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sábado, 24 de julio de 2010

LA ORACIÓN DEL PADRENUESTRO


XVII Domingo del Tiempo Ordinario (Mt 20, 20-28) - Ciclo C
Por Fray Marcos

El “Padrenuestro” es mucho más que una oración de petición. Es más bien un resumen de las relaciones de un ser humano con el absoluto, consigo mismo y con los demás. En la primera parte del padrenuestro se mira hacía Dios; en la segunda se mira hacia el hombre.

Es muy probable que el núcleo de esta oración se remonte al mismo Jesús, lo cual nos pone en contacto directo con su manera de entender a Dios. El Padrenuestro nos trasmite, en el lenguaje religioso de la época, toda la novedad de la experiencia de Jesús.

La base de ese mensaje fue una experiencia única de Dios como “Abba”, y la experiencia de ser un “Hijo de Hombre”, conectado con todos los demás seres humanos.

La mayoría de las veces, hemos reducido el padrenuestro a un rezo mecánico que no supone para nada una actitud determinada. Y hemos destrozado su profundo sentido cuando hemos convertido su recitación repetida, en una penitencia por nuestros pecados.

Sin embargo, como expresión de una actitud interior puede abrirnos horizontes insospechados. Hemos repetido muchas veces que el mensaje de la Palabra, no está en la letra, sino en el espíritu. Alcanzar el espíritu, supone siempre ir más allá de las formulaciones literales.

Entendido literalmente, el Padrenuestro no tiene para nosotros mucho sentido. Ni Dios es padre en sentido literal; ni está en ningún lugar, llamado cielo; ni podemos santificar su nombre, porque no lo tiene; ni tiene que venir su Reino de ninguna parte, porque está siempre en todo y en todos; Ni su voluntad tiene que cumplirse, porque se cumple siempre aunque no queramos nosotros. Ni tiene nada que perdonar, mucho menos, puede tomar ejemplo de nosotros para hacerlo; ni podemos imaginar que sea Él el que nos induzca a pecar; ni puede librarnos del mal, que depende sólo de nosotros.

Es imposible abarcar todo el padrenuestro en una homilía. Cuentan de Sta. Teresa que al ponerse a rezar el padrenuestro, era incapaz de pasar de la primera palabra. En cuanto decía “Padre” caía en éxtasis... ¡Qué maravilla! Efectivamente, esa palabra es la clave para adentrarnos en la experiencia de Jesús. Comentar esa sola palabra nos podía llevar varias horas de meditación. De todas formas vamos a repasarlo todo brevemente.

Padre. Llamar a Dios Padre, fue la gran revelación de Jesús. El “Abba” es la piedra maestra de todo su mensaje. En los evangelios se pone una sola vez en labios de Jesús, pero lo hace con tal rotundidad, que se ha convertido en resumen de todas las enseñanzas de Jesús. Es una fuente inagotable de vivencias.

El descubrir a Dios como Papá supone la situación de un niño pequeño que ni siquiera sabe lo que debe pedir. Esta actitud es muy distinta de la nuestra que nos comportamos como personas mayores que podemos decir a Dios lo que nos debe dar en cada momento. La aparente oración debe convertirse en confianza absoluta en aquel que sabe mejor que yo mismo lo que necesito.

Dios es Padre en el sentido de origen y fundamento de nuestro ser, no en el sentido de dependencia biológica. Queremos decir mucho más de lo que esas palabras significan, pero no tenemos el concepto adecuado; por eso tenemos que intentar ir más allá de las palabras.

Procedemos de Él sin perder nunca esa dependencia absoluta, que no limita mis posibilidades de ser, sino que las fundamenta absolutamente. El padre natural, da en un momento determinado la vida biológica. Dios nos está dando constantemente la Vida.

Pero Dios es también Madre. Hay que eliminar de Dios la idea del padre dominador y represor, que a veces le hemos atribuido y que nos ha llevado a desarrollar en relación a Él, los complejos que con frecuencia sufrimos con relación al padre natural.

No podemos empeñamos en proyectar sobre Dios ideas negativas del “padre” que hemos elaborado a través de los siglos. No tiene ni pies ni cabeza considerar a Dios superior al hombre, mucho menos enemigo del hombre. Al liberarse hoy de ese Dios falso, y no experimentar el verdadero, el ser humano se ha quedado en la más absoluta orfandad.

El concepto de padre, es siempre relativo. Hace referencia a un hijo. No hay padre si no hay hijo; y no puede haber hijo si no hay padre.

Para la cultura semita, Padre era, sobre todo, el modelo a imitar por el hijo. Cuando Jesús dice que no llaméis a nadie padre, quiere decir que el único modelo a imitar por el seguidor de Jesús, es únicamente el mismo Dios. Este es el verdadero sentido que da Jesús a su advocación de Dios como Padre. “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre”

Jesús experimentó a Dios como su “Abba”, por ello descubrió que era Padre para todo ser humano. De esta experiencia sacó Jesús todo su mensaje: si todos somos hijos, todos somos hermanos y debemos comportarnos como tales. Ser hermano supone el sentimiento de pertenencia a una familia y de compartir todo lo que se tiene y lo que se es.

