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martes, 1 de febrero de 2011

Pablo, el apóstol


Por Frei Betto
Publicado por Adital

El pasado 25 de enero se celebró la fiesta de Pablo de Tarso, que da nombre a la capital paulista. Tenemos información sobre él gracias a las 13 cartas que escribió y al relato del evangelista Lucas, con quien hizo viajes misioneros, titulado Hechos de los Apóstoles, documentos que integran el Nuevo Testamento.

Pablo o Saulo nació probablemente el año 1 de nuestra era y falleció el 64, a los 63 años, en Roma. Sus padres habrían emigrado desde Palestina a Tarso. Judíos piadosos, evitaron matricular a su hijo en escuelas griegas. Apenas cumplió 14 años Pablo fue enviado a Jerusalén, donde vivía su hermana casada. Estudió en la más famosa escuela rabínica de la época: "a los pies de Gamaliel” (Hechos 22,3).

Sus textos demuestran una sólida formación teológica. Y era además un excelente escritor. Su "Himno al Amor” (1 Corintios 13, 1-13) es de los poemas más hermosos de la literatura universal: Aunque yo hablase la lengua / de los hombres y de los ángeles, / si no tuviese amor / sería como bronce que suena / o címbalo que retiñe…

Pablo se encontraba entre los que apedrearon al joven levita Esteban, condenado por "blasfemia” por haberse hecho cristiano. Las ropas de los ejecutores quedaron depositadas "a los pies de un joven, llamado Saulo” (Hechos 7,58).

Se volvió enemigo de los cristianos: "Perseguía a muerte esa doctrina, arrestando y encarcelando a hombres y mujeres” (Hechos 22,4). Tenía 28 años: "Fui con el propósito de apresarlos (a los cristianos) y traerlos arrestados a Jerusalén, donde serían castigados. Pero yendo de camino y al aproximarme a Damasco, al mediodía, de repente me rodeó una intensa luz del cielo. Caí por tierra y oí una voz que me decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” A lo que respondí: "¿Quién eres, señor?” Él me dijo: "Soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues” (Hechos 22, 5-10).

En Damasco, al predicar en las sinagogas, se le despertó la vocación apostólica. Poco después se retiró al desierto, quizás para prepararse, espiritual y teológicamente, en alguna comunidad judeocristiana. Allí permaneció 13 años. Pero no se sabe nada sobre ese período de su vida.

A los 41 años Pablo se dirigió a Jerusalén para "visitar” al jefe de la naciente Iglesia, Pedro (Gálatas 1,18).

Pablo dedicó más de 14 años a viajes misioneros. Recorrió cerca de 15 mil km y enfrentó todo tipo de dificultades: fue azotado, apedreado, aprisionado, asaltado; naufragó, se sintió traicionado, pasó hambre, frío y noches sin dormir (2 Corintios 11, 24-27), expuesto "al peligro en todo momento” (1 Corintios 15,30).

No siempre es fácil adecuar el cambio en el modo de pensar con el de actuar. Fue lo que sucedió con los judeocristianos de Jerusalén y con Pedro. Creían que un pagano convertido al cristianismo debería, primero, aceptar ciertos rituales judíos, como la circuncisión y las prácticas de pureza. Pablo disentía de ello. Para él un pagano podía abrazar la fe en Cristo sin la menor observancia de la ley mosaica. Ante la indecisión, en el año 51 participó, en Jerusalén, en el primer concilio de la historia de la Iglesia.

Después, en Antioquía, ocurrió un incidente entre él y Pedro. He aquí lo que Pablo escribe en la carta a los Gálatas (2, 11-14): "Cuando Pedro fue a Antioquía, yo le enfrenté en público, porque él estaba claramente equivocado. De hecho, antes de que llegaran algunas personas de parte de Santiago, Pedro comenzó a evitar a los paganos y ya no se mezclaba con ellos, pues tenía miedo a los circuncidados. Los demás judíos también empezaron a fingir y hasta Bernabé se dejó arrastrar por la hipocresía. Cuando noté que ellos no actuaban correctamente, conforme a la verdad del Evangelio, le dije a Pedro, enfrente de todos: "Tú eres judío pero vives como los paganos y no como los judíos. ¿Cómo entonces puedes obligar a los paganos a vivir como judíos?”

Pablo no estaba en contra de que los judeocristianos observaran la ley mosaica. Encaraba ese tema con tolerancia. La cuestión se complicó al observar que Pedro cambió su modo de actuar, pasando a admitir que la salvación no vendría solo como don gratuito de Cristo, sino también por el cumplimiento de la ley de Moisés. Al retomar antiguas prácticas judías Pedro hizo que los paganocristianos se sintieran inferiores a los judeocristianos, cual si fueran fieles de segunda clase.

Pablo ponía empeño en no ser un peso para las comunidades que le acogían. Se sustentaba con su oficio de fabricante de tiendas y de objetos de cuero (Hechos 18,3).

Al llegar a Atenas le sugirieron que fuera al Areópago, en la colina de Marte, donde se reunían los interesados por la filosofía. Allí ejerció toda su pedagogía evangelizadora: valoró a sus oyentes como "sumamente religiosos” (Hechos 17,22) y al encontrar un altar dedicado "al dios desconocido”, supo sacar provecho: "Aquel a quien veneran sin conocerle es éste que yo les anuncio” (Hechos 17,23). Y parafraseando a Arato, poeta conocido por los griegos, concluyó que Dios "no está lejos de cada uno de nosotros; y en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17, 27-28).

Para estos tiempos de fundamentalismos religiosos Pablo dejó un legado importante mediante su testimonio de quien pasó de perseguidor a perseguido, de miembro de la élite a predicador itinerante, de fariseo intolerante a cristiano dotado de espíritu ecuménico, de legalista a misericordioso.

Pablo supo ser griego con los griegos y judío con los judíos; respetó la jerarquía de la Iglesia sin dejar de criticar incluso al papa, Pedro; demostró que lo contrario del miedo no el es valor sino la fe.

Místico, Pablo se atrevió a exclamar: "Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” (Gálatas 2,20).

[Autor de la novela "Un hombre llamado Jesús”, entre otros libros. http://www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.

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