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MISIONEROS EN CAMINO: Materiales liturgicos y catequeticos: VIII Domingo del T.O. (Mt 6,24-34) - Ciclo A
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martes, 22 de febrero de 2011

Materiales liturgicos y catequeticos: VIII Domingo del T.O. (Mt 6,24-34) - Ciclo A



Monición de entrada

(A)
En una conocida película se hace esta sugerente invitación: considerad la vida como un regalo. El que sale de casa sin problemas un día de primavera, o se acerca a una playa, o sube al silencio de una montaña no puede menos de pensar: la vida es bella, la vida es un regalo.
Muy distinta puede ser la impresión al regresar a casa y encarar los pequeños problemas de cada día, o los escabrosos problemas de excepción. El optimismo ante la vida considerada como un don puede degenerar en el pesimismo de considerarla como una pesada carga. Es entonces cuando cuesta aceptar que hay Alguien en nuestra vida mayor que nuestras angustias y problemas.
Dios nos reúne para hacernos oír su voz de aliento y confianza: ¡No viváis angustiados! Por las faltas de confianza en la Providencia comenzamos pidiendo perdón.

(B)

Seguramente que para nosotros la vida es más que trabajar, más que ganar dinero, más que disfrutar... Si estamos aquí es porque hay otros valores que nos mueven por dentro. Más que cualquier rentabilidad satisface profundamente compartir.


Pedimos perdón

Señor; la vida es dura y esa dureza nos hace dudar de tu providencia paternal que vela por sus hijos. SEÑOR, TEN PIEDAD....
A veces pensamos que tu mundo se te escapa de las manos y nos fiamos más de nuestros remedios que de tu sabia providencia. CRISTO, TEN PIEDAD...
Haznos oír tu voz de confianza en tu providencia y tu condena de nuestras dudas. SEÑOR, TEN PIEDAD...

(B)

Porque nos agobian muchas cosas. SEÑOR, TEN PIEDAD...
Porque no confiamos suficientemente en Ti. CRISTO, TEN PIEDAD...
Porque no estamos entregados del todo a tu Reino. SEÑOR, TEN PIEDAD...



Escuchamos la Palabra

Lectura del libro de Isaías

Sión decía:
«Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.»
¿Es que puede una madre olvidarse, de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrafias?
Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
R. Descansa sólo en Dios, alma mía.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos. »

Palabra de Dios


Evangelio Dialogado (Niños)

Narrador: Un día que Jesús hablaba a la gente les dijo:

Jesús: No estéis demasiado preocupados sobre lo que vais a comer o con qué os vais a vestir.
Mirad los pájaros: ni siembran, ni cosechan... Y sin embargo vuestro Padre del cielo los alimenta. Y vosotros valéis muchísimo más que los pájaros.
Tampoco os agobiéis pensando en vestiros. Fijaros en la flores qué hermosas y bellas son. Y sin embargo, ellas no hacen nada para ser así. Es vuestro Padre Dios quien las viste con tanta belleza y hermosura, a pesar de que pronto se ponen mustias y se pudren.
Y vosotros valéis mucho más que las flores. Por eso, no estéis demasiados preocupados por lo que vais a comer o con qué os vais a vestir.

Narrador: Y después de ponerles estos ejemplos les dijo:

Jesús: Vosotros preocuparos, sobre todo, de cumplir la voluntad de Dios, vuestro Padre. Él os dará lo demás.

Palabra del Señor



Homilías

(A)

