Catalana, 56 años. Rosaura Rodrigo es, desde hace 30, Hermanita de Jesús, y hoy se llama, y es, Rosaura de Jesús. Una vida que consigue hacer belleza de la dificultad, porque abraza la debilidad para hacerla evangélica. Es un testimonio de consagración alternativo y radical. Sus respuestas, también.
- ¿Qué significa para usted abrazar la pobreza?
Abrazo la pobreza cuando abrazo a Encarni en su angustia; cuando abrazo a Salvi y peleo en el Centro de salud mental para que lo atiendan; cuando después de horas de escucha en prisión salgo con el corazón rebosando con tanta confidencia; abrazo la pobreza aterrizando en la realidad del trabajo sencillo, como mis vecinas.
- ¿Dónde vive Rosaura? Los sitios donde vivimos definen la misión…
Viví mis primeros años de vida religiosa en un barrio periférico de Bilbao; de postulante, trabajé en un restaurante chino; después, regresando del noviciado, estuve en varias empresas de limpieza. En Turín, viví en un barrio de prostitución y trabajaba de empleada de hogar. Desde hace 22 años, estoy en Málaga, en un barrio marginal. Trabajé muchos años en las empresas de limpieza y, desde hace ocho, me busco la vida como puedo, tratando de buscármela con todos los amigos, vecinas que, como yo, sin trabajo, tienen que afrontar el día a día.
- ¿Qué necesitamos hoy los consagrados?
Creer mucho en lo que estamos llamados a vivir; convencernos de que nuestras vidas dadas y troceadas por el Reino valen mucho; que el Evangelio y los pobres son el camino derecho para la felicidad; necesitamos creer para poder contagiar; regalar esperanza; sostener a los abatidos y confundidos… necesitamos seguir las huellas del Resucitado, pero sin seguridades, sin demasiadas precauciones, ligeros de equipaje y gritando el Evangelio con la vida; dejarnos de tantas programaciones; perdernos en el mundo, por el mundo, para que todos los que “nos han confiado no se pierdan”, como dice Jesús.
- ¿Está contenta?
Soy muy feliz. No me veo haciendo otra cosa, ni nunca me he sentido una mujer a medias, sino una mujer plena, donde a mi edad ya empiezo a recoger los frutos, y es una auténtica maravilla.
- ¿Qué significa para usted abrazar la pobreza?
Abrazo la pobreza cuando abrazo a Encarni en su angustia; cuando abrazo a Salvi y peleo en el Centro de salud mental para que lo atiendan; cuando después de horas de escucha en prisión salgo con el corazón rebosando con tanta confidencia; abrazo la pobreza aterrizando en la realidad del trabajo sencillo, como mis vecinas.
- ¿Dónde vive Rosaura? Los sitios donde vivimos definen la misión…
Viví mis primeros años de vida religiosa en un barrio periférico de Bilbao; de postulante, trabajé en un restaurante chino; después, regresando del noviciado, estuve en varias empresas de limpieza. En Turín, viví en un barrio de prostitución y trabajaba de empleada de hogar. Desde hace 22 años, estoy en Málaga, en un barrio marginal. Trabajé muchos años en las empresas de limpieza y, desde hace ocho, me busco la vida como puedo, tratando de buscármela con todos los amigos, vecinas que, como yo, sin trabajo, tienen que afrontar el día a día.
- ¿Qué necesitamos hoy los consagrados?
Creer mucho en lo que estamos llamados a vivir; convencernos de que nuestras vidas dadas y troceadas por el Reino valen mucho; que el Evangelio y los pobres son el camino derecho para la felicidad; necesitamos creer para poder contagiar; regalar esperanza; sostener a los abatidos y confundidos… necesitamos seguir las huellas del Resucitado, pero sin seguridades, sin demasiadas precauciones, ligeros de equipaje y gritando el Evangelio con la vida; dejarnos de tantas programaciones; perdernos en el mundo, por el mundo, para que todos los que “nos han confiado no se pierdan”, como dice Jesús.
- ¿Está contenta?
Soy muy feliz. No me veo haciendo otra cosa, ni nunca me he sentido una mujer a medias, sino una mujer plena, donde a mi edad ya empiezo a recoger los frutos, y es una auténtica maravilla.








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