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MISIONEROS EN CAMINO: Domingo de la Ascensión del Señor (Mt 28,16-2) - Ciclo A: SINFONIA INCONCLUSA
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sábado, 4 de junio de 2011

Domingo de la Ascensión del Señor (Mt 28,16-2) - Ciclo A: SINFONIA INCONCLUSA



1.-Muy gentiles amigos:

¿Hay alguien al que le gusten las despedidas?, ¿Quién de nosotros no ha rehuído alguna vez la ocasión de decir adiós y ha preferido mejor desaparecerse discretamente sin tener que justificar el porqué de nuestras momentáneas o definitivas ausencias?;...

Todavía recuerdo aquella tarde en la Parroquia de la Resurrección del Señor, parroquia de mi juventud, el padre Rafael Uribe, erudito sacerdote agustino, me pedía que me sentara junto a él en una comida de despedida que le organizó nuestra comunidad después de 8 años sirviendo a los fieles de Cristo de nuestra feligresía. Aquel hombre austero, sencillo, elocuente, de rasgos duros y en la apariencia seco e inconmovible, abogado titulado por doble partida, así en las leyes civiles como en las leyes eclesiásticas,... un hombre que me imponía siempre con su hábito negro, por su excelente dominio intelectual en diversos campos y por su carácter fuerte, formado indudablemente en la recia y antigua disciplina eclesial religiosa. Sentado junto a él le veía sonreir ante las muestras de afecto de los bautizados y en su silencio imposibilitado para contener las lágrimas de sus ojos que le traicionaron y que sin previa solicitud de permiso escapaban rodando por sus mejillas,... y me decía: “Rogelio, ¡Quién dice que no cuesta despedirse es por que nunca lo ha hecho!”... Y yo volteé a mirarlo y le dije: “y sin embargo está feliz ¿no es así?” El me dijo: lacónicamente: “sí”,... Concluí entonces: “Déjese querer, Don Rafa, ¡Déjese querer!”...

2.- Todos nosotros debemos ser conscientes de que los caminos tienen un principio e incluyen un final, que toda competencia tiene su señal de salida e incluye una meta, que todos los libros deben de tener una introducción y contemplan alegremente una conclusión, que todo prólogo promete siempre un epílogo, que los días poseen sus amaneceres y sus anocheceres, que existe en el horizonte una aurora y un ocaso, que la primavera acusará la factura del invierno, que toda obra musical posee una obertura y también tiene una nota final, que la niñez trae consigo el germen de la ancianidad y que el cansancio de la siembra trae en sus espaldas la alegría de la cosecha. El telonero en el teatro de nuestra vida apenas abre las cortinas y tiene que estar preparado para cuando deje caer el telón. ¡Debemos ser conscientes y consecuentes!

3.- No obstante, los hombres de nuestro tiempo solemos no darnos cuenta, o por lo menos vivimos de tal manera, que pareciéramos, sino en lo teórico sí en lo práctico, querer olvidar la transitoriedad que encierra nuestra vida y la medida que tiene todo aquello que se gesta en el tiempo y en el espacio.

Muchas de nuestras actuaciones en la vida diaria suelen denunciar una falta de conciencia en torno a nuestra contingencia existencial. Nuestra vida diaria se vive, las más de las veces, con tanta frivolidad e irresponsabilidad, que pareciéramos tener en un presupuesto de seguridad la certeza de la posesión de la eternidad mientras que estamos viviendo todavía en la temporalidad.

Y es entonces, que surgen tantas escenas tristes que nos hablan de nuestros fracasos humanos: edificios sin terminar en las grandes avenidas; casas residenciales a medio construir; carreteras, autopistas y anillos viales interrumpidos en su realización, obras de drenaje pluvial detenidas sin un avistamiento de su conclusión o simuladas en su inconclusión bajo el silencio de la superficie; libros diseñados que se han quedado a la mitad de su redacción; y así tantas y tantas sinfonías inconclusas de la vida humana.

Hoy, somos tantos los que cargamos con nuestra propia sinfonía inconclusa, sobre todo cuando no hemos sido capaces de prever la limitación real de nuestros recursos. Somos cada vez más, los que hemos puesto los cimientos de nuestras grandes construcciones académicas, comerciales, laborales, de inversiones y hasta familiares, pero que no hemos pensado con seriedad en la necesidad de diseñar y prever la realización sostenida de todas y cada una de las etapas de nuestros edificios, especialmente las últimas.

4.- No obstante, mi querido amigo:

Es bueno que, no te quedes discurriendo solamente en tu entorno y en esas realidades materiales,... de tal manera que puedas asumir la invitación para que transciendas en los recursos del pensamiento, y así puedas darte cuenta de que muchas de nuestras familias y de nuestras propias vidas son esas enciclopedias inacabadas.

Somos tantas las personas que no asumimos la caducidad de nuestra vida, y que actuamos en la existencia como si fuéramos eternos, o por lo menos, cómo si tuviéramos la seguridad de que vamos a vivir cien años,... o un poquito más.