Dios nos ama a todos, y si cuida de las aves mucho más cuidará de cada uno de nosotros; pero a las aves Dios no les pone el alimento en el pico: las aves tienen que esforzarse para conseguirlo. Pues bien, nosotros tenemos que esforzarnos trabajando como si todo dependiera de nosotros, pero confiando en Dios como si todo dependiera de Él. Sin la ayuda de Dios todos nuestros esfuerzos serían inútiles. Incluso ni siquiera podríamos hacer esfuerzos.
Dios nos ama; por eso en la Biblia nos dice: ¿Podrá una madre abandonar al hijo de sus entrañas? Pues aunque lo abandone, yo no te abandonaré; eres precioso a mis ojos y te quiero. Te llevo dibujado para siempre en la piel de mis manos.
Fijaos en este detalle: no dice que nos lleva dibujados en su cara; no. Nuestra cara no la vemos constantemente; nos tenemos que valer de un espejo. Son las manos las que vemos constantemente. Dios, pues, al decirnos, que nos lleva dibujados en la piel de sus manos quiere decirnos que constantemente nos está mirando con amor.
Dios nos ama, seamos como seamos; aunque seamos muy malos y no cambiemos.
Reparad en el amor de una madre por su hijo. La madre no le ama porque sea bueno, sino porque es su hijo. Claro que desea que sea bueno y cada vez mejor. La madre de un criminal querría que su hijo se apartara del mal camino, pero como es madre no deja de amarle. Jamás dirá: Deja de ser un criminal y te querré. Lo que dirá es: Odio tus crímenes, pero a pesar de todo sigo queriéndote con toda mi alma, porque eres mi hijo.
Algo parecido pasa con Dios. Dios ama a sus hijos pecadores, pero odia el pecado porque el pecado es egoísmo y al egoísmo se debe la mayoría de los sufrimientos que hay en el mundo.
Un seminarista que en Bangla Desh luchaba contra el hambre de los nativos decía lo siguiente: «He comprobado que el mayor mal que hay en el mundo no es que un hombre muera de hambre. Por supuesto que esa es una muerte horrible, pero supongo que la gente muere de muertes igualmente horribles en países ricos, donde hay tanto cáncer y donde la medicina moderna es incapaz de acabar con el dolor. No. Lo verdaderamente trágico no es el dolor de morir de hambre, sino la indiferencia de quienes, pudiendo ayudar a sus hermanos que mueren de hambre, no lo hacen».
Hermanas y hermanos: el pecado, que al fin y al cabo es egoísmo, es la causa de la mayoría de los males que sufre la humanidad. No seamos, pues, egoístas. Busquemos antes que nada el reino de Dios.


(B)

HACER DINERO

Poca gente se percibe del daño que provocan en muchas personas algunos criterios y pautas de actuación que la economía actual considera «valores indiscutibles». L. González- Carvajal los considera «los demonios de la economía» que andan sueltos.
El primero es, tal vez, el rendimiento. Durante muchos años, los seres humanos han tenido el sentido común suficiente como para no trabajar más que lo preciso para llevar una vida alegre y satisfactoria. El capitalismo moderno, por el contrario, elevó el trabajo a «sentido de la vida». A B. Franklin se le atribuye la famosa frase «el tiempo es oro». Quien no lo aprovecha para ganar, está perdiendo su vida.
Sin duda, ese afán de rendimiento ha contribuido al progreso material de la humanidad, pero cada vez hay más personas dañadas por el exceso de trabajo y activismo. Ahora se crea más riqueza, pero, ¿vive la gente más feliz? Por otra parte, se va olvidando el disfrute de actividades que no resultan productivas.
¿Qué sentido puede tener la contemplación estética?, ¿para qué puede servir el cultivo de la amistad o la poesía?, ¿qué utilidad puede tener la oración?
El segundo demonio sería la obsesión por acumular dinero. Todos sabemos que el dinero comenzó siendo un medio inteligente para medir el valor de las cosas y facilitar los intercambios. Hoy, sin embargo, «hacer dinero» es para muchos una especie de deber. Es difícil llegar a «ser alguien» si no se tiene dinero y poder económico.
Muy emparentado con este último demonio está el de la competencia. Lo decisivo para bastantes es competir y luchar para superar a los demás rivales. Es innegable que una «sana dosis» de competitividad puede tener aspectos beneficiosos, pero cuando una sociedad funciona motivada casi exclusivamente por la rivalidad, las personas corren el riesgo de deshumanizarse, pues la vida termina siendo una carrera donde lo importante es tener más éxito que los demás.
Hace algunos años, E. Mounier describía así al burgués occidental: «Un tipo de hombre absolutamente vacío de todo
misterio, del sentido del ser y del sentido del amor, del sufrimiento y de la alegría, dedicado a la felicidad y a la seguridad; barnizado en las zonas más altas, de una capa de cortesía, de buen humor y virtud de raza; por abajo, emparedado entre la lectura somnolienta del periódico, las reivindicaciones profesionales, el aburrimiento de los domingos y la obsesión por figurar.» Para Jesús la vida es otra cosa. Sus palabras invitan a vivir con otro horizonte: «No podéis servir a Dios y al dinero... No estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer; ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir:.. Buscad, sobre todo, el Reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura.»


