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MISIONEROS EN CAMINO: VÍA CRUCIS MEDITADO (Con texto de Fernando Cordero ss.cc. e ilustraciones de Patxi Velasco y Poe)
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viernes, 22 de abril de 2011

VÍA CRUCIS MEDITADO (Con texto de Fernando Cordero ss.cc. e ilustraciones de Patxi Velasco y Poe)

Dibujos: Patxi Velasco y Poe
Textos y oraciones: Fernando Cordero ss.cc.

I Estación: Jesús es condenado a muerte
Jesús sigue siendo condenado a morir injustamente. Es el hambriento en un mundo donde hay comida para todos. Es el enfermo que no puede conseguir las medicinas. Es el anciano abandonado y víctima de la soledad. Es el feto destrozado… Y nos seguimos lavando las manos.

Condenas injustas, en medio de la noche. Los poderes cercan al que es la Verdad. Él en la fila de los últimos, de los que no cuentan carga con el dolor de la humanidad, carga con nuestros sufrimientos y dolores, se pone en el lugar del que más padece. Así es el condenado a muerte que viene a dar su vida por nosotros.

Oración: Señor Jesús, al contemplarte víctima de la injusticia, la mentira y el poder, te pedimos que asemejándonos a tu noble corazón, trabajemos cada día por lograr que los más desfavorecidos alcancen la vida junto a Ti. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


II Estación: Jesús carga con la Cruz

Jesús aguanta el peso de los que sufren. Soporta el dolor de los otros condenados por puro amor. Acoge el sufrimiento del Sur, de las mujeres, de los abandonados, de los que no pudieron subsistir porque otros se quedaron con su pan… Jesús suda con su carga, pero la lleva con la dignidad del que nunca nos deja solos en el dolor.

Oración: Señor, danos fuerza y fidelidad para cargar con los dolores de nuestros hermanos. Haznos firmes y decididos para poder soportar el sufrimiento de los que no cuentan. Que su dolor y su tristeza pesen en nuestras vidas. Como Tú, no permitas que abandonemos a los más arrinconados, antes bien, alentados por tu Espíritu, llevemos la suave carga de los sufrientes. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


III Estación: Jesús cae por primera vez

Es tanto el dolor, el peso y el sufrimiento que Jesús cae, se derrumba por momentos. Su humanidad fatigada acaricia el suelo.

Jesús cae. Los pobres caen. Nuestros hermanos caen. Y nosotros seguimos con lo nuestro: con nuestras músicas, nuestros descansos y comodidades, nuestras noticias, nuestros regalos, nuestras compras…, nuestras historias para no ver al que cae. Ciegos vivientes de la monotonía o del consumismo, permitimos que Jesús, que el hermano, que el que nos necesita caiga. Y caen delante de nosotros. ¡El Cielo clama con estas caídas! Y… para colmo, ¡seguimos igual!

Oración: Señor Jesús, por el misterio de tu Cruz, despiértanos continuamente. Danos la sensibilidad del que sabe ponerse en el lugar del otro, del caído, abandonado, tirado en la cuneta de la vida. No permitas que nuestra indiferencia nos haga cómplices de aquellos a los que la historia de la injusticia tira por las calles de nuestro entorno. Te lo pedimos a Ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


IV Estación: Jesús encuentra a su madre

Una espada atraviesa el corazón a María. La espada del dolor, de la madre que ve padecer a la vida de sus entrañas. María acompaña a su Hijo, en el camino más fuerte que puede tener una madre que es el de contemplar el final de su hijo. No hay dolor más fuerte ni más grande.

Nos unimos al dolor de tantas madres del mundo, que ven morir a sus hijos por el hambre, la droga, las enfermedades…, que ven morir a sus hijos ante la falta de ilusiones y de oportunidades. Madres dolorosas del mundo, corazones partidos por el dolor. Mujeres fuertes que acompañan hasta el final sin pasar facturas. Mujeres libres, sensibles y dolorosas, como María, nuestra Madre.

