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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Día: 08 de Abril de 2011 - IV SEMANA DE CUARESMA - CICLO A
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jueves, 7 de abril de 2011

Evangelio Misionero del Día: 08 de Abril de 2011 - IV SEMANA DE CUARESMA - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según
san Juan 7, 1-2. 10. 14. 25-30

Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.
Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también Él subió, pero en secreto, sin hacerse ver. Promediaba ya la celebración de la fiesta, cuando Jesús subió al Templo y comenzó a enseñar.
Algunos de Jerusalén decían: «¿No es éste Aquél a quien querían matar? ¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es éste; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es».
¡Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó:
«¿Así que ustedes me conocen
y saben de dónde soy?
Sin embargo, Yo no vine por mi propia cuenta;
pero el que me envió dice la verdad,
y ustedes no lo conocen.
Yo sí lo conozco,
porque vengo de Él
y es Él el que me envió».
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre Él, porque todavía no había llegado su hora.

Compartiendo la Palabra
Por Dominicos.org

Todas las profecías se cumplen en Jesucristo, como hoy lo vemos reflejado en el libro de la Sabiduría: “El justo que se da el nombre de Hijo del Señor, que se gloría de tener por Padre a Dios…” ¡Qué maravilla poder contemplar que siglos antes de la venida de Cristo ya se hablaba de Él, de su vida y su Pasión, y que siglos después continuemos haciéndolo!

"Acechemos al justo, que nos resulta incómodo…"

En la primera lectura, prestemos atención porque no habla de impíos y justos, ni de impíos o no-impíos o “píos”… Es un discurso de impíos sobre UN justo, sobre el único justo: Jesucristo. El resto de hombres somos esos impíos, porque vivimos en la impiedad, en el pecado. Y los que seguimos al justo, a Jesús, y creemos en Él… ¿cómo podríamos definirnos entonces ante aquellos que lo rechazan o no quieren creer en Él? Sí, somos impíos, pecadores… pero pecadores que continuamente necesitamos postrarnos para pedir misericordia: “la misericordia de Dios y la de nuestros hermanos”. Somos pecadores que, a pesar de serlo, precisamente porque caminamos saboreando la maravilla del perdón de Dios, no queremos vivir para el pecado, sino para el Señor, y que Él haga su obra en nosotros.

Entonces… cuando tú, siendo impío, “te glorías de tener por Padre a Dios”… ¿qué es lo que está ocurriendo? ¡Que Cristo, el justo, vive en ti! “Si llevas una vida distinta de los demás… si te apartas de las sendas del pecado como si fueran impuras…”, ¿qué ocurre? Que todo eso no sale de ti, “¡ES CRISTO QUIEN VIVEN EN TI!” Y si por todo ello “estás siendo sometido a la prueba de la afrenta y la tortura”… ¡Alégrate, porque Cristo está viviendo en ti!

Ahora, si miramos a la Iglesia, a pesar del pecado que cada uno arrastramos, ¿podríamos decir que “está resultando incómoda porque se opone a las acciones de la impiedad, porque reprende la educación errada… porque declara dichoso el fin de los justos”? Ciertamente, ¡Cristo está vivo en Ella! ¡Gracias, Señor! ¡Qué grande es tu misericordia!

“Intentaban agarrarlo, pero nadie le pudo echar mano… todavía no había llegado su hora.”

En el Evangelio vemos a los impíos en acción, buscando a Jesús para tratar de matarlo. ¿Cómo reacciona Jesús ante ellos? Con prudencia, con libertad, con valentía: “¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente…” Sin dejarse llevar por los miedos, no cesa de enseñar la Verdad.

Las palabras que introducen el discurso de la primera lectura, del libro de la Sabiduría, podrían ser las que en este momento de su vida (narrado en el Evangelio de hoy) pasaban por la mente y por el corazón de Jesús ante todos los que querían acabar con Él: “estos impíos razonan equivocadamente… así discurren y se engañan, porque los ciega su maldad”. Palabras no de condena, sino palabras que intentan excusarlos, palabras de perdón, de compasión y misericordia: “No estiman la recompensa de una vida intachable… No conocen los secretos de Dios”. Palabras de compasión que nos recuerdan aquellas de Nuestro Padre Santo Domingo: “¿qué será de los pobres pecadores?”

Señor, ayúdanos a dejarte vivir en nosotros y así nuestra vida irradie prudencia, compasión, misericordia… Haznos hombres libres que caminemos en la Verdad.

MM. Dominicas Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad
Palencia

Oramos con la Palabra

CRISTO, se acerca tu hora, pero te hacemos dura la espera. ¿Qué puedo hacer para estar siempre junto a ti y desagraviar tanta ofensa que te hacen, y que yo te he hecho? Sí, tengo el Sagrario, tengo la Palabra, te tengo en los hermanos que sufren. ¡Aquí me tienes, Señor!


WebJCP | Abril 2007