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MISIONEROS EN CAMINO: agosto 2009
  • Cállate y sal de él - Por P. Javier Rojas sj Publicado por El Evangelio en Casa Antes de entrar en la reflexión de este pasaje del evangelio conviene hacer una distinción entre...
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lunes 31 de agosto de 2009

Testigos del Amor: La vida desde otra perspectiva


Publicado por Esquila Misional

Les presento a Claudio y a Silvia, una pareja excepcional de cristiano; de esos que de verdad están convencidos, que dejan huella con lo que hacen y de quienes aprendí tanto durante esta Semana Santa. Ellos son, como dice el Evangelio, «la sal» que da sabor a su comunidad.

Claudio es pescador y comerciante, un hombre lleno de alegría y fe a pesar de que la vida no ha sido fácil para él y los suyos. Pero lo que le sobra a este singular personaje son sus ganas de vivir y trabajar por el bien de su familia y de su comunidad. Es un hombre íntegro, siempre disponible para ayudar a todos. Asiste a la iglesia con sus hijos y su esposa y se entregan con mucho amor a Dios.

Silvia es ama de casa, madre de cuatro niños, catequista, costurera, comerciante y, en fin, una mujer a título pleno. Ella no descansa, sus jornadas de trabajo son de horas interminables, pero parece que nunca está cansada, que tiene la «batería siempre cargada».

La casa donde viven Claudio y su familia es un verdadero hogar, sencillo y humilde, pero digno y confortable; ahí se respira armonía, fe, optimismo y ganas de salir adelante. Lo que más me gustó de este particular matrimonio es que hace oración en familia y en sus plegarias piden por todos, para que a nadie le falte una buena pesca y un buen retorno a casa. Agradecen a Dios por las mañanas y enseñan a sus hijos el amor y la solidaridad para con su prójimo.

Agradezco infinitamente a Claudio, a Silvia y a sus hijos por recibirnos en su hogar, por darnos alimento, por tratarnos con tanta amabilidad, por contagiarnos alegría y ganas de vivir, pero sobre todo, por su amistad y por su testimonio de amor a Dios y a la Iglesia.

En esta Semana Santa aprendí que, a pesar de las carencias materiales y de las dificultades de la vida, siempre habrá «Claudios y Silvias» que nos digan que vale la pena luchar y que sí se puede ser cristiano en un mundo tan conflictivo como el nuestro. Gracias por enseñarme a servir y a amar más a Dios.

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Evangelio Misionero del Día: Martes 1 de Setiembre de 2009. XXII DOMINGO DEL T.O.


Por CAMINO MISIONERO
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 31-37

Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño. El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: «¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!»
Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.


Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

En Cafarnaum:
La revelación del poder de la misericordia de Jesús
San Lucas 4, 31-37
“Su palabra tenía autoridad”


La Palabra del Señor es “luz para nuestro caminar”, enseña el Salmo 119,105, nos abre horizontes, nos permite saborear la presencia viva de Dios en nuestra vida, nos ayuda a tomar conciencia del gran valor de nuestra propia vida, forma en nosotros el rostro vivo de Jesús. Además, la sensibilidad a la Palabra de Dios nos educa para la docilidad al Espíritu Santo. La escucha responsable de la Palabra de Dios pone a punto nuestra capacidad y prontitud para acoger la consolación del Espíritu con libertad de corazón.

El objetivo último de todo este ejercicio continuo de escucha de la Palabra del Maestro es lo lograr lo que muy bien señalaba san Juan Eudes: “Que el haga de nuestro ser un Evangelio vivo y un libro vivo, escrito por dentro y por fuera, en el cual la vida de Jesús esté perfectamente impresa” (OC III, 54).

La misión de Jesús en Cafarnaúm

Continuando con nuestra lectura de Lucas, hoy pasamos con Jesús de Nazareth a Cafarnaum. En Nazareth vimos el discurso inaugural, ahora en Cafarnaum vemos sus primeras obras de poder.

El ministerio de Jesús en Cafarnaúm comienza como el de Nazareth: enseñando en la sinagoga. Allí su enseñanza causa asombro porque “su Palabra tenía autoridad” (4,32). El poder de la Palabra está ligado a lo dicho en 4,18: “El Espíritu del Señor está sobre mí”; al inspirar la predicación de Jesús, el Espíritu Santo le da efecto de salvación. Las escenas que siguen muestran ejemplos concretos: el exorcismo de un hombre en la sinagoga (4,33-37), la curación de la suegra de Pedro (4,38-39) y muchas otras curaciones que se realizan el mismo día al atardecer (4,40-41).

Detengámonos en algunos puntos destacados del pasaje (tendremos en cuenta también el resto del capítulo):

(1) Jesús libera venciendo el demonio

El demonio dice “has venido a destruirnos” (4,34).

La escena parece representar un combate entre Jesús y el demonio. Jesús ejerce su poder sobre todo lo que oprime el hombre para liberarlo. En las tres escenas en que Jesús ejerce su poder podemos notar que se presenta la derrota del adversario de Jesús simbolizado en el demonio. En 4,34 y 4,41 los demonios gritan y se espantan porque saben quién es Jesús. En 4,38 Lucas ha descrito la situación de la suegra de Pedro con un término importante: “estaba oprimida por una gran fiebre”. Esto nos recuerda la historia de otra mujer de quien la enfermedad es calificada como una “ligadura de satanás” (13,16) y la curación como una “liberación” (14,12).

(2) Jesús libera venciendo la enfermedad

Los enfermos y endemoniados representan al hombre que sufre.

Las actitudes de Jesús con ellos permiten captar una particularidad que será tema importante en el Evangelio: la misericordia.

Notemos los pequeños detalles que son propios de Lucas, éstos a veces pasan desapercibidos pero reflejan mucho de lo que es el corazón de Jesús:
(a) La delicadeza: no maltratar (4,35)
(b) El inclinarse hasta la persona (4,39).
(c) El contacto: “les imponía las manos” (4,40)
(d) El respeto por el individuo “uno por uno” (4,40)

Cada una de estas actitudes se repite frecuentemente en el Evangelio y se proponen como modelo en las grandes parábolas: en la parábola del buen samaritano (10,29-37), las tres parábolas de la misericordia (todo el capítulo 15) y aún en forma negativa en la historia del “rico epulón” que no vio la miseria del que estaba a su puerta (16,19-30).

Los discípulos de Jesús serán educados de manera especial en este comportamiento: “Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (22,27).


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿De dónde proviene el poder de la Palabra de Jesús?

2. ¿Cómo entender hoy la lucha y la victoria contra el demonio?

3. ¿Cuáles son las características de la misericordia de Jesús? ¿Las estoy viviendo? ¿En qué debería trabajarme más?


La Palabra de Dios hace cantar el corazón:
Acción de gracias al final de la Lectio Divina

“Es bello cantar al Señor,
Es el más grande bien nos ha sido dado,
Cantar a tu nombre, oh altísimo.
Tú nos has considerado dignos de celebrar tu bondad.
Tú has creado el universo, Señor, por medio de una simple palabra,
Pero el hombre es la obra de tus propias manos.
De esto yo me glorío:
Yo soy la cítara, dotada de palabra y de razón,
Para cantar la alabanza y el reconocimiento
Del universo creado por tu bondad.
Grandes son tus obras, Señor,
La más grande soy yo quien las descubre.
También yo quiero con todos mis sentidos cantarte
Y celebrar tu majestad.
Tú me llenas de alegría por tus obras, Señor,
Yo canto con alegría lo que tus manos han hecho”


(Oración inspirada en el Salmo 92. Su autor es el monje Isaac de Antioquia, del siglo V dC)

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La Madre Teresa de Calcuta tendrá su calle en Nueva York

HOMENAJE
Publicado por Valores Religiosos

Las autoridades locales elgieron una arteria del barrio del Bronx, donde la comunidad albanesa, de la que la beata era miembro, evidenció un fuerte crecimiento en los últimos tiempos.

Nueva York dedicó una calle a la Madre Teresa de Calcuta, la venerada monja católica que ganó el Premio Nobel de la Paz en 1979 por su labor en favor de los más necesitados, informó este lunes el diario Daily News.

El lugar elegido por las autoridades para honrar la memoria de la religiosa, que murió en 1997 a los 87 años en Calcuta (India), fue una calle del barrio del Bronx, donde la comunidad albanesa, de la que la Madre Teresa era miembro, ha crecido con rapidez en los últimos años.

"Mother Teresa Way" se puede leer desde el domingo en el tramo de la avenida Lydig que corre entre las avenidas Wallace y Holland de ese barrio neoyorquino, después de que la Sociedad Albanesa de Estados Unidos luchara durante dieciséis años para que la ciudad accediera a dedicar una vía a la conocida religiosa.

La placa en la que aparece el nombre de la fundadora de las Misioneras de la Caridad fue descubierta ante la presencia de varios representantes políticos de la ciudad y el estado de Nueva York, así como los dirigentes de la Sociedad Albanesa.

La relación de la Madre Teresa, que el pasado 26 de agosto hubiera cumplido 99 años, con El Bronx se remonta a 1977, cuando inauguró el primer convento en Estados Unidos de la congregación que fundó para atender a los indigentes y a la que dedicó su vida asentada en la India.

La religiosa, que nació el 26 de agosto de 1910 con el nombre de Gonxha Bojaxhiu en Skopje, capital de la actual Macedonia, se convirtió en el símbolo de la solidaridad en el siglo XX gracias a la labor que su congregación realizó en numerosos países, lo que, seis años después de su muerte, le valió la beatificación.

La Madre Teresa inauguró en 1948 su primera escuela para niños necesitados en la India y ese mismo año se vistió por primera vez con el sari blanco orlado de azul, el hábito de su congregación y al que a partir de entonces siempre se la asociaría.

En 1957 fundó un centro de acogida para leprosos y en 1965 estableció sus primeras casas de caridad fuera de la India, en Caracas y Barquisimeto (Venezuela).

Cuando recibió el Nobel de la Paz por su labor caritativa, la religiosa renunció al banquete de la ceremonia de entrega en Oslo y donó todo el dinero del galardón a los pobres.

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Paseando por mercados y supermercados africanos...

Publicado por En Clave de Africa

¿Saben una de las cosas más echo de menos en los países de África que conozco? Una asociación de consumidores... un grupo fuerte, activo, organizado, conocedor de sus derechos que se lance a mover a la opinión pública para que también sea consciente de los mismos y pueda defender mejor a los consumidores que, en el caso de las sociedades africanas, se encuentran en la más flagrante vulnerabilidad.

El sitio donde vivo, Lira, es según se mire un pueblo grande o una pequeña ciudad en la cual hay un mercado local vibrante y en constante crecimiento. El hecho que en los últimos años el número de bancos y entidades financieras haya pasado de la decena es ya de por sí un signo fehaciente del crecimiento y la relativa estabilidad de esta región. Este crecimiento es más meritorio si cabe si tenemos en cuenta que hasta hace poco esta región estuvo afectada por desplazamientos masivos de cientos de miles de personas que, en los años de mayor virulencia de la guerrilla del LRA, buscaron refugio en otras zonas más seguras de la región.

Aparte del mercado tradicional de verduras, pescado y otros productos agrícolas han surgido bastantes supermercados – prácticamente 100% de los mismos regentados por comerciantes de origen indio – que ofrecen una aceptable variedad de productos. El problema es que la gran mayoría de estos productos han aparecido en una zona, lejana de la capital y del alcance pleno de la ley, donde existen pocos controles de calidad, pocas oficinas de estándares comerciales y donde nadie puede reclamar nada.

Uno tiene que ir con pies de plomo a la hora de comprar. Algunas marcas son peligrosamente similares a otras de alcance nacional. Uno puede encontrar un aparato Panasoanic, un Torshiba, una calculadora Casho o infinidad de variantes fonéticas que quieren imitar a las marcas más importantes del mercado. Ni que decir tiene que un gran porcentaje de los productos ofertados (sobre todo electrónicos y de menaje) vienen de China, con la consiguiente falta de calidad y de controles de seguridad. Lo que aparece como algodón no es algodón sino alguna forma de poliester, lo que es un aparato eléctrico no tiene ni fusible y las instrucciones están exclusivamente en chino (no sé si mandarín o cantonés)y lo que es presentado como una herramienta sólida y duradera termina siendo más floja que un puñado de pelusa. La lista por desgracia tiene su continuación más allá de los productos chinos: la lata de atún que tanto me alegré de encontrar en el supermercado a precios tan tirados resultó ser una masa amorfa de una pulpa de pescado que posiblemente alguna vez haya estado cerca de un atún de verdad pero que de sabor está a años-luz del preciado y delicioso escómbrido.

