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MISIONEROS EN CAMINO: Homilías y Reflexiones para el VIII Domingo del T.O. (Mt 6,24-34) - Ciclo A
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sábado, 26 de febrero de 2011

Homilías y Reflexiones para el VIII Domingo del T.O. (Mt 6,24-34) - Ciclo A


Publicado por Iglesia que Camina

LA PROVIDENCIA NO ES INVITACIÓN A LA PEREZA

Leyendo el Evangelio de hoy diera la impresión de que Dios lo tiene que hacer todo por nosotros. ¿Por qué preocuparse del mañana si Dios nos traerá el pan a la puerta de la casa, como nos traen el periódico? ¿Por qué preocuparse del mañana si Él nos regalará nuestro vestido cada mañana?

Es decir, nosotros a sestear tranquilos porque Dios será nuestro panadero, nuestro sastre y todo. ¿Será ese el sentido de la providencia que aquí se nos describe? Creo debiéramos comenzar por el final: “Buscad primero el reino de Dios: lo demás se os dará por añadidura.”

¿Que Dios viste de colores a las flores? Yo estoy convencido, pero a las flores tenemos que regarlas y abonarlas. De lo contrario, tanta belleza se seca y se muere.

¿Que los pajaritos no siembran ni cosechan? También es cierto, pero yo miro a mi jardín y contemplo cómo los pajaritos andan todo el día picoteando buscando su alimento.

La providencia es confianza en Dios, abandono en Dios pero, a la vez, es poner lo nuestro. Nos regala las papas, pero tenemos que sembrarlas y cuidarlas. Nos regala el trigo para que no nos falte el pan, pero tenemos que sembrarlo, extirpar las malas hierbas, luego tendremos que segarlo y moler los granos para hacer la masa y cocer el pan.

Yo diría que la providencia es un confiar y fiarnos de Él, pero luego colaborar con Él. Dios no fomenta la pereza, sino la confianza. Dios no ahorra el esfuerzo que nosotros podemos hacer. Él pone lo suyo, pero siempre que nosotros pongamos lo nuestro.

Tendremos que buscar trabajo, porque Él no nos lo va a dar. Tendremos que trabajar porque Él no suple nuestra pereza. Los perezosos no son signo alguno de que creen en la providencia, sino de vagos.

Lo que Jesús nos pide es que no vivamos como si Dios se olvidase de nosotros. Y no quiere que vivamos con la angustia del mañana. Es la confianza de los hijos en el padre. Pero también los hijos tendremos que hacer algo. Mientras el padre y la madre siembran el campo ellos tendrán que ir a la escuela. Dios siempre le echará una mano al hombre. Pero con ello no quiere hombres mancos. Siempre cuidará de nosotros, pero nosotros ¿tendremos la suficiente confianza en Él?



PEDIMOS MUCHO Y HACEMOS POCO

El Evangelio de hoy termina con una frase que invita al examen. “Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura.” Nosotros todo se lo pedimos, pero qué hemos hecho antes por el reino de Dios.

Lo más fácil es quejarnos de que Dios “no me escucha”, pero no nos preguntamos si nosotros le hemos escuchado. Nos lamentamos de que Dios “no nos echa una mano” cuando estamos mal y lo necesitamos, pero cuándo le echamos una mano nosotros a Dios para que su reino y su justicia sea una realidad.

No es que Dios cobre por adelantado. Dios no cobra ni adelantado ni retrasado. Es que para recibir los dones de Dios también nosotros necesitamos estar preparados y dispuestos. No basta echar la semilla en la tierra, si la tierra no está abonada y arada. La semilla puede ser buena y abundante, pero la semilla requiere de condiciones para su crecimiento.

No es Dios quien cobra primero. Somos nosotros los que necesitamos estar en condiciones de recibir sus dones y su ayuda. Es ahí donde posiblemente fracasen muchas de nuestras oraciones. El mejor abono y las mejores condiciones para recibir los dones de Dios es que Él nos encuentre metidos en sus intereses que, al fin y al cabo, más que intereses suyos son nuestros.






PARA COMENZAR EL NUEVO CURSO

Pronto comenzaremos el nuevo Curso. Para muchos comienza un pequeño calvario de angustia y miedo. Miedo al fracaso. Creo que es el momento en que padres y educadores deben animar a los jóvenes a no tener miedo, porque el fracaso también puede ser el comienzo de un éxito:
El músico Bruckner sólo pudo escuchar su quinta Sinfonía diecinueve años después de haberla compuesto.
Gerald M. Hopkings, posiblemente el mayor poeta inglés moderno, murió sin ver publicadas ni una sola de sus poesías.
Teilhard de Chardin,que escribió como veinte o treinta volúmenes sin ver publicado ni uno solo durante su vida. Hoy son textos de investigación y ciencia en todas las bibliotecas.
Mozart escribió la Sonata 545 dos días después que una de sus hijas “muriera de hambre” y mientras su esposa coqueteaba alegremente en un balneario con quienes disfrutaban de mejor fortuna. Entre tanto Mozart, muerto de hambre, acudía a las casas de los ricos y llenaba sus bolsillos de croquetas y bocadillos para poder comer los días siguientes.
Como ves, muchas de las grandes figuras y genios apenas pudieron disfrutar de sus triunfos. Los triunfos llegaron después que ellos no ya no estaban para sentir el aplauso.

