Publicado por Iglesia que Camina
Marcos es todavía más drástico: “Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja, que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.” Así envió Jesús a sus discípulos a anunciar y predicar el Evangelio del Reino. Sólo un bastón para apoyar su cansancio y unas sandalias. Más ligeros que calatos. Libres como el aire. Libres como el Evangelio mismo. ¿Cómo se las arreglaría Jesús cuando en sus viajes de un lugar a otro le pescaba una lluvia en pleno campo? ¿No le agarraría ningún catarro al tener que secarse la ropa puesta pegada a su cuerpo?¿Qué pretendía Jesús con esta desnudez total? El Evangelio no necesita de envolturas propagandísticas que lo hagan más apetecible. El Evangelio hay que anunciarlo limpio de todo exhibicionismo. Nosotros para vender cualquier cosa necesitamos ponerle muchos colorines y mejor si le añadimos una calata para llamar la atención. Jesús quiere el Evangelio desnudo, sin aditamentos que puedan distraer o simplemente falsear su mensaje.
Además, Jesús pretende que el que anuncia el Evangelio primero lo encarne en su total pobreza y sencillez. Nuestro Fundador prohibía a los Religiosos salir a predicar los “Cuaresmales” que en aquel entonces en Italia eran discursos grandilocuentes, llenos de pomposidad en la palabra y el gesto. Para él, eso no era anunciar el Evangelio sino el exhibicionismo de unos grandes predicadores.
Lo que el anuncio del Evangelio requiere no es grandes ropajes ni adornos inútiles, sino vida, testimonio, de tal modo que sea la vida misma del predicador el mejor anuncio del mismo. Que hable la vida más que la palabra. Cuando el Beato Domingo Barbieri llegó a Inglaterra, se encontró con los grandes intelectuales de Oxford que le decían a la Iglesia Católica: “Si los católicos tienen algo que decirnos que vengan a Inglaterra descalzos y creeremos en ellos.” Y casualidad el Beato Domingo llegaba con lo puesto y unas sandalias. Por eso su relación con estos grandes hombres, entre ellos el que luego sería el Cardenal Newman, fue tan fácil y ejerció tanta influencia.
¿Cómo lograr hoy hacer creíble el Evangelio a los hombres? ¿Será mostrándoles nuestros maravillosos capisayos, nuestras Catedrales? ¿No será que también la Iglesia debe mirarse más en el Evangelio y renunciar a muchas cosas llamativas y quedarse solo con el bastón del caminante y con una sola túnica, pero sin llevar repuesto? Con frecuencia citamos muchas páginas del Evangelio, pero otras como que las pasamos por agua, como si no existiesen. Y el Evangelio hay que tomarlo en serio todo él, entero.
¿CÓMO ANUNCIAR EL EVANGELIO HOY?
Cada momento de la historia tiene su propio modo de anunciar el Evangelio, también el nuestro, porque en cada etapa de la historia, la humanidad tiene su propia sensibilidad.
Para anunciar el Evangelio, primero, es preciso escuchar al hombre y escuchar la vida. Quien no escucha a quién puede hablar. Porque hablar no es decir palabras al aire, sino palabras que lleven un rayo de luz a nuestras vidas. No se puede anunciar de memoria.
Para anunciar el Evangelio es preciso hablar desde el hombre y para el hombre, y no desde nuestras ideas abstractas y preconcebidas. Es preciso hablar a la cabeza, pero primero hay que hablar al corazón. Las ideas son importantes cuando han pasado por el filtro del corazón.
Para anunciar el Evangelio hoy es preciso decirlo primero con la vida, el testimonio de la vida y, luego, con las palabras. Jesús anunciaba lo que Él mismo era y vivía. Por eso mismo de Jesús se dice que fue el primer Evangelio, el escrito no con tinta sino escrito con la vida.
Para anunciar el Evangelio hoy se requiere coherencia. Coherencia entre lo que decimos y lo que somos y vivimos. Donde no hay coherencia terminamos por creer que nos anuncian aquello que a ellos no les sirve. ¿De qué sirve decir a los hijos que “en casa no se miente”, cuando al rato suena el teléfono y le hacemos señas al hijo para que diga “no está en casa”?