Como ven, el fraude y la baja calidad de los productos no es una excepción, sino la regla diaria. Aquí la gente no es consciente que, como consumidores, tienen ciertos derechos, ni tienen a nadie que comience este proceso de concienciación. Como ocurre en muchos otros campos, la gente sufre pasivamente los atropellos de un mercado o de un sistema que se aprovecha de las lagunas legales o la falta de regulación para introducir productos que – obvia decir – en otros sitios serían ilegales. Visto lo visto en otras partes del mundo, sólo Dios sabe los materiales tóxicos y los peligros potenciales o reales que encierran tantos productos incontrolados. Precisamente por ver y sentir la vulnerabilidad de todos los que somos consumidores de los mismos, pero especialmente de los más pobres y desafortunados en esta sociedad, echo en falta una asociación de consumidores que defienda - incluso legalmente y en juicio - los derechos de aquellos que no tienen poder para levantar su voz y posicionarse por lo que es justo y recto. A muchas de estas personas se les/nos da gato por liebre en muchos de los productos que hay en el mercado y no hay quien persiga al infractor, al que falsea, al que pone substancias ilegales o al que vende aparatos que no son perdurables o seguros.

Mucho me temo que por varios años más África seguirá siendo el destino de muchos de estos productos basura. China y otros gigantes económicos seguirán haciendo el Agosto vendiendo mercancías a bajo precio aprovechándose de una clientela que no es consciente de sus derechos y de un sistema que prima la cantidad (aunque sea mala) a la calidad que también los africanos merecen.

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MI NAUFRAGIO EN LAS ISLAS MARÍAS: De noche, entre el fuego y las olas

