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domingo, 1 de agosto de 2010

Argentina: Con una manta por bandera


Por Armando Camino
Periodismo humano

Más de un millar de ciudadanos se manifiestan en favor de las personas sin hogar de Buenos Aires
Alrededor de 15.000 indigentes viven en las calles porteñas y un centenar mueren durante el invierno austral
Una ola de aires polar hundió por debajo de cero grados los termómetros de la ciudad de Buenos Aires a mediados de julio e, incluso, cubrió de nieve partes de la provincia en una atípica estampa invernal. Muchas mantas necesitan para protegerse de la menor temperatura en casi dos décadas las personas sin hogar que viven en las calles de la capital federal argentina y, aún así, el viento cuela entre cualquier resquicio la humedad procedente del Río de la Plata hasta calar todos sus huesos. Y hasta la muerte, pues un centenar de indigentes mueren cada invierno en las calles porteñas. “Lo peor de la calle es el frío, papá, es reduro”, corrobora Roberto Ismael Ramírez, un tipo robusto de 29 años y aún más enorme por tantas capas de ropa encima.
Roberto Martínez, Beto para los amigos, suele andar por Retiro, una de las zonas más exclusivas de la zona norte porteña, junto a un grupo de 10 personas. Entre ellas, Claudia Noemí Núñez, de 19 años y su pareja desde hace cinco, y Sofía, de 2 años e hija de ambos.
Allí, pasan el día bajo una palmera frente, paradójicamente, al lujoso Sheraton Buenos Aires Hotel, se asean y calientan dentro de la monumental estación de ferrocarril y duermen sobre unos viejos colchones, al abrigo de plásticos y cartones apoyados en la fachada de una cercana galería comercial. Y allí comen de las sobras de los restaurantes localizadas en los cubos de basura, del alimento obsequiado por algún transeúnte solidario o gracias al dinero recaudado en el reparto de diarios gratuitos entre el trajín del gentío.
Así sobrevive Beto desde los 18 años, cuando abandonó el rancho familiar en la provincia bonaerense tras el fallecimiento de su padre por “muchos quilombos” con su madre y sus cuatro hermanos. Ni problemas con el alcohol ni con otras drogas, aunque admite que muchas personas sí acaban en la calle por culpa de sus toxicomanías. Simplemente, “no podía convivir, papá, te echan en cara el plato de comida y el techo, me empezaron a discriminar y me vine con lo puesto”, recuerda tras rechazar un cigarrillo. “Primero te duele, pero luego te acostumbrás y te sentís más cómodo. Gracias a Dios, nadie te molesta, ni te dice nada, eres invisible, aunque también hay gente que te acepta como eres y te ayuda con comida o ropa”, expresa, sin perder la sonrisa.
“Qué cagazo, llego el frazadazo”
La camaradería surge, sobre todo, entre las 15.000 personas que, según las organizaciones sociales, viven en las calles porteñas. “Nos conocemos, saludamos, hablamos, ayudamos, somos todos como una familia”, destaca Beto. Sin embargo, los indigentes sin techo no resultan, obviamente, un colectivo organizado o cohesionado y, por tanto, carecen de capacidad para trasladar sus reivindicaciones y presionar a las administraciones públicas. Hasta ahora.
Tras varias movilizaciones menores y harta de “cantidad de reuniones que nunca llegan a buen puerto”, la organización no gubernamental Proyecto 7, constituida en 2007 e impulsora desde febrero de este año de Red en la calle junto a otras entidades sociales, logró el 13 de julio congregar a más de un millar de personas en una manifestación para reclamar por los derechos de la gente sin techo. “Ni nosotros esperábamos que fuera tan grande, fue una marcha masiva e histórica gracias al apoyo de organizaciones políticas, sindicales y mucho ciudadano independiente”, valora Horacio Ávila, uno de los siete fundadores de Proyecto 7 durante su etapa de seis años de vida en la calle.
Tras un par de mantas (frazadas para los argentinos) con el lema La calle no es un lugar para vivir como pancarta y otras muchas sobre los hombros como banderas, la concentración partió del Obelisco en la avenida 9 de Julio hasta la sede del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entre gritos de “se va a acabar, se va a acabar, lo de la gente sin hogar” o “no queremos desalojos, no queremos represión, queremos vivienda digna, queremos una solución”.
Y de allí, al comienzo la avenida de Mayo, no se movieron hasta entregar un documento con sus exigencias y fijar una fecha reunión con máximos responsables municipales tras casi dos horas más de consignas al ritmo de tambores: “Qué cagazo, llegó el frazadazo”, “Macri [Mauricio, alcalde porteño], compadre, la gente está en la calle”, “Mauricio, Mauricio, Mauricio, te lo decimos de verdad, si muere gente en la calle, qué quilombo te vamos a armar”. Finalmente, el frazadazo logró programar un encuentro para un par de días después y, a partir de ahí, establecer un calendario de reuniones alrededor de “una mesa de trabajo abierta”.
Manifestación de gente sin techo o frazadazo organizada por Red en la calle a su paso por la avenida 9 de Julio. p>(Armando Camino)
En opinión de Ávila, “es un buen comienzo dada la gravedad de la situación, se cumplió el objetivo en primera instancia”. No en vano, el ejecutivo porteño anunció el acondicionamiento de dos polideportivos como refugio provisional y se comprometió a mantener abiertos durante las 24 horas del día a lo largo del invierno austral todos los albergues municipales, que suman una capacidad de 1.400 plazas. Sin embargo, las reivindicaciones de Red en la calle se extienden a cuestiones como la regularización del documento nacional de identidad para las personas sin hogar, el respeto al derecho del uso del espacio público para evitar la represión institucional contra los indigentes, la atención médica real o la aplicación efectiva del presupuesto para viviendas sociales.
Y, sobre todo, la tramitación del proyecto de ley presentado a finales del pasado año con políticas integrales contra la exclusión, un documento que busca tanto “evitar la posibilidad de que la gente caiga en situación de calle” como “establecer ayudas con el objetivo de que den un paso para salir del circuito y recuperar su vida”.
No en vano, “hay motivos variados, desde separaciones de parejas y violencia de género hasta problemas psicológicos y los estragos del paco [pasta residual de la elaboración de cocaína], pero nadie está en la calle porque quiere”, sentencia el fundador de Proyecto 7, cuya experiencia sin techo a causa de los problemas económicos derivados del corralito financiero del país a final de 2001 se narra en el documental Mutantes urbanos. Una vez allí, de la calle “es muy difícil y complicado salir, hay que tener la cabeza muy fuerte para tratar de mantener la cordura, pero con el esfuerzo personal no basta”.
De ahí la importancia de la movilización de organizaciones sociales para forzar la acción de las instituciones públicas. De ahí la importancia del frazadazo. Y allí estuvo Beto, con dos frases escritas sobre un cartón como lema: “Macri: tus hijos se mueren de frío ¿no? Justicia x Luisito y Ludmila”, un recuerdo paternal de los últimos dos bebés fallecidos en las calles porteñas. “Si ponemos voluntad, todo se consigue. Tengo que salir de la calle, quiero salir, sobre todo por la criatura”.

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WebJCP | Abril 2007