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MISIONEROS EN CAMINO: III Domingo de Pascua (Lc 24,13-35) - Ciclo A: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración
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sábado, 7 de mayo de 2011

III Domingo de Pascua (Lc 24,13-35) - Ciclo A: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Publicado por DABAR

TÚ ERES MI BIEN

Tanto el salmista, como los discípulos de Emaús, como Pedro, como las mujeres que sobresaltan de buena mañana y, seguro, como cada uno y cada una de nosotras podemos decirle a Jesús resucitado: “Tú eres mi Bien”. Cuando tomamos conciencia de ese Bien que tenemos pero no poseemos somos capaces de llegar a todos los Emaús de la tierra. Somos peregrinas en búsqueda de ese Bien mayor y buscar sostiene nuestra vida.

Una invisible presencia, el Resucitado, ha puesto en nosotras el deseo y la sed de Dios, y es a El a quien buscamos aunque pareciera que no hay caminos. Contamos con la fragilidad humana a la hora de iniciar nuestra peregrinación pero también con su compañía, con su presencia resucitada. Caminamos sin ver todo con claridad, confiando a tientas en su Palabra y en tantas personas que buscan un sentido a su vida más allá de ellas mismas.

Ser peregrina no es sólo hacer camino. El sentido de nuestro itinerario está en la búsqueda que alienta la esperanza. Cuando desaparece la búsqueda, la superficialidad llena nuestra existencia; también entonces es posible descubrir que quien renuncia a buscar se deshumaniza. Sin búsqueda no hay pensamiento, ni ciencia, ni avance humano. Para avanzar necesitamos el empuje constante de lo que quiere nacer, incluso en nuestras contradicciones y huidas.

Buscar a Dios es estar ahí, junto a otros y otras, abierta, vulnerable, con una mirada contemplativa y un corazón solidario, casi siempre con una insaciable sed. Sabiendo que los más graves fracasos e incluso las situaciones menos soportables pueden ser elementos motores. Dios construye también con las propias experiencias de nuestros límites. Caminamos con otras y otros, sin necesidad de taparnos los ojos, los oídos ni la boca, sin arrinconar nuestra inteligencia, sin que el dolor de las decepciones y el desaliento nos obligue a desertar porque el Bien que buscamos hace posible la superación.

No es un caminar rectilíneo. Lo recto a veces sólo expresa muerte. La vida tiene más quiebros y vericuetos. Por eso, la persona que avanza hacia Dios va de comienzo en comienzo. Contando con esa disponibilidad para comenzar una y otra vez. No empezamos solas. En nuestro interior nos habita una presencia de resurrección que es más fuerte que todos los signos de muerte y fracasos que encontramos dentro y fuera de nosotras.

Cuando el dolor y el sufrimiento aparecen podemos descubrir que el mal nunca viene de Dios. Dios no es el autor del mal, no quiere la enfermedad, ni la angustia humana, ni las guerras, ni los desastres naturales, ni la violencia, al contrario, Dios encarnado carga con las grandes penas de la existencia. En su vida en la tierra, Jesús, plenamente humano, asume nuestros dolores. Y así aligera nuestro peso, pone alas a nuestros pies.

En los senderos de la vida, nos sentimos existencialmente comprendidas, sabiendo que Dios no busca imponerse a nuestra conciencia, como tampoco asiste pasivamente al sufrimiento de los seres humanos. Sufre con el inocente, sufre con cada una y con cada uno. Y con su resurrección nos confirma que la última palabra no es la de la muerte ni el dolor, la última palabra es de Vida y de Encuentro.

“Tú eres mi Bien” repetimos, un Bien que respeta nuestros ritmos personales, que nos lleva a ser lo que somos, a nuestra verdad más íntima, a nuestra entrega más desinteresada y audaz. Este Bien viene a nosotras pleno de gratuidad y nos busca. Sólo tenemos que dejarnos encontrar como aquellos otros peregrinos.