Por Luis Valdez Castellanos sj
Publicado por Fe Adulta

En las Islas Marías, situadas en el océano pacífico al sur de Mazatlán, se ubica un penal federal que es un modelo único de cárcel que tiene como finalidad la rehabilitación del preso. Las únicas rejas son las olas y los internos pueden vivir con sus familias. Actualmente se suele admitir a reos de baja peligrosidad.
Desde 1943 el gobierno mexicano pidió a la Compañía de Jesús que se hiciera cargo de la atención religiosa de los presos. Y desde entonces ha habido presencia permanente de jesuitas en la Isla que han entregado su vida en medio de los pobres y de los presos.
Debido a mi nuevo servicio en la Compañía de Jesús, en septiembre del 2008 visité por primera vez a los dos jesuitas que actualmente viven ahí: el P. Francisco Ornelas quien es el párroco y el hermano Juan Gómez quien fundó y dirige una Escuela de Torno Industrial para dar capacitación a los presos.
Para llegar ahí hay que pedir permiso a Gobernación y embarcarse en Mazatlán en una travesía de 12 horas. Además hay que sumar las 5 horas que duran los trámites de revisión de equipaje para poder abordar el barco de la Armada de México.
El miércoles 1º de julio me embarqué por segunda vez en el buque Maya de la Armada de México. Íbamos 89 civiles y 34 tripulantes. Es un barco de carga donde transportan diesel, herramientas, el correo y los alimentos para toda una semana de los internos y el personal administrativo de la Isla. Suelen ir familiares de los presos, algunos empleados de algunas empresas a prestar servicios y la tripulación. Para los civiles no hay sillas ni camarotes. Viajan en cubierta y se duerme en el piso al aire libre. Esta vez ya iba más confiado, con la experiencia de haber viajado con anterioridad. Después de platicar con el papá de uno de los presos me acosté a dormir.
Me despertó el movimiento de varios niños y los gritos que anunciaban que se estaba quemando el barco. Eran las 4.30 AM y todavía faltaban tres horas de navegación.
Me incorporé y ya estaba encendido el reflector que iluminaba la cubierta y lo que vi en la proa fue que junto a la antena del radio y cercano a los camarotes de la tripulación salía un humo denso de color gris oscuro. Cuando el viento lanzaba el humo hacia la popa, donde estábamos todos arremolinados, nos faltaba el oxígeno y yo sentía que me ahogaba. Tenía que irme al barandal para no respirar más ese humo contaminado. Aunque veía que estábamos en problemas mi mente me decía que el problema iba a ser controlado. Pensaba que estaba viviendo una pesadilla, me costaba trabajo creer lo que estaba viendo.
En unos instantes más empecé a sentir angustia pues en lugar de desaparecer el humo y extinguirse aparecieron unas poderosas llamas. Los marinos corrían intentando sofocar el incendio pero noté en seguida que no podrían y que sus esfuerzos serían inútiles. Carreras y gritos, especialmente de los niños que estaban con sus mamás. A mi alrededor había varias mamás abrazando y tratando de calmar a sus hijos. Gente sencilla de nuestro pueblo. Yo seguía atónito, todavía sin poder despertar bien y con la sensación de estar viviendo una pesadilla. Me acabé de despertar cuando el jefe de los marinos dio la orden de ponernos los chalecos salvavidas y evacuar el buque.
Como estaba a un lado del depósito de los chalecos inmediatamente empecé a repartirlos a los que lo pedían y empezamos con nerviosismo a anudar los listones. Los dedos no me respondían ágilmente y tardé un poco en hacer los nudos y asegurar mi chaleco.
Los marinos hicieron dos grupos: los que no supieran nadar y los que sí. A los primeros los fueron llevando a la parte trasera del buque para empezar la evacuación y ayudarles.
El fuego aumentaba a la misma velocidad que mi angustia de imaginar que iniciaran algunas explosiones. Sentí un gran miedo que, de pronto, hubiera una explosión que me alcanzara y me quemara.
De la cubierta bajé a la popa. La escalera terminaba en unos tambos de 200 litros llenos de gasolina y de ahí había que brincar al piso. Ayudé a algunas personas a bajar de los tambos y a subirse al barandal del barco para tirarse al agua. Y mientras atendía a los demás también sentí fuertemente mi propio instinto de conservación y de buscar la salida para mí; quería salvarme. Anduve recorriendo la popa y viendo hacia el mar para encontrar el mejor lugar para saltar. Dudaba mucho para dar el salto y me resistía. Tenía mucho miedo y la sensación de ir a lo desconocido, a la inseguridad. No me cabía en mi lógica lo que estaba pasando.
A pesar de las carreras, los gritos y los llantos, los marinos iban ordenando muy bien la evacuación. Había un jefe que daba las órdenes y los demás las apoyaban. Gracias a esta disciplina pudieron ayudar a las mamás a mantener la calma y que no se diera un brote histérico entre ellas y en los hombres que no sabían nadar. Las balsas salvavidas más cercanas al barco ya se estaban llenando principalmente con las mujeres y los niños. Los marinos estuvieron muy pendientes de cada mamá que caía al agua para auxiliarla.
Yo rodeaba el contorno de la popa y me seguía resistiendo a lanzarme al agua. La veía muy lejos y era de noche.
Me acordé que en mi equipaje, que obviamente tenía que dejar, estaban mis lentes y decidí subir a cubierta por ellos. Al llegar ahí, las llamas ya habían crecido aún más y sentí nuevamente el pánico de una explosión pues sabía que el barco llevaba combustibles. Para entonces la cubierta ya estaba casi desierta salvo algunos marinos que estaban quitando cosas cercanas al fuego. Rápidamente inicié el descenso a la popa y volví a caminar sobre los toneles de gasolina, pero esta vez las ansias me hicieron brincar más rápidamente y caí mal sobre mi pie derecho. Se me dobló el tobillo, caí completamente y enseguida sentí un dolor agudo. Pero había que escapar lo más pronto posible y me levanté como pude.
Busqué el costado del barco más desocupado y ahora sí me dispuse a brincar al mar. No me quedaba otra. También me animó el hecho que ayudé a saltar al agua a una señora con su hijo en brazos. Me dije: “ella no sabe nadar y lleva a su hijo, yo sí sé nadar tengo los brazos libres”. Así me di valor.
Sólo eran dos o tres metros de altura pero yo veía muy lejos el mar. Aunque dieron la orden de quitarse los zapatos yo la desobedecí y salté con ellos al agua, a la oscuridad, a la aventura. El chapuzón en el agua fresca me volvió a recordar la locura que estábamos viviendo. Gracias al salvavidas no me hundí tanto. Aunque es una zona donde hay muchos tiburones, en ese momento no lo recordé y puede nadar sin pánico. Sentí que iniciaba otra etapa en esta aventura pues me alejaba ya del peligro de las llamas, de una explosión y también había superado el temor de saltar.
Después de nadar un rato llegué a una balsa que estaba casi sola. Subir implicaba un grado de dificultad grande pues el costado de la balsa era redondo y alto como una llanta gigante. Aunque tenía una escalera pequeña de listones de tela, al poner el pie en la escalera el cuerpo se va hacia abajo de la balsa. Y así hay que impulsarse hacia arriba. Con la ayuda del marino que estaba ya en la balsa pude remontar y luego caer de clavado pues la balsa es profunda . Una vez adentro ya sentí una gran seguridad de haber logrado uno de los objetivos: llegar a la balsa.
Dentro de la balsa la oscuridad fue mayor pues era de noche y además tenía un toldo que la cubría. Al poco rato, subió un señor muy gordo y al entrar de clavado y caer pesadamente en el piso desfondó la balsa. El piso se despegó y empezamos a hundirnos. Nuevo susto y nueva batalla por la sobrevivencia. Se hundía el piso y el agua nos llegaba ya a la cintura. Era un nuevo naufragio y nuevos sentimientos de inseguridad. Decidí sumergirme más para liberarme y lo logré.
Volví a nadar en medio de la oscuridad y de una profunda soledad física. En ese momento no pensé en mi gente querida sino que estaba profundamente inmerso en una especie de burbuja del aquí y el ahora. El mundo se desaparece, lo único es el presente y la lucha por la sobrevivencia. También me percaté sensiblemente de la fragilidad de la vida. Hacía unos minutos descansaba en el barco y ahora enfrentaba el peligro y la incertidumbre. Pensé en lo rápido que puede cambiar la vida, de manera sorpresiva y que se impone. Había contemplado muy cercana la muerte pero no como algo inminente. No la ví a un paso sino a cinco.
Me detuve a descansar un poco y contemplar el barco que ardía y pensé que escenas de incendio en el mar ya las había visto en películas, pero ahora era diferente. Estaba asombrado y atónito. Durante momentos contemplaba sin creer ese espectáculo. Yo estaba en plena oscuridad solo iluminado por las llamas del barco. Andaba a la deriva nuevamente sintiendo una terrible soledad.
Nadaba solo pues la mayoría de las personas ya estaban en las balsas. Continué hasta que vi un barril blanco que me llamó la atención. Me dirigí hacia allá y, enseguida, vislumbre a un marino que en ese momento jalaba un cordón y se abría una balsa. Sentí nuevamente la esperanza. Él subió inmediatamente y le pedí ayuda para subirme, y luego ambos ayudamos a varios más. La balsa se fue llenando poco a poco. Sentí miedo que con el sobrepeso se fuera a hundir como había pasado con la otra. En total subimos 19 personas y la capacidad era para 20.
En esa balsa se subió la mayoría de la tripulación pues revisaron que todas las personas estuvieran a salvo y no anduviera nadie a la deriva en el mar. También fueron los últimos en abandonar el buque. Así nuestra balsa era completamente masculina con 3 civiles y 16 de la tripulación, entre ellos, estaba un teniente de navegación y el jefe de los marinos (el Contramaestre) quienes tomaron la autoridad.
Empecé a sentir calambres en las piernas y un gran cansancio. Seguía la oscuridad y las olas nos alejaban del barco. Eso nos beneficiaba pues en caso de que se hundiera no nos jalaría, con él, al fondo del mar. Además seguía latente la posibilidad de que se dieran estallidos, pues se quedaron algunos tambos de gasolina en la popa.
Se sacó el equipo de auxilio de la balsa: unos remos; unos paquetes con sobres que contenían agua; una especie de paracaídas pequeño que se lanzaba al mar y funcionaba como contrapeso para jalar la balsa; una navaja para cortar cuerdas; luces de bengala; otras luminarias; etc. Me dio gusto que vinieran bien equipadas para accidentes como el que habíamos vivido. Además la balsa tenía, en el centro, un arco que servía de sostén a un toldo que colgaba a ambos lados y nos protegería cuando saliera el sol. La balsa podría estar completamente cerrada pero no circularía el aire. Tenía que estar destapada hasta cierto nivel.
Una vez que el teniente organizó a la tripulación vino un gran silencio que a mí me permitió contactar más con mis sentimientos de extrañeza, de estar en una balsa con gente sencilla del pueblo, desconocida, pero que nos hermanaba una experiencia de estar completamente a la deriva e incomunicados. Sentí una gran cercanía a esas personas, una comunión humana de estar en peligro y en dificultades. Ahí no importaba qué había hecho cada quien, ni qué profesión tenía, ni qué títulos, ni la edad, ni la condición social. Importaba que estábamos juntos en aprietos y teníamos una actitud de cooperación y de buscar soluciones.
Más adelante se acercó en una pequeña barquita de madera el capitán del barco y le comunicó a sus subalternos que había decidido intentar llegar remando a las Isla pues no quería quedarse ahí sin hacer nada. Pidió los remos de nuestra balsa y le dio al teniente un radio portátil y él se llevó otro. Iba con cinco marinos y así se partieron.
Poco a poco empezó a amanecer y vi que nos habíamos alejado demasiado del grupo de las demás balsas que se habían amarrado entre ellas para evitar la dispersión. Sólo nosotros estábamos aislados y ahora distantes.
El teniente ordenó al buzo del buque y a otros tres marinos que se tiraran a nadar para acercarnos a las otras balsas ya que la distancia cada vez era mayor y no teníamos los remos. Pero en realidad era infructuoso el esfuerzo pues las olas lo impedían y nos arrastraban en la dirección contraria. Y después de unos minutos el buzo y los marinos que se habían tirado al agua entraron intempestivamente a la balsa, como si fueran delfines saltando, pues vieron a un tiburón. Y ahí recordé que es una zona llena de tiburones. Estaban pálidos y con la respiración agitada.
Con la luz del día me alegré de ver que mi reloj había superado la prueba y funcionaba perfectamente. Ya eran las 8 de la mañana. Sentía mucha sed y hambre.
El teniente tenía el radio portátil y mandaba constantes mensajes de auxilio a los distintos lugares que podían oírnos: San Blas en Nayarit, Mazatlán o las Islas Marías. Pero no había respuesta. Me aburrí de oír tantas veces el mismo pedido de auxilio.
Uno de los marinos oyó un motor de avión y sentimos una gran alegría e inmediatamente se sacaron las bengalas y se lanzaron dos. La alegría se convirtió en decepción y frustración pues siguió su ruta sin enterarse de nosotros. Pienso que fue un avión comercial que iba demasiado alto. Nuevos silencios.
Íbamos apretados y esto dificultaba cualquier movimiento. Además el piso de hule de la balsa al no estar fijo no permitía apoyarse en él y cambiar de posición. Por todo esto sentí con mucha frecuencia dolores de espalda y a ratos dificultad para respirar. Era muy difícil cambiarse de lugar. Y cuando subió el sol quedé del lado descubierto donde daba plenamente. Me empecé a quemar la cara y así aguanté un buen rato hasta que pedí cambiar de lugar y me metí dentro del toldo de la balsa. Sentí un gran alivio aunque ahora no sería tan fácil ver el mar y las posibilidades de rescate.
Al ver que tantos llamados de auxilio eran inútiles y ayudado por el cansancio me aparecieron una serie de pensamientos pesimistas. Empezaba a imaginar qué pasaría si anochecía y si no nos localizaban pronto. Empezó un tormento interior. Entonces recordé la importancia de vivir sólo en el presente y contactar con él a través de la respiración. Respirar profunda y repetidamente. Sentir el aire que entra y sale. Sentirlo, sentirlo… Y esto me ayudó a no sumergirme en el fatalismo y la desesperación total. Pero los sentimientos de incomodidad, impaciencia, cansancio, y el dolor del pie que ya había aparecido hacía rato me presentaban de nuevo pensamientos pesimistas que combatí con la conciencia del presente.
No sabía por qué pero permanentemente había agua en el piso de la balsa que nos mantenía mojados las asentaderas y las piernas. Fueron muy útiles una esponja y un trasto de plástico que estaban en el equipo de la balsa para que los marinos pudieran sacar poco a poco el agua que se juntaba. Esto me recordaba permanentemente que estaba en alta mar y a la deriva.
A ratos me preguntaba cómo estarían las mamás y sus niños en las otras balsas. Pensé en todas las horas que llevábamos a la deriva y la incomodidad de los niños, su impaciencia y por qué no, la histeria de alguna de las personas adultas. Me consolaba saber que en cada balsa iba un marino y que estaban juntas para ayudarse. El cansancio me hacía dormitar un poco.
El teniente me desesperó pues empezó a tener mal humor y les empezó a gritar a los marinos y a regañarlos de una manera desagradable. Era su manera de sacar el miedo y la tensión. Esperé un tiempo a ver si se calmaba y si no, iba yo a intentar ayudarle a que manejara sus sentimientos. Pero no fue necesario, en unos minutos más guardó silencio y dejó de dar órdenes.
Cuando podía ver las otras balsas las veía cada vez a mayor distancia. Sin embargo no me preocupaba pues una vez que nos descubrieran nos rescatarían a todos.
En un momento de silencio oímos el motor de un avión y a los pocos minutos entró la comunicación al radio. Cuando escuchamos la voz del piloto que decía que ya nos habían localizado gritamos de emoción y alegría. Como decía mi abuelita, me volvió el alma al cuerpo. Sentí ganas de llorar y mucha emoción. Y se me salieron las lágrimas. El rostro nos cambió a todos por la alegría. Vi mi reloj y eran las 12.40 PM. Estábamos salvados y solo era cuestión de esperar la llegada de las embarcaciones de rescate. A partir de entonces los silencios fueron menores y empezaron las bromas y las caras sonrientes.
Entonces caí en la cuenta que no le había pedido ayuda a Dios. No me puse a rezar ni pensé en poner a rezar a los marinos. Yo tenía la certeza que Dios ya sabía lo que pasaba y no estaba cruzado de brazos sino que había actuado y estaba actuando en el trabajo de todos nosotros y especialmente en el de los marinos que tan acertadamente nos ayudaron a los civiles a evacuar el buque y que ahora todos estábamos en las balsas. Nunca tuve la duda si Dios iba actuar. Me dio gusto constatar Su acción en medio de esa dificultad.
Sabía que el rescate no sería pronto pero ya tenía nueva dosis de paciencia que me alcanzaría hasta llegar a las Islas Marías. Y efectivamente aunque el piloto del avión dijo que la Interceptora (patrulla de alta velocidad) llegaría en media hora en realidad tardó una hora en arribar a la zona del naufragio. Cuando se estableció la comunicación con el capitán de la patrulla, el teniente le pidió que se dirigiera al grupo de balsas pues ahí estaban las mujeres y los niños. Y así lo hizo.
Enseguida apareció en el cielo un gran helicóptero de la marina que estuvo durante más de una hora sobrevolando el sitio. Me explicó el contramaestre que tenía una canastilla por si había necesidad de subir y trasladar a alguna persona grave a Mazatlán. Y afortunadamente no hubo necesidad. Yo sentía mucha emoción de ver el helicóptero muy cerca arriba de nosotros y que estaban ahí para ayudarnos, para respaldarnos. Era también un sentimiento de incredulidad.
Una media hora después llegó con nosotros otra patrulla y a los tres civiles que íbamos nos hicieron subir a ella y los demás permanecieron en la balsa. A mí me costó mucho trabajo porque ya prácticamente me era imposible apoyar el pie derecho. Me dolía cada vez más y más.
Arriba de la patrulla, al aire libre, inmediatamente vi a unos metros dos aletas grandes de tiburón. Andaban merodeando. Y en el trayecto de remolcar la balsa hacia el otro grupo seguí viendo varios más. Pero de ninguna manera intentaban atacar y ya sentía la seguridad de estar en una embarcación menos frágil y con motor.
Tardamos casi media hora en arribar al otro grupo de balsas, pues iba lentamente y nos habíamos separado un poco más de dos kilómetros. Se me hizo muy largo ese corto trayecto. Eran las ansias y el cansancio acumulado.
Para entonces la mayoría de las personas ya estaban en la Interceptora y en algunas embarcaciones pequeñas que salieron de las Islas Marías. También me impresioné mucho pues llegó otra Interceptora con un gran número de médicos y enfermeras que venían de Mazatlán a revisarnos. Sentí nuevamente la solidaridad humana y el agradecimiento con esos rostros morenos de hombres y mujeres que vinieron en nuestro auxilio. La sensación de tragedia iba disminuyendo en mí y la paz volvía al saber que nadie se había ahogado y que todos estábamos con vida.
Ante el retraso en salir rumbo a las Islas Marías pensé que quizás nos querían llevar a Mazatlán de regreso. El capitán que había salido en la barca de remos ya había sido rescatado y estaba hablando con los pilotos de las Interceptoras. Después me enteré que sí tenían la orden de llevarnos a Mazatlán pero que la gente pidió e insistió en dirigirse a las islas ya que los familiares estarían esperando. Y así fue finalmente.
De ahí todavía tardamos más de una hora en vislumbrar las islas. Nos volvimos a detener. Hubo reacomodo en las distintas embarcaciones. A los marinos que había sufrido la tragedia se los llevaron en una interceptora a ver qué se podía hacer en el buque que se seguía incendiando. Sentí coraje y lástima de que en esas condiciones todavía los hicieran trabajar. Entendí el lado inhumano de las instituciones: órdenes son órdenes.
A las 18.30 horas mi embarcación arribó a las Islas Marías. Me percaté que llegaba sólo con lo puesto y en una sensación de despojo, de carencia. Con muchos trabajos y lentitud por el dolor del pie recorrí el muelle hasta el puesto de inspección antes de que le permitan a uno entrar a la isla. Ya necesitaba ver a Paco Ornelas que sabía me estaba esperando. Me urgía.
En el sitio de inspección había un grupo de médicos que nos hicieron una pequeña revisión, entre otras cosas medir la presión arterial y medicaban en caso de necesitarlo. Yo sí traía alta la presión y me dieron una pastilla.
Una vez pasada la inspección me encontré con Paco y el “Regio,” un preso que es su ayudante y se encarga de la catequesis de los niños. Un abrazo hermoso con Paco y luego vi su cara de incertidumbre. No sabía nada. No les habían avisado del naufragio. Éramos los primeros informantes y corrió como pólvora la noticia.
Paco me llevó al hospital del Seguro Social y solo estuvimos un rato pues había varios de los niños que venían en el barco y los estaban atendiendo. Preferí llegar a la comunidad y comer algo.
Después de saludar al hermano Juan me senté a cenar. Mientras, Paco me consiguió ropa interior, un pantalón, una playera y útiles de aseo. Estos signos de acogida y ayuda los valoré muchísimo. Experimenté la solidaridad humana y la fraternidad jesuita. Me sentí en casa con los míos y siendo ayudado por ellos.
Durante la cena fue la narración a mis hermanos jesuitas y al Regio de mi experiencia con todos los pormenores. Contestaba sus preguntas y esto me sirvió para iniciar la catarsis que he vivido desde entonces.
El “Regio” fue a buscar a Gamaliel, un preso que es de Mérida y sabe sobar Y también agradecí mucho que con su habilidad disminuyera la inflamación del tobillo y un poco el dolor. Sin embargo la inflación y el dolor siguieron hasta el presente, pues resultó ser un esguince de segundo grado.
Estaba sumamente agotado física y emocionalmente y me fui a mi cuarto a descansar. Ahí, repasando el día, brotó el llanto ambivalente de agradecimiento por estar vivo; de la angustia vivida; de la soledad; de la fragilidad y también la solidaridad humana.
A modo de cierre.
No me he puesto a pensar sobre la experiencia (el por qué, el para qué) pues he optado por la vía afectiva para drenar todas las emociones que viví y se acumularon en esas horas de naufragio. Y me felicito por esta decisión. He estado muy sensible y me he mostrado débil. He llorado bastante y me he compartido con muchas personas. He recibido muchas muestras de cercanía y cariño que agradezco en el corazón. Hablar mucho del naufragio me ha ido sanando poco a poco.
De los grandes impactos de esta experiencia ha sido lo inesperado y lo contundente. No fue algo programado sino que se nos impuso a todos. La vida tiene su propio ritmo y sus experiencias independientemente de nosotros. Me ayuda a seguir fluyendo con ella como se presente y no como yo la programe.
La profunda experiencia de soledad y de saberme frágil y necesitado también fue una profunda experiencia humana y religiosa. La comunión que viví con los demás me llegó hondamente: juntos en la desgracia y ayudándonos.
Otro impacto muy fuerte fue experimentar la fragilidad de la vida, de mi vida y la cercanía de la muerte. La posibilidad real de desaparecer y de manera pronta me ha dejado huellas. Junto con esto constaté que estoy en paz con mi vida, que siento que he sido muy amado y que he amado a muchas personas.

