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MISIONEROS EN CAMINO: IX Domingo del T.O. (Mt 7, 21-27) - Ciclo A: Edificar sobre roca
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jueves, 3 de marzo de 2011

IX Domingo del T.O. (Mt 7, 21-27) - Ciclo A: Edificar sobre roca



Dos parábolas breves de Jesús, en dos palabras nos aclara su significado, nos han de ayudar para centrar nuestra vida su verdadera dirección. Reflexionemos en ellas, son siempre actuales.

La primera parábola es una diatriba contra algunos que se presentan como cristianos convencidos, invocan al Señor, le hablan de la religiosidad que ellos mismos escogen, le agradecen el ser buenos, aseguran ser ejemplares, y lo proclaman en asambleas públicas, es una religiosidad muy rentable para ellos. Nos hace recordar aquella otra parábola del fariseo y del publicano, de aquel personaje, proclamando en medio del templo delante de su dios sus buenas obras, sus mortificaciones, sus obras de caridad, asegurando que cumplía los deseos de su dios. La segunda parábola es una llamada para asegurar, para que asentemos con firmeza nuestro vivir cristiano.

No es raro encontrar hoy también personas que se creen buenas, especialmente bendecidas por su dios, asumen algunas palabras evangélicas, pensado siempre en su provecho, predican, crean grupos, asociaciones religiosas, elaboran las bases de su religiosidad con normas que les favorecen socialmente, piensan que son observantes de la verdadera ortodoxia, buscan por todos los medios protecciones sociales que les beneficien, escogen para participar en sus grupos a quienes les pueden favorecer.

Este tipo de personas se pueden encontrar en todas las religiones, en todos los tiempos, son promotores de los llamados fundamentalismos religiosos, por la historia sabemos de su intransigencia, sus condenas, quemas en la hoguera de presuntos herejes, también de fundamentalismos actuales, algunos cercanos, mezclando religión y política todo en el nombre del “Señor”, con el que cubren sus actuaciones, sus instituciones.

Oímos las palabras de Jesús, “no os conozco, apartaos de mi, malditos, engañáis a las gentes.” Prosigue su dura condena: “No entrará en el reino de los cielos el que dice: Señor, Señor…, sino el que cumple la voluntad de mi Padre. No os conozco, alejaos de mi”.

¿Por qué será duro Jesús con estas gentes que, al menos aparentemente, dicen que hacen “buenas obras religiosas”, ¿no habremos participado, sin mala voluntad, también nosotros en alguna de ellas?. ¿Por qué habla así Jesús?

Jesús llama falsos profetas a los que no viven conforme a su Palabra afirmando que la siguen; la palabra de Jesús está recogida en los evangelios y parece que no la conocen. El orientar la vida escogiendo solo unas palabras suyas, omitiendo otras, es engañarnos, es engañar el pretender convencernos o convencer a otros de que somos cristianos, seguidores de Jesús, es una verdadera mutilación de la verdad que Jesús nos ha dejado, es una mala comedia, Jesús no tolera el engaño, que engañemos. Seguir a Jesús es asumir en su integridad toda su palabra y ante ella formar nuestra conciencia, es la norma de actuar que Él nos presenta.

Lo que reafirma Jesús en la segunda parábola, complementa la primera, nos ayuda a comprender cómo hemos cumplir en nuestra vida sus enseñanzas. Los protagonistas de la parábola son dos constructores de una vivienda. Los dos tienen un proyecto definido, pero lo realizan de modo muy diverso. Uno de ellos pone todo su empeño, construye sobre buenos cimientos, el otro descuida normas fundamentales de construcción, construye sobre arena, el resultado no puede ser más dispar, el éxito o la ruina total.

Jesús dice que “el que escucha mis palabras y las pone en práctica, es el hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Las lluvias...torrentes.., vientos, sacudieron la casa, pero esta no se derrumbó, estaba construida sobre roca.” Al contrario, “del que escucha mis palabras y no las practica, su vida es una ruina, ha construido sobre arena.”

No necesitan mayor explicación estas palabras. Cada uno conocemos nuestros proyectos, pueden ser nuestra familia, la profesión, nuestro compromiso social, político...conocemos también las lluvias, vientos..., mentiras, injusticias, intereses bastardos..., Jesús nos dice que una vida cristiana auténtica, ha de estar asegurada en el fundamento de una conciencia fundamentada en toda su palabra, es la roca segura, el verdadero fundamento sobre el que hemos de actuar, de vivir, para asegurar nuestro seguimiento a Él en medio de las dificultades, egoísmos, violencias, de las crisis en que nos podamos encontrar.
Jesús es la roca, Él es la verdad de Dios, es el Dios-Amor en nosotros, esa fue su doctrina, su vida, Él es la verdadera seguridad para apoyar nuestra vida, el cimiento sobre el que hemos de edificar, de vivir.

Hoy, buscando soluciones en un mundo en el que abunda la confusión, se asumen con demasiada frecuencia palabras suyas mezclándolas con afirmaciones, con seguridades, que se imponen a veces bajo exigencias de progresos interesados, de búsquedas de poder, que no aparecen en modo alguno en la palabra evangélica, esto crea en muchos casos enorme confusión, en otros casos desprestigio de quien lo hace, aunque provenga de instituciones o personas que deberían merecer todo el respeto.

En lo más hondo de mi ser tengo que descubrir lo que Dios espera de mí. Quizá no hemos arraigado nuestro cristianismo sobre el cimiento sólido del evangelio, sino sobre costumbres, fidelidades y tradiciones no siempre muy acomodadas con el espíritu de Jesús.

No podemos olvidar su palabra, que ha de estar siempre presente. Al leer el evangelio tengamos la seguridad de que no estamos leyendo un libro, estamos escuchando a Jesús que nos habla al corazón. Hagamos que su palabra sea el fundamento de nuestra vida, es el Dios-Amor en nosotros, esa fue su doctrina, y esa fue su vida, que ha de ser el fundamento de nuestra vida, así hemos de fijar nuestra conciencia como verdadero fundamento de nuestro actuar.
Es lo que Jesús espera de nuestras vidas. Nos lo ha dicho hoy.


WebJCP | Abril 2007