(C)

LA CULTURA DE LO EFIMERO

Uno de los hechos más característicos de nuestros tiempos es la aparición constante de nuevos productos en el mercado. La
competencia fuerza a los fabricantes a inundar la sociedad de artículos siempre nuevos. Ya no interesa elaborar productos que duren. Es más rentable fabricar objetos efímeros para introducir al poco tiempo modelos mejorados.
Este fenómeno aparentemente poco relevante tiene repercusiones notables en nuestro estilo de vida. De hecho, muchos
viven convencidos de que han de adquirir a toda costa los «nuevos modelos» y exhibir algo moderno y original si quieren con- tar en la sociedad y estar al día. Son personas que se dejan influir por una publicidad que estimula el deseo de no desento- nar o el ansia de sobresalir.
Pero, obviamente, para poder comprar al ritmo acelerado en que van saliendo los nuevos artículos, es necesario obtener mayo- res ingresos. Se cae entonces en la trampa de vivir obsesionados por ganar siempre más, descuidando otros aspectos y valores necesarios para una vida sana y feliz.
Por otra parte, se va introduciendo fácilmente la tendencia a equiparar lo nuevo con lo mejor, y, trasladando erróneamente
esta actitud al campo del pensamiento, las costumbres o la religión, se cree que la última novedad es siempre la más valiosa.
Pero hay algo todavía más grave. Casi sin advertirlo, se va imponiendo la costumbre de tirar los objetos tan pronto como
han cumplido su función y, a menudo, cuando todavía son utilizables. Vivimos envueltos en una cultura del «tírese después de
usado». Todo tiende a ser efímero y transitorio. Una vez de usarlo, hay que buscar el nuevo producto que lo sustituya.
Esta cultura puede estar configurando también nuestra manera de vivir las relaciones interpersonales. De alguna manera, «se usa» a las personas y fácilmente se las desecha cuando ya no interesan. Amistades que se hacen y deshacen rápida- mente según la utilidad. Amores que duran lo que dura el interés y la atracción física. Esposas y esposos abandonados para ser sustituidos por una relación amorosa más excitante.
La advertencia de Jesús: «No podéis servir a Dios y al dinero», nos pone en guardia frente a los efectos deshumanizadores de una sociedad, en gran parte, consumista y frívola que puede reducir incluso la amistad y el amor a relaciones de intercambio interesado. Quien sirve exclusivamente a sus intereses materiales terminará por no conocer el amor.


(D)