Hemos de enseñar a los hijos a luchar, a triunfar, pero también a ser fuertes en los fracasos. Que la vida es más que un fracaso, es que el que fracasa hoy puede triunfar mañana. Es importante para ustedes padres de familia y para sus hijos que guarden esta página para esos momentos en los que el desaliento quiera apoderarse de sus corazones. Martín Descalzo dice a este propósito: “La vida es una larga paciencia y el desaliento es una gran cobardía.”




¿SE PUEDE VENCER EL MAL?

Todos conocemos lo malo que existe en nuestro alrededor. Todos nos preguntamos qué hacer frente al mal, cómo vencerlo y si es posible superarlo.

Yo siempre había entendido que la tiniebla se vence con la luz.
Un simple fósforo es capaz de iluminar la más espesa de las oscuridades.
Una sonrisa es capaz de borrar la mayor tristeza.
Una palabra amable es capaz de hacer bajar el tono del que grita.
Un poco de azúcar es capaz de endulzar una taza de café.
Una simple caricia es capaz de ganar un corazón.
Una llamadita de teléfono es capaz de despertar infinidad de recuerdos olvidados.

Jesús ha sido el único que ha descubierto la clave.
El mal sólo puede ser vencido por el bien.
El odio sólo puede ser vencido por el amor.
El resentimiento sólo puede ser vencido por un sentimiento de cariño y afecto.
El pecado sólo puede ser vencido por la gracia.
La pereza sólo puede ser vencida por un poco de esfuerzo.
La vulgaridad sólo puede ser vencida ejerciendo el bien.
El pecador sólo puede ser vencido por el santo que se despierta en él.
El silencio sólo puede ser vencido por una palabra amable.
La guerra sólo puede ser vencida por los gestos de paz.
La miseria sólo puede ser vencida por una actitud del compartir de los que tienen.

Una bofetada, decía Jesús, sólo puede vencerse poniendo la otra mejilla.
La oscuridad sólo puede ser vencida por la luz.
La mentira sólo puede ser vencida por la verdad.
La desesperación sólo puede ser vencida por un poco de esperanza.
La frialdad de los unos con los otros sólo puede ser vencida con un poco de calor humano.
El cansancio sólo se vence con un poco de descanso.





SER COMO LAS ABEJAS

Sé como las abejas. Tienen un bello oficio. Visitan las flores del jardín y se llevan el polen de las flores para con él fecundar otras semillas. Busca lo bueno que hay en la vida y fecunda con ello tu vida y la vida de los demás.
Sé como las abejas. Tienen un bello oficio. Visitan las rosas y no se fijan en las espinas, sólo buscan la miel que hay en ellas. ¿Por qué andar buscando siempre lo malo que hay en la vida? Si fuésemos abejas dejaríamos de lado las espinas y contemplaríamos las rosas.
Sé como las abejas. Tienen un bello oficio. Recogen la miel que hay en cada flor del jardín, en las grandes y en las chicas, en las muy bellas y en las que no lo son tanto. Es que para quien busca siempre, hay mucho de bueno que encontrar en la vida de cada persona.
Sé como las abejas. Tienen un bello oficio. Repasan las flores, las del jardín y las del monte y con la miel que encuentran hacen luego ellas un rico panal. Cada día debiera elaborar mi panal con toda la bondad que descubro en los míos y en los de afuera.
Sé como las abejas. Tienen un bello oficio. Elaboran un rico panal de miel suficiente para ellas y la mayor parte te la regalan a ti para que endulces tu vida. ¿Por qué quedarme con mis alegrías si son suficientes para mí y para compartirlas con los demás?
Sé como las abejas. Tienen un bello oficio. Son fecundas y alimentan con su miel a los demás. A los hijos no basta darles la vida, hay que darles luego la miel, ese gusto y ese sabor por la vida para que amen y sientan el gusto de vivir.
Sé como las abejas. Tienen un bello oficio. Trabajan todas para todas y todo lo comparten, ninguna se hace dueña de la miel de su trabajo. Hoy puedo compartir muchas cosas con los demás. Sé que dando de lo mío, disfruto yo y pueden vivir otros muchos.


WebJCP | Abril 2007