Solemnidad de la Santísima Trinidad (Juan 16,12-15)
Creo en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Por Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona
Creo en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Por Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona
Desde la vida... Contemplamos y creemos en Dios, tal como se nos ha dado a conocer. En nuestro tiempo manifestamos dificultades para hacer experiencia de Dios y para hablar de Él. Sentimos un cierto pudor, incluso vergüenza y respeto humano, cuando se trata de hablar de Dios con naturalidad, pues, aparentemente, no hay lugar para Él en la vida personal y social.
Todos, tanto los creyentes como los que manifiestan que no creen en nada o prescinden de Dios, corremos el peligro de construirnos dioses a nuestra medida. No se cree en Dios, pero ciertas cosas, ideologías y personas se convierten fácilmente en Dios. Por esta razón he escogido este subtítulo: “Dime en qué Dios crees y adivinaré como eres”. Puede que a alguien esta afirmación le parezca exagerada, pero si lo pensamos bien, veremos que se ajusta a la realidad.
- Los cristianos, con frecuencia hablamos de Dios o pensamos en Él, pero no en el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
- Expresiones como: “Algo tiene que haber”, “Dios me ha hecho una mala pasada”, “Sí, claro, eso de Dios ya sé de qué se trata”, “¿Por qué Dios permite estas desgracias?”.
- O el hecho de creer que de Dios ya lo sabemos todo y ello nos lleva a hablar de Él sin ton ni son. No estamos vacunados contra nuestras falsas imágenes de Dios, pues todos tenemos tendencia a fabricárnoslas según las propias conveniencias.
- O como con frecuencia resulta que, por falta de experiencia, no sabemos qué decir sobre Dios, o nos parece que hablar de Dios no se corresponde con el hecho de ser “modernos”, presentamos únicamente aquellos valores evangélicos más comprensibles… pero no sabemos qué hacer de Dios. ¿Quién fundamenta estos valores? ¿Y por qué estos y no otros?
- A los que se tienen por sabios, la razón les puede jugar una mala pasada. Pueden pensar que lo que no entienden, no dominan o no pueden demostrar, no es importante para la vida. Que todo lo que es muy importante y es “motor para vivir”, difícilmente se puede analizar en los distintos laboratorios: el amor ofrecido y recibido, la profunda paz del corazón, la alegría… las manifestaciones o expresiones sí las podemos palpar.
- Al mismo tiempo, jóvenes y mayores nos podemos preguntar: ¿Por qué creer en Dios? Creer en Dios, ¿cambia nuestra vida? La pregunta es: Dios, ¿para qué? Y puede que la respuesta fácil, inmediata, sea: “Yo no lo necesito, no es importante”.
- Y al mismo tiempo la pregunta sobre Dios es una cuestión abierta.
Si estamos atentos a la vida, a las manifestaciones religiosas de muchas personas, al fenómeno de las sectas, al esoterismo, a la literatura, a la cinematografía y, por encima de todo, a la experiencia humana más profunda… descubriremos que hay el deseo de una búsqueda de Dios.
La vida de toda persona sigue siendo un misterio lleno de interrogantes que, a la corta o a la larga, lleva a preguntarse sobre Dios. La búsqueda de felicidad, la pregunta por el destino de cada uno, por el sentido de la vida, por el amor, por la realización personal… Puede que muchos no busquen respuesta, pero la pregunta sigue viva e incluso hiriente, siempre pero especialmente en los momentos en que constatamos nuestra fragilidad y limitaciones humanas.
De ahí viene que la pregunta sea siempre actual: ¿Quién es nuestro Dios?
Y el boqueo puede que sea consecuencia de pretender encontrar la respuesta o respuestas a partir de nosotros mismos. En esta fiesta celebramos que el propio Dios nos ha abierto su libro. Dios se nos ha dado a conocer como PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO.
“Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu Santo os lo anunciará y os guiará hasta la verdad plena”. Son palabras de Jesús. Nuestro Dios es comunión de amor. La indicación de la guía del Espíritu Santo es preciosa. Dios se nos ha dado a conocer y nosotros, mirando a Jesús y dejándonos guiar por el Espíritu, lo comprendemos y lo vivimos.
Ciertamente somos buscadores de Dios, no lo sabemos todo; no hemos de pensar que lo tenemos en nuestras manos. Nos dejamos guiar por el Espíritu para ir conociendo vitalmente su verdadero rostro confiando en Jesús.
