Jesús les sugirió. Pronto comenzaron las dificultades. Las aguas turbulentas, el mar embravecido les hizo comer su propia realidad: seguir a Jesús no implica vivir al margen de las pruebas, de los sufrimientos o de los temores. Eso sí, vivir con Jesús, aporta la fortaleza y serenidad necesarias para seguir adelante y para que nunca, las zancadillas, sean mayores que nuestra capacidad para sortearlas.

2. - Uno, cuando es creyente convencido (no solo bautizado) pone sus afanes no solamente en la exclusividad de sus fuerzas y carismas. Jesús, aún siendo Hijo de Dios, necesitaba de ese “tú a tú” de la oración. Escogía espacio y tiempo, lugares y silencio para un coloquio con Dios.

A Jesús, en su experiencia de Getsemaní, se le diluyeron los miedos y las ganas de renunciar a su misión, por el contacto íntimo con Dios. ¿No será que nuestras fragilidades y cobardías son fruto de nuestra deficitaria comunión o comunicación con el Señor?

3.- ¡No tengáis miedo! Nos dice el Señor en este domingo. En pleno verano y con un sol de justicia, buscamos sombrillas y lociones que nos hagan más llevadero el tórrido calor. Tenemos miedo a quemarnos y miedo al dolor. La fe, cuando está sólidamente fundamentada y enganchada en Jesús, es la mejor sombrilla y la mejor loción que podemos utilizar para evitar quemaduras en el alma y sonrojo en el rostro.

Estamos en unos tiempos donde hemos de saber contemplar la presencia de un Dios que nos está tensando un poco. Que está purificando nuestro discipulado. Nuestra pertenencia a su pueblo.

4.- Hoy, como Pedro, gritamos aquello de ¡Señor, sálvame! Dejemos un margen de confianza al Señor. Lancémonos a las aguas de nuestro mundo sin miedo a ser engullidos por ellas. Si, el Señor va por delante, tenemos las de ganar. El es el dueño de la barca. El sentido de nuestra historia. El fin de nuestra oración y de nuestra entrega. En el silencio aparente, en la ausencia dolorosa es donde hemos de aprender a buscar y a ver el rostro del Señor que, un domingo más y en pleno verano, nos grita: ¡Animo soy yo, no tengáis miedo!

5.- TENGO MIEDO, SEÑOR

A que tu barca, la barca de tu Iglesia,

me lleva a horizontes desconocidos

A que, tu Palabra, veraz y nítida

deje al descubierto el “pedro”

que habita en mis entrañas.



TENGO MIEDO, SEÑOR

De caminar sobre las aguas de la fe

De nadar contracorriente

De mirarte y estremecerme

De hundirme en mis miserias

y en mis tribulaciones

en mi falta de confianza

y…de mis exigencias contigo.



TENGO MIEDO, SEÑOR

De que me vean avanzando

en medio de las olas del mundo

con las velas desplegadas de la fe

Que me divisen, de cerca o de lejos,

navegando en dirección hacia Ti



TENGO MIEDO, SEÑOR

De que, en las dificultades,

no respondas como yo quisiera

Que, en las tormentas,

no me rescates a tiempo

Que, en la lluvia torrencial,

no acudas en mi socorro.

Por eso, porque tengo miedo, Señor,

mírame de frente, de costado y de lado

para que, en mis temores,

Tú seas el Señor

El Señor que venga en mi rescate.

Amén


WebJCP | Abril 2007