EL BECERRO DE ORO

Los llamados «países libres» de occidente somos más esclavos que nunca de un «capitalismo sin entrañas» que, para
procurar el bienestar relativo de mil millones de personas, no duda en condenar a la miseria a los otros cuatro mil quinientos millones que pueblan la tierra.
Los datos nos dicen que, poco a poco, pero de manera inexorable, «el pastel se reparte cada vez entre menos bocas». Aquella Europa que hace unos años ofrecía «acogida generosa» a trabajadores extranjeros que llegaban a realizar trabajos que nadie quería, dicta hoy «leyes de extranjería» para poner barreras infranqueables a los hambrientos que nosotros mismos estamos contribuyendo a crear en el mundo.
¿A quién le importa en Europa que dos continentes enteros –África y América Latina- tengan hoy un nivel de vida más bajo que hace diez años? ¿Quién se va a preocupar por los catorce millones de niños que mueren de hambre cada año, en esta Europa en la que sigue creciendo el rechazo racista, a veces de manera descarada y casi siempre maquillada de mil formas diferentes?
o' La Iglesia no puede hoy anunciar el Evangelio en Europa sin desenmascarar toda esa inhumanidad, y sin plantear las preguntas que apenas nadie se quiere hacer:
¿Por qué hay personas que mueren de hambre, si Dios puso en nuestras manos una tierra que tiene recursos suficientes para todos? "
¿Por qué tenemos que ser competitivos antes que huma- nos? ¿Por qué la competitividad tiene que marcar las relaciones entre las personas y entre los pueblos, y no la solidaridad?
¿Por qué hemos de aceptar como algo lógico e inevitable un sistema económico que, para lograr el mayor bienestar de
algunos, hunde a tantas víctimas en la pobreza y la marginación?
¿Por qué hemos de seguir alimentando el consumismo como «filosofía de la vida», si está provocando en nosotros una «espiral insaciable» de necesidades artificiales que nos va vaciando de espíritu y sensibilidad humanitaria?
¿Por qué hemos de seguir desarrollando el culto al dinero como el único dios que ofrece seguridad, poder y felicidad? ¿Es ésta, acaso, «la nueva religión», que hará progresar al hombre de hoy hacia niveles de mayor humanidad?
No son preguntas para otros. Cada uno las hemos de escuchar en nuestra conciencia como eco de aquellas palabras de Jesús: «No podéis servir a Dios y al Dinero».


(E)

NEUROSIS DE POSESIÓN

Por este texto, tan lleno de encanto y de poesía, han dicho algunos pensadores increyentes y ateos que Jesús no pisaba, la tierra, que era un utópico que flotaba en las nubes. La realidad cotidiana parece desmentir esa confianza absoluta de Jesús en la providencia. Parecería que, más que de la providencia divina, los recursos vitales dependen de la justicia y del comportamiento ecológico de las naciones. La tercera parte de la humanidad que padece hambre y los sesenta millones de seres humanos que mueren de hambre al año parecen desmentir este providencialismo de Jesús. Es precisamente esta tragedia descomunal una de las "razones" más socorridas en que se apoyan ateos y agnósticos para afirmar que Dios no existe; y si existe, está en babia; no se entera de nada; porque si llegara a enterarse y no lo remedia, o es profundamente inhumano o está tan limitado que no resuelve nada. ¿Cómo se concilia este canto poético de Jesús y el terrible drama de tantos "hijos" suyos roídos por la miseria?
Jesús no profesaba un providencialismo ingenuo. Trabajó y ganó el pan con el sudor de su frente. Desaprobó la actitud del criado haragán que recibió un talento y que, por pereza, lo escondió en la tierra sin preocuparse de negociar con él (Mt 25,30). Pidió a los apóstoles que vivieran de su trabajo, del ministerio profético: "El obrero merece su salario" (Mt 10,10).
Los psicólogos hablan de la neurosis de posesión como de una patología que afecta a numerosas personas de nuestra sociedad de la abundancia. Consiste en la obsesión por el dinero y la riqueza como si fueran la fuente principal de seguridad y de felicidad. Afirmaba A. Moravia: "Sexo y riqueza, esto es lo que interesa a la gente; todo lo demás son historias".
Jesús alerta contra el peligro de que el dinero y la riqueza se conviertan en el ídolo que determine la vida. Advierte: "No
podéis servir a dos señores". El dinero y la riqueza pueden convertirse en un "dios" que exige sacrificios humanos. Es la situación de tantos que, en aras del dinero, maltratan la salud propia y la de otros. Son muchos los que no trabajan para vivir, sino que viven para trabajar; no buscan tener para "vivir", sino que viven para "tener". Ponen tan ansiosamente su seguridad en las riquezas que no les permite vivir.
Desgraciadamente, por el dinero se traiciona a los "amigos", se rompen las familias y se venden las conciencias. El dinero es un material explosivo en las manos. Fácilmente se convierte en tirano de quien lo posee. Siempre se corre el riesgo de convertirse en "poseídos" (posesos) de las propias "posesiones". Contra esto alerta enérgicamente Jesús.