MARICARMEN MARTÍN
carmen@dabar.net


DIOS HABLA

HECHOS DE LOS APOSTOLES 2,14.22 33
El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: “Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia”. Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que “no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción”, hablaba previendo la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

I PEDRO 1,17 21
Queridos hermanos: Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida. Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por vuestro bien. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.

LUCAS 24,13 35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les preguntó: «¿Qué?» Ellos le contestaron: «Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no le vieron». Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.




EXEGESIS

PRIMERA LECTURA

Formando parte del relato de Pentecostés Lucas presenta un primer discurso de Pedro que tiene características parecidas a otros que irán apareciendo en Hechos, unas veces en boca de Pedro y otras de Pablo. Son fundamentalmente construcción del autor del libro y no transcripciones de lo que dijeron estos apóstoles en las distintas ocasiones. Pero tal construcción está basada en el recuerdo de las líneas básicas del anuncio primitivo.

Después de una introducción veterotestamentaria (vv. 15,21) no reproducida en esta lectura, entra el discurso en el anuncio de Jesús, centro del mensaje.

En primer lugar una rápida alusión a la existencia histórica, terrestre de Jesús. Se hace con una formulación muy primitiva e imperfecta, pues se habla de él como de "un hombre" acreditado por Dios. Lo cual es un indicio de una tradición muy antigua recogida en Hechos. Es un recuerdo más de que, sin la existencia humana histórica de Jesús, el cristianismo no pasa de ser una ideología. No conocemos todos los detalles de esa existencia, pero sí los suficientes como para apoyar nuestra fe en la historia y en la realidad.

Se pasa a continuación a una mención de la Pascua, de la Muerte y Resurrección. Que Jesús haya muerto no es fruto del azar o de malas voluntades humanas, sino parte del plan de Dios para la salvación del ser humano. Con todo en la muerte de Jesús es más patente la acción humana. En cambio, en la Resurrección aparece clara la de Dios. Decir que el Padre resucitó a Cristo es, con gran probabilidad, la forma más antigua de hablar de ese hecho. Y convendría no olvidarla a la hora de exponer también nosotros ese punto central de la fe. De alguna manera resulta más comprensible en algunas circunstancias.

Es notable el contraste entre estas dos actividades, la humana y la divina. El cual se resuelve, evidentemente, con la victoria de la segunda. Es un modo de insinuar que Dios da la razón a Jesús y a su modo de vida que le condujo a la muerte.

Se desarrolla el punto de la acción de Dios con una larga cita del Salmo 16 (vv.25b-28) que, aun cuando dicho originalmente de otra persona, tiene una clara aplicación a Jesús, pues Él es el Justo por antonomasia. El esquema general es que el justo, en el mundo actual, lo pasa mal y aun llega a morir. Pero que esta muerte/corrupción no es el punto definitivo, sino la glorificación que Dios lleva a cabo y la felicidad definitiva, tanto del protagonista como de los demás, en favor de los cuales ha padecido.

No aparece tanto en este relato como en otros textos la dimensión soteriólogica de la vida/muerte y resurrección de Cristo. Sin olvidarla nunca, podemos considerar estos sucesos teniendo presente a su Protagonista y alabar y dar gracias como a sus seguidores corresponde.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net



SEGUNDA LECTURA

Al comienzo del desarrollo de la Carta, hay una primera exhortación a "tomarse en serio" la propia vida. No se trata de moralismos o instancias a determinados modos de proceder, sino de caer en la cuenta de nuestra real situación y a vivir consecuentemente con lo que somos. La motivación no es la del temor, a pesar de que el juicio de Dios a veces se entienda de ese modo, sino la consideración profunda, el hondo recuerdo sentido y vivido, de la acción de Cristo.

