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viernes, 22 de abril de 2011

LA VIGILIA PASCUAL



1. Liturgia bautismal de la pascua. En el sábado santo celebramos durante el día la sepultura del Señor, y por la noche la gran vigilia pascual de la resurrección gloriosa del Señor, que constituye la cumbre de todo el año litúrgico. En las lecturas bíblicas de la vigilia pascual tenemos un resumen de toda la historia bíblica desde la creación, pasando por el éxodo y la pascua de Egipto, hasta culminar en la resurrección de Jesús.

La liturgia de la vigilia pascual, que comenzó a celebrarse en la Iglesia romana a mediados del siglo II, posee en su estructura actual una rica simbología bautismal que es el sedimento de muchos siglos de culto cristiano. Así, siguiendo el orden del ritual: el rito del fuego nuevo (s. IX), la procesión de la luz (s. XII), el cirio pascual (s. V), el pregón pascual (s. IV), la bendición del agua (s. V) y la fuente bautismal (s. V).

Esta marcada impronta bautismal de la pascua nos recuerda que nuestro nacimiento a la vida nueva con Cristo resucitado se realiza por la fe en él y por el sacramento del bautismo que nos incorpora al misterio pascual de Cristo, es decir, a su muerte y resurrección. Así lo expone la lectura apostólica (Rom 6,3ss). Los dos tiempos del bautismo en su liturgia primitiva: inmersión en el agua y emersión dé la misma, simbolizan, respectivamente, la muerte al pecado y la sepultura con Cristo (inmersión), y la resurrección a la vida nueva con él (emersión).

La liturgia bautismal más frecuente hoy día, con la sola infusión del agua, significa simultáneamente el lavado y perdón de los pecados y la vida nueva o adopción filial por Dios. Al realizarse así los dos movimientos -que son uno- de participación en la muerte y resurrección de Cristo, es decir, en su misterio pascual, queda el neófito incorporado a él y a su cuerpo social que es la Iglesia, la comunidad cristiana, el pueblo de Dios, el pueblo de la nueva alianza por la sangre de Jesús.


2. La vida nueva con Cristo resucitado. La gran fiesta cristiana es pascua de resurrección. Tan es así que el misterio pascual es lo que celebramos constantemente a lo largo de todos los domingos y fiestas del año litúrgico e incluso en la eucaristía diaria. La vigilia pascual, con el fuego nuevo y la luz del cirio, que representan a Cristo, expresa alegremente nuestra fe comunitaria en la liberación del hombre envejecido por el mal, mediante la creación del hombre y mundo nuevos en Cristo resucitado. Dios ha dado el primer paso en la resurrección de Jesús.

Cristo resucitado es el nuevo Adán que restituye al hombre, imagen del Dios de la vida, la dignidad perdida por el pecado. Desde entonces son posibles en nuestro bajo mundo la esperanza, la libertad, la alegría y la solidaridad humanas, porque Jesús resucitado establece y consolida el reino de Dios en la tierra de los hombres. Él nos posibilita la vida nueva de seres regenerados y redimidos del pecado, que es la antigua condición y la vieja levadura. Al tronco añoso de la humanidad pecadora, como al olmo viejo que cantó el poeta, le han nacido nuevos tallos en la primavera que es esta pascua florida de la resurrección de Cristo. "Es el Señor quien lo ha hecho; ha sido un milagro patenté" (salmo responsorial).

La pascua cristiana es el día en que actuó el Señor, es la fiesta de la fe y de la vida inmortal, es el triunfo de la causa de Jesús, es la salvación del hombre, es el gran éxodo de la esclavitud del pecado y el comienzo de la gran marcha de liberación de la humanidad, que con Cristo camina en la esperanza presente y futura. Por todo ello, y por ser la victoria definitiva sobre la muerte, la pascua es la gran fiesta de la vida para todo el que cree en Cristo resucitado.

Pero todo esto tiene un precio para nosotros: colaborar personalmente con la gracia y la fuerza del Espíritu, muriendo con Cristo al hombre viejo. Por eso se nos propone hoy la conversión total: de mentalidad, corazón y conducta, como principio de una vida nueva. El cristiano, resucitado con Jesús, ha de aspirar a los bienes de allá arriba donde está Cristo y barrer de su vida el pecado, que es la vieja levadura de corrupción y de maldad. Sólo así seremos la masa nueva del pan ácimo pascual.



Te damos gracias, Padre, Señor de la vida,

porque Cristo resucitó hoy del sepulcro.

¡Aleluya!

Él es el lucero matinal que no conocerá ocaso.

Ésta es la noche venturosa que une cielo y tierra,

cuando la muerte fue vencida por la vida.

Ésta es la noche en que por todo el universo

los que confesamos nuestra fe en Cristo resucitado

somos liberados del pecado y restituidos a la gracia.

¡Feliz culpa que nos mereció tal Redentor!

Éste es el día en que actuó el Señor,

¡Aleluya!

sea nuestra alegría y nuestro gozo,

¡Aleluya!


WebJCP | Abril 2007