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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Día: 26 de Mayo de 2011 - Quinta Semana de Pascua - Ciclo A
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miércoles, 25 de mayo de 2011

Evangelio Misionero del Día: 26 de Mayo de 2011 - Quinta Semana de Pascua - Ciclo A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 15, 9-11

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos:
Como el Padre me amó,
también Yo los he amado a ustedes.
Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos,
permanecerán en mi amor,
como Yo cumplí los mandamientos de mi Padre
y permanezco en su amor.
Les he dicho esto
para que mi gozo sea el de ustedes,
y ese gozo sea perfecto.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Permanecer en Cristo (II): una unión en el amor
“Permaneced en mi amor”

Ayer comenzamos a abordar la obra que el Padre está haciendo en nosotros para que generemos vida. El Señor quiere nuestra integridad de vida, nuestra santidad, que no haya tristeza ni decepción sino serenidad, amor y alegría.

Ya en 15,4 se dijo la palabra clave: “Permanecer”. Los vv.4-5 dicen: “Permaneced en mí, como yo en vosotros… porque separados de mí no podéis hacer nada”. Esto quiere decir que la clave está en el “permanecer” en Cristo, he ahí el núcleo de la obra del Padre en nosotros.

Al pasar a la nueva sección de Juan 15,9-11, se da un paso adelante: la dinámica del amor aparece con todos sus protagonistas, en su doble movimiento de ser amado y amar, y con el resultado final de esta experiencia:
• El amor fundante o “amor primero” (v.9a)
• La respuesta al “amor primero”: “permaneced en mi amor” (vv.9b-10)
• El resultado del amor: la plenitud de la alegría (v.11)

En este pasaje vamos a ver la centralidad de Jesús: de qué manera él nos “pertenece” y cómo se le “pertenece” a Jesús. Lo cierto es que si esto sucede, su vida en nosotros comenzará a producir el fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas.

1. El amor fundante o “amor primero”: Ser “amado”

El amor recibido es el que nos hace capaces de amar. Es así como Jesús nos cuenta el secreto de su vida, de su alegría, de su fecundidad misionera, Él dice: “SOY AMADO”: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros” (v.9). Igualmente el discípulo el discípulo es uno que ha sido amado, también debe presentarse diciendo “YO SOY UNO QUE HA SIDO AMADO”.

Cuando Jesús dice esto, se está refiriendo a tres cosas:
• El origen del amor: hay un río de amor divino que viene del corazón del Padre, que desciende a través del Hijo y llega a los discípulos. Todo amor auténtico viene de Dios.
• El modelo del amor: el amor del Padre por el Hijo es la fuente y el modelo del amor de Jesús por sus discípulos.
• La intensidad del amor: el “así como”, con el cual Jesús empieza su frase, implica también que el amor entrañable del Padre y el Hijo, que es el más estrecho posible, que es perfecto y que viene de la eternidad (ver Juan 1,1.18), es el amor que Jesús le ofrece a su discípulo.

La primera frase de Jesús es importante, podríamos releerla así: “no importa si las mediaciones del amor en el mundo han fracasado (tus padres, tu marido, tus superiores), el que es la fuente del amor (que pasa a través de esas mediaciones) está ahí amándote; date cuenta de cuánto tu Padre Dios te ama en Jesús; tú le perteneces; el Padre te ama, Jesús te ama; tú eres precioso a sus ojos; la obra de Jesús en ti hoy es ayudarte a descubrir todo lo que el Padre Dios ha hecho por ti, él te devuelve tu humanidad”.

2. La respuesta al “amor primero”: “permaneced en mi amor” (vv.9b-10)

El amor pide reciprocidad. Para la amistad se necesitan dos. Por eso, la frase siguiente de Jesús es una invitación a responder al amor.

Jesús se refiere a tres decisiones que debe tomar el discípulo con relación a él:

• Primera decisión: Dejarse amar.
Permanecer en su amor es insertarse en El, es entrar en una estrecha comunión de vida con El, acogiendo todos los signos de su amor, es decir, dejándose amar tal cómo el ha querido hacerlo con nosotros. La relación con Jesús no puede ser abstracta, supone la toma de conciencia de las formas concretas como nos ha amado y nos sigue amando.

• Segunda decisión: Actuar según el querer de Dios.
Permanecer en su amor es querer lo que El quiere. Al amor “primero” se le responde con obediencia. “Obedecer” es saber responder, eso significa que se ha captado el mensaje del amor y se entra en una increíble sintonía en la acción. En otras palabras, cuando uno ama a alguien siempre quiere hacer lo que le agrada, quiere verlo feliz. Esa es la respuesta esperada que Jesús expresa como “guardar sus mandamientos”.

