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MISIONEROS EN CAMINO: Palabra para la Misión: El Espíritu da vida, gozo y empuja a la Misión
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domingo, 29 de mayo de 2011

Palabra para la Misión: El Espíritu da vida, gozo y empuja a la Misión


VI Domingo de Pascua - EUNTES
Año A – Domingo 29.5.2011

Hechos 8,5-8.14-17 / Salmo 65 / 1Pedro 3,15-18
Juan 14,15-21

Reflexiones

Un clima de despedida se respira en el discurso-conversación-plegaria de Jesús con sus amigos después de la Última Cena (Evangelio): abundan las emociones, los recuerdos, las preguntas, los temores… Sin embargo, sobre todo eso prevalece la promesa consoladora del Maestro: “No los dejaré desamparados, volveré… (v. 18); el Padre les dará otro Defensor… para siempre” (v. 16). Jesús promete el Espíritu como don para el que ora (Lc 11,13), lo presenta como defensor y paráclito (Jn 16,7-11), como Espíritu de la verdad plena (Jn 14,17; 16,13), como perdón de los pecados (Jn 20,22-23), como Espíritu que grita en nosotros “¡Abbá, Padre!” (Rom 8,15)… En resumen, el Espíritu que Jesús promete a sus discípulos es un verdadero “Paráclito” (v. 16): palabra tomada del ámbito judicial para indicar una persona llamada a estar al lado de uno (v. 17) como ayudante, protector, defensor. Por tanto, una presencia amiga, una compañía íntima y afectuosa.

Él es el Espíritu de amor en el seno de la Trinidad y en cada uno de nosotros, nuevo principio de vida moral para cumplir los mandamientos. En efecto, no basta presentar la ley moral para que se guarde. La mera ley es como las señales de tráfico: indican la dirección justa, pero son incapaces de mover el coche; se necesita un motor. Jesús, además de indicarnos el camino, nos da también su fuerza, el Espíritu, para ir hacia la meta. ¡Por amor! Se guarda la ley con un Espíritu diferente: como expresión y signo de amor. En la gratuidad y reciprocidad (v. 21).

El Espíritu anima la misión de los creyentes, entre todos los pueblos, como se ve en Pentecostés, hasta los confines de la tierra (cf Hch 1,8). Eso mismo se constata también en la fundación de la Iglesia en Samaria (I lectura), la segunda comunidad (después de Jerusalén), seguida por Antioquia (Hch 11,19-26) y otras. En los comienzos de la comunidad de Samaria encontramos a un diácono, Felipe: llega allí huyendo de la persecución desatada después de la lapidación de Esteban, predica a Cristo, le escuchan con atención y asentimiento, realiza prodigios, bautiza, la ciudad se llena de alegría (v. 8). (*) Son los signos iniciales de una comunidad de fe, que más tarde recibirá el sello de los Apóstoles Pedro y Juan con el don del Espíritu Santo (v. 17). La fundación de Antioquía tiene inicios parecidos, gracias a simples cristianos que se dispersaron a raíz de la misma persecución; los apóstoles llegarían posteriormente.

La historia de la Iglesia misionera está llena de hechos semejantes: casi todas las comunidades cristianas empiezan con un laico, un catequista, una familia, unas religiosas, un grupo de laicos y laicas (la ‘Legión de María’, por ejemplo, y otros)… Solamente más tarde llegan el sacerdote y el obispo, con los sacramentos de la iniciación cristiana y las estructuras eclesiales. Un caso emblemático son los comienzos de la Iglesia en Corea (s. XVIII) ): algunos laicos coreanos, regresando de China donde habían encontrado la fe cristiana y el bautismo, llevaron consigo libros cristianos y comenzaron a anunciar el Evangelio de Jesús. Tan solo unas décadas más tarde llegaron a Corea el primer sacerdote de China y los primeros misioneros desde Francia.

La Iglesia es una comunidad de creyentes en Cristo, cuyos miembros –como los destinatarios de la carta de Pedro (II lectura)– están “siempre prontos para dar razón de su esperanza a todo el que se la pidiere” (v. 15). En las páginas de los Hechos se respira la lozanía misionera propia de las primeras comunidades cristianas. Una lozanía y un ardor que se vuelven contagiosos y que no se pueden ni se deben ocultar. Con razón se ha dicho que “los cristianos se vuelven ridículos cuando ocultan lo que los hace interesantes” (Card. J. Daniélou). La Iglesia del Resucitado es una comunidad misionera portadora de un mensaje de vida y de esperanza para anunciarlo a todos los pueblos, como lo afirma el Concilio: “La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el Reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos” (GS 1).


Palabra del Papa

(*) «Esta expresión (“la ciudad se llenó de alegría”: Hch 8, 8) no comunica una idea, un concepto teológico, sino que refiere un acontecimiento concreto, algo que cambió la vida de las personas... Del acontecimiento doloroso de la persecución surgió, de manera misteriosa y providencial, un renovado impulso a la difusión del Evangelio... Los habitantes de esa localidad samaritana acogieron de forma unánime el anuncio de Felipe y, gracias a su adhesión al Evangelio, Felipe pudo curar a muchos enfermos. En aquella ciudad de Samaria, resonó el anuncio de Cristo, que abrió a la alegría el corazón de cuantos lo acogieron con confianza... Queridos amigos, esta es también vuestra misión: llevar el Evangelio a todos, para que todos experimenten la alegría de Cristo y todas las ciudades se llenen de alegría. ¿Puede haber algo más hermoso que esto? ¿Hay algo más grande, más estimulante que cooperar a la difusión de la Palabra de vida en el mundo?... Anunciar y testimoniar la alegría es el núcleo central de vuestra misión».

Benedicto XVI
Homilía para la ordenación de nuevos presbíteros, Roma 27 de abril de 2008


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 29/5: B. José Gérard (1831-1914), sacerdote francés de los Oblatos de María Inmaculada, pionero de las misiones en Sudáfrica y Lesotho.
- 29/5: S. Úrsula (Julia) Ledóchowska (1865-1939), religiosa austriaca, fundadora de las Ursulinas del S. Corazón de Jesús Agonizante: realizó viajes misioneros en diferentes países de Europa.
- 30/5: S. José Marello (1844-1895), obispo de Acqui Terme (Piamonte), fundador de los Oblatos de S. José, para la formación moral y cristiana de la juventud.
- 31/5: Fiesta de la Visitación de María a Isabel: un encuentro de fe y de alabanza al Señor.
- 1/6: S. Justino, filósofo cristiano, nacido en Palestina y martirizado en Roma (+165).
- 1/6: B. Juan B. Scalabrini (1839-1905), obispo de Plasencia (Italia), fundador de los Misioneros de S. Carlos, para la asistencia pastoral de los migrantes.
- 1/6: S. Aníbal María De Francia (1851-1927), sacerdote siciliano de Mesina, apóstol de la oración por las vocaciones, fundador de los Rogacionistas.
- 2/6: Con la bula pontificia ‘Sublimis Deus’, el Papa Pablo III condenó la esclavitud (año 1537).
- 3/6: SS. Carlos Lwanga y 21 compañeros mártires de Uganda (1885-1886), asesinados en Namugongo y alrededores.de Kampala. Junto con ellos, fueron asesinados 23 jóvenes de confesión anglicana.
- 4/6: Recuerdo de Afonso Mwembe Nzinga, rey del Kongo (s. XV), primer soberano africano que recibió el Bautismo (1491). En 1518 su hijo Enrique fue el primer obispo del África subsahariana.


WebJCP | Abril 2007