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MISIONEROS EN CAMINO: IV Domingo de Pascua (Jn 10,1-10) - Ciclo A: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración
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sábado, 14 de mayo de 2011

IV Domingo de Pascua (Jn 10,1-10) - Ciclo A: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Publicado por DABAR

Jesús es la puerta, Jesús es la clave de nuestro ser y hacer cristiano. Tanto pastores como ovejas necesitamos de la puerta para llevar a cabo nuestra tarea. Puerta de entrada y salida, puerta de acceso al otro y de salida en búsqueda; puerta de libertad y seguridad, puerta que se abre al mundo.
Si no entramos y salimos por Él sólo somos “asaltadores”. Sin Jesús nuestra vida no tiene discurso, proceso, sólo es una serie de acontecimientos diversos sin historia, sin futuro, sin sentido.
Él da sentido a nuestras entradas y salidas, a nuestro pastoreo y a nuestro pasto. Todo se recoloca en Él; todo tiene sentido en Él.
Parece fácil filosofar sobre ello, la teoría queda muy bonita y muy sabida ya por todos. Pero, ¿y en la realidad?, ¿cómo puedo conseguir que Él de sentido a todas mis entradas y salidas, a todo mi hacer y a todo mi ser?
Cuando reflexiono sobre mi historia, sobre mi vida, puedo ver acontecimientos felices y tristes, alegrías y sufrimiento. Puedo pensar que, en ocasiones, he tenido suerte y en otras no; o puedo leer en todos estos acontecimientos la mano del Espíritu llevando mi vida por un proceso de crecimiento y encuentro.
Cuando no encontramos sentido a las desgracias que vivimos nos volvemos contra el Cielo o nos resignamos cristianamente. ¡No!, es verdad que Dios no quiere el sufrimiento, pero lo permite cuando es salvador.
Cuando muere un ser querido para nosotros es una tragedia, para Él no. La muerte para Dios es la ocasión de recuperar para sí a uno de sus hijos amados. Desde esta perspectiva, desde esta “puerta”, podemos darle un sentido, no sólo para el difunto, sino verlo como una ocasión transformadora de fe en los que tanto lo queríamos. Es un sufrimiento salvador, me coloca frente a una realidad a la que, gracias a Él, puedo darle un sentido.
Andamos con el “¿porqué me pasa esto a mí?” o “¡Qué suerte y qué alegría!”
Es difícil ver en el momento “la puerta” que me facilita dar sentido a todo, pues nos afectamos y los sentimientos se nos apoderan.
Pero, visto a cierta distancia, con tiempo, desde su Palabra y la oración, somos capaces de recolocar nuestra historia, aprender, saborear y agradecer.
El día que descubrimos en nuestro corazón la necesidad de agradecer la historia de nuestra vida, hemos reconocido en “la puerta” el auténtico eje de nuestro ser.

CONCHA MORATA
concha@dabar.net



DIOS HABLA

HECHOS DE LOS APOSTOLES 2,14a. 36 41
El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: «Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías». Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?» Pedro les contestó: «Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos». Con éstas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba diciendo: «Escapad de esta generación perversa». Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.

I PEDRO 2,20b 25
Queridos hermanos: Si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios. Pues para eso habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. El no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado. Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.

JUAN 10,1 10
En aquel tiempo, dijo Jesús: «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuándo ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».



EXEGESIS

PRIMERA LECTURA
Prosigue la lectura del discurso de Pedro en Pentecostés pero saltándose una parte del argumento escriturístico (vv. 29-35). Se llega así a una solemne recapitulación donde se insiste nuevamente en el contraste entre la acción humana que ha dado muerte a Cristo y la de Dios que lo ha proclamado "Señor y Mesías". Estos dos títulos están entre los más primitivos de la predicación. Sobre todo en el primero de ellos se observa una síntesis de la confesión de fe más antigua. Por ser una cristología tan inicial y poco precisada (parecida a la de Rm 1,3-4) no debe entenderse que esta "constitución" implicara que, en algún momento, Jesús no hubiese sido Señor y lo llegara a ser - ello sería adopcionismo - sino que la Resurrección revela la realidad escondida en Jesús.