Para anunciar el Evangelio hoy es preciso presentarlo como lo que es “la Buena Noticia de Dios” y no como un código de moral y prohibiciones. Sólo aceptaremos a gusto aquello que nos abre caminos y nuevos horizontes y nos abre a la esperanza.
Para anunciar el Evangelio hemos de tener en cuenta el Evangelio en sí mismo más que nuestras “ilustres” ideas. El Evangelio revela a Jesús, mientras que nuestras ideas nos dicen y revelan a nosotros. El hombre de hoy no es más reacio al Evangelio que los hombres del pasado, su rechazo no es tanto contra el Evangelio sino contra las deformaciones que nosotros mismos hacemos del Evangelio.
¿CÓMO ANUNCIAR EL EVANGELIO HOY A LO JÓVENES?
Uno de nuestros prejuicios contra los jóvenes está el que se han alejado de la fe y ya no quieren saber nada con la Iglesia. Alguien dijo que el joven de hoy si tiene que hacer alguna pregunta a la última que acudiría sería a la Iglesia. Personalmente, no estoy muy convencido de ello porque mi experiencia me dice todo lo contrario. Son muchos los jóvenes que acuden a mí a presentarme sus dudas y sus problemas.
Yo más bien me preguntaría si sabemos llegar a ellos. Ciertamente no llegaremos a los jóvenes con prohibiciones y actitudes negativas. ¿Que el hijo ya no quiere ir a Misa? No lograremos llevarlo ni con amenazas ni con reproches. Primero tendremos que escucharle, saber qué pasa en su interior, y abrirnos comprensivos a sus problemas. Si no conocemos su enfermedad, ¿cómo vamos a sanarles?
Al joven hay que anunciarle posibilidades, futuro, nuevos horizontes. Para ello tenemos que conocer cuáles son sus aspiraciones porque los jóvenes, por más que se llamen rebeldes, sueñan, piensan, desean y aspiran a algo. No les presentemos un Dios y una fe que solo se preocupa de ponerles barreras y obstáculos en su camino. Tal vez tengan muchas incongruencias, pero es soñando imposibles que uno sueña con el futuro. Los que pasan la vida dormidos carecen de futuro. ¿Que muchos sueños de los jóvenes son tonterías? ¿Acaso no nos fijamos la cantidad de flores que brotan en los árboles en primavera? Cuántas de ellas se pierden inútilmente. La naturaleza juega y apuesta por la abundancia. Tendremos que ser más positivos y fantasiosos si queremos que abran sus corazones al Evangelio. No importa que no reaccionen cuando nosotros queremos. Tenemos que saber esperar su hora y la hora de Dios en ellos.
NUNCA LAS COSAS A MEDIAS
Las cosas a medias sirven de poco.
¿De qué te sirve ver las estrellas, si luego no ves el camino?
¿De qué te sirve ver el sol, si luego no ves al que tienes a tu lado?
¿De que te sirve comenzar, si luego no llegas al final?
¿De qué te sirve decir sí, si luego tu vida es un no?
¿De qué te sirve buscar siempre las cosas grandes, si luego tropiezas con las pequeñas?
¿De qué te sirve decir que amas mucho, y luego no aguantas a nadie a tu lado?
¿De qué te sirve hablar de la verdad, si luego vives en la mentira?
¿De qué te sirve tener ojos, si luego no tratas de ver al hermano que está contigo?
¿De qué te sirve tener oídos, si no tienes tiempo para escuchar a nadie?
¿De qué te sirve tener pies, si no caminas por la vida?
¿De qué te sirve tener manos, si nunca estrechas las de tu hermano?
¿De qué te sirve tener corazón, si luego no amas?
¿De qué te sirve mirar lejos, si no ves los que tienes cerca?
¿De qué te sirve hablar muchas lenguas, si luego eres un mudo con el que tienes a tu lado?
¿De qué te sirve haber viajado mucho, si no te acercas a los que tienes próximos?
¿De qué te sirve conocer el mundo, si no conoces a las personas que te rodean?
