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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Dia: 07 de Febrero de 2011 - V SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A
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domingo, 6 de febrero de 2011

Evangelio Misionero del Dia: 07 de Febrero de 2011 - V SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 6, 53-56

Después de atravesar el lago, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron allí.
Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que Él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban sanos.

Compartiendo la Palabra
Por Severiano Blanco cmf

Queridos hermanos:

Todos hemos oído alguna vez el lamento: ¿por qué tanto sufrimiento en nuestro mundo? Incluso hemos leído a algún pensador que, ante la tragedia del dolor y la muerte de niños inocentes, ha optado por el ateísmo: “Si Dios existiese, las cosas serían de otra manera”.

En tales situaciones el cristiano se queda frecuentemente sin palabra, o se limita a ofrecer soluciones escasamente convincentes, pasmado él mismo ante el misterio de que el propio Hijo de Dios haya pasado por un proceso de injusticia y crueldad pocas veces superados en la historia humana.

No tenemos la explicación de la raíz última del mal; hay algunas respuestas cosmológicas (un mundo que se está “asentando”), antropológicas (mal uso de la libertad),... pero aquí se hace cierto (que el gran poeta místico nos perdone la cita abusiva) aquello de que “y todos más me llagan/, y déjame muriendo/ un no sé qué que quedan balbuciendo..”.

Sin embargo el cristiano sabe algo: que Dios no es amigo del caos, sino del “cosmos” (palabra griega que significa belleza o adorno) y que la creación es hermosa y buena; que no es meramente funcional, sino que está “decorada”. Dios emplea tres días en “separar”, es decir, poner orden; y luego otros tres en adornar; hoy hemos visto cómo embellece el cielo con astros; mañana se nos narrará cómo adorna las aguas y la tierra. Y parece como si Dios mismo se quedase extasiado ante la creación, admirándose de su bondad.

El dolor es un desorden que no pertenece al proyecto del Creador. Por eso Jesús, para decirnos que Dios establece su Reino, devuelve la salud a quienes sufren; él se presenta como un regenerador universal: en aldeas, ciudades, descampados,... basta con tocar el borde de su manto, pues él es la salud, “la resurrección y la vida” (Jn 11,25).

El libro de los Hechos nos contará que Pedro y Pablo prolongan esa acción vivificadora de Jesús: los enfermos de Jerusalén esperan en las plazas a que pase Pedro y su sombra los alcance, y así recuperan la salud (Hch 5,15); los sufrientes de Éfeso se curan cuando se les aplican pañuelos u otras prendas que haya tocado Pablo (Hch 19,12). No nos toca en este momento dilucidar cuánto hay aquí de historia y cuanto de simbolismo, pero sí extraer una conclusión muy clara: al seguidor de Jesús le toca pasar sembrando vida, eliminando sufrimiento, creando un mundo mejor, más harmónico, más bello. Aunque no tengamos el donde hacer “milagros”, en el sentido estricto del término, nadie pude sentirse dispensado de realizar el milagro cotidiano de mejorar la vida y el curso de la historia. Hermosa tarea.


WebJCP | Abril 2007