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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Dia: 10 de Febrero de 2011 - V SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A
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miércoles, 9 de febrero de 2011

Evangelio Misionero del Dia: 10 de Febrero de 2011 - V SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 7, 24-30

Jesús fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto.
En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de Él y fue a postrarse a sus pies. Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.
Él le respondió: «Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros».
Pero ella le respondió: «Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos».
Entonces Él le dijo: «A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija». Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Saber insistir
“También los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños”

Jesús se había apartado de Cafarnaúm a una región que distaba aproximadamente unos 70 Km., con el fin de tener un momento de paz, como nos deja entrever el texto “entrando en una casa quería que nadie lo supiese” (24).

Parece que a Jesús tampoco le salían bien todas las cosas y no logró pasar inadvertido. En pasajes anteriores se nos dice que la fama de Jesús se había extendido por toda la región y hoy lo comprobamos.

Pero ¿quién es esa persona que se atreve a importunar a Jesús? Nada menos que una mujer, alguien socialmente no reconocido. Y en este caso, para colmo de males, una gentil, una pagana. Ya Mateo nos narra en su evangelio que los discípulos ante ese ‘incómodo’ cuadro no dudan en pedirle a Jesús: “Despídela que viene gritando detrás de nosotros”. (Mateo 15,23). Precisamente esto nos hace comprender más la condición de la mujer.

Con todo, esta mujer lleva dentro un gran dolor: su hija está enferma y, más concretamente, está poseída por un demonio.

La respuesta un poco tajante de Jesús no debió ser nada alentadora para la mujer: “«Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos» (27). Sin embargo ella insistió. No se sintió ofendida, no se sintió menos, simplemente algo desde muy dentro la llevaba a creer que ese hombre que tenía delante podía curar a su hija aunque tuviera que ser con las sobras de lo que dejaban los hijos y así se lo hizo saber a Jesús.

Se ve que a Jesús le llamó poderosamente la atención la respuesta de la mujer, pues sin más rodeos le aseguró que su hija estaba curada y que se podía volver tranquila, cosa que hizo inmediatamente. Cuando llegó a casa comprobó que su hija había sido curada y reposaba serenamente.

Esta mujer sí que se merece plenamente el nombre de mamá. Lo arriesgo todo con tal de encontrar a aquel hombre famoso que podía curar a su hija. Me viene espontáneo pensar en la cantidad de niños que en estos días han copado las noticias de radio, televisión, prensa, no precisamente porque los padres y la sociedad sean solícitos y responsables en su tarea, sino precisamente por todo lo contrario. Con frecuencia descargan sobre los niños toda su agresividad maltratándolos duramente.


Para cultivar la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón:

1. ¿Qué fue lo que Jesús alabó en la actitud de esta mujer?

2. Preguntémonos como padre o madre de familia, ¿en qué hacemos consistir nuestra acogida y preocupación por los hijos?

3. ¿Qué es lo que más nos mueve al reprender a los hijos o al hacer una corrección?


WebJCP | Abril 2007