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MISIONEROS EN CAMINO: Domingo de la Ascensión del Señor (Mt 28,16-2) - Ciclo A: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración
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sábado, 4 de junio de 2011

Domingo de la Ascensión del Señor (Mt 28,16-2) - Ciclo A: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Publicado por DABAR

La ascensión de Jesús hacia su Abba no es lo único que acontece en la ascensión. Como siempre, en todo lo que acontece entorno a Jesús, hay un dar. Tras manifestarse resucitado a los suyos, Jesús asciende hacia el Padre y el Espíritu Santo desciende. Y es aquí cuando cobran sentido algunas de sus palabras que antes no podían entender los suyos: «os conviene que yo me vaya» les había dicho antes, cómo es posible que nos convenga que el Maestro se vaya, a donde iremos sin él, hacia que caminos y qué camino tomaremos, qué haremos… se vislumbra siempre en los apóstoles la impaciencia, la necesidad de saber, de programar, de ordenarse(quien es el primero entre nosotros, quien estará al lado de Dios,…), de controlar la situación… Jesús como siempre, tiene que ponerles en su lugar: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Jesús contestó: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad»

Al final por muy acompañados que estemos en la vida, aún por mucha familia y amigos que tengamos, las grandes partidas las jugamos solos, la libertad requiere asumir decisiones personales, apoyados, acompañados, hasta incluso sostenidos, pero personales, de cada uno. En esa soledad de las decisiones vitales o momentos difíciles sólo Dios nos acompaña, en medio del bullicio y los ruidos que siempre nos rodean, entre los miedos y las heridas, las inseguridades y las indecisiones, el no saber o no querer, se alza la voz de Jesús: «No os alejéis de Je¬rusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vo¬sotros seréis bautizados con Espíritu Santo».

La promesa de Dios es la promesa de Jesús, «no os dejaré solos», «Cuando el Es¬píritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo», «sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

He ahí la promesa y el programa. Permaneced en Jerusalén, unidos, todavía no os disperséis, cuando llegue la hora en que el Espíritu os de fuerza para ser mis testigos, cuándo Dios decida, iréis predicándome por Jerusalén, Judea, Samaria y los confines del mundo.

Sí Jesús les envía hacia lo desconocido, pero no van solos, antes de partir deben recibir el Espíritu Santo, saberse, en su compañía, enviados por él. Si no pueden recibir el Espíritu Santo y volver a sus lugares de origen como si nada hubiera pasado, tampoco pueden partir hacia ese envío universal sin recibir el Espíritu Santo. Partir aparentemente desnudos, pero vestidos con una nueva confianza, la seguridad de llevar en sus corazones el Espíritu. Ir hacia nuevos mundos, con misiones nuevas a hacer «discípulos de todas los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he manda¬do ».

Enviados a ir por el mundo viviendo como Jesús vivió, mostrando su mensaje de amor, viviendo desde su promesa de compañía, lo más ligeros de equipaje posible como dice la canción:
‘Se detiene el tiempo cuando es Dios el que habla,
quien vive en desnudez le arropan sus palabras.
Cuando toca fondo la oración despojada,
el alma nada tiene, sólo en Dios descansa.
Una cruz como equipaje, no hace falta nada más,
si te vistes de pobreza, a su sombra crecerás.
Puede ir muy lejos quien a nada se ata,
el paso es más ligero, el cuerpo nada extraña.’


ELENA GASCÓN
elena@dabar.net






DIOS HABLA

HECHOS DE LOS APOSTOLES 1,1 11
En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numero¬sas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios. Una vez que comían juntos les recomendó: «No os alejéis de Je¬rusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vo¬sotros seréis bautizados con Espíritu Santo». Ellos lo rodearon preguntándole: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Jesús contestó: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Es¬píritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo». Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?. El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse».

EFESIOS 1,17 23
Hermanos: Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé Espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en he¬rencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentán¬dolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potes¬tad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

MATEO 28,16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he manda¬do. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».