Piensa y trata de resolver, no en voz alta sino en la interioridad y en la sinceridad éstas preguntas: ¿Tu familia está preparada para cuando sobrevenga tu ausencia? –Sí o no- ¡Sé sincero! ¿Si el día de mañana,... o esta misma noche, Dios te llamara a su presencia y tú ya no te encuentras junto a los tuyos, las cosas podrían continuar con su desarrollo normal? ¿Están preparados tus seres queridos para asumir el timón de la embarcación y seguir el rumbo de la vida, cuando tú no estés al frente de ellos? ¿Saben izar las velas y capitalizar la fuerza del viento? ¿Les has dado las herramientas necesarias como para que sigan trabajando en tu ausencia o te has conformado con entregarles abundantes frutos de un trabajo que ni siquiera saben cómo se realiza, y que cuándo les toque a ellos tomar el arado no serán capaces de autoproveerse?

5.- La fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda a cada uno en lo personal que, junto con la voluntad general de Dios, que consiste en la salvación de todos los hombres, actúa también en nuestra vida una voluntad específica de parte de Él: Dios nos ha enviado al mundo con una misión. ¿Te has dado cuenta de que un día tenemos que escribir la última letra en el libro de nuestra vida y de que un día entonaremos inexorablemente la última nota de nuestro canto?

Una primera actitud para asumir en la vida cristiana, debiera ser la necesidad de que aprendamos a vivir nuestra vida en perspectiva. Esto es lo que nos puede abrir los ojos hacia un futuro que en realidad no es tan distante, o que por lo menos no nos toca a nosotros determinar su arribo. Solamente en la medida de que vayamos adquiriendo la conciencia de la transitoriedad e inexorabilidad del tiempo, podremos detenernos a pensar en las consecuencias de las cosas que hacemos en el presente y de aquellas que erróneamente evitamos que hagan nuestros seres queridos. El ver las cosas en perspectiva, nos permite avistar el día de mañana y nos impulsa a ser previsores al sensibilizarnos a causa de la fugacidad de nuestra presencia al lado de los seres que más amamos.

6.- Sin embargo, cada vez somos más las personas que queremos pasarnos la vida resolviendo problemáticas que les tocaría resolver a nuestros consanguíneos, y asumiendo responsabilidades de nuestros familiares, viviendo una vida que no es la nuestra y atrofiando el campo de deberes que tienen otras personas. ¡Por favor! Te pido que pienses, antes de continuar obrando así, en ese momento en que ya no estés junto a ellos. ¡Enséñales a valerse por sí mismos!

Cuando oigo decir a los padres de familia, incluyendo a mis hermanos y hermanas, que esperan que sus hijos no vivan las dificultades que ellos padecieron, no puedo estar totalmente de acuerdo. Tales dificultades que enfrentamos se han encargado de esculpir el semblante de lo que nosotros somos ahora. En la incertidumbre de la que estamos revestidos todos los seres humanos, jamás podremos saber cuáles serán las situaciones que viviremos el día de mañana y cuáles serán nuestras desventajas. Sin embargo, ¡entiende que la peor desventaja que podrán enfrentar tus hijos en la vida estriba en el no haber aprendido a luchar!

Si realmente quieres ayudarles tienes que dejarlos enfrentar la vida por sí mismos, brindarles las herramientas pero no hacer los trabajos que a ellos les corresponden, permitir que afronten adversidades para que puedan conocer y desarrollar su fuerza y sus capacidades. Recuerda que en los mares tranquilos no se forjan buenos marineros. Si tú quisieras que tus hijos nunca experimenten la violencia de un posible naufragio, entonces no les compres un barco, cómprales una isla, y ¡créeme!, ni siquiera esto les podrá asegurar una vida totalmente tranquila.

7.- Queridos amigos:

Hoy, la liturgia nos invita a reflexionar sobre el retorno de nuestro Señor Jesucristo a la Casa del Padre, y nos hace presente esa línea divisoria que existe entre la misión de Cristo en la tierra y la que será la Misión de su Iglesia. Hoy es el día en que celebramos el que los Apóstoles hayan recibido una estafeta para iniciar la parte que les toca en la noble competición, y es que el tiempo del entrenamiento se ha terminado.

Jesucristo asciende victorioso y alegre y se sienta a la derecha del Padre,... su Iglesia ha sido preparada para asumir sus responsabilidades.

Estoy convencido de que las múltiples historias del grano de mostaza que ha subsistido en este árbol, que es la Iglesia, a lo largo de dos mil años y la de la poca levadura que ha fermentado la masa de la que se compone el mundo, van unidas a dos factores: En primerísimo lugar, la presencia del Espíritu Santo que asiste y en Segundo lugar, el que el Señor haya preparado a cada uno para sus responsabilidades. A San Pedro le confió el Primado, los Apóstoles fueron enviados a evangelizar y están al frente de las comunidades que se van fundando, y así en un movimiento apostólico ininterrumpido un día se fundó esta Iglesia de Monterrey que amamos.

8.- La historia le ha dado la razón a la forma que tuvo de proceder el Señor: lo que ocurrió en aquel ignorado rincón de Galilea, lo que inició con aquel puñado de hombres, con aquellos insignificantes pescadores se ha mantenido de pie, y sigue siendo una permanente actualidad en nuestros días. Y la pregunta que tienes que hacerte es: ¿cuándo a tí te toque despedirte, crees que las cosas y los tuyos continuarán con su curso?


WebJCP | Abril 2007