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viernes, 23 de enero de 2009

Noticias Misioneras del Mundo: 23 de Enero de 2009

Publicado por OMPRESS

* Este domingo se celebra en España la Jornada de la Infancia Misionera
* Los niños de Asia te necesita, carta del Director Nacional de las OMP de España
* Carta del obispo de Palencia a los niños con motivo de la Infancia Misionera
* Carta de agradecimiento por la ayuda recibida de Infancia Misionera


Este domingo se celebra en España la Jornada de la Infancia Misionera

OMPRESS-MADRID (23-01-09) Con el lema “Con los niños de Asia… buscamos a Jesús”, la Iglesia española celebra este domingo 25 de enero la Jornada de la Infancia Misionera. Desde que en 1843 naciera la Obra de la Infancia Misionera por iniciativa de Monseñor Forbin Janson, obispo de Nancy, Francia, son ya 166 años dedicados a la formación misionera de los niños y a la ayuda de los más pequeños en situaciones difíciles.

De cara a los niños de “aquí”, esta Obra Pontificia busca formar en ellos la universalidad de la misión y la necesidad que debe sentir todo cristiano, incluso a su edad, de dar a conocer el amor de Jesús. Se trata de abrir sus ojos ante las necesidades de los niños más necesitados e iniciarles en el desprendimiento y la generosidad, para que ese sea uno de los ejes de su vida ya desde la infancia.

De cara a los niños de “allí”, se busca aliviar sus sufrimientos y penalidades, puesto que son muchos los pequeños que sufren hambre y deficientes condiciones sanitarias y de salud, que carecen de educación, que viven en duras situaciones derivadas de guerras y conflictos armados. Son muchos los niños que sufren esclavitud laboral, abandono familiar y social, que en el así llamado tercer mundo, les lleva a convertirse en niños de la calle. Y, desgraciadamente, se ven sometidos a tráfico y explotación sexual.

Es, por eso, que con las aportaciones económicas de niños y mayores de todo el mundo para esta Obra, la Infancia Misionera coopera con la atención de cerca de 7.000 dispensarios, más de 2.000 hospitales, unos 2.800 orfanatos, más de 15.000 escuelas maternales, unas 38.700 escuelas primarias y cerca de 13.000 escuelas secundarias.

Gracias a la generosidad de muchos, la Infancia Misionera mundial ha recibido 15.235.040,60 dólares y 7.708.067,97 euros, procedentes de donativos del año 2007, a los que España contribuyó con 4.916.484,23 euros, uno de los países que más aporta. Pero es que en esta Obra colaboran todos, como lo demuestran las aportaciones de la castigada África, con 369.949,78 dólares y 29.792,45 euros, y la del continente asiático que aportó 1.219.464,82 dólares.



Los niños de Asia te necesitan, carta del Director Nacional de las OMP de España

OMPRESS-PAMPLONA (23-01-09) Con motivo de la celebración, el próximo domingo, de la Jornada de la Infancia Misionera, el director nacional de las Obras Misionales Pontificias de España, Mons. Francisco Pérez González, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, escribe a los niños la siguiente carta:

Me alegra que este año nos fijemos en Asia y la razón fundamental es porque este continente tiene la tierra bien abonada para que la semilla del Evangelio crezca en el futuro con mucha fuerza. Aún recuerdo con mucho afecto las palabras que el Papa Juan Pablo II nos dijo, en una ocasión, a un buen grupo de obispos de todo el mundo: “Asia es el Continente que debemos cuidar, en estos momentos, porque la Palabra de Dios crecerá mucho en el corazón de los asiáticos. No debemos de perder de vista a China. Ayudemos a China y trabajemos para ser solidarios con ellos”. La gran pena de este gran Papa fue que no pudo ir a China por dificultades de forma y de fondo del Gobierno chino. Murió con esta pena.