• Tercera decisión: Ser como Jesús.
Permanecer en su amor es darle solidez a toda nuestras relaciones, dándoles la fuerza interna del amor del Hijo que permaneció en el amor de Padre, también él por la vía concreta (y no sentimental) del “guardar sus mandamientos”. El tipo de respuesta que Jesús le dio al amor del Padre es el modelo de la respuesta de la respuesta de los discípulos al amor de Jesús (hay que leer todo el evangelio para verlo en concreto). A Jesús se le ama –uno se “inserta en él”- encarnando la manera como él acostumbraba responderle al Padre: con su praxis del Reino.

Estas tres decisiones del discípulo frente al amor recibido, no son momentos puntuales, sino acciones constantes, es la manera como se cultiva la “responsabilidad” (esto es la respuesta al amor). El amor se basa en la responsabilidad.

Con alguna frecuencia constatamos hoy dos problemas que tienen que ver con lo que Jesús está enseñando: (1) la inconstancia en el amor y (2) la irresponsabilidad. Con relación a la primera, notamos que las relaciones (de pareja, de amistad, los votos) se han vuelto desechables, trayendo inmenso dolor a las partes y dejando secuelas que se arrastran toda la vida, deteriorando todo el entorno relacional. Las relaciones son frágiles y en muchos casos prácticamente “in-sostenibles”. Con relación a la segunda, notamos también que el sentimiento prima sobre el compromiso.

Frente a esto Jesús dice: “permaneced”, o sea, “tú sufres porque tu verdadero interés ha sido el de amar de verdad, sufres porque tu corazón de oro ha sido lastimado; hoy te digo que sí es posible construir relaciones sólidas, estables; no eres el objeto de la carencia de alguien que te utilizó para satisfacerse y luego desecharte; no eres más la víctima de una inmadurez tuya o de tu amigo, que te llevó a tomar decisiones equivocadas; te invito a experimentar la solidez, la intensidad, la constancia, la satisfacción, la felicidad que caracteriza mi relación el Padre; el verdadero amor tiene sabor a eternidad y esto es lo que yo te ofrezco”.

3. El resultado del amor: la plenitud de la alegría (v.11)

“Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado” (v.11). El objetivo del evangelio es llenarnos de alegría el corazón.

¿Cómo podemos caracterizar esta alegría? Si miramos bien el texto notaremos un triple movimiento que va desarrollando el tema:

• Es la alegría de Jesús: “mi alegría”. De él parte la alegría.
• Jesús le comparte su alegría a sus discípulos: “para que esté en vosotros”.
• Entonces la alegría del discípulo comienza a crecer: “para que vuestro gozo sea colmado”.

La vida cristiana es una vida de alegría que tiene su raíz en la certeza de ser plenamente amados, mucho más de lo que nos podemos imaginar o esperar, y en el abandono de la vida –por nuestra parte- en los brazos de Dios. Brota entonces un gran sentido de confianza, de seguridad, de plenitud y fortaleza interior. Es la alegría de Jesús en la nuestra, como lo está su vida en la nuestra, como está su amor en nuestro amor.

Cuando uno mira el panorama, uno descubre con gran satisfacción que, a pesar de todas las circunstancias que vivimos, en el mundo hay personas que han entendido que la mayor alegría de la vida está en causarle alegría a los demás, ellas han descubierto el lugar justo para realizar su vocación de amor y de servicio, haciendo de su vida algo bueno para los demás.

Esta alegría da entusiasmo, genera creatividad y valentía para realizar nuevos proyectos. De repente somos capaces de renuncias que para otros resultan humanamente inexplicables. Porque nos sabemos muy amados por Dios, nos sentimos impulsados a amar mucho más, muchos temores se desvanecen y la vida entonces se llena de sentido en el gastarse por los demás. ¡En todo lo que hacemos, el fuego del entusiasmo arde por dentro!



Cultivemos la semilla de la palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Cómo es una vida en comunión con el Señor? ¿Cómo se relaciona el “permaneced en mí y yo en vosotros” con la Eucaristía?
2. ¿Mis relaciones duran? ¿He vivido alguna ruptura dolorosa? ¿Qué me dice Jesús al respecto?

3. ¿Me considero una persona feliz? ¿De dónde proviene la alegría que ofrece Jesús?


“Donde me llevan soy feliz…
Vivir siempre muy alegres.
Dios es alegría infinita”
(Santa Teresa de los Andes)


WebJCP | Abril 2007