Que estás en el cielo. Juan Pablo II dejó dicho, con toda claridad, que el cielo no era un lugar, sino un estado. ¿Cuántos cristianos han superado la idea de un cielo como lugar al que un día aspiran a llegar? Había que traducir: “Que estás en ti mismo”. La verdad es que no puede estar en otro sitio ni de otra manera. Otra traducción podía ser: Que no puedes dejar de ser lo que eres. En Dios, el SER y el ESTAR se identifican.

Santificado sea tu nombre. Ya sabéis que aquí “nombre” significa persona, ser. Nada ni nadie puede añadir nada a Dios. Está siempre colmado su ser y no se puede añadir ni una gota más. Lo que quiere decir es que nosotros descubramos ese ser y lo demos a conocer a los demás tal como es, a través de nuestra propia existencia.

Venga tu reino. No podía faltar aquí el símbolo clave de toda la predicación de Jesús: El Reino de Dios. Pero el mismo Jesús nos dijo que no tiene que venir de ninguna parte ni está aquí ni está allí. Está ya dentro de vosotros. Nuestra tarea consiste en descubrirlo y hacerlo salir al exterior, manifestarlo en la vida con nuestras obras.

Debemos contribuir a que ese proyecto de Dios y de Jesús, que es el Reino, se lleve a cabo en nuestro mundo de hoy. Todo lo que tiene que hacer Dios para que su Reino llegue, ya está hecho. Al expresar este deseo, nos comprometemos a luchar para que se haga realidad.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Cielo supone un lugar contrario a la tierra, donde se cumple su voluntad. Esto no es inteligible. En Dios la voluntad no es una facultad, como en el ser humano. Es un ser simplicísimo que no puede tener facultades o potencias. La voluntad de Dios es su propio ser que se plasma y se manifiesta en cada criatura, es decir, en todas las cosas y las personas. La voluntad de Dios no es un añadido que se hace realidad en el tiempo. Nosotros si podemos manifestar esa naturaleza de Dios en el tiempo acomodándonos a las exigencias de nuestro propio ser.

Danos cada día nuestro pan de mañana. Dios no puede dejar de darnos todo lo que necesitamos para ser nosotros mismos. Sería ridículo un dios que se preocupara sólo del que se lo pide y se olvidara del que no le pide nada.

No se trata sólo del pan o del alimento en general, sino de todo lo que el ser humano necesita, tanto lo necesario material como lo espiritual. Jesús dijo: “Yo soy el pan de Vida”. Al pedir que nos dé el pan de mañana, estamos manifestando la confianza en un futuro que se puede adelantar.

“Perdónanos, que también nosotros perdonamos” Sería ridículo que nosotros pudiéramos ser ejemplo de perdón para Dios. Más bien deberíamos aprender a perdonar de ese Dios que nos perdona sin condiciones.

La primera lectura de hoy nos da una ridícula perspectiva del hombre cuando trata de dar lecciones a Dios. Dios no perdona. En Dios los verbos no se pueden conjugar, porque no tiene tiempos ni modos. Dios es perdón.

También es verdad que sólo será capaz de perdonar el que se sienta perdonado. El descubrir que Dios me sigue amando sin merecerlo es la clave de toda relación con Él. Si perdonamos es señal de que hemos descubierto y aceptado el perdón de Dios.

“No nos dejes ceder a la tentación” También esta formulación es complicada. Tanto el griego como el latín apuntan a que no nos induzca a pecar el mismo Dios, lo cual no tiene ni pies ni cabeza. Los intentos que se hacen al traducirlo no terminan de aclarar los conceptos. Pensar que Dios puede dejarnos caer o puede hacer que no caigamos es ridículo. La única manera de no caer es precisamente la oración, es decir, la toma de conciencia, (conocimiento) de lo que verdaderamente soy y lo que es Dios.

Líbranos del mal. Si Dios pudiera librarnos del mal y no lo hiciera, no sería Dios. Claro que tiene su sentido, pero está más allá de la letra. La única manera de librarnos del mal es el conocimiento. Todo el mensaje de Jesús está encaminado a librarnos del mal, es decir, del engaño, del error, de la mentira. No hay manera de librarnos del mal sin el conocimiento del bien. Si yo supiera lo que es bueno o malo para mí, nunca elegiría el mal.


Meditación-contemplación

Dios es Abba.
Como Padre, es fundamento de todo lo que yo soy.
De mi ser material y de mi ser espiritual.
Mi existencia depende totalmente de Él en todo momento.
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Como Padre es el único modelo al que debo imitar.
Mi plenitud consiste en imitarle.
Cuando sea capaz de experimentar que yo y el Padre somos uno,
habrá terminado mi camino de perfección.
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Como padre de todos, todos participamos de lo que Él es.
Somos todos mucho más que hermanos.
Somos idénticos. Somos una sola cosa en Él.
Éste es el fundamento del amor que nos pide Jesús.
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WebJCP | Abril 2007