31 de julio de 2009
Fiesta de San Ignacio de Loyola
Luis Valdez Castellanos sj

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Noticias Misioneras del Mundo: 31 de Agosto de 2009

Publicado por OMPRESS

* Infancia Misionera en Cuba: "Con Antenita Misionera evangelizamos a Cuba entera"
* Peregrinación Jubilar y Encuentro de Animadores Misioneros en Córdoba
* Hermanamiento de parroquias: Gerona y Togo más cerca
* El Ayuntamiento de la Guardia, Jaén, colabora con sus misioneros en Ecuador

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Infancia Misionera en Cuba: “Con Antenita misionera evangelizamos a Cuba entera”

OMPRESS-CUBA (31-0809) Del 25 al 28 de agosto se ha celebrado en la Casa Diocesana de la Merced en Camaguey, Cuba, el IV Congreso Nacional de la Infancia Misionera, bajo el lema “Con Jesús sembramos paz y amor”. El encuentro ha reunido a 435 niños y adolescentes misioneros y 58 asesores, en representación de los diferentes grupos de 10 de las 11 diócesis cubanas.

Según iban llegando a la ciudad, las diferentes delegaciones misioneras, después de recibir su acreditación en el Congreso, peregrinaban a la Iglesia de San Juan de Dios, para orar junto a los restos del padre Olallo, el beato cubano, apóstol del amor y de la misericordia.

La alegría misionera desbordó los muros centenarios de la Iglesia de la Merced, cuando los presentes recibieron en la noche del martes 25 de agosto al apóstol San Pablo, al que estaba dedicado el Congreso, al padre Olallo, apóstol de la caridad, que llegó entregando dulces y caramelos a los niños, junto con los personajes de los cuentos infantiles: el Zorro, la Cenicienta, Blancanieves con su enanito, entre otros, que hicieron vivir a los pequeños delegados jornadas inolvidables.

La urna con la imagen de la Virgen de la Caridad, familiar para muchos niños y asesores, ya que viene participando desde el primer Congreso Nacional, celebrado en septiembre del 2003, fue recibida con alegría en la primera noche y estuvo presente en los diferentes momentos de estas jornadas misioneras.

Durante el miércoles 26 los presentes vivieron dos momentos intensos: por la mañana un grupo de reporteros misioneros realizaron una entrevista al apóstol San Pablo sobre su vida, sus cartas, su mensaje a los pequeños misioneros cubanos y por la tarde, la Hora Santa, donde se vivieron momentos de oración, animada por el P. Osvaldo Cambra.

En la misa de clausura, Mons. Juan García Rodríguez, Arzobispo de Camaguey y Presidente de la Comisión Nacional de Misiones, invito a los niños a ser misioneros en su familia, en el barrio, en la escuela, en la comunidad cristiana y los animó a profundizar en el conocimiento de la persona del apóstol San Pablo y su mensaje para los cristianos de hoy, así como a participar con la alegría y el entusiasmo que les caracteriza en la misión que realiza nuestra Iglesia, preparando los 400 años del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad.

Al finalizar la celebración, Enrique Cabrera Nápoles (Fidelito), Secretario Nacional de la Infancia Misionera, dio las gracias a Dios, a Mons. Juan, al padre Raúl y a todos los participantes en este evento misionero, mientras los niños coreaban con alegría misionera: “El Congreso se queda en Camaguey”, “Con Antenita misionera evangelizamos a Cuba entera”.



Peregrinación Jubilar y Encuentro de Animadores Misioneros en Córdoba

OMPRESS-CÓRDOBA (31-08-09) El próximo 20 de septiembre tendrá lugar en Montilla, Córdoba, la celebración de una Peregrinación-Encuentro de Delegados Diocesanos de Misiones de Córdoba y colaboradores.

Uno de los objetivos que tiene la Delegación de Misiones, con motivo del Año Jubilar de San Francisco Solano, es proponer su perfil evangélico como modelo del misionero que, según Juan Pablo II, necesita hoy la Iglesia: “El verdadero misionero es el Santo” (RMi 90). Para su consecución, queremos estudiar las claves misioneras de San Francisco Solano, que indica el Sr. Obispo en su Carta Pastoral ante el Año Jubilar: “Nuestro compromiso apostólico en el anuncio de Jesucristo...; ... que todos estamos llamados a la santidad; ... a entregar la vida por todos nuestros hermanos, sin mirar la raza, lengua o condición social; ... a adentrarnos en la profundidad del silencio orante y en el gozo... por ser hijos muy amados de Dios”.

Por otro lado, al tener en la diócesis la tumba con los restos de San Juan de Ávila, en la Iglesia de la Encarnación de Montilla, ha parecido oportuno, aprovechando la celebración paralela del “Año Sacerdotal”, empezar a rezar, a meditar, a festejar y a presentar el justo homenaje a los sacerdotes; presentarlos a los pies de San Juan de Ávila para que bajo su protección y ayuda sea un año de renovación de la espiritualidad del presbiterio, en todos y cada uno de los presbíteros.

Así pues, la convocatoria es a una doble Peregrinación Jubilar: a San Francisco Solano, para presentar y orar por los misioneros de la diócesis, presentar la disponibilidad de los Delegados Parroquiales de Misiones, y orar por la animación misionera de la diócesis; y a San Juan de Ávila, para presentar y orar por los sacerdotes de la diócesis, y para orar por la renovación de la espiritualidad del presbiterio diocesano.



Hermanamiento de parroquias: Gerona y Togo más cerca

OMPRESS-GERONA (31-08-09) En el transcurso de un acto muy participativo tuvo lugar el hermanamiento entre las parroquias de la Sagrada Familia de Blanes, Gerona, y de San Pablo de Dapaong, en Togo, por iniciativa de la Comisión de Hermanamiento de Blanes, el párroco Josep Perich y los dos sacerdotes de Olot que realizan su labor sacerdotal en la parroquia togolesa. Ramón Bosch que lleva allí ya 35 años y Joan Soler que se ha incorporado este año.

Gracias a los donativos y a las diferentes actividades promovidas por esta Comisión de Hermanamiento se ha podido destinar a la parroquia de San Pablo de Dapaong casi 15.000 euros, lo que ha permitido comprar un terreno situado al lado de la carretera que va a Burkina Faso, perforar un pozo de agua que beneficia a centenares de personas de la zona y pagar gran parte del coste de la sala polivalente que utiliza la parroquia y la comunidad.

En el acto de hermanamiento se celebró un concierto de música africana interpretada por Djeli Yerko con su “kora”, un modelo de arpa del África del oeste; se presentó también un adiovisual de la parroquia africana, y se proyectaron imágenes acompañadas de poemas con la voz de Ramón Tarrio.



El Ayuntamiento de La Guardia, Jaén, colabora con sus misioneros en Ecuador

OMPRESS-JAÉN (31-08-09) El Ayuntamiento de La Guardia de Jaén, en el marco de la cooperación al Desarrollo, ha aprobado una subvención a favor de la Delegación Diocesana de Misiones, que tiene como objetivo ayudar a la financiación del Equipamiento del Centro Juvenil Nelson Mandela, en Rocafuerte (Ecuador).

Dicho Centro ha sido promovido por la Misión Diocesana de Jaén en Rocafuerte, atendida por los sacerdotes de Jaén Luis Fernando Criado Reca y Emilio Samaniego Guzmán. La población asistida por la Misión es aproximadamente de 30.000 habitantes, distribuida en más de cien asentamientos. Se sitúa en el noroeste de Ecuador en territorio fronterizo con Colombia, en la región de Esmeraldas.

La originalidad del proyecto, que se considera fundamental para la dinamización social de la juventud, ha sido determinante para la concesión de una subvención de 1.940 € por parte del Ayuntamiento de La Guardia de Jaén, con la que se pretende contribuir a la adquisición del material necesario para ofrecer a los jóvenes, que representan el 50% de la población asistida, equipos informáticos, una biblioteca, mobiliario, teclados eléctricos y equipos audiovisuales.

Esta contribución, junto a otras de naturaleza privada para la misma finalidad, hará posible la motivación de la juventud por las nuevas tecnologías y la promoción cultural e intelectual de la misma, bajo la tutela y la asistencia de estos dos jóvenes sacerdotes de nuestra provincia.

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domingo 30 de agosto de 2009

Lanzan la Campaña Bíblica Nacional 2009

Publicado por AICA

El Departamento de Pastoral Bíblica realizará durante setiembre, Mes de la Biblia, una campaña bíblica nacional, mediante afiches y subsidios, invitando a reflexionar algunos de los aspectos abordados en el Sínodo de Obispos realizado en Roma en octubre del año pasado.

La iniciativa llevará por lema “La Palabra habitó entre nosotros... para unirnos como pueblo”, y estará a cargo de ese organismo dependiente de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica, dedicado a apoyar las actividades bíblicas que se realizan en el país.

El subsidio que se ofrece para ser trabajado en las parroquias, instituciones educativas y comunidades católicas del país “intenta ayudar a la difusión de la Palabra de Dios y a fortalecer a los cristianos en el seguimiento de Jesús, del que son discípulos y misioneros”.

Esta herramienta de trabajo, que trae material para organizar al menos ocho encuentros siguiendo el esquema de la Lectio Divina, fue preparado por los miembros del Equipo, integrado por monseñor Ramón Dus, obispo de Reconquista; los presbíteros Fabián Alesso y Marcelo Carraza; las hermanas María Inés Corral, Zulema Rome y Elisa Zanin; María Luján Manzzotti, Rita Santanni y Ofelia Santoro, y Jorge Fazzari, Marcelo Murúa y Gerardo García Helder.

Informes: pastoralbiblica@fibertel.com.ar .+

AICA - Toda la información puede ser reproducida parcial o totalmente, citando la fuente

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Evangelio Misionero del Día: Lunes 31 de Agosto de 2009. XXII DOMINGO DEL T.O.


Por CAMINO MISIONERO
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 16-30

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
"El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha consagrado por la unción.
Él me envió a llevar la Buena Noticia él los pobres,
a anunciar la liberación a los cautivos
y la vista a los ciegos,
a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor".
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en Él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír».
Todos daban testimonio a favor de Él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»
Pero Él les respondió: «Sin duda ustedes me citarán el refrán: "Médico, sánate a ti mismo". Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafamaúm».
Después agregó: «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán, el sirio».
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.


Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

En Nazareth:
El programa misionero de Jesús
San Lucas 4, 16-30
“El Espíritu del Señor está sobre mí”


Comenzamos a partir de hoy la lectura casi continua del evangelio según san Lucas. El primer texto que abordamos es el del discurso programático en Nazareth.

