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MISIONEROS EN CAMINO: III Domingo de Pascua (Juan 21,1-19): ¡FIELES DESOBEDIENTES!
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miércoles, 14 de abril de 2010

III Domingo de Pascua (Juan 21,1-19): ¡FIELES DESOBEDIENTES!



No está de moda ir contracorriente en aquello que, a los ojos de la fe y del evangelio, no se ajusta. Ser cristiano, en algunos momentos nos puede inducir a cierta “desobediencia civil”. Esto, por si lo hemos olvidado, no es nuevo. Lo dice, meridianamente claro, la lectura primera que acabamos de escuchar: “hay que obedecer a Dios, antes que a los hombres”.

1.- ¡Feliz Pascua con el Resucitado, hermanos!- Y que no nos quedemos atrás a la hora de proponer (no imponer) aquello que desde el Evangelio sabemos que sería la gran alegría del mundo y el gran secreto para que todo lo que nos rodea tuviera un horizonte lleno de luz. Ya, el Papa Benedicto XVI, en su mensaje pascual nos lo recordaba. “Para hacer frente a la gran crisis del mundo, tenemos que rearmarnos moralmente”. Y es verdad. Si nos dedicamos exclusivamente a sujetarnos a las reglas establecidas por los poderosos de turno, a dejar a un lado los derechos de los más débiles, a marginar a todo el que no piensa como nosotros…el resultado será o sería catastrófico.

Como cristianos no podemos perder la esperanza. En algunos momentos, y por diversos cauces, escuchamos que el mundo está perdido. Que no hay solución. ¡Mentira! La Pascua, el paso del Señor Resucitado, nos ha dejado la fuerza y el tesón de los que creen en El. ¿Podemos decepcionar al Señor con nuestro absentismo? ¿Por qué no echar, una y otra vez, las redes de nuestras buenas voluntades allá donde pensamos que todo está acabado? ¿Qué es difícil? ¿Que el cansancio hace mella en nuestro seguimiento a Jesús?

¡Es el Señor! Y, por el Señor, antes y después, ahora, mañana y siempre nos hemos de emplear a fondo para sembrar en su nombre, para remar con El y para intentar que el mundo, los hombres y mujeres de nuestro tiempo, conozcan (los que todavía no lo han escuchado), reconozcan (los que lo han olvidado) a un Cristo que trae vida, ilusión y coraje para todos.

2.- ¡Feliz Pascua con el Resucitado, amigos! No nos puede agobiar la ausencia de frutos. Aunque existan razones para el pesimismo, para mil y una preocupaciones, el Señor nos invita, nos sugiere que hay que seguir adelante. Que la barca, aunque aparentemente esté vacía, se sostiene porque El va al timón. ¿Le queremos? ¡Que se note en nuestro combate del día a día!

Eso nos falta: confianza absoluta en El. No podemos castigarnos tanto. No podemos centrar toda la labor pastoral, catequética, caritativa, asistencial o lúdica exclusivamente en nuestras fuerzas. El Señor, al fin y al cabo, es quien nos otorga la capacidad para hacer frente a las contrariedades.

Los apóstoles, como nosotros en algunos momentos, estaban a punto de renunciar a todo. La pesca había sido infructuosa, decepcionante. Se sentían abandonados y desconcertados. Sólo, cuando apareció el Señor, el panorama cambió de color.

Que también nosotros, lejos de abandonar cuando el horizonte es oscuro, imploremos, recemos y miremos al cielo buscando la mano siempre tendida de Jesús que sale en los momentos más amargos de tristeza y de dolor. ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN! ¡MERECE LA PENA OBEDECER AL SEÑOR!

3.- ¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!

Echaré las redes de mi vida,

para que otros tengan savia y en abundancia

Esperaré a que el sol se imponga sobre las tinieblas

y comprender que, no hay noche que dure una eternidad

Miraré al fondo de los acontecimientos

y confiare en que, Tú y sólo Tú,

eres quien iluminas las sombras de la existencia humana

¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!

Me desgastaré, en cuerpo y alma,

para llevar almas y corazones a tu encuentro

para que, el mundo, tan colapsado de cosas como vacío de sentido

recupere la alegría que nos ofrece tu ser resucitado

¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!

Mantendré firme mi amor y fe en Ti

para, luego, ser ardiente antorcha

que irradie luz y paz allá donde me encuentre

Mantendré firme mi esperanza en Ti

para que, el hombre que busca y no encuentra,

sepa que en Ti encontrará siempre una respuesta

¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!

Te amaré hasta el final y, amándote como Tú mereces,

sembraré de fraternidad y de perdón mis caminos

de alegría y de belleza los corazones de los que te anhelan

de regocijo y de seguridad

los rostros cansados de tantos caminos retorcidos

Amén

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WebJCP | Abril 2007