EL REINO DE DIOS ES UN TESORO
Son pocos los que saben poner el dinero y los bienes materiales en el lugar que les corresponde, el lugar de los "medios", no de los fines. El texto repite la invitación: "No os agobiéis. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura" (Mt 6,33). Esta recomendación se dirige tanto al rico que le sobra, pero que vive obsesionado por "tener más y gastar más", como al pobre de hecho, pero rico de deseo. El camino para llegar a la liberación frente a los bienes económicos no es gritar contra suculto idolátrico o contra la "neurosis de posesión", sino ofrecer el Reino como un tesoro, como una perla preciosa (Mt 13,44), de tal modo que impulse a venderlo todo para adquirirlo.
En este sentido, hay una parábola oriental que es aleccionadora: "El sannyasi había llegado a las afueras de la aldea y acampó bajo un árbol para pasar la noche. De pronto llega corriendo un habitante de la aldea y le dice: '¡La piedra! ¡La piedra! ¡Dame la piedra preciosa!'. '¿Qué piedra?', le pregunta el sannyasi. El aldeano contestó: 'La otra noche se me apareció en sueños el Señor Shiva y me aseguró que si venía al anochecer a las afueras de la aldea, encontraría a un sannyasi que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre. El sannyasi rebuscó despacio en su bolsa y sacó una piedra.
'Probablemente se refería a ésta, dijo mientras entregaba la piedra al aldeano. La encontré en un sendero del bosque hace unos días. Por supuesto que puedes quedarte con ella'. El hombre se quedó mirando la piedra con asombro. ¡Era un diamante! Tal vez el mayor diamante del mundo, pues era tan grande como la mano de un hombre. El aldeano tomó el diamante y se marchó. Pasó la noche dando vueltas en la cama, incapaz de dormir. Al día siguiente, al amanecer, fue a despertar al sannyasi y le dijo: 'Dame la riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de este diamante"'.
Éste es el secreto: Servirse sabiamente de los bienes económicos y renunciar a su culto para gozar del Reino. Éste es el caso de Mateo, Zaqueo o Pablo, que testifica: "Todo me parece basura en comparación con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he sacrificado todo" (Flp 3,8). Lo primero es encontrar el tesoro. Y para encontrarlo, hay que buscarlo...

MANOS PROVIDENTES DE DIOS
En el contexto social de Jesús un siervo podía teóricamente servir a dos amos, pero en la práctica resultaba imposible; llegaba el momento en que debía optar por uno y abandonar al otro. Aparentemente esta doble lealtad parecería conciliable en la vida del cristiano; así lo creen y practican algunos pseudocristianos. Es el doble culto que menciona el refrán: "Prender una vela a Dios y otra al diablo (al dinero)". Es la doble vida que con tanta energía denuncia el Concilio Vaticano II: la del templo y la de los negocios, "cristianos" de "misa" de domingo y paganos del resto de la semana (GS 43).
En este sentido, hay que advertir que "servir" al Señor no se reduce a proclamaciones y aclamaciones huecas: "¡Señor!, ¡Señor!" (Mt 7,21), sino que comporta opciones y compromisos. Dios cuida de sus hijos, pero a través de los otros hijos. Es como el padre que da dinero al hijo mayor para que lo reparta entre sus hermanos. A veces se queda con todo y no reparte ni comparte. Jesús indica a los discípulos: "Dadles vosotros de comer" (Mt 14,16). Recordemos, además, sobre qué se va a verificar el discernimiento final: "Estuve hambriento, sediento, desnudo... y me asististeis" (Mt 25,40).
En la primera comunidad cristiana "nadie pasaba necesidad" (Hch 4,34), pero no porque cayeran paquetes del cielo, sino porque los "hermanos compartían". Los cristianos sabemos que estamos llamados a ser las manos providentes de Dios. La mejor forma de ser "señores" de los bienes económicos es compartirlos con absoluta generosidad.

