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MISIONEROS EN CAMINO: III Domingo de Cuaresma (Juan 4,5-42) - Ciclo A: LA SAMARITANA. LA ANOREXIA ESPIRITUAL
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viernes, 25 de marzo de 2011

III Domingo de Cuaresma (Juan 4,5-42) - Ciclo A: LA SAMARITANA. LA ANOREXIA ESPIRITUAL


Por P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

Un estudiante fue a consultar a su director espiritual y le hizo la siguiente pregunta: “Maestro, ¿cómo puedo encontrar verdaderamente a Dios?
El director espiritual le pidió que le acompañara hasta el río y le dijo que se metiera en el agua. Cuando alcanzaron la mitad del río, el director le dijo: “Ahora sumérgete en el agua”.
El director espiritual cogió la cabeza del joven y la mantuvo dentro del agua.
El estudiante comenzó a agitarse y a batir el agua con sus manos, pero el director la mantuvo sumergida.
Finalmente, el estudiante libre salió del agua en busca de aire.
“Cuando tu deseo de Dios sea tan grande como tu deseo de respirar el aire, entonces encontrarás a Dios”, le explicó su director espiritual.

La religión se puede imponer. Someterse a unos ritos, aceptar unas prácticas externas, cumplir ciertas dietas y devociones, celebrar unas fiestas tradicionales, ser fiel a unas rúbricas…no cuesta ni esfuerzo ni convicción. Obediencia ciega que Dios no acepta.

La rueda de la sociedad con sus tics milenarios gira y nosotros con ella.

Pero encontrar verdaderamente a Dios, experimentar a Dios vivo, presente en mi vida, supera toda religión, supera el templo de Garizim de los samaritanos, el de Jerusalén de los judíos y el de Roma de los católicos. La verdadera religión está allí donde está Jesús y nos encontramos con él.

La religión es para muchos el problema. La religión reducida a moralismo, a ritos y a misoginia.

La anorexia espiritual de los hombres de hoy tiene su raíz en que saturados de comida basura, ahora queremos ponernos a dieta y tiramos el niño con el agua.

La Samaritana, esa mujer sin nombre, un buen día, junto al pozo, lugar de citas y amoríos, tuvo la conversación más larga, más profunda y más íntima con Jesús de Nazaret, el séptimo hombre y definitivo de su vida. Dejados los seis baales anteriores, la idolatría, encuentra por fin a su Señor.

“Llega una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dice: “Dame de beber”.

Los diálogos de evangelio de San Juan son muchas veces diálogos de sordos.

Nacer de la carne, nacer del espíritu, con Nicodemo.

Comer pan, comer su carne, beber vino, beber su sangre.

Agua del pozo que se bebe y se tiene sed, agua que se bebe y no hay que volver al pozo.

Mediodía, junto al pozo, la Samaritana y Jesús, -que no era misógino como Pablo y otros muchos reverendos- conversan sobre la historia del pozo de Jacob y las distintas clases de agua, como dos pastores enamorados y escandalizan a los apóstoles y a los vecinos.

El agua de ese pozo sació la sed de Jacob, de sus descendientes y de sus rebaños y fue una gran bendición hasta para la Samaritana.

Es una gran bendición que alguien piense en nosotros y en nuestra sed y nos brinde una clase de agua para cada día de la semana: Monte Pinos, Coca-Cola, Pepsi, Sprite…y nos la publicite con un: Obey your Thirst. Obedece a tu sed.

Jesús también publicita el agua que él ofrece.

“Si conocieras el don de Dios, tú le pedirías y él te daría el agua viva”.

“El que beba el agua que yo le daré nunca tendrá sed y se convertirá en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”.

Jesús tiene sed y quiere que la Samaritana, todos nosotros, tengamos sed de lo esencial:

vida orientada hacia Dios,

en el ajetreo cotidiano, déjate acompañar por Dios,

no le pidas milagros, sé tú un milagro para los demás,

no te sacrifiques por cosas y causas insignificantes, da tu vida sin más,

no reces tanto, el culto se vive en espíritu y en verdad,

olvida las fórmulas vacías, Dios ni habla ni necesita palabras,

¿templos?, sé tú el templo de la divinidad.

La Samaritana, símbolo de todos nosotros, conversó con Jesús, creyó en Jesús y corrió a predicar a todos sus paisanos la buena noticia y, believe it or not, una mujer llevó el mensaje a unos hombres que no se fiaban nada de las mujeres. En las cosas de Dios, algunos nunca se enterarán, las mujeres son más de fiar que los hombres.

Su diálogo, junto a cualquier pozo, lo continuamos nosotros e invitamos a otros a encontrarse con Jesús y a beber el agua de la vida, a llenarse del Espíritu Santo.

“Jesús nos da el agua, pero no embotellada.

Cada domingo los católicos acudimos al pozo del agua viva, pero hay que tener sed y aceptarla tal como el Señor nos la ofrezca.

Como dice el refrán: puedes llevar el caballo a la fuente, pero si no tiene sed no le harás beber.


WebJCP | Abril 2007