Él nos ha redimido de una situación anterior sin sentido. Emplea el autor una expresión, "Redención", que tendrá más tarde importancia en la teología y predicación. Es una metáfora, una imagen, que muestra cómo el cambio de situación hacia una más libre y mejor se ha conseguido no de forma inocua, sino a costa de un compromiso personal del Redentor. A Cristo le ha "costado" mucho. No en el sentido de un precio pagado a alguien en nuestro lugar. Cristo no ha pagado nada a nadie. La imagen del "precio" no es más que una imagen y no se puede tomar al pie de la letra. El hacerlo ha llevado a aberraciones conocidas en la teología medieval (precio pagado al diablo, redención expiatoria, satisfacción al Padre…).Su significado real es que Jesucristo ha sido solidario con la condición humana hasta el final por duro que éste fuera. El calificar a Cristo como cordero inmaculado y hablar de su sangre - que equivale a hablar de su Muerte - no implica necesariamente que Él fuera un sacrificio expiatorio en el sentido pagano de volver favorable a un Dios enfadado mediante un ofrecimiento. El Hijo se ha hecho solidario con nosotros para, siendo un hombre como nosotros, haga que seamos como Él es, lo que Él es.

Este era el plan de Dios (cfr. v.20) anterior aun a los pecados de los hombres. La Redención no está provocada por la condición pecadora del ser humano, sino es previa a ella porque su finalidad no es sólo negativa, sino lograr que nos unamos del todo a Dios como hijos suyos en el Hijo. Eso es algo que sólo el amor gratuito e incondicional de Dios podía concebir y realizar.

La alusión a la Resurrección (v.21) indica cómo en el pensamiento del autor, siguiendo en este punto la tradición paulino, también la Resurrección salva. Pasión y gloria de Cristo van siempre unidas, también en sus efectos salvadores para nosotros.

La fe en Cristo y en Dios nos hace entrar en esa nueva relación con Él, mejor dicho, es ya esa nueva relación que nos sitúa en la nueva condición de regeneración, de nuevo nacimiento. Situación actual y en esperanza, siempre en la línea de recordarnos el "ya" junto con el "todavía no" de nuestra vida cristiana.

Si caemos en la cuenta de todo esto, ciertamente estamos tomando en serio nuestro proceder.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


EVANGELIO

1. Aclaraciones al texto
V.13 Marco espacio-temporal detallado y preciso. Día primero de la semana: domingo. Unas dos leguas: unos once kilómetros. Jerusalén. En el tercer evangelio simboliza el sentido y la meta del camino. Estamos, pues, ante un relato de reencuentro con Jerusalén o, lo que es lo mismo, de reencuentro con el sentido del camino.
V.15 Discutían. El verbo griego tiene el sentido de búsqueda conjunta. Los dos discípulos comentaban y buscaban sentido a lo acontecido con Jesús.
V.18 Cleofás. La mención explícita del nombre refuerza la credibilidad histórica del relato. Cabía siempre la posibilidad de acudir a la persona nombrada para verificar la información.
V.30 Tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. La misma secuencia de actos que en la institución de la Eucaristía (22,19).
V.32 ¿No ardía nuestro corazón? Corazón como símbolo de la interioridad consciente y responsable del hombre.

2. Texto
El relato se abre con dos discípulos de Jesús marchándose de Jerusalén y se cierra con esos dos mismos discípulos retornando a Jerusalén, donde se reencuentran con la comunidad reunida (los once y sus compañeros), que ya conoce lo que ellos venían a comunicar.
Dos apuntes del evangelista articulan el texto: Jesús en persona se puso a caminar con ellos, pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo (vs.15-16). A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció (v.31). Entre ambos apuntes, el evangelista detalla cómo llegaron a reconocer los dos discípulos a Jesús resucitado.
Los dos discípulos parten de un estado de frustración y de desesperanza: Nosotros esperábamos. Y ya ves. Los dos discípulos se alejan de Jerusalén haciendo dejación explícita de la esperanza que hasta entonces les había movido. Jesús había sido un profeta poderoso en obras y palabras, pero ahora era alguien perteneciente al pasado, una personalidad muerta, sólo viva en el recuerdo.
El evangelista resalta dos datos en el proceso de reconocimiento de los dos discípulos: Comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura (v.27). Sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio (v.30). Los dos discípulos llegaron a reconocer a Jesús resucitado a través de la comprensión de la Escritura Santa y de la participación en la Eucaristía.
Los dos discípulos retornan al lugar del que se habían marchado, a Jerusalén, rehaciendo el camino y la meta de la esperanza que habían perdido. Al hacerlo se encuentran con la comunidad reunida, a la que no deberían haber abandonado.