Jesús realiza su primera predicación:
(1) En Nazareth. Es la ciudad “donde se había criado” (4,16). Jesús es una figura familiar para su auditorio: lo han visto crecer, se ha educado en sus bancas, es miembro de esa misma comunidad, a la que frecuentado todos los sábados. Lo que inicialmente parece ser una ventaja, resulta ser al final una barrera de separación entre Jesús y su gente más cercana.
(2) Dentro de la liturgia de la sinagoga. Era liturgia extensa que se componía de oraciones y lecturas. La parte central era la lectura de algunos pasajes de la Ley (primeros cinco libros de la Biblia) y luego uno de los profetas; después de la lectura venía un comentario edificante para la asamblea. Jesús hace y comenta la lectura del pasaje tomado de uno de los profetas.

¿Qué lee Jesús?

El texto leído por Jesús se encuentra en Isaías 61,1-2 y 58,6. En él se distinguen dos partes: (1) la autopresentación del evangelizador y (2) el contenido de su anuncio.

1. El evangelizador es el Mesías (=ungido) por el Señor (=Yahvé).

“El Espíritu del Señor sobre mí” (4,18ª)

La autoridad para realizar la misión viene de la unción con el Espíritu. El texto de Isaías originalmente piensa en la unción de un profeta (como en 1 Reyes 19,16); de hecho, según el pensamiento de los rabinos de la época de Jesús “un profeta habla en el Espíritu Santo”.

Jesús entonces es el Profeta (ver 7,16.39; 9,8.19 y sobre todo 24,19: “profeta poderoso en obras y palabras”). Pero Lucas piensa que Jesús ha venido no sólo como profeta sino como Hijo de Dios. En los momentos importantes Lucas va a recordar que el Mesías es el Hijo de Dios (ver cómo los dos títulos se colocan uno al lado del otro en 4,41). Juntando todos estos pequeños detalles Lucas nos sigue clarificando quién es Jesús.



2. El contenido del anuncio

Este se presenta en cuatro frases paralelas:
- Anunciar la buena noticia a los pobres
- Proclamar la liberación a los cautivos
y la recuperación de la vista a los ciegos
- Poner en libertad a los oprimidos
- Proclamar un año de gracia del Señor (4,18b-19)

¿Qué hay detrás de estas palabras?

(1) Se trata de cuatro maneras de expresar la misión de Jesús en términos de una acción liberadora para cualquiera que sea la carga y la opresión de las personas. El mensaje de Jesús es la liberación total de las personas, así como de la sociedad y del ambiente en que viven. Así nos enseña de manera concreta que en esta difícil historia Dios está al lado de todos los que sufren y responde a su esperanza.

(2) Se trata de un nuevo tiempo: el tiempo mesiánico es el tiempo del jubileo. El trasfondo es el año jubilar en el Antiguo Testamento (ver la institución del año sabático en Ex 23,12; Dt 15; Lv 25 y los antiguos decretos de amnistía pascual en Jr 34 y Ne 5) que tenía como ideal la restauración de las verdaderas relaciones dentro del pueblo: donde no hubiera opresor ni oprimido (por eso había que liberar los esclavos), ni latifundista ni desposeído (por eso se redistribuían las tierras), ni usurero ni deudor (por eso se perdonaban las deudas acumuladas).

¿Por qué todo esto? Porque Dios es el único Señor ningún hombre tiene el derecho de ejercer cualquier tipo de dominio sobre su hermano. La llegada de este año había sido en otras épocas la esperanza de los pobres y oprimidos. Aquél día en la sinagoga de Nazareth Jesús desempolvó el tema para anunciar así la venida del “Reino de Dios”:

(3) Se trata, al fin y al cabo, de la instauración de la soberanía de Dios (Reino de Dios; ver 4,43). La presencia inmediata de la acción salvífica de Dios que ha se ha venido anunciando desde el comienzo del Evangelio es la llegada del Reino de Dios y con esta cita profética Jesús ilustra que la instauración del reinado de Dios en la tierra tiene como consecuencia la liberación de la humanidad.

(4) Se trata de un anuncio (notar: anunciar... proclamar... anunciar) que revive la esperanza e invita a abrirse a la acción de Dios, pero apunta al hecho salvífico fundamental: “poner en libertad a los oprimidos”, que abarca todas las formas como se realiza la salvación en el Evangelio pero que tiene como punto alto el mayor don de Dios: el perdón de los pecados. En el Evangelio “libertar” y “perdonar” van juntos (ver “sanar”=“perdonar” en 5,24.31; liberar de una “deuda”=“perdonar” en 7,42.48).



3. La homilía de Jesús

Después que proclama el texto de Isaías, Jesús pronuncia su brevísima homilía: “Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy” (4,22). Es como si hubiera dicho: “Esto ya no es más una promesa profética, se ha cumplido con mi acción”.

La Buena noticia del Reino en boca de Jesús entonces es ésta:
- El anuncio de la buena noticia a los pobres...
¡Se ha cumplido hoy!
- La proclamación de la liberación a los cautivos
y la recuperación de la vista a los ciegos
¡Se ha cumplido hoy!
- La liberación de los oprimidos
¡Se ha cumplido hoy!


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Por qué Jesús se presenta como el “ungido por el Espíritu Santo”? ¿Qué le dice esto a la vida de un “cristiano” (que en principio significa también “ungido”?

2. ¿Qué predica Jesús en la Sinagoga? ¿Qué tenemos que predicar hoy?

3. ¿En qué consiste la evangelización? ¿Me siento llamado a evangelizar?

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Año Sacerdotal: Las confesiones de un obispo en Nigeria

Monseñor Emmanuel Adetoyese Badejo cuenta su vocación

OYO, domingo, 30 de agosto de 2009 (ZENIT.org).- Monseñor Emmanuel Adetoyese Badejo, obispo auxiliar de Oyo, en Nigeria, ordenado sacerdote en 1986 y obispo en 2007, ha compartido con los lectores de ZENIT su vocación sacerdotal. El prelado es autor de varios libros, documentales musicales y de vídeos.

* * *

Sé que muchos sacerdotes que conozco recordarían fácilmente una experiencia o acontecimiento por el que Dios les llamó al sacerdocio. Yo no pertenezco a esta élite. Lo digo con honestidad.

Al contrario que Moisés, Samuel y Pablo, cómo fui llamado fue una experiencia multidimensional pero simple que exige revelar información “clasificada” sobre mi familia. Sin embargo, creo que la ocasión del Año de los Sacerdotes y de los actuales desafíos de la Iglesia ante el relativismo exige un poco de desclasificación de nuestras experiencias religiosas para beneficio de otros.

Crecí en una familia de siete hijos, cuatro chicos y tres chicas. A la edad de 4 años, comprendí que mi familia era tridimensional. Para mis padres y mis dos hermanos mayores, la vida era el hogar, el trabajo y la Iglesia. Así de simple. Para el resto de nosotros era un poco distinto: hogar, escuela e Iglesia. Esta existencia trípode caracterizó mi juventud, de manera que sólo importaban los acontecimientos conectados con estas tres esferas de la vida. Además, descubrí que de las tres, la Iglesia tenía la presencia más dominante puesto que asomaba mucho en los otros dos aspectos. La escuela y la familia sólo eran otras iglesias. Crecí sintiendo que los misioneros sacerdotes y monjas me parecían formar parte de nuestro hogar cuando iban y venían, día y noche, a voluntad. Ellos parecían ser los únicos fuera de nosotros, los siete hijos, para los que no había ningún secreto en nuestro hogar de una sola estancia. Siempre ayudaron a mi familia en tiempos de necesidad, y fueron muchas veces. Su presencia me habló de que la Iglesia una compañera de la vida. Cuando los misioneros nos dejaron, los sacerdotes y religiosas indígenas simplemente ocuparon su lugar.

La oración fue otra de las guías para el descubrimiento de mi vocación. Mis padres hacían que la oración de la mañana, la oración antes de las comidas y antes de ir a dormir fueran imperativas en la familia. Y también había una lectura regular de la Biblia. En ocasiones, especialmente por las tardes cuando el aburrimiento podía causar alguna grieta moral en la familia, mi padre nos implicaba en una oración de alabanza en su forma prístina. Todos nosotros, excepto mi madre, éramos miembros del coro de la iglesia. La única razón por la que mi madre no participaba en el coro era para no dar la impresión de que el coro de la iglesia estaba personalizado en su familia.

De todas formas, por las tardes, mi padre abriría el libro de himnos familiar y nos haría cantar. Al cantar se unía el golpear de bancos, sillas y otros objetos que podíamos encontrar en nuestro humilde hogar para marcar el ritmo y el paso. Esta actividad atraía a una pequeña audiencia incluso de familias musulmanas que vivían cerca que se unían en el canto o simplemente escuchaban un rato. Mi padre aprovechaba al máximo las ventajas de este bien entrenado coro. No sólo nos hacía cantar de forma regular en el coro de la iglesia y en casa, nos llevaba a rezar y a cantar para los enfermos y los postrados en las camas del hospital local, especialmente en Navidad y en Pascua. Aunque todos los miembros de mi familia eran buenos cantores, mi hermana menor y yo casi siempre cantábamos los principales solos. Esto me dio un sentido especial de misión y vocación.

En la escuela, la vida no era muy diferente. La oración era un parte central de la vida escolar como si estuviéramos en la iglesia. En la escuela primaria fui elegido para los papeles principales cuando había que cantar o actuar, fuera en la escuela o para el público. Puesto que la mayor parte de estas actividades trataban temas religiosos o morales, simplemente me vi a mí mismo llamado a llevar a cabo una especial función religiosa. Una experiencia que guardé conmigo de mis días de la escuela primaria fue la presentación de una obra en particular ante la parroquia. En aquella obra, yo actuaba de heredero de una familia pagana que se había convertido al catolicismo y quería ser sacerdote. Muchos meses después de la representación de la obra, la mayoría de la gente me llamaba Reverendo Padre. Esto me causó una profunda impresión a aquella tierna edad. El reconocimiento va a mis profesores que me animaron a actuar en aquel papel y a disfrutar de la admiración santurrona que siguió. En el seminario menor, la cosa siguió. Pasé de ser el líder más joven de las bandas musicales de la escuela a ser el maestro del coro del seminario, hechos que reforzaron mi convicción de que tenía una misión especial.

Mi padre nos hablaba constantemente del deseo de su padre – que fue un rey (mi abuelo era el líder real, el rey, de mi pueblo en Ijebu Ode, Nigeria, de donde soy) – de tener un sacerdote en su familia y mi madre nos aseguraba constantemente la presencia de nuestros fuertes ángeles guardianes. Aunque nunca señalaron a ninguno de nosotros para la carrera sacerdotal, nos enviaban a Misa cada día y nos dejaban claro de que para ellos serían un gozo tener un sacerdote en la familia. Aunque éramos pobres, demostraban ampliamente su sinceridad con actos de cortesía y generosidad hacia sacerdotes y religiosas que venían a nuestra localidad y a nuestro hogar. No es necesario decir que esto me ayudó a pensar que sería bueno convertirme en sacerdote.

Mis hermanos, por su parte, se habían acostumbrado tanto a la presencia de sacerdotes y religiosas en la familia que hicieron muy fácil mi decisión de ser sacerdote. Como monaguillo, volvía a casa e imitaba al sacerdote diciendo misa. Me miraban más con reverencia que con burla, dándome la impresión de que estaba haciendo algo valioso. Sólo mi hermano más mayor expresó cierta reserva sobre que me hiciera sacerdote. Ya era, en el momento en que entré en el seminario mayor, un artista reconocido. Pensaba que a mi otro hermano, con el que había entrado en el seminario mayor, le iría más el sacerdocio mientras que yo podría unirme a su propio negocio. No obstante, él nos apoyó a ambos una vez que nos marchamos al seminario. Mi hermano seminarista dejó después el seminario y se casó.

Estos aspectos de mi vida me dejaron bastante claro que Dios tenía una misión especial para mí. Al crecer, no tenía dudas de que sí alguna vez iba a hacer algo importante en la vida sería dentro del contexto de esta Iglesia cariñosa y ubicua.

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El diálogo interreligioso uno de los ejes centrales del sínodo para África

Publicado por Ecclesia Digital

Durante su visita a África, el pasado mes de marzo, Benedicto XVI entregó a los obispos de África el “Instrumento de Trabajo”, para el Segundo Sínodo para África que servirá de base para la asamblea sinodal próxima a celebrarse en el mes de octubre.