Por ello el tema que hemos escogido este año me fascina y me ilusiona. Los niños asiáticos son muchos millones y a ellos hemos de mirar con la fuerza de saber que el futuro dependerá de lo que ahora se les enseñe. El Papa Juan Pablo II hablando de Asia decía que es el continente más vasto de la tierra y está habitado por cerca de dos tercios de la población mundial, mientras China e India juntas constituyen casi la mitad de la población total del globo. Lo que más impresiona del continente es la variedad de sus poblaciones herederas de antiguas culturas, religiones y tradiciones. No podemos por menos de quedar asombrados por la enorme cantidad de la población asiática y por el variado mosaico de sus numerosas culturas, lenguas, creencias y tradiciones, que abarcan una parte realmente notable de la historia y del patrimonio de la familia humana.

Los pueblos asiáticos se sienten orgullosos de sus valores religiosos y culturales típicos. El amor al silencio y a la contemplación por ejemplo. Hubo un tiempo que desde Europa se miraba a Asia como lugar de pacificación interior y muchos jóvenes peregrinaban para encontrar la solución para ser felices en sus vidas. Estaban cansados de la droga y del materialismo que se respiraba en sus propios ambientes. El yoga y otras técnicas asiáticas se han impuesto como forma de encuentro personal y realización de la personalidad. Hay terreno abonado para que la semilla del Evangelio crezca en el alma de los asiáticos. Pensemos en Corea donde la vida cristiana está creciendo a pasos de gigante. Son momentos de gracia especial que Dios quiere manifestar a este continente tan rico en tradiciones y culturas nobles.

Otros valores como la sencillez, la armonía y el no apego muestran la profundidad de un pueblo que quiere caminar asido a la fuerza que nace de un sentido humano profundo. El espíritu de duro trabajo, de disciplina y de vida frugal hace mirar a Asia como un continente de futuro. Un pueblo que no se supera en la contradicción y en el sufrimiento es un pueblo caduco. De ahí que la semilla está ya depositada y crecerá y dará muchos frutos. Hay una gran sed de conocimiento e investigación filosófica. Respetan la vida, la compasión por todo ser vivo, la cercanía a la naturaleza, el respeto filial a los padres, a los ancianos y tienen un sentido de comunidad muy desarrollado. De modo particular, consideran la familia como una fuente vital de fuerza, como una comunidad muy integrada, que posee un fuerte sentido de la solidaridad.

Estas reflexiones fueron propiciadas por el Sínodo que se hizo sobre Asia y que después vino confirmado por el Papa Juan Pablo II en la Exhortación apostólica “Ecclesia in Asia”. Se observa que los mismos padres sinodales estaban mostrando un rostro fidedigno de lo que es Asia. Eran conscientes de las grandes dificultades que provoca la violencia o las guerras y sin negar estas tensiones y violentos conflictos, se puede decir que Asia ha mostrado una notable capacidad de adaptación y una apertura natural al enriquecimiento recíproco de los pueblos, en la pluralidad de religiones y culturas. Y en este marco tan rico y tan divergente la Iglesia puede comunicar el Evangelio de modo tal que pueda elevar y favorecer los valores más íntimos que existen en el alma asiática.

Lo que ha hecho y sigue haciendo la Iglesia está sustentado por la esperanza. El mismo Juan Pablo II dijo que en Asia se está abriendo una “nueva primavera de vida cristiana”. Hay incremento de vocaciones sacerdotales y religiosas, catequistas aumentan no sólo en número sino también en formación seria. No conviene olvidar que hay comunidades cristianas que sufren intensas pruebas en la práctica de la fe: China, Vietnam, Corea del norte… Pero, a pesar de esto, crecen los cristianos y saben sacar bienes de las persecuciones y de los encarcelamientos. Lo viven con tal intensidad y hondura que más allá de ser probados en la fe confían intensamente en el amor a Jesucristo. Lo transmiten a los niños y jóvenes que viven precariamente en lo material pero ricos en lo espiritual.

La Iglesia quiere ofrecer la vida nueva que ha encontrado en Jesucristo a todos los pueblos de Asia, “que buscan la plenitud de la vida. Esta es la fe en Jesucristo que inspira la actividad evangelizadora de la Iglesia en Asia, a menudo realizada en circunstancias difíciles, e incluso peligrosas” (Juan Pablo II). No son otras las razones que ofrece la Iglesia a los asiáticos sino la de conocer y reconocer que Cristo libera y salva.