3. Comprensión actualizante
Jesús en persona caminaba con los discípulos, pero ellos no lo sabían. ¿No será éste nuestro mismo caso? ¿No estará Jesús en persona caminando con nosotros, sin que nosotros lo sepamos?
Dos certezas debemos sacar del texto de hoy. Primera: aunque invisible, Jesús vive realmente y camina con nosotros. Segunda: la lectura de la Biblia y la celebración de la Eucaristía son los dos conductos imprescindibles para reconocer e identificar a Jesús. Reconoceremos a Jesús leyendo la Biblia, estudiando la Biblia, familiarizándonos con ella. Reconoceremos a Jesús celebrando la Eucaristía.

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net

NOTAS PARA LA HOMILIA

POR EL CAMINO DE LA VIDA

Andando por los caminos de la vida, concentrados en los mil problemas que ella nos pone o angustiados por la situación de nuestro equipo, quizá absortos en la escucha de los resultados del sorteo de la ONCE, pasamos unos junto a otros sin fijar la mirada en nuestros compañeros de viaje.

Las preocupaciones, todas, las vivimos con tanta intensidad como si nos fuera la vida en ellas. No advertimos quien pasa a nuestro lado. No miramos a nuestro interlocutor. Intercambiamos unas palabras, primero sobre el tiempo, luego sobre el equipo, después sobre la economía y la lotería, que no nos saca de nuestra condición laboral, finalmente, el gobierno recibe el reconocimiento a su incapacidad, a la situación de tantas familias y al nivel del país en el concierto internacional. ¿Hay quien dé más?

¿Quién era ese señor con quien hablabas tanto? ¿Quién? ¡Ah!, el de la calle con el que me has visto. ¡No lo sé! Nunca me había fijado en él.

Nuestra atención no des-cubre, no des-vela, no des-tapa. Ni siquiera pensamos que tenga algo que decir más allá del equipo de su forofismo o de sus sensaciones climáticas. Es alguien que sueña y siente. Eso basta. Sueña con su equipo y siente el frío. Todo lo que pueda aparecer después nos trae sin cuidado, o, más bien, nos cuidamos de que no aparezca porque entonces comienzan los problemas, los dramas.

Que si está parado, que si su mujer lo ha dejado o no se entiende con sus hijos, que la empresa ha cerrado y la vida es un asco, los pisos están por las nubes y los bancos no dan préstamos ni poniendo todas las propiedades como aval.

Mejor lo dejamos sin que nos cuente su vida, triste, por cierto. Mejor nos despedimos sin más. Mejor le damos una palmada en la espalda y, otro día, lo evitamos, porque es un drama.

NUESTROS OJOS NO VEN BIEN
Nuestros ojos no están educados y preparados para poner atención en quien nos habla ni en lo que dice. Las prisas de cada día y las preocupaciones nos absorben. No caemos en la cuenta. No vemos.

Y, sin embargo, Jesús quiere transformar nuestra manera de mirar a los vecinos que son nuestros compañeros de camino. En ellos podemos encontrar a un necesitado para quien podemos ser un signo de esperanza, de la que anda tan escaso. O podemos encontrar a Dios haciendo a nuestro lado el camino de la vida y, en ese caso, podríamos recibir una buena dosis de la esperanza que hace andar cuando los pies del ánimo ya se quejan o se niegan a seguir.

Transformar la mirada para ver más adentro y más allá del horizonte acostumbrado. Eso requiere entrenamiento.

Requiere leer y entender las Escrituras en compañía de quienes pueden abrirnos los ojos del entendimiento. Requiere contemplar el pan transformado en signo de la vida y de Dios. Así vamos acostumbrando a nuestros ojos a contemplar la realidad más allá de la apariencia y de la inmediatez despreocupada.