EXEGESIS

PRIMERA LECTURA
La introducción del libro de los Hechos de los Apóstoles (1,1-11) presenta, después del prólogo-dedicatoria (1,1-3), la narración de la Ascensión en la versión de ese libro la cual es la narración más extensa sobre ese suceso que aparece en todo el Nuevo Testamento

El prólogo representa el empalme entre las dos partes de la obra lucana. Es el paso de la presencia prepascual de Jesús al tiempo de la comunidad cristiana. Su tono es más teológico que histórico.

Hay una alusión a la vida nueva resucitada de Jesucristo como punto de partida del resto. El número de cuarenta días, aparte de otras consideraciones sobre la dificultad de medir el tiempo del Resucitado, no puede tomarse a la letra sino simbólicamente, como la mayoría de los números bíblicos.

La narración misma de la Ascensión ha de desmitologizarse e interpretarse. Realmente no podemos imaginar a Jesús como una especie de cohete espacial, ni que el cielo esté realmente "arriba", etc.

El significado fundamental es, por un lado, la exaltación total de Jesús, realizada en la Resurrección que aquí culmina. Por otro, el notar que comienza una época de ausencia física de Jesús, experimentada por los mismos discípulos que le han tratado en su vida anterior. Falta de presencia física que no ha de llevar a nostalgia o inmovilismo sino a acción y a esperanza en el futuro.

La aparición de los varones celestes - también simbólica, desde luego - orienta a la comunidad hacia ese futuro. No ha de verse a Cristo exaltado al margen de la comunidad sino como invitándonos a seguir su camino. El Nuevo Testamento no está de acuerdo con Fray Luis : “Y dejas, ¡Pastor Santo !, tu grey...” Se puede comprender ese sentimiento de tristeza, pero el Nuevo Testamento no lo comparte. No hay nostalgia del Jesús terreno, lo cual resulta curioso, pues los discípulos inmediatos son los que más razones hubieran tenido para sentirla. Hay en cambio esperanza y dinamismo misionero.


FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net



SEGUNDA LECTURA
Después del himno cristológico de Efesios (1,3-14) hay una súplica y acción de gracias del autor del escrito, la cual, además de servir para su propia finalidad de ofrecer a nuestra consideración una oración bíblica, constituye una especie de desarrollo y ampliación del plan de Dios expuesto en el himno anterior. Naturalmente el percibir aunque sólo sea un poco esta acción salvífica de Dios es un don que hay que recibir de Él mismo. Por eso se pide que nos lo conceda.

Hay una ponderación grande de esa acción con expresiones como "riqueza de gloria", "eficacia de su fuerza poderosa". Acción realizada ya en Cristo, pero que, para nosotros, en parte al menos, es objeto de esperanza.

La acción de Dios, en efecto, se ha llevado a cabo desde antes de la creación, en Cristo y por Cristo. Su momento culminante es la Resurrección/exaltación total del Señor. Pero, en línea con la teología paulina, ese hecho no se limita sólo a Cristo sino es garantía de que nosotros mismos seguiremos ese mismo camino y tenemos el mismo destino. Por ello, aunque parece que se está hablando sólo de Cristo hay una dimensión soteriológica implícita en cuanto se afirma de Él. La glorificación suya ya es comienzo de la nuestra. Y también en coherencia con la mentalidad paulina se hace ver que tal acción todavía ha de realizarse en alguna medida, al menos en cuanto a nosotros todavía. Todavía nos queda algo por vivir plenamente y en ese aspecto todavía esperamos.

Esta lectura se usa en la Ascensión del Señor porque, en realidad, esta fiesta es la fiesta de la exaltación de Cristo mencionada en Efesios y... también de la nuestra.