Oración: Señor Jesús, con María queremos acompañar tu dolor y encontrarnos con el sufrimiento de nuestros hermanos. Que el grito del dolor de los pobres no nos deje indiferentes. Afrontemos la espada del dolor, acompañando la vida que se escapa por las injusticias del mundo y las nuestras propias. Amén.


V Estación: Jesús es ayudado por el Cireneo

A Jesús le alivia el peso de los sufrientes una Iglesia que es cirenea, que carga con las historias de las personas que, empujada por el Espíritu, pone con alegría su esfuerzo al servicio de su Señor.

Y, Jesús, en medio de su Pasión sonríe y se alegra de comprobar que la Iglesia samaritana, la Iglesia de los pequeños, la Iglesia que anuncia lo que vive le ayuda en su misión del Calvario.

Seamos esa Iglesia. Ahora, en Cuaresma. Y siempre.

Oración: Señor Jesús, coronado de espinas con la cruz a cuestas, no te olvides de tu Iglesia. Pide al Padre por ella e ilumínala con la memoria de tu Espíritu. Ojalá en medio del mundo, tu Iglesia de testimonio de frescura, entrega, sencillez, alegría. Iglesia samaritana, misionera y cirenea. Tu comunidad, tu pueblo, tu gente. No te olvides de tu Iglesia. Impúlsala con tu amor a servir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


VI Estación: Jesús encuentra a Verónica

Con el salmo 26 decimos:

“Oigo en mi corazón: ‘Buscad mi rostro’.
Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”.

Tú no puedes ocultarnos, Señor, tu rostro, porque te vemos continuamente presente en los sufrientes.

Secar su sudor y su sangre será nuestra vocación. Seremos Iglesia samaritana, al estilo de Verónica, cuando aliviemos el dolor de los que más sufren. Cuando ese dolor quede impregnado no en lienzos externos, sino en lo más interior de nuestra alma. En ese interior que queda tocado no por imágenes, sino por historias concretas de hermanos nuestros que actualizan tu Cruz en el Calvario.

Oración: Señor Jesús, cansado y humillado, varón de dolores y esperanza de los pobres. Déjanos acercarnos a ti como Verónica, permite que te encontremos en el hermano que sufre. No nos dejes caer en la tentación de aligerar el peso de nuestra conciencia con pequeñas acciones aisladas, sino haz que vivamos cada vez más un compromiso mayor con los más arrinconados, humillados y crucificados. Amén.


VII Estación: Jesús cae por segunda vez

Sus caídas son cada vez más terribles, porque el camino, la subida se va haciendo más costosa y empinada. Las fuerzas decaen. Y, encima, Él no cae solo.

Jesús sigue cayendo hoy. Cae con el pobre, con el enfermo, con el desnudo, con el preso… Y nosotros no caemos en la cuenta de tantos como están cayendo.

Son caídas hacia el abismo. Abismo de insolidaridad, de indiferencia cómplice. Abismo de oscuridad, de falta de valores, de superioridad y pasotismo.

Esta segunda caída es un segundo aviso. Jesús ya no cae siquiera en el suelo. ¿No podemos hacer nada por sostener a Jesús, por sostener a los que caen?

Oración: Señor Jesús, caído y compañero de los que continuamente caen, víctimas de la falta de amor de los que les rodean. Remuévenos para no dejarte ver tirado por el suelo junto al pobre, el anciano o el preso. No permitas que seamos cómplices de las sombras de tanto desconsuelo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


VIII Estación: Jesús consuela a las mujeres

El peso de la Cruz de Jesús se hace próximo a las mujeres. Mujeres sin rostro que siguen sufriendo marginación, maltrato… en tantos lugares, aún, desgraciadamente. Jesús se acerca a vosotras que, creadas por la mano amorosa del buen Dios, os veis privadas de una situación digna para vivir y para amar.

La pobreza y la marginación son palabras femeninas. Palabras que no tendrían que estar asociadas a géneros. Palabras que no tendrían que tener que aplicarse y que, lamentablemente, cada día nos sorprenden, porque no podemos quedarnos igual ante tantas violencias y discriminaciones.