La participación comunitaria nos ayuda a colocarnos unas gafas que permiten descubrir en un vecino o un extraño a un hermano e, incluso, a Dios que camina a nuestro lado, a veces pidiendo ayuda, siempre alimentando esperanza.

JOSE ALEGRE ARAGÜES
pepe@dabar.net



PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS

Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos.
Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo
(Lc 24, 15-16)

Preguntas y cuestiones
Jesús toma la iniciativa, se acerca a los discípulos y camina con ellos. ¿Estamos atentos a quien se nos acerca y nos acompaña en el camino?
¿Estamos atentos a reconocer a Jesús que camina a nuestro lado?¿Nuestra mirada, nuestros ojos, los tenemos preparados para poder captar la presencia y la compañía de Jesús en nuestro caminar?



PARA LA ORACION

Señor que te manifiestas en la herencia literaria de nuestros mayores, en la reflexión que nos dejaron escrita sobre la vida, en la experiencia que volcaron en los libros tan valiosos para entender nuestra condición. Tú guiaste su pensamiento y su pluma, le diste la profundidad de lo humano y la cercanía de lo divino. Haz que nos alimentemos en tu Palabra, que es también la de nuestros antepasados en la fe, y la leamos con el hambre de quien necesita pan y ánimo para seguir en la ruta de la vida.
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Acompáñanos, Señor, en esta comida que celebramos. Hazte presente en el pan que representa a todos los que tienen hambre y a todos los que trabajan por la paz. Únete a nosotros en la alegría del vino festivo porque ya te uniste a nosotros en el sacrificio de tu vida y de tu amor. Que tu alegría compartida con todos sea el testimonio de tu esperanza.
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Porque la vida tiene sus cansancios y dificultades pero en ella te encontramos prestando tu hombro para nuestro desahogo y nuestro apoyo. Porque nos haces descubrir el sentido de este camino que conduce a tu encuentro final que es, también, nuestro propio encuentro. Porque nos das pequeños adelantos del final que nos espera en lontananza, cuando alcancemos la meta de la felicidad y la plenitud. Porque eres un Dios que no nos deja solos. Porque nos enviaste a Jesús, tu Hijo, el Señor, que nos guía y nos anima, nos habla de ti como el Padre que siempre está pendiente y abierto. Porque la vida, contigo, es un dicha. Porque eres más humano que nosotros mismos y podemos confiar en ti. Porque eres el Dios de la vida y del Amor. Te damos gracias.
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Míranos, Señor, tantas veces perdidos en la oscuridad de la noche, en la desorientación del camino, en el error de nuestras direcciones, en la dificultad de las encrucijadas y en la pesadez de los desniveles. Danos tu mano abierta y conduce nuestro cansancio hacia la mesa de tu casa en donde podamos recuperar energía, ánimo y esperanza en compañía de nuestros hermanos.



LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
Va bien hacer un descanso en el camino de la vida y detenerse a recuperar energías. Más si son energías interiores que recuperan el ánimo y la esperanza. Como los discípulos de Emaús paramos un rato a comentar la vida, descansar y compartir el pan que es el signo de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestra transformación. Bienvenidos.