Nosotros, los cristianos, aparecemos en el final de la lectura al mencionar a la iglesia como cuerpo de la Cabeza Cristo. No es concebible en la concepción de este escrito que la Cabeza le suceda la exaltación sin que ello también alcance a los miembros de su cuerpo que somos nosotros.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


EVANGELIO

1. Aclaraciones al texto
V.16 Galilea. En Galilea comenzó Jesús su actividad (4,11), una región con connotaciones de universalidad (4,15-16). Al monte que Jesús les había indicado. Esta traducción presupone una orden concreta que, por lo que se refiere al monte, no ha sido mencionada. Traducción más correcta: Al monte donde Jesús les había dado sus instrucciones, en clara referencia al monte de la primera gran enseñanza de Jesús, concentrada por Mateo en los capítulos 5-7. Galilea y el monte, símbolos de universalidad y de enseñanza respectivamente.
V.17 Ellos se postraron, pero algunos dudaban. Todos se postran, algunos dudan. Es textualmente posible la siguiente traducción: Ellos se postraron y ellos mismos dudaron. Todos se postran y todos dudan. Postrarse. En el evangelio de Mateo este gesto trasciende el simple respeto y se convierte en sinónimo de adorar.
V.18 Se me ha dado pleno poder. Empleo de la pasiva evitando pronunciar el nombre de Dios. Las palabras remiten a la visión del capítulo 7 del libro de Daniel: una figura humana acercándose al anciano sentado en el trono; la figura humana es investida de poder sobre todos los pueblos.
V.19 Haced discípulos de todos los pueblos. Esta acertadísima traducción señala a los discípulos su campo de actuación: no sólo un pueblo sino todos los pueblos. Las palabras denotan ampliación (de Pueblo de Dios judío a Pueblo de Dios universal), no imposición ni proselitismo.

2. Texto
Con este texto finaliza Mateo su evangelio. Lo hace en el mismo marco geográfico en el que Jesús dio comienzo a su actividad. El mensaje es claro: la actividad de los discípulos es continuación de la actividad de Jesús. Con una única diferencia: la actividad de Jesús ha estado geográficamente limitada a Israel; la de los discípulos no tendrá limitación geográfica. Jesús ha sido el germen y, en cuanto tal, limitado a la tierra judía; los once son el desarrollo de ese germen sin límite de tierra.
La misión de los discípulos no tiene su origen en ellos sino en Jesús resucitado. Sin la realidad de un Jesús resucitado los discípulos no habrían existido en cuanto tales y habrían desaparecido de la escena. No fueron ellos quienes crearon a Jesús resucitado; fue Jesús resucitado quien los creó a ellos para la misión.
Resucitando a Jesús, Dios constituyó a Jesús Señor de cielo y tierra. Este Señorío universal es el fundamento de la misión universal de los discípulos.
Con esta credencial los discípulos ofrecen a todos sin excepción la participación en la vida misma de Dios por medio del bautismo y las enseñanzas de Jesús.
Este ofrecimiento, esta misión acarreará a los discípulos sufrimiento, crisis y persecución. Pero el Señor les asegura su asistencia eficaz: Yo estaré con vosotros siempre.

3. Comprensión actualizante
Comienza la Iglesia. Se cumple la gran promesa hecha por Dios a Abrahán en Gén.12,2-3: Haré de ti un gran pueblo; con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.
La Iglesia debe a todos sin excepción el bautismo y las enseñanzas de Jesús. Ésta es su misión, ésta su razón de ser. Este deber tiene su origen y fuente en Dios.
La Iglesia se debe a todos sin excepción, independientemente de la nación, del color, de la lengua, de la extracción social. Se debe a todos, porque antes se debe al Señor de todos.


ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net



NOTAS PARA LA HOMILIA

PORQUE HAY SEGUNDAS PARTES QUE SÍ SON BUENAS

El encuentro del Señor resucitado con aquellos que creen en Él provoca vida renovada. La Iglesia, como comunidad de los discípulos de Jesucristo aparece en medio del mundo como sacramento, como signo de la vida nueva que en Cristo, Dios Padre ofrece a la humanidad.