Entroncada en la obvia respuesta humana creyente inicial del v. 37, se da la petición de conversión y bautismo, que lleva consigo el perdón de los pecados así como la vida nueva representada en la efusión del Espíritu. Es la respuesta que aplica la salvación realizada por el Señor a cada persona.

El anuncio primitivo culminaba en este punto. No era una mera proclamación estética de las maravillas de Dios realizadas en Cristo, sino una invitación a asumir un compromiso personal con todas ellas. Naturalmente esta salvación no depende del propio esfuerzo humano del que quiere creer, aunque sea imprescindible la aceptación real y personal de todo ello, sino es Dios quien la realiza. La mención del Espíritu Santo y la promesa son indicadores de que la acción divina no sólo está en el pasado, sino en la unión de todos con Cristo.

De destacar el matiz universalista del v. 30. No hay fronteras en la salvación humana. No somos nosotros quienes para ponerlas.

Termina el relato con la indicación numérica de quienes aceptaron la fe. No ha de tomarse esta cifra, como casi ninguna de la Biblia, en un sentido digital exacto, sino simbólico. Por otra parte la cantidad no es, ni mucho menos, lo más principal de la fe.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net



SEGUNDA LECTURA
Por alguna razón ajena al texto el orden de las lecturas de esta carta en este domingo y el siguiente es el inverso al que tienen en el original. Probablemente se deba a querer hacer coincidir el tema del buen Pastor de la lectura evangélica de este domingo con el v. 25 de este párrafo de Primera Pedro, en que también se presenta a Cristo como Pastor.

Dentro del contexto general de la carta, llamamiento a superar las dificultades que se presentan recordando la condición fundamental cristiana de regenerados en Cristo, vuelve a aparecer lo que, según algunos, es el centro del pensamiento del autor: la Pasión y Muerte de Cristo junto con su Resurrección, tema típicamente paulino, en cuya línea se inserta la teología de la Primera Pedro.

La conexión entre el sufrimiento de Cristo y el de los cristianos es obvia. Soportar bien las dificultades es seguir el ejemplo de Cristo, como se dice en el v. 21 con toda claridad. No se trata de una imitación extrínseca, sino de ir al sentido fundamental de la imitación/configuración con Cristo.

El autor presenta maravillosamente la Pasión de Cristo utilizando textos del Segundo Isaías referentes al Siervo Sufriente del Señor (Is. 53), aplicándolos a Jesucristo, aun cuando el autor original no estuviera pensando directamente en Él. Así procedieron los primeros cristianos, encontrando en ese texto la consideración más hermosa y profunda de la Pasión de Cristo de toda la Biblia, y de sus efectos. No hay masoquismo ni sadismo alguno; ni se da al sufrir una virtualidad en sí mismo. No se dan explicaciones de por qué el sufrimiento produce ese efecto beneficioso sobre otros. Pero hay algo en esa forma de ver las cosas que resuena profundamente en todos. Y quizás sea que ese Siervo/Cristo, al proceder de este modo, está manifestado de la forma más clara su amor y unión con todos y con todas las circunstancias de la vida por detestables que sean, su absoluta vivencia de humanidad, su total entrega y fidelidad a la misión, pese a todo.

Es importante no detenerse en una mera meditación compasiva, aunque también ello sea de recibo, sino percibir el resultado de todo ese sufrimiento: el vivir para la justicia, para la unión con Dios, el volver al propio Cristo desde un afecto tierno por Quien ha padecido por nosotros hasta tal punto. Si todo esto se quiere expresar con la imagen del Pastor y las ovejas, bien; si no, pueden usarse otras, quizás más actuales, pero que nos lleven a lo mismo.