SALUDO
Sed todos bienvenidos a la celebración de agradecimiento porque Dios nos acompaña en nuestro caminar y nos da esperanza para seguir siempre adelante.
ACTO PENITENCIAL
Somos humanos, y eso pesa, porque no es fácil llevar el peso de nuestra propia realidad si, además, tenemos que ocultarlo. Pero Dios lo conoce y, ante Él, podemos expresarlo abiertamente.
-Tú, Dios bueno, que nos aceptas como somos incondicionalmente y nos animas a aceptar nuestra condición limitada y humana. Señor, ten piedad.
-Tú, Dios humano, que nos ayudas a entender la vida, nos abres el entendimiento a lo importante y el corazón a los demás. Cristo, ten piedad.
-Tú, que alientas en nosotros un estilo de vida y un aire de perdón y de amor. Señor, ten piedad
Dios nos acoge y nos invita a acogernos todos para hacer posible la convivencia, la reconciliación y la paz.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
El autor pone en boca de Pedro una lectura e interpretación de la vida y la resurrección de Jesús con el significado de esperanza y la capacidad de hacer presente en la historia el poder que Dios tiene para transformar a las personas. Ejemplo de esa transformación es el mismo Pedro. El antiguo pescador ha recibido el Espíritu de Jesús y entiende la vida de un modo nuevo.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 15)
Señor, me enseñarás el sendero de la vida
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor «Tú eres mi bien». El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano.
Señor, me enseñarás el sendero de la vida
Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.
Señor, me enseñarás el sendero de la vida
Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Señor, me enseñarás el sendero de la vida
Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.
Señor, me enseñarás el sendero de la vida

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
Hay que pensar la importancia de la vida, muerte y resurrección de Jesús para nosotros en el hecho de haber hecho un viaje tan penoso y duro, hasta la muerte, para hacer posible nuestra vida, nuestro futuro y nuestro perdón. Como a Jesús no lo dejó solo, el Padre tampoco nos dejará solos a nosotros.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
Como el viaje de la vida, como el camino de cualquier día, como el proceso de caer poco a poco en la cuenta. Así es el camino de la fe. Dios nos va encontrando en la noche de la duda y el desánimo, en la oscuridad de la desorientación y en la soledad de su ausencia. La escucha atenta de su Palabra, la frecuencia en compartir el pan, el encuentro con la comunidad nos ayudan a recuperar el ánimo y la fe.

ORACIÓN DE LOS FIELES
En forma de plegaria común podemos expresarle a Dios las necesidades de un mundo que parece desanimado como los discípulos que se iban a Emaús.
-Por los que pierden la fe y con ella la esperanza y las ganas de trabajar por un mundo más humano, para que se encuentren contigo en su camino. Roguemos al Señor.
-Por nuestro mundo que prefiere divertirse en el presente por no tener esperanza en el futuro, para que no desanime a los jóvenes. Roguemos al Señor.
-Por los pobres y necesitados de la tierra que, a veces, solo tienen esperanza, para que no destrocemos su preciada posesión. Roguemos al Señor.
-Por los que formamos la comunidad para que abramos nuestra puerta y nuestro corazón a todos y seamos un signo de esperanza y de amor. Roguemos al Señor.
Oración: Atiende, Dios bueno, estas peticiones que reflejan nuestras preocupaciones y las necesidades del mundo, haz que colaboremos contigo en transformarlas. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.

DESPEDIDA
Que seamos como el compañero de los que iban a Emaús. Que sepamos despertar y acompañar la comprensión de la Escritura y abramos los ojos para reconocer a Dios entre nosotros, en el camino y en la mesa, en el esfuerzo y en el encuentro, en la necesidad y en la alegría.


CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada. El Señor resucitó (1CLN-204); Canta con júbilo (1CLN-219); Alegre la mañana; Acuérdate de Jesucristo (2CLN-202).
Salmo. LdS; Protégeme Dios mío (de Cantalapiedra).
Aleluya. 1CLN-E 5; Canta aleluya al Señor.
Ofertorio. Quédate, Señor (disco “Ven y sígueme” de Erdozáin); Ante ti, Señor, presentamos hoy (disco “15 Nuevos cantos para la Misa”).
Santo. 1CLN-I 9.
Aclamación al memorial. 1CLN-J 21.
Comunión. Tan cerca de mí (disco “De fiesta con Jesús” de Luis Alfredo Díaz); Te conocimos, Señor, al partir el pan (disco “Unidos en la fiesta” de Madurga); Quédate junto a nosotros (1CLN-O 20).
Final. Himno a Jesucristo (disco “12 Canciones religiosas y litúrgicas para el siglo XXI”); Regina coeli.



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net


WebJCP | Abril 2007