Oración: Señor Jesús, consuelo de las mujeres de Jerusalén, consuelo de las mujeres de todos los tiempos. Síguete acercando a aquellas que, fielmente, te acompañan en tu itinerario pascual. Anímalas con tu palabra y desconcierta los corazones henchidos por el orgullo, el poder y la fuerza. Cuida a todas las mujeres del mundo, Tú, que cargado con la Cruz, tuviste tiempo para acercarte a ellas. Amén.


IX Estación: Jesús cae por tercera vez

Jesús cae y es pisoteado. Cae por el peso de la Cruz, por las burlas y la avalancha del mal. Cae por sí mismo, pero es tirado. Estructuras, intereses, poderes que oprimen, siguen tirando y aplastando a Jesús: en África, en Asia, en América… y aquí, también muy cerca de donde vivimos, con nuestro estilo de vida, nuestra búsqueda de comodidades, nuestras opciones. Nosotros también, desgraciadamente, pisoteamos a Jesús. Parece que le amamos, pero en el momento crucial, nos pueden nuestros gustos, intereses y apetencias.

Él se queda solo, tirado, pisoteado. ¿Nos hemos dando cuenta del Cristo tirado en la calle, al que llamamos sin techo, sin papeles, sin…?

No seamos cómplices de empobrecer al hermano. No pisoteemos a Jesús en el hombre o mujer que está en la cuneta de la historia y del mundo. Aún estamos a tiempo de ayudar a levantarlo. Tan cerca. Tan lejos. Es una cuestión estructural y también de cada uno.

Oración: Señor Jesús, que caes por tercera vez, con más dureza, al suelo. Tú sientes la carga de la Cruz y el desprecio de aquellos que dan la espalda a tu Evangelio, de los que prefieren ganar intereses en lugar de desvivirse por el bien del hermano. Que esta tercera caída sea para nosotros una fuerte interpelación para tener cuidado al pisar y no aplastar al más débil, con el afán de enriquecer nuestro propio yo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


X Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

Desposeído, desnudo, despreciado se acerca a dar calor a los desabrigados. Modelo de vida y no modelo de pasarelas ni maniquí de frívolas modas. Le han quitado su túnica verde de la esperanza y comparte su humillación con los que han sido desvalijados por los intereses de un mundo competitivo y cruel.

La ropa almacenada podría abrigar a toda la humanidad. Sin embargo, ahí está, almacenada, hasta que pase la efímera temporada y se arroje a los contenedores del olvido. Y nuestros hermanos pasan frío, frío del que hiela, pasan necesidad… ¿Hemos hecho caso omiso al Evangelio: estuve desnudo y me vestisteis?

Oración: Señor Jesús, que compartes la vergüenza del desnudo con los más pobres, que te haces uno con ellos y no evitas ningún sufrimiento. Corazón solidario que va a ser traspasado por bombear tanto Amor, ayúdanos a no ser víctimas de modas pasajeras sino a compartir con generosidad la única moda que nunca pasa y que solo se anuncia en tu Cruz. Tú que vives y reinas, revestido de la gloria del Padre, por los siglos de los siglos. Amén.


XI Estación: Jesús es clavado en la Cruz

El poder y el pecado taladran sus manos. El poder y el pecado crucifican a los crucificados. El poder y el pecado, con clavos crueles, hacen brotar la sangre de los que van a morir. Cuando los poderes no están al servicio del pueblo, cuando lo que prima es el tener y el acopio de dinero que sesga la vida de los pobres, entonces, solo podemos decir: Señor, ten piedad.

Ten piedad de un mundo donde se nos olvidó ser hermanos. Ten piedad de un mundo donde somos capaces de perforar cuerpos y regar con sangre. Perdónanos, Señor, por estar asociados a esta masacre. Cuando dinero, poder y orgullo se ponen por encima del ser humano, entonces hemos perdido el norte. Perdónanos nuestros pecados. Conviértenos a ti.

Oración: Señor Jesús, escarnecido, coronado de espinas, varón de dolores. Los clavos de tu Cruz nos siguen recordando hoy a todos los crucificados de la historia y de la humanidad. Tus clavos, que traspasan tu vida generosa y única, hacen brotar sangre como río de agua viva que, al igual que el cáliz de la eucaristía, se convierte en singular ofrenda para nuestra conversión. Tú, siempre dándote. Nosotros solo podemos invocar esta sentida oración: Señor, ten piedad. Amén.