Jesús no se ha conformado con decirnos y mostrarnos quien es Dios, sino que nos ha llevado hasta él. Ha hecho posible que entremos en comunión de vida con Dios Padre, por medio de él, en el Espíritu Santo.

Cristo ha sido glorificado por el Padre. Y el triunfo que celebramos de él, como Señor de todo, es la gloria que nosotros confiamos alcanzar. Pues somos su Cuerpo, él es la cabeza. Por eso nuestra esperanza es cierta. Una esperanza enraizada en Jesucristo, muerto, resucitado y glorificado para nuestra salvación. Desde Dios Padre intercede por nosotros.

Esta esperanza nos empuja y estimula a vivir nuestra vida como tiempo oportuno para ir transformando este mundo según el modelo de persona que es Cristo, y de acuerdo al proyecto de su Reino.

En esta tarea, a la que hemos sido llamados por Jesús, no estamos solos. Él nos ha dicho que estará hasta el final con nosotros. Su presencia nos acompañará en cada momento de nuestro creer y amar en cristiano.

Nos ha prometido, que desde Dios Padre, nos enviará el Espíritu Santo. De esta manera no sólo el Espíritu orará en nosotros, o nos hará llamar a Dios Padre Nuestro, y a Jesús, Señor… también fortalecerá nuestra fe para que nuestro testimonio sea auténtico, gozoso, valiente, creativo, evangelizador y convencido. Un testimonio que tiene como centro, como fundamento a Jesucristo. Él es el Evangelio. Es el proyecto y programa pastoral permanente.

En el día a día personal y comunitario, los cristianos encontramos en la vida de la Iglesia, como continuadora de la misión salvadora de Jesús: la Palabra, la Liturgia, la Caridad, la comunión eclesial… La Iglesia nos ofrece estos medios para iluminar, expresar, fortalecer y comunicar la fe en Jesucristo.

Una Palabra que nos convoca, nos reúne, nos interpela, y purifica nuestro ser y hacer para llegar a tener en nosotros los mismos sentimientos y actitudes de Jesús. El ejercicio de la Caridad en sus diversas expresiones muestra que Dios es amor, y que la fe no se queda en sentir lástima, o en sincera compasión, sino que llega a la misericordia, a la Caridad, al amor total, como don de uno mismo, al igual que hace Jesús, pues siento al que sufre como parte de mi propia vida. No me quedo insensible ante el dolor ajeno, mi mirada contemplativa, me lleva a la Caridad, que transforma y vivifica.

Al celebrar la fe descubro el paso de Dios Padre, en Jesucristo, a lo largo de todas las etapas de mi vida. Y percibo y vivo la Eucaristía como punto de partida y como meta de la vida de la Iglesia, como Sacramento de Caridad, y a la vez como fuente y contenido de la acción misionera y evangelizadora de la Iglesia.

Es el tiempo de la Iglesia. El Señor resucitado, glorificado, “exaltado a la derecha del Padre”, nos hace una invitación a comunicar el gozo de la fe. Nada de nostalgias o tristezas por el pasado, no a esos miedos o temores que nos impiden vivir las consecuencias de la fe en Jesús. La realidad que nos ocupa y preocupa, es la tierra en la que somos llamados por Jesús a sembrar la buena semilla del Evangelio de su Reino.

Sabemos que la persona humana “es el camino de la Iglesia”, que todo lo humano no nos puede ser ajeno. Desde el acontecimiento de la Encarnación de Dios, de su “poner su casa entre nosotros”, el Hijo de Dios hecho carne, hecho persona humana nos anima y alienta a que colaboremos con Él para que nuestro mundo sea transformado, de acuerdo al plan amoroso de Dios.

