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MISIONEROS EN CAMINO: V Domingo de Cuaresma (Jn 11, 1-45) - Ciclo A: Jesús con Lázaro su amigo y con nosotros
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sábado, 9 de abril de 2011

V Domingo de Cuaresma (Jn 11, 1-45) - Ciclo A: Jesús con Lázaro su amigo y con nosotros



En estos domingos pasados leyendo las páginas anteriores a este relato del Evangelio, Juan nos ha presentado a Jesús como “agua viva” con la samaritana, “luz del mundo” con el ciego. Hoy, lo acabamos de oír, Jesús siente profundamente la muerte de su amigo Lázaro, acompaña en momentos tristes a sus hermanas Marta y a María, que lloran la muerte de su hermano. En el diálogo con Marta, Jesús le consuela con estas palabras: “Yo soy la resurrección y la vida, tu hermano vivirá para siempre”. Qué pensar de estas palabras de Jesús.

Este relato que escuchamos hoy, es ante todo un signo de la humanidad de Jesús, emocionado llora ante el sepulcro de Lázaro. Su llanto conmueve a quienes presencian la escena, son lágrimas de amigo, “cómo le quería” comentan.

Jesús vivió la amistad, una de las vivencias más profundas de nuestra existencia, vivió rodeado de amigos, a sus discípulos, compañeros de vida apostólica, les llamó amigos, compartió con ellos sus confidencias: “Vosotros sois mis amigos os he comunicado cuanto escuché de mi Padre, yo os elegí, mi deseo es que os améis. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos”. Así fue su vida. (Jn,15,13).

Hoy Jesús acompaña a Marta y María amigas suyas en su tristeza por la muerte de su hermano, les ha consolado con las palabras que trasmiten el consuelo más definitivo: “vuestro hermano Lázaro vivirá con la vida que yo le daré; yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, vivirá para siempre”.

Estas palabras suyas encierran la gran verdad que Jesús ha venido a anunciarnos en su vida, El ha buscado el marco de la amistad para trasmitírnoslas, están dirigidas a todos nosotros.

Así ha querido presentarlo Juan en esta maravillosa página de su evangelio. El milagro de Jesús, que narra en ella, ha sido una “reanimación” de Lázaro, un devolverle de nuevo a esta vida nuestra que todos conocemos, con las alegrías y goces y también con las limitaciones y tristezas que a todos nos acompañan.

Pero este relato nos trasmite la gran revelación de Jesús, nos abre al misterio más grandioso que Jesús nos ha revelado, que todos estamos llamados a hacer nuestra por la fe.

Jesús ha venido a nuestro mundo, ha sido enviado por el Padre ante todo para comunicarnos su Espíritu, la vida que Él participa con su Padre, para comunicarnos el Espíritu de Dios, el torrente de vida, del que habló a la mujer samaritana, que salta hasta la vida eterna, hasta el ser misterioso de Dios.

El Espíritu de Dios, que Jesús nos ha dado, habita ya en vosotros. Lo hemos oído a san Pablo en la segunda lectura: “El mismo Espíritu que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivifica también vuestros cuerpos mortales”. El Espíritu que hemos recibido de Jesús superará, vencerá nuestra muerte, como venció su propia muerte en la resurrección y viviremos para siempre en el ser misterioso de Dios. Es la apología más hermosa que se haya escrito sobre el Espíritu y su papel en nuestra vida cristiana.

Jesús como hombre, es el amigo que hoy nos presenta Juan, que sintió profunda lástima ante nuestros sufrimientos de esta vida, sobre todo ante el sufrimiento de los abandonados, de los excluidos injustamente del vivir social, de quienes no viven con verdadera dignidad humana, y en cuento pudo, trató de remediar y restaurar en una vida digna a quienes sufrían; nos dejó como testamento suyo “amaos como yo os he amado”. Él quiso que para transformar la Humanidad, en lo que Él llamó el Reino de Dios, a toda la comunidad de hombres y mujeres, llamados a ser los hijos de Dios, quiso que fuéramos nosotros hombres y mujeres, sus seguidores, los que lo realizáramos implantando la justicia, la paz, que viviéramos la misericordia; así lo proclamó en el Sermón del Monte y Él también lo realizó en los años limitados de su vida mortal.

Hemos de tenerlo muy claro, Jesús no ha sido enviado por el Padre para alargar unos pocos años más nuestra vida física, tampoco para resolver los problemas a veces complejos de nuestro vivir, de la organización de nuestra vida, Él ha querido que fuera quehacer, responsabilidad nuestra, para eso nos ha dado inteligencia, voluntad, libertad, y sobre todo, para eso nos ha comunicado su Espíritu, para amarnos como Él nos ha amado, para poner la vida como Él la puso, por amor.

Esta página de Juan es una llamada más, que hoy recibimos, para recordar y reconocer y sobre todo agradecer el Espíritu de Dios que Jesús nos comunica, al darnos la vida que nunca termina, que vencerá nuestra muerte, como venció la suya; son sus palabras de hoy : “yo soy la resurrección y la vida”.

Esta es nuestra fe, tengámoslo muy claro. Creer en nuestro Dios, creer en Jesús no es aceptar unas verdades y guardarlas sólo en nuestra mente, o en nuestros rezos y devociones, creer en Jesús es aceptar plenamente a Jesús, a cuanto Él es en nuestra vida. Jesús resucitado, vive presente entre nosotros, es contemporáneo nuestro, nos acompaña a cada uno en todo nuestro vivir. La fe en Jesús es adherirnos al proyecto de Jesús ya desde ahora, empezar a vivir con Él, participar de su vida, de sus valores, al comprometernos cada uno, a nuestra manera, en la vida que cada uno tenemos, de profesionales, de trabajadores, de padres o madres de familia, de educadores, de comprometidos en responsabilidades sociales, laborales, políticas, religiosas realizando lo que está esperando de nosotros sus seguidores.

No podemos dejar de sentir también preocupación y dolor por los sufrimientos reales que hoy están pasando hermanos nuestros: en Siria y Libia, en Costa de Marfil, en todos los países de la geografía del hambre y del Tercer Mundo, los millones de parados...Parece a veces como si todo ese mundo nos tocase un poco lejos, que lo conocemos de oídas y no le prestamos mucha atención. Y no es ésa la actitud de Jesús, porque todo ése es su mundo, en el que Él vive también.
Con esta mirada sobre nuestro mundo podremos comprender que en Jesús está nuestra verdadera salvación, porque asumir sus valores en nuestra vida es realizar la Buena Noticia que Él proclama de paz, amor, justicia, misericordia, para ello Él nos da su Espíritu más fuerte que la muerte. Es su propuesta que aceptamos libremente.

Esta es la fe de los cristianos. Él nos ayuda para creer y para ser así sus amigos.

Agradezcámoselo ante esta página maravillosa de Juan, hagámoslo en esta Eucaristía en la que una vez más Él quiere comunicarnos su Palabra y su Espíritu en verdadera comunidad cristiana.


WebJCP | Abril 2007