Aunque este párrafo no lo diga expresamente, no conviene olvidar que todo concluye positivamente. Tanto en el canto original del Segundo Isaías como en la realidad de Jesús. El punto final es la Resurrección suya y nuestra.

Si se siente todo esto, es clarísimo que nuestros sufrimientos, siempre mucho menores, son como una participación nuestra, a escala reducida, en la vida y muerte de Cristo. Hemos de afrontarlos como Él hizo con los suyos, esperando que también tengan efectos semejantes por estar unidos a Él. De esto tenemos abundantes pruebas hoy en día. Sólo es preciso buscarlas.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


EVANGELIO

1. Aclaraciones preliminares
Vs.1 y 7 Os aseguro que... Esta traducción responde en el original griego a amén os digo. Amén: término hebreo para denotar firmeza, certeza. Os digo con certeza que... En el evangelio de Juan, Jesús lo emplea siempre por duplicado: Os digo con toda certeza que... Fórmula aseverativa con marchamo de autoridad divina. El empleo de esa fórmula es característico y exclusivo de Jesús.
V.3 Va llamando por el nombre a sus ovejas. V.4 Cuando ha sacado todas las suyas. En un aprisco estaban reunidos rebaños distintos.
V.6 Pero ellos no entendieron. El referente de ellos son los fariseos. El texto está en un contexto de controversia con los fariseos.

2. Texto
Las palabras de Jesús tienen desde el primer momento el sello de una autoridad propia y exclusiva de Jesús.
Las palabras tienen como destinatarios a los fariseos y adoptan la forma de parábola explicada.
La parábola está tomada del mundo del pastoreo de la época y toda ella gira en torno a la puerta. De la puerta se sirven tanto las ovejas como los distintos pastores que acuden al aprisco en búsqueda de sus ovejas. El acceso al aprisco por la puerta es garantía de autenticidad para las ovejas y para el pastor.
Jesús es la puerta de acceso al aprisco para los pastores (vs.7-8) y para las ovejas (vs.9-10).
Yo soy la puerta: desafío de Jesús a los fariseos. Los pastores que hacen caso omiso de Jesús son pastores falsos y las ovejas no les harán caso.
Yo soy la puerta: ofrecimiento de Jesús a las ovejas. Quien entre por mí se salvará (seguridad), podrán entrar y salir (libertad), encontrará pastos (comida).

3. Comprensión actualizante
Los pastores de almas deben a Jesús la garantía de su pastoreo; sin él son ladrones y salteadores. Los fieles tienen en Jesús seguridad, libertad y comida; con él su vida es la envidia de la gente. Ni los pastores ni los fieles pueden prescindir de Jesús. Busquemos unos y otros a Jesús con humildad, con sinceridad. Busquémosle individual y eclesialmente.


ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net



NOTAS PARA LA HOMILIA

“Yo he venido para que tengan vida”
Si escuchamos el evangelio de este domingo desde la realidad que estamos viviendo, Jesús es el guía que nos acompaña fielmente en el proceso de profundos y acelerados cambios que estamos viviendo. El cambio está desmantelando bases sociales y religiosas de nuestra sociedad y nos deja en un proceso ante el cual unos añoran el pasado y otros no saben cómo preparar el futuro. No faltan los que, huyen de la realidad engañándose con manipulaciones interesadas.

Los creyentes quedamos situados ante retos, dudas y nuevas exigencias. Ahora más que nunca necesitamos profundizar en el conocimiento de Jesús y en la experiencia de Dios. El que acepte sinceramente la realidad de nuestro mundo, sentirá la necesidad de buscar a Dios. Gracias Jesús tenemos una respuesta: Él nos conduce al Padre.

