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sábado, 19 de marzo de 2011

LOS SÍMBOLOS DEL RELATO


II Domingo de Cuaresma (Mt 17,1-9) - Ciclo A
Por José Enrique Galarreta

La Transfiguración es un relato común a Marcos, Mateo y Lucas. Falta en Juan. Los tres relatos son muy semejantes. Lucas añade el tema de la conversación de Jesús con Moisés y Elías acerca de la pasión y la muerte de Jesús. Éste es un aspecto fundamental. La Transfiguración de Jesús se sitúa siempre en el anuncio de la Pasión, como para mostrar quién es el que va a morir, y se hace siempre referencia a la Resurrección. La Transfiguración por tanto da el sentido de la muerte y es anuncio de la Resurrección.

Nuestra cultura y nuestra curiosidad occidentales nos llevan a preguntar ante todo qué sucedió, si se trata de un hecho comprobable por los ojos y los oídos, como lo será la crucifixión por ejemplo.

Y sin embargo, tenemos que leer la Biblia entera, y los evangelios, tal como son, no como a nosotros nos gustaría que fueran. Lo "histórico" y lo "real" para nosotros son lo mismo. Para la Biblia, no. Lo "histórico" apenas tiene importancia, salvo porque ahí se puede manifestar lo real, lo que sucede sin que los ojos lo vean.

El texto nos está mostrando "la realidad de Jesús", tal como la captan Pedro, Santiago y Juan, que son los tres jefes más importantes de la comunidad de Jerusalén después de la Resurrección. Jesús es "el Hijo amado, el predilecto". Y debemos recordar que ellos no “entendieron” a Jesús hasta después de la experiencia Pascual, que es cuando se escribe el relato. Por tanto, lo que sucedió está interpretado por la fe.

Esto es lo que muestran todos los símbolos acumulados en el texto: el monte, lugar de la manifestación de Dios, como el Sinaí: la manifestación de su condición por el resplandor de su rostro y sus vestidos: Moisés y Elías, los dos personajes que experimentaron a Dios en la cumbre del Sinaí, el fundador del Pueblo y el primer Profeta: la voz del Señor, manifestada desde la nube, como en el monte Sinaí.

Es un texto formidablemente simbólico: todo el Antiguo Testamento confluye en él. Nos recuerda bastante al relato del bautismo de Jesús, en el que también se interpreta el suceso desde la fe, usando símbolos muy parecidos.

El sentido del texto es doble: por una parte, muestra "lo que hay en Jesús". En Jesús hay mucho más de lo que se ve. En él está el Espíritu, el mismo de los Profetas, el mismo de Moisés, que le hace Hijo Predilecto. Por eso, hay que escucharle.

Por otra parte, está mostrando lo que hay dentro de lo que nosotros llamamos la realidad: el mundo de lo divino, que no es visible, pero es lo más importante de lo real. Con este texto entendemos que la muerte de Jesús es su paso a la Realidad definitiva, su salida de esta realidad provisional, de esta tierra.

Y la resurrección muestra la realidad definitiva de Jesús, después de triunfar de la muerte y de la condición humana que nosotros conocemos.



C A N T O D E Z A C A R I A S

Sustituimos el Salmo Responsorial (Salmo 33) por el Cántico de Zacarías, dando gracias a Dios porque llega la Luz, como estaba prometido, para liberarnos de la muerte.

Se presenta a Jesús como regalo de Dios; Dios regala una fuerza de salvación, un libertador, cumbre de todo lo prometido antes. Juan Bautista, el pequeño que acaba de nacer, es el anuncio del Sol Naciente, Jesús.

Bendito sea el señor, Dios de Israel
porque ha visitado y liberado a su pueblo
y nos ha regalado un poder de salvación
en la casa de David, su servidor
como lo había anunciado, desde tiempos antiguos
por la boca de sus santos profetas
para salvarnos de nuestros enemigos
y del poder de todos los que nos odian.

Así muestra su amor a nuestros padres
así se acuerda de su Alianza Santa
del juramento que ha jurado a Abraham nuestro padre
de concedernos que, sin temor,
liberados del poder de nuestros enemigos
le sirvamos en santidad y justicia
ante sus ojos, a lo largo de todos nuestros días.

Y tú, pequeño,
serás llamado Profeta del Altísimo
porque precederás al Señor para prepararle el camino
para dar a su pueblo conocimiento de la salvación
por el perdón de los pecados,
obra de la misericordiosa ternura de nuestro Dios
que nos traerá de lo alto
la visita del sol naciente
para iluminar a los que andan en tinieblas
a la sombra de la muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino del paz.


WebJCP | Abril 2007