HOMILÍA DEL DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO. B
Publicado por EL BLOG DE LA PARROQUIA DE
SAN ESTEBAN PROTOMÁRTIR
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La misión es urgente, hoy más que nunca en medio de este mundo que rechaza u olvida a Dios, que vive de espaldas a Él, mientras, en cambio, le es más necesario.Jesús insiste en la urgencias de anunciar y establecer el Reino de Dios cuanto antes, pero nos hace ver que lo importante es el anuncio, no los medios empleados en la evangelización. Por eso nos dice que no llevemos talega, ni alforja, ni sandalias. Por muchos recursos que se empleen hoy en la pastoral, lo fundamental será siempre la transmisión de nuestra experiencia de Jesús de Nazaret. Esto exige en nosotros una conversión de vida y una disponibilidad radical para escuchar su Palabra y anunciarla con valentía. El premio está asegurado, pues nuestros nombres estarán inscritos en el cielo.
El Evangelio emplea sólo una palabra para decir qué debían predicar los apóstoles a la gente: la conversión. Nuestro mundo, y cada uno de nosotros, necesita convertirse. No vamos por buen camino, tenemos que volver a revivir nuestro compromiso cristiano. La invitación de Jesús para llevar a cabo este anuncio se dirige en primer lugar a los apóstoles, y hoy a sus sucesores: el Papa, los obispos, los sacerdotes. Pero no sólo a ellos. Éstos deben ser las guías, los animadores de los demás, en la misión común.
El día de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa Benedicto XVI, abría oficialmente al Año Sacerdotal. Un Jubileo que, entre otras cosas, está destinado a rezar por todos aquellos que hemos sido llamados al Ministerio Sacerdotal.
Son muchos los nubarrones que se ciernen sobre la vida sacerdotal. No es fácil, hoy tal vez con más severidad que nunca, ser sacerdote. Entre otras cosas porque, ser apóstol, implica no doblegarse ante la voluntad del mundo; ser profeta que anuncie, pero que también denuncie situaciones que llevan a la injusticia, a la degradación de la vida, al olvido o manipulación de los derechos del hombre. Ciertamente, hoy no es fácil ser sacerdote. Menos, por supuesto, ir contracorriente en un mundo tan acostumbrado a ser plastilina en manos del alfarero de la moda.
Al leer la segunda lectura de la liturgia de este día, San Pablo nos anima a continuar en nuestra tarea: ¡DIOS NOS HA ELEGIDO! Y, si el Señor nos ha señalado, nos acompaña en nuestros avatares, dificultades, proyectos, inquietudes y desvelos. No podemos defraudar a Aquel que, en Cristo, nos llama a “ser irreprochables por el amor”.
Los elegidos no solamente son o somos los sacerdotes; todos, desde el momento de nuestro Bautismo, insertados en el Cuerpo de Cristo que es su Iglesia estamos convocados y urgidos a desarrollar –con nuestros carismas, habilidades, dones, talentos e inteligencia- una misión personal que nada ni nadie en nombre de nosotros podrá realizar. ¿Por qué? Porque cada uno, allá donde está, debe dar su peculiar color a su vida cristiana y, con su vida cristiana, color a todo lo que le rodea.
Hoy, además de sacerdotes, necesitamos cristianos convencidos. Hombres y mujeres que, siendo conscientes de que creen y esperan en Jesús, están llamados a participar de la encomienda de Jesús: “id por el mundo”. SACERDOTE
Lo haremos, por supuesto, en comunidad. No está bien llevar a cabo, las cosas de Dios, en solitario.
¡Cómo no vamos a estar contentos de que el Señor nos haya elegido! ¿Se puede pedir más?
Ojalá con esta nueva invitación a evangelizar nos dispongamos todos con un ánimo renovado pues la misión es urgente. Son muchos los que necesitan escuchar la voz de Dios y sentir cercanos sus latidos de amor para recobrar la esperanza de un mundo diferente cargado de buenas obras donde Cristo presida cada rincón de este mundo.
Ojalá por otro lado, volvamos nuestra mirada hacia la figura del sacerdocio demasiadas veces denostada o relegada al espacio de la sacristía. Deberíamos recobrar la confianza en ellos, en lo que representan, teniendo por seguro que han sido escogidos y enviados por Cristo, para que desde la debilidad y pobre humanidad den el mejor testimonio de lo que ha recibido gratis. Que ninguno sea rechazado en ningún lugar donde haya sido enviado y que con vuestra ayuda construyamos el Reino de Dios entre nosotros, aquí y ahora.
Que así sea…







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