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MISIONEROS EN CAMINO: VI Domingo del T.O. (Mt 5, 17-37) - Ciclo A: Jesús habla de cómo seguir su palabra
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viernes, 11 de febrero de 2011

VI Domingo del T.O. (Mt 5, 17-37) - Ciclo A: Jesús habla de cómo seguir su palabra



Proseguimos con la lectura del Sermón del Monte, que podemos considerar como el manifiesto de Jesús el Mesías, auténtico fundamento de la espiritualidad cristiana del seguimiento a Jesús, enuncia promesas de felicidad, no mandamientos. En la página de hoy expone su postura ante la Ley antigua, viene a transformar ésta, reconduce sus mandamientos al objetivo último que Él viene a comunicarnos: el servicio a la vida, a la justicia, al amor, con una radicalidad a la que no han llegado ninguna otra religión, ninguna legislación humana.

Sus palabras más que un mandado, son la oferta más generosa del respeto a la persona humana, verdadero fundamento del vivir humano, nos llaman a realizarnos en el amor, en un amor universal que alcance a todos, incluso a los enemigos. Es la gran aportación que ofrece Jesús a la humanidad, que ha resultado a más de uno difícil de comprender, negándose a aceptarla.

Este mensaje de hoy nos abre a participar de lo más profundo del ser de Dios, Dios es amor, amor en lo más intimo de su ser, es la propuesta que nos hace Jesús. Amar nosotros desde lo más íntimo de nuestro ser, con amor universal. Seremos verdaderamente humanos cuando el amor esté en la base de toda nuestra vida, viviremos como hermanos, como hijos de Dios.

Jesús hace referencia al antiguo mandato: "No matar"; lo completa con propuestas que han parecido excesivas: "el que insulta, el que llama..., el que se acerca al templo...."

Palabras claras y terminantes: con la prohibición divina "no matarás" no basta convertir la agresividad, el homicidio, el abuso de poder en "tabú". Es necesario liberarnos de todo lo que nos lleva a abusar y a pasar por encima del otro, hemos de reorientar nuestras energías agresivas hacia la construcción de la justicia, de la fraternidad, de la paz, el “otro es un hermano, un hijo de Dios”.

Hay quien rechaza este mensaje de Jesús acusándolo de idealista, de imposible realización, pero hay muchos pensadores, también promotores de grandes movimientos religiosos, como Gandhi, que han aceptado estas palabras de Jesús como verdaderas guías del comportamiento humano, sin olvidar, desde luego, las páginas gloriosas que han escrito con sus vidas innumerables seguidores de Jesús, que han acertado a poner el amor, como raíz de toda su vida, en entrega generosa en organizaciones cristianas y laicas de ayuda, de verdadera misericordia hacia necesitados, de auténtico trabajo por instaurar la justicia, la paz, la reconciliación en la sociedad.

Jesús afirma con rotundidad que es el mensaje de Dios y que no hay otro verdadero, que hay algo que no podemos olvidar: los hombres y mujeres caminamos hacia nuestro destino viviendo el amor, haciendo nuestras estas palabras suyas al trabajar por la fraternidad, la paz, convirtiendo nuestro egoísmo, nuestra agresividad en energía positiva, orientada a construir la sociedad, la familia, la vida religiosa, más auténticas, más fraternas, más pacíficas.

Jesús no habla de sentimientos ideales, insta a dar los pasos acertados, concretos. Hemos de pensar en los pasos que cada uno de nosotros hemos de dar, para no recorrer caminos equivocados. No se avanza a la paz de cualquier manera, hay que partir desde la realidad que vivimos para llegar a ella. Fácil comprender, al ver los acontecimientos nacionales e internacionales, que no siempre escogemos los verdaderos caminos para acercarnos a una verdadera convivencia humana.

Ante las grandes crisis que padecemos hoy, hemos de ser conscientes de quiénes las organizan y se benefician de ellas dejando en la cuneta de la vida a millones de seres humanos sin pensar más que en su enriquecimiento y poder; es necesario que tengamos las ideas claras para saber cómo podemos apoyar la verdad, la paz, el entendimiento y la reconciliación aquí y en nuestro mundo, para no apoyar lo falso, lo inicuo.

Necesitamos aproximar posturas, aunar fuerzas, sin ahondar divisiones, ni enfrentamientos, mirar al hombre, a todo hombre como hermano y vaciar nuestras palabras de todo contenido amenazador. Quitar de nuestras palabras la agresividad, cargándolas de comprensión, de buen sentido. ¿Qué libertad, qué fraternidad, qué paz se podrá establecer entre personas que no se escuchan, ni respetan mutuamente sus ideas, cuando cada uno busca solamente su propio interés?

En este camino hacia la fraternidad, todos debemos contribuir para crear un clima social de diálogo, de entendimiento, de colaboración y de búsqueda solidaria del bien general, sabemos que es obligación fundamental de los dirigentes políticos, también de los eclesiásticos, son ellos los primeros que deben contribuir, para eso han sido elegidos, no para aparecer enzarzados con tanta frecuencia en agresiones y condenas, que pueden producir la impresión de estar más enfrentados que los mismos ciudadanos a los que representan y les han elegido y les toleran para que traigan la paz.

Todos debemos colaborar para que el deseo de paz, de entendimiento, se afiance cada vez en nuestra vida social. Este deseo, sentido profundamente, buscado con generosidad, realizado con vigor nos conducirá a una convivencia cada vez más humana, es sin duda el deseo de Jesús en sus palabras que venimos escuchando.

Sabemos que a un pueblo, a una institución, por respetable que sea, le pueden quitar la libertad, puede perderla “desde fuera”, pero pueden perderla también “desde dentro”, por su propia torpeza, por su propio egoísmo; por eso tendremos que cimentar la paz, la libertad, el entendimiento, la fraternidad con actitudes profundas, enraizadas en nuestra propia persona, transformando nuestro interior, transformando las relaciones de amigo - enemigo, descubriendo en el otro al hermano, al que hay que llegar a amar, a perdonar. Amar al enemigo no es introducirlo necesariamente en el círculo de nuestras amistades, pero sí aceptarlo como hombre, y como hermano, que no ha perdido el derecho a ser tratado con justicia y humanidad. Eso nos pide Jesús, después de haberlo cumplido Él. Es la tarea de los cristianos, de la comunidad cristiana el impulsarlo.

No somos los cristianos los únicos, que ponen el amor y el respeto a la persona humana como eje de toda la vida. Este principio que inspira todo el mensaje cristiano es compartido en cierta medida por otras religiones y otras filosofías agnósticas. Sintamos no solo respeto por ellos, también aprecio y verdadera solidaridad en acciones que nos llevan a todos hacia una humanidad más fraterna, más “humana” es el verdadero deseo de Jesús manifestado en este maravilloso “Sermón del Monte”.

Preguntémonos: ¿Qué hacemos hoy nosotros por la paz, por el entendimiento social y religioso, por la reconciliación? ¿Seguimos lo que nos dice Jesús?.

Pensemos que Jesús sigue actuando a través de su Espíritu en el corazón de las personas; solo tenemos que abrirnos y dejarnos llenar de su sabiduría, de su espíritu.


WebJCP | Abril 2007