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MISIONEROS EN CAMINO: Palabra para la Misión: Oh Dios, ¿dónde estás? Para que revelemos tu rostro...
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domingo, 7 de agosto de 2011

Palabra para la Misión: Oh Dios, ¿dónde estás? Para que revelemos tu rostro...


Domingo XIX del T.O. - EUNTES
Año A – Domingo 7.8.2011

1Reyes 19,9.11-13 / Salmo 84 / Romanos 9,1-5
Mateo 14,22-33

Reflexiones

¿Cómo es Dios? ¿Qué hace? ¿Qué tiene que ver con mi vida? ¿Como se manifiesta? Son las preguntas que cada persona se hace, tarde o temprano; de una u otra manera. Inútilmente algunos ‘ateos’ quisieran borrar esta realidad. Las etapas de la manifestación de Dios y los pasos del hombre en la búsqueda de su Señor y Padre van desde la creación a Cristo. Este es el hilo conductor que une las lecturas de hoy. De manera libre y sorprendente, Dios se manifiesta a los hombres: primero en la creación del mundo y de cada persona; luego, por medio del las alianzas y de los profetas; y, finalmente, en el evento único y definitivo de Jesucristo, Dios en carne humana Ante la manifestación gratuita de Dios, normalmente sigue la respuesta por parte del hombre, en una búsqueda a menudo trabajosa e incierta. Todas las religiones y filosofías de los pueblos son un índice y el resultado del deseo profundo que Dios ha inscrito en el corazón de las personas y de las culturas: ¿Quién es Dios? ¿Dónde está? ¿Qué hace?… Los logros de esta búsqueda están en las diferentes expresiones religiosas que acompañan y orientan al hombre en su caminas histórico. Las religiones naturales son diferentes según las épocas y las culturas, pero tienen un origen común: la aspiración humana a establecer una relación con la divinidad. Este es el terreno religioso natural en el cual los misioneros encuentran a los pueblos en el primer anuncio del Evangelio.


La teología cristiana, desde sus inicios (s. II, con los santos Justino e Ireneo), enseña a los obreros del Evangelio que han de descubrir las “semillas del Verbo”, es decir, los valores humanos y espirituales presentes en las culturas. Por la acción del Verbo, por medio del cual han sido creadas todas las cosas (cf Col 1,15-17), y gracias a la presencia del Espíritu Santo, protagonista de la misión (cf RMi 21s), tales valore se encuentran ya en las culturas de los pueblos, aun antes que se les anuncie la Buena Nueva de Cristo. En virtud de su origen divino, dichos valores constituyen una buena preparación para acoger el Evangelio. La presencia del Verbo y del Espíritu, quienes anteceden la llegada del misionero, crea una especial sintonía entre el Evangelio y las culturas, que en general facilita la recepción del mensaje cristiano. Cristo llega como plenitud de la revelación de Dios, como don gratuito, pero no por eso es algo opcional o alternativo. (*)


Además de la revelación basada en la creación, Dios se reserva la iniciativa de manifestarse en el modo, en el tiempo y en las personas que Él quiere. En el caso de Elías (I lectura) la manifestación de Dios se da con signos diferentes a la de Moisés, aunque se realice sobre el mismo monte (Sinaí-Horeb). Elías está huyendo después de haber masacrado a los profetas de Baal en el monte Carmelo (cf 1Reyes 18) y necesita convertirse: reconocer a Dios no a través de signos fuertes (viento huracanado, terremoto y fuego) sino en el “susurro” (v. 12). En el mar en borrasca y entre los gritos de miedo a los fantasmas (Evangelio), Jesús se revela primero como orante solitario sobre el monte (v.23) y luego como portador de paz y seguridad: “¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!” (v.27). Al igual que en otras epifanías de Jesús, la conclusión es la fe de los discípulos (v.33). Más ampliamente, es la comunidad misionera de Mateo la que, probada por las incipientes persecuciones y la “poca fe” (v.31), renueva la adhesión a su Señor resucitado, invocándolo con el título pascual de Kurios, Señor (v. 28.30). A primeros de agosto, coinciden en el calendario dos eventos de signo opuesto: el recuerdo del rostro transfigurado de Jesús (fiesta del 6/8) y las explosiones atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki (Japón, 6 y 9/8/1945). Dos signos elocuentes del bien y del mal.