Estación XII: Jesús muere en la Cruz

Hagamos un silencio. Un silencio profundo. Dejemos unos segundos para

Jesús sigue muriendo en nuestros hermanos. Muere a nuestro lado. Muere injustamente y torturado. Continuemos nuestro silencio. Profundamente sintamos el silencio de la muerte tan injusta. No pensemos ahora en los motivos, ni en los que la han provocado. Solo hagamos silencio.

Y tras el silencio: miremos los árboles de la cruz donde está clavada nuestra salvación.

Oración: Señor Jesús, varón de dolores muerto en la Cruz. Esperanza de Israel y de la Iglesia, mueres en la Cruz. Despojado y humillado, mueres en la Cruz. Anónimo y desnudo, mueres en la Cruz. Y, en tu muerte, se atisba, Señor, el brote del Amor. Ayúdanos a no crucificar a nuestros hermanos. Apostemos por la vida, nunca por la condena a muerte o la exclusión. Desde tu Cruz, nos dejas tu perdón. Con corazón agradecido y temblando, te decimos: Ten piedad, Señor. Amén.


Estación XIII: Jesús muere en manos de su madre

El cielo se viste de luto. María llora a su hijo. Al Padre se le conmueven las entrañas en la muerte del predilecto.

Hoy el cielo sigue llorando a sus hijos. ¡Cuántas lágrimas caen por los niños que mueren de hambre, por tantas víctimas de guerras fratricidas, por los que mueren arrinconados en soledad, por los que mueren sin tener la oportunidad de nacer, por los que son eliminados…!

Nos quedamos contemplando el desgarro de Dios ante la muerte de sus hijos. El Padre de la Vida, en su Corazón entrañable y bueno, sufre en lo hondo la pérdida de la dignidad de sus hijos.

Nos quedamos contemplando el Corazón traspasado de María. No hay estampa más dura en el mundo que ver a un hijo muerto en las manos de su madre.

Aunque nuestra falta de fe nos lo impida, no hay duda de que Dios siempre acompaña el misterio de los que sufren. En su sufrimiento está el Padre, sujetando y aguantando a la humanidad que se desmorona. Así es Dios. Nunca se evade del sufrimiento de los que tanto ama.

Y nosotros, ¿acompañamos también este sufrimiento?

Oración: Señor Jesús, muerto y en los brazos de tu madre y nuestra madre. Corazón atravesado por la lanzada y vida sesgada por el egoísmo cruel. Al contemplar el misterio de tu muerte, movilízanos para acompañar a los caídos de nuestro mundo. Convirtámonos en las manos de tu Madre para un mundo en el que hacen falta manos unidas para dar calor y amor. Amén.


Estación XIV: Jesús es sepultado

Su cuerpo sin vida será trasladado al sepulcro y la luz de Dios lo convertirá en sagrario. Luz de vida para todos. Luz para los que creen que este mundo no tiene solución. Luz en medio de las oscuridades de nuestros planteamientos y opciones. Luz para caminar como hermanos e hijos del Buen Dios. Luz para animar, alegrar, apoyar, cuidar, servir, alzar… Luz que surge de la verdad, de la opción radical de quien ha dado la vida por nosotros.

Vencerá la Vida, se hará justicia. La muerte de Jesús barrunta el brote nuevo de un mundo donde Dios reinará. Todos seremos felices.

Oración: Señor Jesús, tu cuerpo es sepultado, pero no se cierra tu vida con la piedra del sepulcro. En el silencio de tu ausencia se presagia la Luz de la vida que, en cada eucaristía, renovamos en el altar fraterno de los que hacen memoria de tu Pascua, de ese paso tuyo en medio de nuestras historias. El sepulcro no es el lugar definitivo. Se entrevé, pronto, la gloria del Amor. Ojalá descansemos siempre en esta confianza, que impulse nuestra vida y nuestros compromisos. Tú, que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos. Amén.



WebJCP | Abril 2007