La Resurrección de Jesús que estamos celebrando especialmente estos domingos, es el fundamento de nuestra confianza porque Él está con nosotros, en este mundo que se está transformando. Sus cambios profundos interpelan nuestra fe ante los cuales Él es el fundamento de nuestra confianza. El Espíritu que nos prometió suscita nuestra creatividad y paz. Toda la historia del cristianismo ha experimentado situaciones parecidas, ante las cuales no han faltado testigos que han actualizado la salvación de Jesús ,con empresas, palabras y escritos, que han hecho llegar la Buena Nueva a los hombres.

Siempre ha sido Jesús “una bandera discutida” como dijo el viejo Simeón el primer día que le vió. Lucas 2, 34. También hoy la duda y la persecución acompañan al evangelio. También la fidelidad y el heroismo de muchos.

El salmo responsorial de hoy, “El Señor es mi pastor”, salmo 22, es una profesión de fe que encaja muy bien en la situación de cambio en que vivimos. Por el simple hecho de nacer y crecer somos nómadas en el espíritu. Necesitamos valores que muevan nuestro progreso y compañeros de viaje que nos den seguridad ante la duda. Sobre todo necesitamos la fe que nos acerca a la presencia amorosa de Dios Padre. Todos los desmantelamientos pueden considerarse como una purificación que estimula la búsqueda sincera, la oración y el estudio. La historia puede ser una cura de humildad y al mismo tiempo de esperanza. Todo depende de cómo estemos ante Dios y ante la realidad.

Este salmo explicita la confianza, habla de los signos de la presencia divina y concreta las sorpresas de la bondad de Dios. Los peligros y cansancios se salvan providencialmente. La relación se alimenta del trato prolongado, sin prisas, a lo largo de un banquete que renueva las fuerzas. Se experimenta una acogida que reconforta y defiende de todo peligro. “Nada temo, porque tú vas conmigo”.

LORENZO TOUS
lorenzo@dabar.net






PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS

Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante
(Jn 10, 10)

Preguntas y cuestiones
¿Estoy en proceso de crecimiento o estoy estancado?
¿Siento nostalgia del pasado o tengo ilusión ante el presente y el futuro?
¿En qué he cambiado y en qué me mantengo igual?
¿Cómo puedo profundizar mi fe y alimentar mi esperanza?



PARA LA ORACION

Padre amoroso, al celebrar el triunfo de Jesús en su resurrección, nos sentimos necesitados de su fortaleza. Porque todos experimentamos debilidad y hasta impotencia ante este mundo en el que vivimos.
Sus valores , a veces muy alejados al Evangelio, están triunfando en gran parte de la sociedad y en el corazón de muchas personas.
Necesitamos, Padre, la fuerza del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos.
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Ponemos sobre tu altar, Señor, toda nuestra vida. Somos peregrinos necesitados de luz el camino y de fuerza para seguir hoy a Jesús y dar testimonio de su Evangelio.
A nuestro lado muchos hermanos sufren cansancio y hambre. Que el alimento espiritual con el que tu Espíritu nos fortalece nos ayude a instaurar tu Reino entre los hombres.
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Gracias, Padre, por la salvación que Jesús nos está ofreciendo.
Él, después de mostrarnos tu amor y predicarnos tu Reino, sufrió persecución y muerte, pero tu le resucitaste de entre los muertos.
Tu Espíritu que Él nos prometió, sigue acompañando nuestro camino y nos da luz y seguridad para vivir en este mundo como fieles seguidores de su evangelio.
En la celebración de la Fracción del pan, Él nos alimenta y nos une en comunión a todos contigo.
Confiamos en este sacramento para seguir como peregrinos de la fe en este mundo y por todo ello te damos gracias.
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Hemos escuchado tu Palabra, Señor, y hemos recibido abundantemente tu gracia.
Nos sentimos confirmados en la fe y animados a ser testigos de la Buena Nueva de Jesús entre los hombres.
Ayúdanos a cumplir estos buenos deseos.


LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
En este tiempo pascual seguimos celebrando la resurrección de Jesús. El evangelio de hoy le presenta como nuestro guía que nos conduce hacia el Padre. Él es como un pastor que acompaña a sus ovejas, que somos nosotros sus seguidores. Escuchando su voz y siguiendo con fidelidad sus pasos, acertaremos en la vida en medio de peligros, errores y enemigos. Jesús nos da seguridad y luz para acertar en nuestro proceso.

SALUDO
La paz y el gozo de Jesús Resucitado estén con todos vosotros.

ACTO PENITENCIAL
Preparemos nuestro espíritu para escuchar la palabra de Dios y celebrar nuestra fe, confiando en la bondad y la comprensión de nuestro Padre.
- “Desde lo hondo a ti grito, Señor”. Señor, ten piedad.
- “Señor, de ti procede en perdón”. Cristo, ten piedad.
- “Del Señor viene la misericordia”. Señor, ten piedad.
El Señor sabe de qué barro estamos hechos y comprende nuestras limitaciones. Su misericordia conoce nuestra pobreza y nos concede su perdón. Por Jesucristo nuestro Señor.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
San Pedro proclama lo que Dios ha realizado en la persona de Jesús. Su muerte y resurrección le constituye en salvador universal. La fe en Él y el bautismo nos introducen en su salvación.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 22)
El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitare en la casa del Señor por años sin término.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
La carta de san Pedro nos propone el ejemplo de Jesús durante su pasión como modelo a seguir nosotros. Nos presenta su muerte como principio de salvación para todos.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
El evangelista nos presenta nuestra relación con Jesús bajo la imagen del pastor que conduce fielmente a sus ovejas.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Sintámonos hermanos de todos los hombres y presentemos confiadamente al Padre las necesidades de todos. Respondamos: “Señor, enséñanos a orar”.
- Señor, la injusticia es causa de muchas muertes y de grandes dolores. Oremos.
- Señor, la debilidad humana es la causa de muchos errores. Oremos.
- Señor, los profundos cambios del mundo nos obligan a profundos replanteamientos. Oremos.
- Señor, muchos niños sufren las consecuencias de la maldad de los mayores. Oremos.
- Señor, los gobernantes necesitan todos los dones de tu Espíritu. Oremos.
- Señor, los educadores influyen en la juventud y en su futuro. Oremos.
- Señor, la crisis económica es la causa de mucho dolor en el mundo. Oremos.
- Señor, queremos conocer a Jesús. Oremos.
- Señor, acoge a todos los moribundos en tus brazos. Oremos.
Oración: Recibe, Padre, nuestras peticiones con los deseos de cumplir tu voluntad y contribuir a la salvación de los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor.




CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada. Resucitó el Señor (de Borja, 2CLN-205); Cerca está, cerca está (disco “Ven y sígueme”); Alegre la mañana; En praderas de agua fresca (1CLN-O 3); Canta con júbilo (1CLN-O 219); (Si hay aspersión, se puede cantar A las fuentes de agua viva, o El bautismo, del disco “Hacia la Pascua”).
Salmo. El Señor es mi pastor (de Gelineau, o de Erdozáin, en el disco “Cantos para una comunidad evangelizadora).
Aleluya. Iubilate Deo (de Taizé); Aleluya pascual.
Ofertorio. Este pan y vino; Quiero estar, Señor, en tu presencia (disco “Cantos para participar y vivir la Misa”).
Paz. La paz esté con vosotros; Cordero de Dios (del último disco de C. Erdozáin “15 Cantos para la cena del Señor”, que incluye tres veces, al final, la invocación Danos la paz).
Comunión. En la fracción del pan (de Taulé, 2CLN-O 5); Altísimo Señor; Fiesta del banquete (1CLN-O 23); Jesús nuestra Pascua (de Martins).
Final. Himno a Jesucristo (disco “12 Canciones religiosas y litúrgicas para el siglo XXI).



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WebJCP | Abril 2007