En la historia de las personas y de los pueblos se van alternando a menudo épocas de apertura y de cerrazón ante el misterio de Dios, períodos de indiferencia, resistencia, y hasta de rechazo. Ante estas situaciones, el misionero guarda una actitud humilde y orante: la fuerza para la misión viene de la fe y de la oración. Es el caso de Pablo (II lectura), que siente un dolor grande y un continuo sufrimiento (v. 2) por sus hermanos y correligionarios (v. 3). Lamentablemente, la mayoría del pueblo judío, si bien recibió, a lo largo de los siglos, hasta ocho privilegios inestimables (v. 4-5), se ha cerrado al Mesías, que nació “de los patriarcas, según lo humano”: No lo reconocen como el Salvador, muerto y resucitado, como Dios bendito por los siglos (v. 5).


El misterio del pueblo elegido lleva a pensar en la realidad misionera de tantos pueblos que aún no se han abierto al Evangelio, con excepción de unas minorías. Cabe pensar en la China, India, Japón, mundo islámico… Ciertamente estos pueblos no están fuera de la acción salvífica de Cristo, el único salvador de todos, sin embargo, permanece el misterio de su llamada a la Fe en Cristo y de su pertenencia a la Iglesia. También para ellos Dios tiene su proyecto. Nosotros no conocemos los tempos y los caminos por los cuales el Espíritu realiza el encuentro salvífico con Cristo (GS 22). Pero la certeza que este encuentro se realiza, sostiene la esperanza del discípulo y del misionero, incluso cuando la barca está sacudida por las olas (Evangelio) y el viento es contrario (v. 24).


Palabra del Papa

(*) “Lo que más me mueve a proclamar la urgencia de la evangelización misionera es que esta constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humanidad entera en el mundo actual, el cual está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia”.

Juan Pablo II

Encíclica Redemptoris Missio (1990), n. 2
Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 7/8: BB. Agatángel Nourry y Casián Vaz López-Netto, misioneros capuchinos en Siria, Egipto y Etiopía, donde fueron martirizados (Gondar, +1638).

- 8/8: S. Domingo de Guzmán (1170-1221), sacerdote español, misionero itinerante y evangelizador entre los herejes en Francia, fundador de la Orden de los Predicadores (los Dominicos).

- 8/8: S. María E. MacKillop (Sidney +1909), religiosa y fundadora. Es la primera Santa australiana.

- 9/8: S. Teresa Benedicta de la Cruz (Edith) Stein (1891-1942), alemana de origen judío; se convirtió al cristianismo, ingresó en un monasterio carmelitano y fue martirizada en Auschwitz (Polonia). Es copatrona de Europa.

- 9/8: Día Internacional de los Pueblos Indígenas (instituido por la ONU en 1995).

- 10/8: S. Lorenzo, diácono y mártir (+258), servidor de los pobres de la Iglesia de Roma.

- 11/8: S. Clara de Asís (+1253), seguidora de S. Francisco y modelo cristiano en la vida de pobreza, austeridad, caridad y contemplación.

- 11/8: B. John Henry Newman (1801-1890), teólogo y filósofo inglés, se convirtió del anglicanismo, luego fue cardenal. Sus lemas eran: “La santidad, ante todo”; “El corazón habla al corazón”.

- 11/8: B. Mauricio Tornay (1910-1949), sacerdote suizo, misionero en China y en Tibet, donde fue martirizado.

- 12/8: San Daniel Comboni fue ordenado en Roma (1877) obispo del Vicariato de África Central, entonces “el más extenso del mundo”.


WebJCP | Abril 2007