"BIENAVENTURADOS LOS POBRES"
"Poderoso caballero es don dinero", afirma el dicho español. En efecto, parece que es la llave maestra que abre casi todas las puertas. Sin embargo, no es así. Los bienes más importantes no se compran con dinero. Con dinero se puede comprar un chalet, pero no un hogar ni una familia en armonía; se puede comprar a un juez, pero no la paz de conciencia; se puede garantizar el porvenir de una vejez, pero no el porvenir eterno; se pueden lograr viajes, fiestas y bienes de consumo, pero no se puede lograr la alegría interior que nace del sentido de la vida.
Desgraciadamente son muchos los casos en que se cumple esta triste paradoja: "Era un hombre tan pobre, tan pobre, que no tenía más que dinero". Porque ésa es la verdad: Hay muchos ricos que son unos pobres hombres, mientras que los ejemplos de personas pobres y felices son incontables.
Procede hacer una revisión: ¿Me preocupo de descubrir el Reino como un tesoro? ¿La preocupación por los bienes económicos influye desmedidamente en mis opciones? ¿Los antepongo alguna vez a valores más trascendentales? ¿Tengo algo que rectificar en la vida personal y familiar?
Jesús afirma divinamente: "Hay más dicha en dar que en recibir" (Hch 20,35).


(F)

Cuando las personas sufren en exceso, suelen quedar mudas. La opresión las deja sin palabras. No son capaces de gritar su protesta o de articular su defensa. Su queja sólo es un gemido. Así es hoy, en el ancho mundo, la voz de millones de niños explotados como esclavos en su trabajo o la voz de millones de mujeres violentadas y humilladas de mil formas en su dignidad. Así es la voz de quienes se consumen en el hambre y la miseria.
No oiremos esa voz en la radio o la televisión. No la reconoceremos en los espacios de publicidad. Nadie les hace entrevistas en los semanarios de moda ni pronuncian discursos en foros internacionales. El gemido de los últimos de la Tierra sólo lo escucha cada uno en el fondo de su conciencia.
No es fácil. Para oír esa voz, lo primero es querer oírla:
prestar atención al sufrimiento y la impotencia de esos seres; ser sensible a la injusticia y el abuso que reinan en el mundo. Es necesario, además, desoír otros mensajes que nos invitan a seguir pensando sólo en nuestro bienestar, no hacer caso de las voces que nos incitan a vivir encerrados en nuestro pequeño mundo, indiferentes al dolor y la destrucción de los últimos.
Pero, sobre todo, es necesario arriesgarse. Porque, si se escucha de verdad la voz de los que sufren, ya no se puede vivir de cualquier manera. Se necesita hacer algo; plantearse cómo se puede compartir más y mejor lo que tenemos «los ricos del mundo»; cómo colaborar en proyectos de desarrollo o apoyar campañas en favor de los pueblos pobres de la Tierra.
En el modelo de Iglesia presentado por nuestra diócesis se hace esta afirmación: «La intensidad con que se viven en nuestro pueblo algunos graves problemas, no ha de impedir a nuestra Iglesia desarrollar la solidaridad con los pueblos empobrecidos de la Tierra y la colaboración con las Iglesias que sufren con ellos. No queremos mirar sólo a Europa. El Espíritu de Cristo nos interpela desde los pobres del Tercer Mundo». No son frases hermosas para publicar en un documento, sino el espíritu que nos ha de mover hoy a los cristianos del Primer Mundo.
Nada hay más importante y decisivo en la vida del verdadero discípulo ni en los proyectos de una Iglesia fiel a su Señor. Lo primero es buscar una vida digna y dichosa para todos. Todo lo demás viene después. Nos lo recuerdan una vez más las palabras de Jesús:«Buscad el Reino de Dios y su justicia,. lo demás se os dará por añadidura.»