Porque Dios se nos ha manifestado de esta manera, creemos que Dios es Trinidad.
Todos, tanto los creyentes como los que manifiestan que no creen en nada o prescinden de Dios, corremos el peligro de construirnos dioses a nuestra medida. No se cree en Dios, pero ciertas cosas, ideologías y personas se convierten fácilmente en Dios. Por esta razón he escogido este subtítulo: “Dime en qué Dios crees y adivinaré como eres”. Puede que a alguien esta afirmación le parezca exagerada, pero si lo pensamos bien, veremos que se ajusta a la realidad.
- Los cristianos, con frecuencia hablamos de Dios o pensamos en Él, pero no en el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
- Expresiones como: “Algo tiene que haber”, “Dios me ha hecho una mala pasada”, “Sí, claro, eso de Dios ya sé de qué se trata”, “¿Por qué Dios permite estas desgracias?”.
- O el hecho de creer que de Dios ya lo sabemos todo y ello nos lleva a hablar de Él sin ton ni son. No estamos vacunados contra nuestras falsas imágenes de Dios, pues todos tenemos tendencia a fabricárnoslas según las propias conveniencias.
- O como con frecuencia resulta que, por falta de experiencia, no sabemos qué decir sobre Dios, o nos parece que hablar de Dios no se corresponde con el hecho de ser “modernos”, presentamos únicamente aquellos valores evangélicos más comprensibles… pero no sabemos qué hacer de Dios. ¿Quién fundamenta estos valores? ¿Y por qué estos y no otros?
- A los que se tienen por sabios, la razón les puede jugar una mala pasada. Pueden pensar que lo que no entienden, no dominan o no pueden demostrar, no es importante para la vida. Que todo lo que es muy importante y es “motor para vivir”, difícilmente se puede analizar en los distintos laboratorios: el amor ofrecido y recibido, la profunda paz del corazón, la alegría… las manifestaciones o expresiones sí las podemos palpar.
- Al mismo tiempo, jóvenes y mayores nos podemos preguntar: ¿Por qué creer en Dios? Creer en Dios, ¿cambia nuestra vida? La pregunta es: Dios, ¿para qué? Y puede que la respuesta fácil, inmediata, sea: “Yo no lo necesito, no es importante”.
- Y al mismo tiempo la pregunta sobre Dios es una cuestión abierta.
Si estamos atentos a la vida, a las manifestaciones religiosas de muchas personas, al fenómeno de las sectas, al esoterismo, a la literatura, a la cinematografía y, por encima de todo, a la experiencia humana más profunda… descubriremos que hay el deseo de una búsqueda de Dios.
La vida de toda persona sigue siendo un misterio lleno de interrogantes que, a la corta o a la larga, lleva a preguntarse sobre Dios. La búsqueda de felicidad, la pregunta por el destino de cada uno, por el sentido de la vida, por el amor, por la realización personal… Puede que muchos no busquen respuesta, pero la pregunta sigue viva e incluso hiriente, siempre pero especialmente en los momentos en que constatamos nuestra fragilidad y limitaciones humanas.
De ahí viene que la pregunta sea siempre actual: ¿Quién es nuestro Dios?
Y el boqueo puede que sea consecuencia de pretender encontrar la respuesta o respuestas a partir de nosotros mismos. En esta fiesta celebramos que el propio Dios nos ha abierto su libro. Dios se nos ha dado a conocer como PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO.
“Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu Santo os lo anunciará y os guiará hasta la verdad plena”. Son palabras de Jesús. Nuestro Dios es comunión de amor. La indicación de la guía del Espíritu Santo es preciosa. Dios se nos ha dado a conocer y nosotros, mirando a Jesús y dejándonos guiar por el Espíritu, lo comprendemos y lo vivimos.
Ciertamente somos buscadores de Dios, no lo sabemos todo; no hemos de pensar que lo tenemos en nuestras manos. Nos dejamos guiar por el Espíritu para ir conociendo vitalmente su verdadero rostro confiando en Jesús.
Porque Dios se nos ha manifestado de esta manera, creemos que Dios es Trinidad.








Adelante
Sigue Conociendo
INICIO





0 comentarios:
Publicar un comentario