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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Día: 08 de Junio de 2011 - VII Semana de Pascua - Ciclo A
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martes, 7 de junio de 2011

Evangelio Misionero del Día: 08 de Junio de 2011 - VII Semana de Pascua - Ciclo A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 17, 6a. 11 b-19

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
Padre santo, manifesté tu Nombre
a los que separaste del mundo para confiármelos.
Cuídalos en tu Nombre que me diste
para que sean uno, como nosotros.
Mientras estaba con ellos,
Yo los cuidaba en tu Nombre que me diste;
los protegía
y no se perdió ninguno de ellos,
excepto el que debía perderse,
para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora vaya ti,
y digo esto estando en el mundo,
para que mi gozo sea el de ellos
y su gozo sea perfecto.

Yo les comuniqué tu palabra,
y el mundo los odió
porque ellos no son del mundo,
como tampoco Yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo,
sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo,
como tampoco Yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad:
tu palabra es verdad.
Así como Tú me enviaste al mundo,
Yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro,
para que también ellos
sean consagrados en la verdad.

Compartiendo la Palabra
Por P. Fernando Gonzalez

Queridos amigos y amigas:

La última semana del tiempo pascual es una semana “testamentaria”. Las lecturas nos presentan el testamento de Pablo (Hechos de los Apóstoles) y el testamento de Jesús (evangelio de Juan).

Pablo, despidiéndose de los responsables de la comunidad de Éfeso, les hace una sentida exhortación al cuidado de la comunidad, a la alerta frente a los “lobos feroces”, y al trabajo gratuito en favor de los necesitados. Al hablar de este último aspecto cita dos dichos de Jesús, casi dos refranes, que han debido de llegarle por tradición oral: Más vale dar que recibir y Más dichoso es el que da que el que recibe. Es verdad que en una cultura autosuficiente como la nuestra se necesita mucha humildad para saber recibir, pero tendríamos que seguir profundizando en la sabiduría evangélica del “dar”. Hoy, por lo general, damos cosas. Por todas partes hay campañas a favor de las iglesias necesitadas, de los enfermos de SIDA, de los desempleados, etc. Pero pocas veces se trata del dar de la viuda, que es el modelo favorito de Jesús. En un contexto de relativa abundancia, damos de lo que no sobra. Podemos así tranquilizar la conciencia, pero nos quedamos sin experimentar el fruto evangélico que acompaña a quien da lo que necesita para vivir. Nos hemos hecho tan calculadores (presupuestos, balances, proyectos, etc.) que cualquier acción desprogramada nos parece asistencialismo. Y, sin embargo, la donación de uno mismo se resiste a la planificación, porque no depende de lo que yo quiero hacer con mi vida sino de lo que los demás (casi siempre de forma imprevista) necesitan.

Jesús le pide al Padre por sus discípulos, por los que me has dado: para que no se pierdan, sean uno, tengan alegría, sean preservados del mal y santificados en la verdad. Fortalecidos por estos dones del Padre, podrán ser enviados. Por eso, el fragmento testamentario de hoy termina con un envío: Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Mientras medito estas palabras, pienso si nuestros “envíos” de hoy van acompañados por los dones que Jesús pide al Padre; es decir, por la unidad, por la alegría, por la verdad. ¿No os parece que nuestras acciones individualistas, tristes y de mera apariencia están llamadas al fracaso?


WebJCP | Abril 2007