¿De qué te sirve hablar mucho, si luego no eres capaz de orar un poco?
¿De qué te sirve tener zapatos, si no tienes pies?
¿De qué te sirve tener cabeza, si luego no piensas?
¿De qué te sirve tener muchas cosas, si no las compartes?
¿De qué te sirve tener muchos libros, si no lees ninguno?
¿De qué te sirve tener libertad, si luego vives esclavo de ti mismo?
¿De qué te sirve tener muchos años, si no has vivido a fondo ninguno?
¿De qué te sirve conocer la verdad, si vives en la mentira?
¿De qué te sirve la silla, si no te sientas?
¿De qué te sirve la vida, si no la vives?
¿De qué te sirve tenerlo todo, si luego lo dejas pudrir y no lo compartes?
¿De qué te sirve estar bautizado, si luego vives como pagano?
¿De qué te sirve estar confirmado, si luego no das testimonio de tu fe?
¿De qué te sirve estar casado por la Iglesia, si luego vives como si sólo estuvieses casado por lo civil?
¿De qué te sirve tener una familia, si luego vives siempre fuera de casa?
¿De que te sirve tener hijos, si nunca estás con ellos?
HAZ DE TU VIDA UNA FIESTA
1. No es lo mismo hacer fiesta en la vida que hacer de la vida una fiesta. ¿No crees que tu vida, la tuya en concreto, puede ser una fiesta diaria? Ciertamente tú eres cada día una fiesta para Dios. Dios se recrea mirándote. Es que en tu vida descubre semillas de la suya propia y viéndote a ti se está viendo a Él mismo. Ya que eres fiesta para Dios, sé fiesta para ti mismo.
2. Haz de tu vida una fiesta para los demás. Invítalos a todos a tu vida. Invítalos a tu fiesta. Hazles sentir la alegría que vives dentro de ti. Ellos aprenderán a hacer de la suya su propia fiesta. Vive la alegría de lo que res, aunque seas poca cosa. Hay flores muy chiquitas que tienen una gran belleza.
3. Para hacer fiesta, te basta una sola cosa, saber que Dios te ama. Tú podrás dudar de tu amor para con Él, pero no tengas la menor duda de su amor por ti. ¿Que no te lo mereces? Es que si lo merecieses te amaría menos. Dios cuando te ama te hace más digno de ser amado.
4. ¿Qué te cuesta creer que Dios ame tan poca cosa? Ojalá fueses menos aún. Los que se creen mucho no suelen sentir necesidad de Dios. En cambio, Dios tiene preferencia por los más pequeños. ¿Recuerdas a María? “El poderoso ha hecho obras grandes en mí… que soy la esclava del Señor.” Tu pequeñez nunca es un estorbo para que Dios te ame. Más le estorbarían tus aires de grandeza.
5. Ponle música diaria a tu vida. ¿La orquesta? La orquesta te la pone el mismo Dios. Por el bautismo y luego por la Confirmación te regaló al Espíritu Santo que es precisamente la orquesta musical de Dios. ¿Recuerdas lo que dice San Pablo de los frutos del Espíritu Santo: amor, paz, alegría, bondad, afabilidad...? Toda una orquestación musical de la vida.
6. ¿Qué tú no estás para fiestas, pues por dentro llevas un velorio entero? ¿Y te olvidas de que Él puede resucitar al muerto que llevas escondido, y que lo que era muerte puede hacerse vida? Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro, ya olía mal, y Jesús le hizo salir afuera oliendo a vida, oliendo a Resurrección. También hoy, si quieres, puedes dejar de oler mal y oler a vida nueva.
7. Hacer fiesta de tu vida no implica necesariamente mucho ruido, eso está bien para los jóvenes. Para ti es preferible esa fiesta serena, tranquila, un poco en estilo de música de cámara. Esa es la fiesta del Espíritu, es la fiesta que vivió Jesús cada día de su vida. Por fuera mucho ruido en torno suyo, pero por dentro el Padre era su música y su fiesta diaria. Igual que hoy puede ser tu propia fiesta.







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