En junio de 2007, Benedicto XVI convocó la Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los obispos, ahora próxima a celebrarse del 4 al 25 de octubre bajo el tema “La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz – Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5, 13. 14).

De cara a tan importante fecha para la Iglesia en África, el obispo nigeriano Mons. Chidi Denis Isizoh, oficial del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, en declaraciones recogidas por el Osservatore Romano, recordó que África puede transformarse en un laboratorio de solidaridad entre pueblos y de convivencia entra religiones diversas.

Si por una parte la herencia del colonialismo una vez más crea conflictos y discordias, por el otro lado se asiste a un cotidiano ejercicio de diálogo y de búsqueda de la pacífica convivencia. Importante recordar que en el inmenso continente existe la coexistencia forzada de pueblos y etnias diversas dentro de una nación, cuyos confines fueron impuestos arbitrariamente.

En esta situación que no resulta fácil, la Iglesia tiene una tarea fundamental, y es la de ser la voz de quien no tiene voz. En efecto entre los desafíos mencionados por Mons. Chidi Denis Isizoh, se encuentra el del diálogo y subraya que la Instrumentum laboris del próximo Sínodo continental dedica al tema del diálogo con las religiones dos párrafos enteros, pero también recuerda que en general las relaciones son buenas pero se hace necesario distinguir, porque en la mayor parte de los lugares, católicos, cristianos en general y seguidores de otras religiones, en particular de la tradición religiosa africana y musulmanes viven y trabajan juntos. Por lo que la religión no es algo que permanece separado de las demás actividades de la existencia sino que se constituye en un estilo de vida.

Recordamos que en 1995, tuvo lugar la primera asamblea de obispos para África y después de su celebración, el Siervo de Dios Juan Pablo II escribía su exhortación apostólica “Ecclesia in Africa”. Se trata de un continente en donde a diferencia de otros el número de católicos se ha multiplicado considerablemente.

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sábado 29 de agosto de 2009

Palabra de Misión: Vigésimosegundo Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B - Mc. 7, 1-8.14-15.21-23


Este domingo, en el que retomamos la lectura del Evangelio según Marcos, abandonada desde el Décimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario, nos hallamos ya en el capítulo 7, y nos hallamos, también, con una perícopa recortada por la liturgia, que elimina los versículos 9 al 13 y 16 al 20. Por estas dos cuestiones, es probable que nos perdamos gran parte del significado de la lectura si no reconocemos la trama narrativa marquiana y si no dedicamos tiempo fuera de lo litúrgico para abocarnos a la leída completa de la perícopa.

El único paralelo a esta escena de Marcos se halla en Mt. 15, 1-20, con algunas diferencias. Hay una estructura desemejante en cada relato, reubicando las mismas partes, y con mayor brevedad en Mateo. La explicación del lavado ritual (cf. Mc. 7, 3-4) es obviada por Mateo, de acuerdo a lo que se suponen que son los destinatarios de cada obra; mientras Marcos escribiría para una comunidad formada por un gran número de paganos, desconocedores de las tradiciones israelitas, Mateo lo haría para una comunidad de judeo-cristianos, a quienes sería innecesario explicar determinadas prácticas que ya conocen. La lista de las malas intenciones (cf. Mc. 7, 21-22) también es diferente; la de Marcos es más extensa, con doce elementos, mientras Mateo enumera seis; y el orden de prioridad pone en primer lugar las fornicaciones y los robos en Marcos y los homicidios y adulterios en Mateo. Éste último ha conservado unas palabras de los discípulos a Jesús que ayudan muchísimo a entender qué situación está atravesando el Maestro: “¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así?” (Mt. 15, 12b). Así se denota el grado de preocupación de sus seguidores que ya vislumbran lo peligroso del accionar (palabras y obras) de Jesús, lo cual despierta sospechas, intrigas y, quizás, maquinaciones de muerte. El largo paréntesis litúrgico en el que estuvimos leyendo el relato joánico nos ha dejado ese sabor amargo de un Jesús que se está quedando solo por su mensaje, abandonado de gran parte de sus discípulos, repudiado por los de su patria, expulsado de la sinagoga. Estamos en el momento que los estudiosos llaman la crisis de Galilea, cuando comienza a disminuir la luminosidad y alegría de los relatos, disminuyendo también los milagros y la masiva aceptación de la gente. Esta crisis será el empalme histórico, teológico y literario para que, según el esquema de los sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas), Jesús realice una pequeña incursión fuera de Galilea y, finalmente, emprenda el camino de subida a Jerusalén, la ciudad que lo verá morir crucificado. No en vano nos hallamos, al principio de la perícopa, con la mención a los escribas bajados de Jerusalén, quienes ya habían aparecido en Mc. 3, 22, cuando sucede la discusión sobre la autoridad de Jesús y la acusación de su posesión demoníaca que le permitiría expulsar espíritus malignos. Los escribas eran un grupo que se había gestado u originado como tal tras el regreso del destierro en Babilonia, dedicándose en exclusiva al estudio de la Ley y a su interpretación. Eran llamados, también, doctores de la Ley, y gran parte de ellos eran fariseos. Ante la progresiva desaparición de la figura del profeta en Israel, los escribas fueron tomando el control de la Palabra divina, y para la época de Jesús gozaban de un alto prestigio como intérpretes oficiales del querer de Dios. Por lo tanto, sus sentencias y cánones eran sentencias y cánones sagrados. Más aún en este caso, que como recalca Marcos, han bajado de Jerusalén, de la capital, del centro religioso, del templo. Evidentemente, su traslado a Galilea está motivado por la repercusión de un tal Jesús que enseña algo distinto a lo que ellos enseñan, y que inclusive se adjudica tener la Palabra real de Dios. La discusión de Mc. 3, 22 está en esa línea; los escribas dicen que Jesús exorciza porque está poseído, y por lo tanto, un poseído no puede tener la Palabra divina; se trata de desautorizarlo y conservar un lugar de prestigio. En el texto de hoy, la discusión es sobre tradiciones e interpretaciones de la Ley, nuevamente con el intento de desautorizar a Jesús (lo acusan de no respetar lo heredado de los antepasados) y retener el prestigio, privatizando así la Palabra. La presencia de los escribas bajados de Jerusalén es inquietante, siembra temor, porque han recorrido ingentes kilómetros como acusadores-espías, como autoridad central que viene a apagar la rebeldía.

No es menos interesante que los dos episodios que cuentan con su presencia sean momentos de ruptura sacral. En primer lugar, como hemos mencionado en anteriores ocasiones, la discusión sobre la posesión demoníaca de Jesús se enmarca en la superación que hace el Maestro de las relaciones sanguíneas (cf. Mc. 3, 20-21.31-35) a favor de la familia universal vinculada por el cumplimiento de la voluntad de Dios. Y en este pasaje, la discusión sobre las tradiciones de los antepasados focalizadas en las leyes de pureza/impureza, es la superación de la familia racial judaica, a favor nuevamente de una familia universal vinculada más allá de la pureza ritual, mediante la pureza de los corazones, por lo tanto, una familia donde todos tienen acceso desde su intencionalidad, y donde no hay privilegios de raza o circuncisión. Los escribas, representantes de la Ley y de su interpretación en clave separatista, son los testigos privilegiados de las rupturas que establece Jesús con el orden establecido en su sociedad, derrumbando las ideas sectarias.

La posición queda establecida por una cita de Is. 29, 13: “Dice el Señor: Por cuanto ese pueblo se me ha allegado con su boca, y me ha honrado con sus labios, mientras que su corazón está lejos de mí, y el temor que me tiene son preceptos enseñados por hombres”, y por una contraposición antagónica entre labios y corazón, entre fuera y dentro. Mientras la boca dice algo, es posible que el corazón diga otra cosa; mientras se esmeran algunos en cumplir a la perfección las normas de lavado de manos, es posible que sean impuros, aún cumpliendo las prescripciones al pie de la letra. Poner demasiado hincapié en lo externo, depositando allí la obligación de lo interno, o canalizando como salvoconducto las exigencias más íntimas, es comerciar con Dios y es mentirse. No se determina la salvación ni la comunión con el Padre a través de prácticas precisas, sino mediante una conversión real que vuelva absoluto a Dios frente a las demás relatividades. La comunión es obra del amor, y no producto de una actuación ritual, porque entonces estaríamos en el terreno de lo mágico, de la manipulación del Otro. La oposición labios/corazón utilizada aquí es propia del lenguaje semítico, y por lo tanto, es una figura que remite a otro significado. La palabra labio se usaba para mencionar el borde o lo limítrofe de las cosas, metafóricamente, como por ejemplo, para hablar de las costas del mar (cf. Gen. 22, 17: las arenas del labio del mar) o de la boca de una vasija (cf. 1Rey. 7, 23: medía treinta codos de labio). Por lo tanto, el labio es figura de lo periférico, de lo que está alejado del centro, de lo que no es lo principal. El corazón, en cambio, es la figura del hombre interno, pues la palabra se utilizaba, metafóricamente, para hablar del centro de las cosas, como por ejemplo, el fondo del mar (cf. Ex. 15, 8: el corazón del mar) o la intimidad de los cielos (cf. Deut. 4, 11: el corazón de los cielos). El hombre interno es, en definitiva, el hombre real, sin apariencias, sin caretas, sin hipocresías, sin actuaciones. Es el hombre en su estado natural, con todo lo que le es propio, sin simulaciones. Los labios, por otro lado, son periféricos y hacen referencia al hombre aparente, el hipócrita, el que actúa. La comunión con Dios no puede establecerse sólo con los labios, sino que debe ser comunión del corazón, comunión en intimidad, comunión real. Los labios, a veces, actúan para los demás, para la sociedad, para el orden establecido; del corazón salen las intenciones verdaderas, buenas o malas, pero verdaderas. El lavado ritual es obra periférica, labial, que incumbe a las manos y hasta los codos, pero que puede estar presente en un ser humano de corazón frío, impuro, sucio. Aquel que tiene un corazón limpio es capaz de relativizar las normas externas, porque su prioridad es el amor, su prioridad es ser real y no aparentar.

Comentamos al principio que la discontinuidad de las lecturas litúrgicas puede complicarnos la interpretación del pasaje, debido a los faltantes. A continuación presentamos un breve repaso de elementos que pueden contribuir a situar la perícopa en su contexto literario:

- La sección del pan: el Evangelio según Marcos tiene una sección que algunos biblistas llaman del pan, porque este elemento comestible se vuelve repetitivo marcando su presencia en mayor o menor medida, desde Mc. 6, 34 hasta Mc. 8, 21. Casualmente, este segmento relata la ruptura final de Jesús con el sistema sinagogal y su apertura hacia los paganos. A continuación de esta sección, comienza la sección del camino (Mc. 8, 22 – 10, 52). En el relato de hoy, lo que muchas versiones no explicitan en su traducción es que los discípulos, con las manos impuras, estaban comiendo pan (cf. Mc. 7, 2), y así, el texto de hoy es parte integrante del segmento que mencionamos. Podemos enumerar, como menciones específicas al pan, las siguientes: Mc. 6, 34-44 (primera multiplicación); Mc. 6, 52 (tras ver a Jesús caminar sobre las aguas, las mentes de los discípulos están embotadas, pero no por la manifestación de su Maestro, sino porque no entienden lo de la multiplicación de los panes); Mc. 7, 2 (los discípulos comen pan con manos impuras); Mc. 7, 24-30 (Jesús se encuentra con la mujer sirofenicia y discuten sobre el pan/salvación de los hijos/israelitas y la participación de los perritos/paganos de ese pan/salvación), Mc. 8, 1-9 (segunda multiplicación); Mc. 8, 13-21 (los discípulos se olvidan de tomar pan para la travesía, Jesús les advierte sobre la levadura de fariseos y Herodes, ellos siguen interpretando en el plano físico la ausencia de panes, Jesús les recapitula ambas multiplicaciones y les recrimina continuar con la mente embotada). Como ya dejamos vislumbrar, la clave de la sección referida al pan parece estar en la apertura de la salvación a los gentiles. Los extremos de la sección tienen un esquema similar (multiplicación seguida de discípulos con mentes embotadas), y al centro encontramos la ruptura con el legalismo judío de los escribas y el encuentro con la mujer sirofenicia, sin mencionar que la primera multiplicación parece dedicada a los judíos (sucede en territorio palestino, aparece el número doce que representa a Israel, se habla de canastos en un término muy hebreo) y la segunda a los paganos (sucede en territorio gentil, aparece el número siete que representa a todos los pueblos de la tierra, se habla de espuertas que es un término muy griego).

