LUGAR DE ENCUENTRO DE LOS MISIONEROS DE TODO EL MUNDO
MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Dia: 29 de Enero de 2011 - III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A
NO DEJES DE VISITAR
www.caminomisionero.blogspot.com
El blog donde encontrarás abundante material para orar y meditar sobre la liturgia del Domingo. Reflexiones teológicas y filosóficas. Videos y música para meditar. Artículos y pensamientos de los grandes guías de nuestra Iglesia y Noticias sobre todo lo que acontece en toda la vida eclesial
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

viernes, 28 de enero de 2011

Evangelio Misionero del Dia: 29 de Enero de 2011 - III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 4, 35-41

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla». Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron en la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.
Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?»
Despertándose, Él increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cállate!» El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.
Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?»
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?»

Compartiendo la Palabra
Por Severiano Blanco cmf

Queridos hermanos:

Se ha dicho que los antiguos creían gracias a los milagros y que los modernos creemos a pesar de ellos. Esta segunda actitud no parece estar del todo reñida con la sensibilidad de Jesús, que en algún momento reprochó a los discípulos: “si no veis milagros no creéis” (Jn 4,48).

En realidad el creyente auténtico no exige señales extraordinarias, sino que sigue sencillamente a su Señor y busca desinteresadamente su voluntad. Una constante de la tradición evangélica es que Jesús nunca realizó un signo en ambiente de desafío, antes bien designó como “perversa y adúltera” (Mt 12,39) a la generación que se lo exigía.
El verdadero creyente deja a su Dios en total libertad; los tres jóvenes del libro de Daniel confesaron el poder de su Dios para librarlos del fuego, pero añadiendo: “aunque no lo haga, no serviremos a ningún otro Dios” (Dn 3,18).

No es, pues, característica de una fe madura la búsqueda de milagros; pero la oposición a ellos puede ser signo de autosuficiencia, o quizá de haber sucumbido a un secularismo que considera a Dios totalmente ausente de la historia u olvida que el mundo es criatura de Dios y no a la inversa.

En el evangelio de hoy los discípulos reconocen la propia limitación e inconsistencia; se sienten impotentes ante algo que los supera, pero cuentan con que “Jesús es el Señor”, con un señorío que no puede quedar limitado por fuerzas incontrolables y salvajemente destructoras. Indudablemente tenemos una narración adornada desde muchas escenas veterotetamentarias: Yahvé cabalga sobre el océano, puso un límite al mar y éste no lo traspasará, domesticó al monstruo marino Leviatán,… Con esas imágenes como trasfondo la tradición evangélica expresó su fe en la divinidad de Jesús; también él, como el Yahvé soberano en que siempre creyeron, puede increpar al mar y crear calma. Pero la fe de los discípulos no llegó hasta dejarle en plena libertad para que actuase como y cuando quisiera. “¿Por qué teméis?”

Desde esta fe en el Dios soberano y libre, acucian numerosas preguntas al hombre moderno. Ya no es preciso seguir mirando hacia Auschwitz; nos basta con Haití o con las devastadoras inundaciones de Australia. ¿Es que Jesús, Señor omnipotente del mundo y de la historia, ha estado dormido? No nos basta una respuesta facilona que ha corrido en forma de pps: primero echamos a Dios de nuestro mundo y luego nos quejamos de que no está. Él, bueno y poderoso, está muy por encima de nuestras incoherencias. Quizá lo más adecuado sea nuestra admiración de creyentes que no abarcamos el misterio y tenemos seguir preguntándonos “quién es Éste”.


WebJCP | Abril 2007