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MISIONEROS EN CAMINO: EL MENSAJE DEL DOMINGO: Domingo IV del Tiempo Pascual Ciclo C - Abril 25 de 2010
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sábado, 24 de abril de 2010

EL MENSAJE DEL DOMINGO: Domingo IV del Tiempo Pascual Ciclo C - Abril 25 de 2010

Este cuarto domingo del tiempo pascual es conocido como el del Buen Pastor, porque en su liturgia se evoca la alegoría presentada en el capítulo 10 del Evangelio según san Juan, donde Jesús se aplica a sí mismo este apelativo. El texto de este domingo del Ciclo C corresponde a la última parte de dicho capítulo, pero es muy conveniente leerlo completo para meditar sobre Jesús como el Buen Pastor, teniendo en cuenta también las otras lecturas: Hechos de los Apóstoles 13, 14.43-52; Salmo 100 (99), 2.3.5; Apocalipsis 7, 9.14b-17.

La imagen del pastor es muy significativa en los textos bíblicos. Por eso la Iglesia conserva esta figura y la aplica a su misión, entendida como una labor pastoral que debe continuar la acción de Jesús; por eso en ella son llamados pastores quienes, en virtud de una vocación específica, son escogidos por Él para realizar esta misión mediante el sacramento del Orden. Y también por eso este domingo se nos invita a orar de manera muy especial por los sacerdotes y por las vocaciones sacerdotales.

En medio de la crisis que padece hoy la Iglesia Católica, entre otras causas por el comportamiento de unos sacerdotes abusadores -que son pocos en comparación con los muchísimos más sin nada que ver con este tipo de conductas-, y por el tratamiento inadecuado de autoridades eclesiásticas que por evitar escándalos han impedido el juicio civil de este tipo de delitos y no han procedido como debía ser para prevenir que no se volvieran a cometer, oremos para que en el servicio pastoral de la Iglesia prevalezcan la honestidad y la verdad, y para que los futuros sacerdotes, previa una estricta selección vocacional, sean formados en el respeto a la dignidad sagrada de todo ser humano.


1. La figura bíblica del pastor

Israel fue en sus orígenes un pueblo de pastores. Abraham, Isaac y Jacob recorrieron en el siglo XVIII antes de Cristo las tierras de Canaán buscando pastos para sus ganados de ovejas. Moisés, quien vivió en el siglo XII a.C., aprendió el oficio de pastor antes de ser llamado por Dios para ser su mediador en la liberación de los israelitas de la esclavitud que sufrían en Egipto, y en su conducción por el desierto hacia la tierra prometida.

Desde entonces los israelitas reconocieron a Dios como el pastor que los guiaba y cuidaba de ellos. Al rey David, que vivió en el siglo X a.C. y en su infancia había cuidado el rebaño de su padre José, se le atribuyen los salmos que invocan a Dios como pastor: por ejemplo el escogido para este domingo -Sepan que el Señor es Dios, que él nos hizo, y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño [Salmo 100(99), 3]-, y el más conocido de todos, que con frecuencia se canta en la Eucaristía y comienza con la frase El Señor es mi Pastor, nada me faltará… [Salmo 23(22)].

Y más tarde los profetas desde el siglo VII a. C., emplearon la imagen del pastor para referirse a la misericordia infinita del Señor que prometía liberar a sus ovejas de la opresión y el abandono a que las habían sometido los falsos pastores, los jefes políticos y religiosos que las explotaban para su propio beneficio y se desentendían de ellas.



2. “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen”

Jesús se presentó a sí mismo empleando la imagen del pastor aplicada a Dios por los salmos y los profetas, y esto fue tan significativo para los primeros cristianos, que la imagen figurativa de Jesucristo más antigua que se conoce, encontrada en una de las catacumbas de las afueras de Roma, es la del pastor con una oveja sobre sus hombros. Esta figura, tomada de los Evangelios de Mateo (18, 10-14) y Lucas (15, 1-7), evoca la misericordia infinita de Dios manifestada en Jesús, que busca a la oveja perdida y la lleva de vuelta al rebaño. Por eso Jesús puede decir que Él y Dios Padre son “uno”, porque toda su vida en la tierra fue la revelación de la bondad y la compasión de Dios.

Conviene tener en cuenta que Jesús se dirige a sus opositores, los fariseos y doctores de la Ley que lo rechazaban y buscaban la forma de condenarlo, como se indica explícitamente en el capítulo anterior. Por eso también la 1ª lectura de hoy nos cuenta lo que les dijo el apóstol san Pablo a los jefes religiosos judíos que se mostraban hostiles a su predicación: “Teníamos que anunciarles primero a ustedes la Palabra de Dios; pero como la rechazan (…) nos dedicamos a los gentiles…” (es decir, a los no judíos).

En el Evangelio de hoy Jesús indica una de sus características esenciales como Buen Pastor: el conocimiento que Él tiene de sus ovejas, de todas las personas que escuchan su voz y lo siguen. Conocer, en el lenguaje bíblico, significa tener una relación vital con alguien o con algo. Por eso, cuando Jesús dice que conoce a sus ovejas, se refiere a la relación vital que Dios mismo ha querido tener con la realidad humana en virtud del misterio de su encarnación, pero además nos dice que se ocupa personalmente de cada ser humano necesitado de salvación.


3. “Y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre”

Jesús hará partícipes de su resurrección gloriosa a todas las personas que hayan escuchado su voz y lo hayan seguido. Este mensaje nos lo trae también el texto del libro del Apocalipsis en la 2ª lectura, donde encontramos una referencia a la imagen de Jesús como el Buen Pastor, identificado de tal modo con sus ovejas, que se entregó en sacrificio como Cordero Pascual: … porque el Cordero que está delante del trono será su Pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas (Apocalipsis 7, 17)

El Señor nos hace hoy una doble invitación: por una parte, a revisar si estamos escuchando con atención su voz, es decir, aquello que Él nos dice a través de su palabra, del magisterio de la Iglesia, del encuentro con las personas o de acontecimientos que constituyen oportunidades de reflexión en las que podemos descubrir el sentido de nuestra existencia; y por otra, a renovar nuestra fe y la esperanza en nuestra resurrección futura, de la cual es para nosotros primicia y prenda la vida de Jesucristo resucitado, que celebramos de manera especial en este tiempo litúrgico de la Pascua.-

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WebJCP | Abril 2007