- El caminar sobre las aguas: sobre el final del capítulo 6 ha ocurrido el segundo episodio importante del Evangelio en la barca, que es cuando Jesús camina sobre las aguas (cf. Mc. 6, 47-53), tras la primera multiplicación de los panes. Se trata de un relato pascual, con referencias claras a la resurrección y al tiempo de la Iglesia, como lo son la barca (figura de la Iglesia), el mar encrespado (figura de las fuerzas del mal que amenazan a la Iglesia), Jesús en las alturas del monte (figura de su glorificación junto al Padre), luego caminando sobre las aguas (derrotando el mal), la primera reacción de los discípulos que es verlo como un fantasma (o sea, con un cuerpo transformado) y la frase no teman (propia de las apariciones).

- El korbán: los versículos 9 al 13 del capítulo 7 no son leídos hoy en la propuesta litúrgica. Allí, Jesús utiliza un ejemplo práctico y cotidiano de la vida de su patria para poner en evidencia que las prácticas tradicionales, inventadas por los hombres, habían relegado a un segundo plano lo verdaderamente central que era Dios y su Palabra. Jesús acusa a los fariseos y escribas de declarar sus pertenencias materiales como korbán, palabra hebrea que significa ofrenda, o más bien, dedicado a Dios, para evadir así la clara responsabilidad de ayudar con esos bienes a los padres. A esta argucia legalista se había llegado por una interpretación malintencionada de Num. 30, 3: “Si un hombre hace un voto a Yahvé, o se compromete a algo con juramento, no violará su palabra”. Algunas escuelas rabínicas postulaban que declarar korbán cualquier cosa era comprometerse con juramento, y por lo tanto, aún la necesidad de los padres no era motivo suficiente para ir en contra de esa palabra-juramento, ya que los bienes estaban dedicados a Yahvé. Esta clara contradicción al principio de honrar padre y madre (cf. Ex. 20, 12) sirve de base argumental a Jesús para demostrar que el legalismo tradicional y ritual asfixiaba la Palabra de amor del Padre.

- La consulta en privado: los versículos 16 al 20 del capítulo 7 tampoco son leídos hoy en la propuesta litúrgica. Contienen un episodio importante y un cambio de escenario en el relato. Todo lo que sucede hasta el versículo 16 ocurre en la discusión con fariseos y escribas bajados de Jerusalén; en el versículo 17, Jesús entró en casa, y sus discípulos le preguntan qué quiso decir con aquello de que lo de afuera no contamina, sino lo interno. Entonces, quizás con poca elegancia, el Maestro les recuerda que lo de afuera entra al hombre y va a parar al excusado, se convierte en estiércol. Para el autor, esta sentencia declara puros todos los alimentos, pero resulta evidente que es una conclusión de Marcos, y si queremos profundizar, es una conclusión de la Iglesia abierta a los gentiles, ya que una de las grandes preocupaciones en el inicio de las comunidades eclesiales fue cómo compartir la mesa entre judíos y paganos sin que existieran separaciones impropias de la comunión. Los alimentos declarados impuros por el judaísmo eran la gran barrera. Marcos, quizás para justificar la eclesiología de su comunidad, aduce que esta sentencia de Jesús es la declaración de pureza de todos los alimentos y, por lo tanto, no hay motivo de discusión en torno a la mesa. Esta enseñanza es claramente eclesiológica porque sucede dentro de la casa, en el espacio íntimo donde el Maestro ha ido construyendo su alternativa a la sinagoga, y donde los discípulos reciben la enseñanza preferencial, las explicaciones en privado (cf. Mc. 9, 28.33 y Mc. 10, 10); son explicaciones que hacen Iglesia.

Si la misión no ayuda al humano real no está trayendo nada nuevo a la vida de nadie. Llegar al corazón del otro con el Evangelio es liberarlo de las apariencias y caretas, de las actuaciones e hipocresías. El humano aparente vive entre ritualismos y obras teatrales, montando una escena para cada momento social. Hay aquí un peligro vinculado a lo sacramental, que consiste en lo que ya es moneda corriente: bautismos, comuniones y matrimonios vividos bajo una interpretación meramente social, como etapas que, al superarlas, producen aceptación del resto y no tienen mayor utilidad que una fiesta, una comida, una reunión de parientes, y punto. Hay otro peligro que es cotidiano, que es el personaje creado por cada mujer u hombre para sobrevivir en la sociedad, para no tener que dar explicaciones, para eludir, para huir, para conservar un trabajo, para no quebrar una relación, para evitar sobresaltos. Es el peligro mayor de ir sepultando el humano real, ir sepultando el corazón bajo pesadas capas de apariencia, de tradiciones, de ritualismos, de cosas que no somos. Es sepultar la esencia de Dios en nosotros, su imagen y semejanza que se ha plasmado como originalidad para cada uno. Es, por lo tanto, rechazar a Dios, que no quiere humanos aparentes, sino personas desarrollándose desde la Creación, personas de corazón auténtico, no de labio mentiroso, personas focalizadas en lo central, sin divagar en lo periférico.

La misión ha de ser un trabajo arduo y forzado para derribar las apariencias y para relativizar las tradiciones. El misionero, entonces, se enfrenta a dos obstáculos. En primer lugar, a las capas que han ido sepultando a su interlocutor, capas viejas y nuevas, mayores o menores, agobiantes o fáciles de cargar. Capas que exigen respeto del otro, pero valentía para ponerlas al descubierto. Pueden ser capas sociales (la riqueza o la pobreza, los estereotipos, el ansia de éxito, la sed de venganza), pueden ser familiares (las malas decisiones de los antepasados, los modelos paternos impuestos, la religión heredada), pueden ser personales (el egocentrismo, la falta de madurez, el desprecio de uno mismo, la ausencia de perspectivas). El segundo obstáculo lo encuentra el misionero hacia él mismo, y en proyección, hacia su comunidad eclesial. Él también tiene capas, tiene formas y maneras que no son otra cosa que simulación para ocultar el humano real, para no dejar al descubierto su corazón, para negociar con Dios o con la sociedad circundante. Son capas que se interponen en el diálogo, que tabican el corazón, que amurallan lo verdadero. Son capas que, en gran número de casos, conducen a una sobrevaloración de lo periférico frente a lo central, y a la larga, a tener labios que pronuncian palabras hermosas desde corazones estériles. Es la disociación de lo interno con lo externo que agota en medio de la misión, que nos hace ver la evangelización como un sinsentido, que nos cuestiona el ser y el hacer, que nos endulza con falsos honores y títulos, que finalmente nos ahoga.

La misión debe ser de humanos reales para humanos reales. La evangelización entre capas, con apariencias, con ritualismos y formas sociales no libera a nadie, no es novedad, no es Buena Noticia. Son necesarios misioneros de labios y corazón que lleguen a los labios y al corazón de los demás. Por supuesto, esta actitud no puede desembocar en otra cosa que en una crisis. Para Jesús fue la crisis de Galilea, fue un cambio de paradigma, una nueva situación hacia la que se dejó guiar por el Espíritu. Entrará en contacto con los paganos, romperá más que definitivamente con la sinagoga, iniciará luego su camino hacia Jerusalén. Para nosotros, la crisis podría ser un nuevo paradigma. Entrar en contacto con nuevos grupos, romper con concepciones tradicionalistas y herméticas, iniciar el camino hacia la marginalidad que surge de estar con los marginados. Dejar el humano aparente representa una crisis, pero sin ella, estamos sepultados, y Dios nos quiere vivos.

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Evangelio Misionero del Día: Domingo 30 de Agosto de 2009. XXII DOMINGO DEL T.O.


Por CAMINO MISIONERO
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.
Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras, de la vajilla de bronce y de las camas.
Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?»
Él les respondió: «¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice:
"Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinde culto:
las doctrinas que enseñan
no son sino preceptos humanos".
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres».
Y Jesús, llamando a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre».


Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

El Evangelio de Marcos que nos trae este Domingo es curioso y nos enseña una lección, aparentemente muy elemental, pero que tiene una gran repercusión en la vida del hombre, especialmente del cristiano.
Todo empieza por culpa de los mismos escribas y fariseos, maestros de Israel, cuyas prácticas religiosas —rigurosas, infantiles y hasta ridículas muchas veces, inventadas por ellos mismos, o recibidas de sus antepasados—, chocaban con la libertad sana, ecuánime y seria que Jesús practica con sus discípulos.
Jesús se atiene a la Ley, mientras que los escribas y fariseos desvirtúan la Ley con sus añadiduras tan divertidas... Así es que empiezan por preguntarle a Jesús:
- ¿Por qué tus discípulos —no se atreven a decirle: empezando por ti mismo—, comen con manos impuras, sin lavarse antes, rompiendo así la tradición de los mayores?...
Podía seguir inmediatamente la respuesta de Jesús, pero Marcos —que escribe en Roma para los romanos que no conocen las costumbres de Israel— añade un inciso muy simpático:
- Y es que los fariseos, y todos los judíos amaestrados por ellos, no comen si no se lavan antes las manos hasta el codo, y al volver del mercado no comen sin haber asperjado los alimentos. Y conservan otras muchas costumbres, como lavar bien los vasos, jarras, vajilla de cobre y hasta los divanes.
Como ven que Jesús no hace cuestión de semejantes tonterías, le preguntan casi furiosos: ¿Por qué tus discípulos comen con manos inmundas, sin hacer caso a la tradición de los mayores?
La respuesta de Jesús va a ser contundente:
- ¿Y por qué vosotros, por conservar esas costumbres de los hombres, os pasáis por alto el mandato de Dios? Sois un pueblo que honra a Dios con los labios, pero el corazón lo tenéis bien lejos de Dios.
Jesús no quiere seguir discutiendo. Prefiere volverse a los discípulos y a la gente sencilla que le rodea, para enseñarles una verdad muy profunda.
* ¡A ver si me entienden todos bien! Nada de lo que entra en el hombre le hace malo, sino lo que sale del hombre lo mancha y lo hace malo de verdad. Porque, a ver: ¿dónde nacen las cosas malas que hacen los hombres? ¿Nacen dentro o fuera del hombre? ¿No es verdad que dentro? Porque de dentro, o sea, del corazón, salen todas las malas intenciones: las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, la deshonestidad, la envidia, la calumnia, la soberbia, la necedad.. ¿De dónde salen todas estas acciones sino del corazón? ¡Todos estos actos malos, y no el comer sin lavarse las manos, son los que manchan de verdad a una persona!...*
Jesús no había estudiado sicología en ninguna universidad. Pero Jesús, el formador del corazón del hombre, y observador muy atento siempre, ganaba en sicología a cualquier profesor...
Efectivamente, podemos considerar cada acción que hacemos como una criatura que nace de nosotros. La hemos concebido en nuestra mente y gestado en nuestro corazón. Le hemos dado mil vueltas antes de llevarla a la práctica. Hemos mirado los pros y los contras. Realizarla es como darla a luz. Nace la criatura que nosotros hemos concebido voluntariamente.
Entonces, viene la sinceridad con nosotros mismos.
¿Una acción buena? Ha tenido una gestación muy feliz dentro de nuestra cabeza y de nuestro corazón.
¿Una acción mala? Ha tenido, por desgracia también, una gestación muy larga.
Por lo mismo, somos responsables de nuestras acciones, de las buenas como de las malas...
Es muy cierto aquel principio de sicología y de moral aplicado a los males que una persona comete y de los cuales nos habla Jesús en este Evangelio tan grave:
- Nadie se hace malo de repente. Empiezan por cosas muy pequeñas los que caen después en cosas muy graves.
¿Por dónde se comienza? Normalmente por un simple pensamiento: ¡Qué bien que me iría hacer eso!... Ya está dentro el germen del mal. Después, viene el darle vueltas y más vueltas ilusionándose por ello: ¿Y si lo hiciera?... Finalmente, viene el realizarlo: ¿Y por qué no lo voy a hacer? ¡Pues, claro que sí!... Este es el proceso de lo que hoy nos habla Jesús. ¡De dentro, de dentro ha venido todo el mal!....
Ahora, si se quiere prevenir el mal, o rectificar después de cometido el disparate, vendrá el volverse a la razón y, sobre todo, al mismo Jesucristo.
A la razón, primeramente. Y aquí nos vienen los versos del poeta latino: ¡Al tanto con los principios! La medicina llega tarde cuando los males han crecido mucho por haber retrasado el remedio... Al pensamiento y al deseo hay que atajarles el camino cuanto antes.
Si miramos ahora a Jesucristo, nos viene sin más a la memoria lo de San Pablo: Tened los mismos sentimientos que el Señor Jesús. Hoy, nos gustaría traducir este consejo del Apóstol con una expresión como ésta: ¡Un trasplante de corazón!... Que desaparezca de nuestro pecho ese corazón nuestro tan lleno de imperfecciones, para meter dentro, en sustitución, el mismo Corazón de Cristo. Éste sí que sería remedio de remedios...
¡Señor Jesucristo!
El mundo padece de muchos males, es cierto, y Tú diagnosticas acertadamente su origen más profundo. ¿Por qué no nos cambias el corazón? ¿Por qué los tuyos —nosotros, al menos— no pensamos como Tú, no amamos como Tú, no somos puros y bondadosos y generosos como Tú, para no producir más que obras buenas que sanearían el mundo?... Jesucristo, cirujano divino, ¡cámbianos el corazón!