(G)

Uno de los hechos más característicos de nuestros tiempos es la aparición constante de nuevos productos en el mercado. La competencia fuerza a los fabricantes a inundar la sociedad de artículos siempre nuevos. Ya no interesa elaborar productos que duren. Es más rentable fabricar objetos efímeros para introducir al poco tiempo modelos mejorados.
Este fenómeno aparentemente poco relevante tiene repercusiones notables en nuestro estilo de vida. De hecho, muchos viven convencidos de que han de adquirir a toda costa los «nuevos modelos» y exhibir algo moderno y original si quieren contar en la sociedad y estar al día. Son personas que se dejan influir por una publicidad que estimula el deseo de no desentonar o el ansia de sobresalir.
Pero, obviamente, para poder comprar al ritmo acelerado en que van saliendo los nuevos artículos, es necesario obtener mayores ingresos. Se cae entonces en la trampa de vivir obsesionados por ganar siempre más, descuidando otros aspectos y valores necesarios para una vida sana y feliz.
Por otra parte, se va introduciendo fácilmente la tendencia a equiparar lo nuevo con lo mejor, y, trasladando erróneamente
esta actitud al campo del pensamiento, las costumbres o la religión, se cree que la última novedad es siempre la más valiosa.
Pero hay algo todavía más grave. Casi sin advertirlo, se va imponiendo la costumbre de tirar los objetos tan pronto como han cumplido su función y, a menudo, cuando todavía son utilizables. Vivimos envueltos en una cultura del «tírese después de usado». Todo tiende a ser efímero y transitorio. Una vez de usarlo, hay que buscar el nuevo producto que lo sustituya.
Esta cultura puede estar configurando también nuestra manera de vivir las relaciones interpersonales. De alguna manera, «se usa» a las personas y fácilmente se las desecha cuando ya no interesan. Amistades que se hacen y deshacen rápidamente según la utilidad. Amores que duran lo que dura el interés y la atracción física. Esposas y esposos abandonados para ser sustituidos por una relación amorosa más excitante.
La advertencia de Jesús: «No podéis servir a Dios y al dinero», nos pone en guardia frente a los efectos deshumanizadores de una sociedad, en gran parte, consumista y frívola que puede reducir incluso la amistad y el amor a relaciones de intercambio interesado. Quien sirve exclusivamente a sus intereses materiales terminará por no conocer el amor.


Oración de los fieles

(A)

Oremos agradecidos a Dios Padre que nos da los bienes de la tierra para el uso y disfrute de todos.

ESCÚCHANOS, PADRE.

1. Para que la Iglesia sea signo de la comunión a la que Dios nos llama y sus responsables e instituciones se afanen por suprimir las injustas desigualdades humanas. Oremos…
2. Para que la Iglesia, elabore sus propuestas pastorales desde la opción preferencial de los pobres. Oremos…
3. Para que los responsables de la economía y la política se empeñen no sólo en crear riqueza sino que encuentren los medios y cauces para distribuida equitativamente. Oremos…
4. Para que nuestro estilo de vida exprese que "no es la persona para la economía, sino la economía para la persona", y como el profeta Amós, podemos despertar las conciencias de los hombres para que sean solidarios. Oremos…
5. Para que quienes celebramos la eucaristía no disociemos nunca el "sacramento del altar" y el "sacramento del hermano". Oremos…

Señor; justo en todos tus caminos, bondadoso en todas tus acciones, en ti confiamos; atiende nuestra súplica Por Jesucristo Nuestro Señor. AMÉN.

(B)


. Para que los pueblos progresen según la justicia del Evangelio, roguemos a Señor. .
. Para que los cristianos concentremos la energía en el Reino de Dios y éste sea siempre un estimulo, roguemos al Señor.
. Para que no nos cansemos de hacer el bien a fondo perdido, roguemos al Señor.
. Para que sepamos colaborar con todos los que hacen Reino de Dios, aunque tengan otras ideas, roguemos al Señor.

Ofrendas

Agenda: Señor, deseamos que las páginas de nuestras agendas recojan la preocupación por Ti.
Evangelio: Padre, el Evangelio nos recuerda que tu Reino ha de ser nuestra primera responsabilidad.
Calculadora o disquete: Señor, nos valemos de estos medios para nuestros trabajos y negocios. Queremos que sirvan para construir tu Reino.