La llamada que Jesús nos hace para dar testimonio de él, es universal, no debe reducirse a tal o cual ámbito o grupo humano. Por encima de las fronteras geográficas o ideológicas está la urgencia y el carácter universal de la misión que él nos ha encomendado. Como Iglesia en medio de la sociedad estamos llamados a dar razón de nuestra esperanza, de Cristo. Él es el camino que nos muestra a Dios Padre y nos conduce a Él.


JESÚS GRACIA LOSILLA
jesus@dabar.net



PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS

Id y haced discípulos de todos los pueblos
(Mt 18, 19)

Preguntas y cuestiones
El relato de la Ascensión, nos revela grosso modo dos cuestiones: Jesús resucitado tiene el poder y la gloria; nosotros, sus seguidores tenemos una tarea que nos encomienda el mismo Jesús: hacer discípulos de todos los pueblos.

El ofrecimiento y encargo de Jesús, no es sólo para un grupo determinado. La universalidad a la que estamos enviados, ¿cómo lo vivimos en lo cotidiano, en el día a día? Tenemos que reconocer que a veces más que hacer discípulos, damos un testimonio que provoca rechazo o alejamiento, ¿qué tenemos que cambiar?
¿Tenemos también esa mirada en Jesús que asciende por Él mismo y desaparece a la vista de los suyos? ¿En qué aspectos de nuestra vida mostramos ese reconocimiento de que Jesús tiene el poder y la gloria?


PARA LA ORACION
Dios y Padre nuestro, aviva en nosotros la fe en ti. Derrama sobre tu Iglesia el Espíritu Santo, que nos ha prometido tu Hijo, para que seamos testigos de tu misericordia en medio de todos los pueblos de la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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Señor Jesús, tú nos prometes el Espíritu Santo que nos recordará todo lo que has dicho y hecho para conducirnos a Dios Padre, y vivir unidos a Él. Haznos audaces y creativos para comunicar a todos el gozo y la tarea de fe. Tú que vives y reinas…
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Te damos gracias, Señor y Dios nuestro, porque has glorificado a Tu Hijo, resucitándolo de la muerte.
Él está junto a Ti, y nos envía el Espíritu Santo para hacernos testigos de tu amor en medio de todos los ámbitos y circunstancias de la realidad que vivimos, gozamos y sufrimos.
Te alabamos porque también nosotros participaremos de la misma gloria y destino de tu Hijo Jesús. Y esta esperanza nos anima a vivir el camino de la fe como tarea a realizar en el aquí y ahora de nuestra existencia personal y comunitaria.
Ayúdanos a no desentendernos de transformar este mundo a tu imagen, según el proyecto de tu Reino. Que vivamos el tiempo como oportunidad para anunciar a toda persona que en Ti nuestra esperanza tiene sentido y fundamento.
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Te damos gracias, Señor, porque nos has llamado a cada uno a continuar tu obra. Que, alimentados con tu Cuerpo y tu Sangre, podamos creer y amar conforme a tu Palabra, sirviendo a nuestro prójimo desde una caridad constante y sincera.


LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
Sed todos bienvenidos a la celebración de la Eucaristía en la Solemnidad de la Ascensión del Señor. En este hermoso tiempo de Pascua nos sentimos de forma especial convocados por la Palabra Viva del Señor Resucitado. Somos enviados por él para dar testimonio de nuestra experiencia de encuentro con Él.
Como Iglesia, como comunidad de los que creemos en Jesucristo, escuchamos la llamada que nos hace para vivir intensamente nuestra identidad y misión de cristianos. Somos continuadores de su misión en este tiempo y en esta sociedad. Nos anima y empuja la fuerza de su Espíritu.

SALUDO
Hermanos: Que Dios Padre, que ha glorificado a su Hijo Jesucristo, como Señor Resucitado esté con todos vosotros.