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Homilías y Reflexiones: XXII Domingo del T.O. (Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23) - Ciclo B

Publicado por Iglesia que Camina

Los Santos comienzan la vida como todos y sufren las consecuencias de la vida como todos. En un principio, la familia de Rosa era acomodada y rica, luego cayó y la realidad se hizo más difícil, entonces Rosa debió trabajar en casa para la subsistencia de la familia. Por eso siempre sintió un especial afecto a los indios, a los pobres y a los enfermos. Cuando uno ha experimentado en propia carne de realidad de la vida, se hace más sensible a las debilidades de los demás. No es fácil entender al enfermo cuando uno siempre ha gozado de buena salud. No es fácil entender una casa sin pan, cuando a uno le ha sobrado el pan. Por eso mismo, a veces los caminos de la vida están marcados no solo por la gracia de Dios sino también por los acontecimientos de la propia experiencia. La Carta a los Hebreos nos dice que Jesús es capaz de comprender nuestros sufrimientos porque Él pasó por ellos.

Si bien sentía un profundo atractivo por la vida religiosa consagrada, Dios llamó a Rosa a vivir su vida de fidelidad bautismal en su propia casa. No siempre nuestros deseos son los deseos de Dios, ni nuestros planes son sus planes. Lo cual nos dice a las claras que la santidad no es cuestión del lugar donde estamos ni de las cosas que hacemos, sino de la actitud del corazón y de la fidelidad a la gracia.

El Concilio Vaticano II cambió aquello de “estados perfección”, como si el vivir en determinado estado de vida fuese ya una garantía de santidad. Por eso nos habla de que en el Pueblo de Dios hay Ministerios y “condiciones de vida”. Además, como condiciones de vida pone desde el trabajo, la salud, la ancianidad, la enfermedad, la juventud o la ancianidad.

Ser Santo no es “dónde estoy” sino “qué hago y cómo vivo”. Además, ser Santo es vivir enamorado de Dios, pero amando profundamente a los demás. Rosa de Lima sentía una profunda preocupación por los indios, los necesitados y los enfermos. Es que Dios no hace competencia a los hombres, como los hombres no tienen por qué hacer competencia a los hombres. Al contrario, cuanto más vivimos configurados con Jesús, tanto más nos sentimos llamados a configurarnos con los hermanos y sus condiciones de vida.

Rosa vivió una profunda vida de oración la cual no fue obstáculo para que también viviese una intensa preocupación por los demás. Pasarse largas horas en contemplación de Dios no es una dificultad para dedicar nuestro tiempo a los hermanos que nos necesitan.

Este es uno de los rasgos que personalmente más me gustan de Santa Rosa. Una Santa que no vivió escondida en el Convento, sino que participó en la vida y los problemas de la familia. Para mí, fue una Santa seglar. Santa en el mundo. La primera evangelización estuvo marcada por la santidad religiosa, episcopal, pero también por la santidad laical. Religiosos santos. Obispos Santos. Seglares Santos.




“LOS SEGLARES, CORAZÓN DE LA IGLESIA”

El Documento Aparecida define a los laicos como “los cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el Pueblo de Dios y participan de las funciones de Cristo: sacerdote, profeta y rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo”. (n.209) Y cita a continuación el Documento de Pueblo donde se dice de ellos: “Son hombres de la Iglesia en el corazón del mundo, y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia.” (DP 786)

Por eso, los seglares están llamados a participar en la misión de la Iglesia y en la realización y humanización del mundo. Hablando de su participación en la misión de la Iglesia, los Obispos nos dicen: “Los laicos también están llamados a participar en la acción pastoral de la Iglesia, primero con el testimonio de su vida y, en segundo lugar, con acciones en el campo de la evangelización, la vida litúrgica y otras formas de apostolado, según las necesidades locales bajo la guía de sus pastores. Ellos (los pastores) estarán dispuestos a abrirles espacios de participación y a confiarles ministerios y responsabilidades en una Iglesia donde todos vivan de manera responsable su compromiso cristiano.” (A.211)

Hay en todo ello un cambio de mentalidad y también unas nuevas responsabilidades. Si los pastores (Sacerdotes y Obispos) antes lo hacían todo y se creían indispensables, hoy tienen que cambiar de actitud y tienen que incorporar a los seglares en la pastoral de la Iglesia. “Abrirles espacios de participación.” Es decir, crear nuevos espacios donde los seglares puedan tener una participación directa y responsable en la pastoral. Además, “confiarles ministerios y responsabilidades”.

Algo que para muchos no les será nada fácil porque romperá con eso de que “siempre ha sido así”. Es preciso crear nuevos ministerios para los laicos y fiarnos de ellos confiándoles responsabilidades. Nosotros nos somos los únicos responsables de la Iglesia y del Evangelio. Toda la Iglesia es responsable.





PREPARACIÓN DE LOS SEGLARES

Tanto la actuación en el mundo como en la Iglesia, requiere de una preparación. No se trata de improvisar. Uno de los grandes problemas con los que podemos contar es “creer que ya lo sabemos todo y que no necesitamos nos enseñen”. Sobre todo, el gran obstáculo suele ser la “falta de interés”. Una falta de interés porque aún no hemos tomado conciencia de nuestras responsabilidades.

El Documento Aparecida es claro: “Para cumplir su misión con responsabilidad personal, los laicos necesitan una sólida formación doctrinal, pastoral, espiritual y un adecuado acompañamiento para dar testimonio de Cristo y de los valores del reino en el ámbito de la vida social, económica, política y cultural.” (n.212)

Muchos no se deciden porque “no saben qué decir ni qué hacer”. Otros creen saberlo todo. Por eso cuando se organizan charlas, cursos de preparación, de ordinario apenas asiste nadie. Y los que asisten son los que están metidos siempre en todo.

Comprendo que no resulte fácil, pues hasta la actualidad les hemos mantenido totalmente al margen de las responsabilidades cristianas en el mundo y en la Iglesia. Ahora, de golpe, queremos y esperamos de ellos un cambio de mentalidad y de actitud. Cosa que siempre es fácil. Creemos que necesitamos tiempo de mentalización, tiempo para crear conciencia, tiempo para que aprendan a asumir sus responsabilidades bautismales.

En la Iglesia no todo se hace con asistir a Misa, por más que sea importante. Hay un compromiso que Jesús nos dejó a todos, pero que hasta ahora solo lo asumían los sacerdotes. Ahora cuando queremos delegar funciones en los seglares no es fácil encontrar respuestas, nadie tiene tiempo, todo el mundo está muy ocupado. Mientras tanto, la Iglesia está perdiendo su oportunidad.

¿Seremos capaces los sacerdotes de delegar funciones y responsabilidades en los seglares? ¿Serán los seglares suficientemente sensibles a su fe como para prepararse adecuadamente para estas responsabilidades?





YO SOY UN SEGLAR
¿Y qué tiene eso de especial? ¿Acaso eso de seglar o religioso es un título que nos acredita delante de Dios? Ante Dios somos sencillamente lo que somos: personas.

Por la misma carretera viajan seglares y sacerdotes y religiosos. ¿Acaso hay carreteras especiales para unos y otros? La verdad es que las calles por donde yo transito tienen los mismos baches para mí que soy sacerdote que para ti que eres seglar.

Cuando voy a un restaurante, que suelo ir muy pocas veces y esto cuando me invitan, nadie me pregunta si soy sacerdote o soy seglar.
Cuando voy a comprar algo, nadie me pregunta si soy seglar o soy sacerdote. Bueno, algunos ya me conocen, y me llaman “padre”.

Siempre nos imaginamos que lo importante son los caminos que nos llevan a Dios. Yo pienso que lo importante no son los caminos sino que lo importante es que soy yo que vivo o dejo de vivir lo que Dios quiere de mí.

Lo importante en la Iglesia no es qué camino he elegido, sino si vivo plenamente mi bautismo, mi matrimonio, mi sacerdocio. No importa dónde lo vivo, sino si lo vivo. No importa dónde estoy, sino si soy fiel a mi esposa o mi esposo donde quiera que encuentre.

¿Eres sacerdote? Te felicito. Sé un buen sacerdote.
¿Eres religioso? Te felicito. Vive feliz tu consagración.
¿Eres seglar? Te felicito. Vive a fondo tu Bautismo, tu Confirmación, tu Matrimonio.

Lo que nos santifica no son los caminos sino nuestra fidelidad a nuestros compromisos. No todos son abogados, felizmente. Tampoco todos son médicos, también hay enfermos. No todos son arquitectos, hay también albañiles. ¿No crees que cada uno es importante en su camino y su misión?





LO MEJOR, ENEMIGO DE LO BUENO

Esto lo hemos repetido infinidad de veces.
Hasta puede que haya en ello algo de razón,
pero también se presta a muchos engaños.

Como no puedo lograr lo mejor, me contento con lo bueno.
Como no puedo ser el primero, me contento con ser un mediano.
Como no puedo ser santo, me quedo en un bueno vulgar.
Como no puedo no puedo remediar los males del mundo, no hago nada.
Como no puedo no puedo remediar la pobreza del mundo, me cruzo de brazos.

Es que cuando se renuncia al ideal,
cualquier cosa se convierte en ideal.
Así como sentimos que no podemos llegar a ser lo que otros son,
me doy por satisfecho en ser cualquier cosa.
En realidad, debiéramos aspirar siempre a lo máximo,
aunque luego nos quedemos a medio camino.
Debiéramos aspirar a ser los primeros,
aunque luego nos quedemos en segundos o terceros.
Debiéramos aspirar a ser santos,
por más que luego nos quedemos en buenos.

Es que quien apunta bajo, nunca llegará alto.
Quien aspira a poco, nunca logrará mucho.

Decir que lo mejor es enemigo de lo bueno,
puede ser una trampa que nosotros mismos nos ponemos
para justificar nuestra pobre vulgaridad.
El deportista que se contenta con ser el último,
nunca se esforzará por ser primero.
Pero quien lucha por ser primero
es posible que llegue muy arriba.
Quien mira la cima de la montaña como un imposible
nunca saldrá del llano.
El alpinista vive de la ilusión de alcanzar las cimas,
a veces tienen que renunciar en el camino,
pero ya había llegado muy alto.

No te contentes con poco,
porque es posible que estés renunciando a lo mucho.
No te contentes con ser bueno,
porque es posible que estés frustrando el santo que Dios espera de ti.
Aspirar a lo mejor siempre será un aliciente
para que luches y vueles más alto.
Aspirar a lo mejor es vivir de la esperanza
que te dará fuerzas para luchar.

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WebJCP | Abril 2007