Prefacio...

Con el corazón puesto en Ti,
te damos gracias, Dios de la creación entera,
y te bendecimos porque de Ti viene nuestra salvación.
Has hecho con amor todas las cosas
y no te olvidas de ninguna criatura.
Mientras buscamos pequeñas seguridades, agobiados,
el universo descansa en tu regazo como una barca en el puerto.
Tú haces salir el sol
sobre los seres humanos y el almendro,
envías la lluvia suave,
para que los lirios se refresquen
Y los pájaros laven sus alas.
Tú conoces los designios de cada corazón humano;
y sigues con impaciencia
el itinerario de cada ser.
Has amado tanto al mundo, Padre Santo,
que nos enviaste a tu Hijo,
para que nada nos faltara
de lo que podías darnos.
Por eso, llenos de alegría y confianza,
te cantamos con la voz que nos has dado:

Santo, Santo, Santo...


Oración

No os angustiéis

No te creemos, Jesús, por eso estamos siempre preocupados,
buscando seguridades, programando el futuro,
planificando la vida para que nada se escape
a nuestro control y la angustia no nos deja dormir
y nos lleva corriendo a todos los sitios.
No te creemos, Jesús, y por eso pasamos
más tiempo preocupados que ocupados,
dando vueltas a cómo hacer las cosas mejor,
a lo que ocurrirá mañana,
a lo que podría pasar, si las cosas se tuercen,
a los miedos que nos envuelven y no nos dejan descansar.
No te creemos, Jesús,
por eso estamos atesorando, acumulando, asegurando...
y nuestro cuerpo no tiene tiempo para gozar
porque hemos de frenar su deterioro...
No te creemos, Jesús,
no nos cabe en la cabeza que cada cabello lo tengas contado;
que conozcas nuestra palabra antes de que esté en nuestra boca,
que nos tengas envueltos por delante y por detrás
y lleves nuestro nombre tatuado en tu mano...
No te creemos, Jesús,
y vivimos como huérfanos, teniendo un Padre que nos quiere.
Nos sentimos solos, aunque somos personas ,habitadas,
aunque tú estás en el hondón de nuestras almas, en lo secreto.
No te creemos, Jesús,
y por eso no nos bastan las preocupaciones de hoy,
nos inventamos las de mañana, las de pasado...
No te incluimos en nuestra agenda,
en nuestras esperas ni en nuestras luchas.
No te creemos, Jesús,
si lo hiciéramos, viviríamos tranquilos, dormiríamos bien,
pondríamos nuestra vida en tus manos
y gozaríamos intensamente el aquí y el ahora,
que es el único momento que nos pertenece,
ya que cada día trae su propio afán.


Reflexión

LA RIQUEZA DE ALGUNOS EXISTE A CONSTA DE LA POBREZA DE OTROS
Las riquezas despiertan en nosotros la necesidad insaciable de tener siempre más... Jesús ha visto con profundidad... que el rico corre el riesgo de ahogar los deseos de libertad, justicia y fraternidad que nacen desde lo más hondo de todo hombre.
Según toda la tradición bíblica esta riqueza de algunos existe a costa de la pobreza de otros. En definitiva hay pobres porque hay ricos... Jesús no se preocupa tanto por el origen injusto de las riquezas como por el mismo hecho de su posesión. Su denuncia es más profunda y radical: mientras siga habiendo pobres y necesitados, la riqueza acaparada y poseída para sí, es un obstáculo que impide el Reinado de Dios que quiere hacer justicia a todos los hombres. Por eso Jesús la condena.
La riqueza endurece a los hombres y los insensibiliza a las necesidades de los demás... Aunque viva una vida piadosa e intachable, algo esencial le falta al rico para entrar en el Reino de Dios. Algo falla en nuestra vida cristiana cuando somos capaces de vivir disfrutando y poseyendo más de lo necesario, sin sentirnos interpelados por el mensaje de Jesús y las necesidades de los pobres.


WebJCP | Abril 2007