ACTO PENITENCIAL
Jesús, el Señor nos muestra la misericordia de Dios Padre. Reconozcamos con sinceridad de corazón nuestros pecados.
-Porque nos desentendemos de nuestra misión como testigos del Evangelio. Señor, ten piedad
-Por los miedos, tristezas y nostalgias que nos impiden comunicar a otros el gozo de la fe. Cristo, ten piedad.
-Porque en ocasiones vivimos de tal forma que no hacemos palpable tu Reino. Señor, ten piedad

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
El autor del libro de los Hechos nos presenta la Ascensión del Señor como el culmen de todo el ministerio público y la obra salvadora de Jesucristo. Es el retorno a Dios Padre; es el inicio de la misión de la Iglesia. Jesús nos enviará el Espíritu Santo, para que podamos anunciarle a Él, como Buena noticia, a todas las gentes.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 46)
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Pueblos todos batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas; tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Porque Dios es el rey del mundo; tocad con maestría. Dios reina sobre todas las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
Pablo les describe a los cristianos de Éfeso la plenitud, el triunfo de Cristo en la gloria del cielo. Nos recuerda que estamos llamados a participar de ese triunfo, de la gloria de Jesús, junto a su Padre Dios. Somos parte de su cuerpo, Él es la cabeza. Actuamos en su nombre porque la fuerza del Espíritu Santo ya actúa en nosotros.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
El fragmento del Evangelio que hoy se va a proclamar nos presenta la glorificación de Cristo sobre todo. La consecuencia de este triunfo del Señor es el mandato misionero que confía a los cristianos de todos los tiempos. La misión de la Iglesia continúa en el tiempo la tarea salvadora de Jesús. Una misión universal en la que Él va a estar siempre presente acompañando a sus discípulos.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Jesús, el Señor, que ha sido glorificado por Dios Padre, nos invita a llamar a Dios Padre Nuestro. Sintiéndonos hijos suyos le dirigimos nuestras oraciones. Digamos: Escúchanos, Padre.
-Por la Iglesia para que el encuentro con el Señor Resucitado fortalezca nuestra fe, y nos haga audaces testigos del Evangelio de Jesús. Oremos
-Por los niños, jóvenes y adultos que en este tiempo de la Pascua se han incorporado a la Iglesia por la fe y el Bautismo o han recibido la Confirmación o la Eucaristía por primera vez para que sean fieles al don recibido y a la misión recibida de Jesús. Oremos.
-Por todos los que trabajan en los medios de comunicación social para que vivan su tarea como servicio a la sociedad, como ayuda a la formación integral de la persona. Oremos.
-Por los que gobiernan las naciones para que ante las dificultades y los conflictos, no antepongan al bien común, ni intereses particulares, ni de grupo. Oremos
-Por los perseguidos, los enfermos, por todos los que sufren para que el Espíritu Santo les conceda vivir en autentica esperanza. Oremos.
-Por nuestra comunidad (parroquial) para que vivamos nuestro Bautismo con una conciencia más misionera y con la esperanza enraizada en Jesucristo. Oremos.
Oración: Escucha, Señor, nuestras súplicas. Acrecienta en nosotros la fidelidad a tu Palabra, y aviva la experiencia de sabernos hijos tuyos muy queridos, para que superando miedos y tristezas, podamos amarte en libertad y confianza.




CANTOS PARA LA CELEBRACION
Entrada. Hacia ti, morada santa; Somos un pueblo que camina; Hoy me siento peregrino (disco “Siguiendo las pisadas de Cristo”).
Gloria. Del disco de Erdozáin “15 Cantos para la cena del Señor”.
Salmo. LdS; Aleluya, aleluya, el Señor es nuestro rey.
Aleluya. Aleluya pascual (1CLN-E 2); Aleluya (del domingo pasado).
Ofertorio. Tomad, Virgen pura.
Santo. Gregoriano.
Comunión. Cerca de ti, Señor; No busquéis entre los muertos (1CLN-222); Yo estaré con vosotros (Disco “Siguiendo las pisadas de Cristo”); Junto a ti al caer de la tarde.
Final. Id y proclamad; Anunciaremos tu Reino, Señor.



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
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WebJCP | Abril 2007