Me impresiona cuando veo a los niños asiáticos y, sobre todo, cuando en la diversidad coexisten y son tolerantes. Queda mucho por conseguir pero se está abriendo un nuevo mundo que se irá realizando al unísono y aportando al resto de la sociedad unos valores que en occidente se han difuminado en la oscura noche cultural. Por tanto los necesitamos para que nos muestren esa sabiduría moral y la intuición espiritual innata que es típica del alma asiática. Para ellos también podemos ser don y regalo, más allá de la técnica avanzada, por el intercambio de experiencias místicas de fe testificada en nuestros santos. Lo que el materialismo ha propiciado en occidente no tiene nada que ver con las experiencias de aquellos que han restaurado una sociedad con su ejemplo. Si nos necesitamos mutuamente, auguro que en la Jornada de Infancia Misionera crezca el deseo y la práctica de anunciar juntos que Jesucristo es quien puede cambiar los corazones de todos y de esta manera su Reino de paz, amor y fraternidad será visible.



Carta del obispo de Palencia a los niños, con motivo de la Infancia Misionera

OMPRESS-PALENCIA (23-01-09) Mons. José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia, al igual que han hecho otros obispos, se dirige a los niños de su diócesis con motivo de la jornada de la Obra Pontificia de la Infancia Misionera de este domingo.

Queridos niños:

Soy José Ignacio, vuestro obispo. Muchos ya nos hemos conocido cuando he visitado vuestras parroquias o vuestros colegios. ¡A los demás espero visitaros muy pronto!

Os escribo esta carta, porque quiero compartir con vosotros una historia que he escuchado recientemente y estoy seguro que os gustará:

Al Padre Damián el Señor le llamó a ser misionero en la India. En su primer año en la misión, le encargaron trabajar en un orfanato donde había casi cien niños que habían sido abandonados. Se acercaba la Navidad y los niños del orfanato iban a escuchar por primera vez el relato de la Nochebuena. El misionero les contó cómo a María y a José no les dieron posada en ninguna casa de Belén... cómo tuvieron que pasar la noche en un establo... cómo al Niño Jesús lo tuvieron que acostar en un pesebre porque no tenían una cuna...

Todos los niños escuchaban la historia impresionados con la boca abierta. Nunca habían oído algo así. Una vez terminada la historia, el Padre Damián les repartió un papel y un lápiz para que dibujaran lo que habían escuchado. Mientras los huérfanos dibujaban el “portal de Belén”, el misionero se acercaba a los niños, para ver si necesitaban ayuda. Así llegó donde un pequeño de seis años. Este niño, Samir, había pintado en su hoja un pesebre con dos bebés dentro. El Padre Damián le preguntó por qué había dos bebés en el pesebre. Samir cruzó sus brazos y mirando al pesebre comenzó a repetir, muy seriamente, la historia que acababa de escuchar.

Lo estaba contando muy bien... hasta que llegó a la parte donde María pone al bebé en el pesebre. Allí Samir empezó a inventar su propio final: «…Y cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá y que no tenía un sitio donde vivir. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con él. Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé qué cosa tenía para darle como regalo; se me ocurrió que podría darle calor. Por eso le pregunté a Jesús: “Si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para ti?”. Y Jesús me dijo: “Si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido…” Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre».

Cuando el pequeño Samir terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas; se tapó la cara, agachó la cabeza sobre la mesa y lloró feliz. El pequeño huérfano acababa de conocer, gracias al Padre Damián, a alguien que no lo abandonaría jamás. ¡A Alguien que estaría para siempre junto a él!

Hay muchos niños como Samir que aún no conocen a Jesús, y que no pueden darle calor. Porque… ¿sabes? ¡¡Jesús está deseando que le demos calor!! ¡¡Que le demos nuestro amor!! Está deseando que nos acerquemos a Él, y sufre mucho cuando ve que hay tantos y tantos que no le conocen y no que saben cuánto les quiere. Jesús necesita que le ayudemos a que muchos niños como Samir, en Asia, le conozcan. ¿Queréis ayudarle? A quien ayuda a Jesús, Jesús le ayuda también.

Dentro de unos años quizás os llame Dios a algunos de vosotros a ser misioneros, como el Padre Damián, en países lejanos. Pero… ¿sabéis que también ahora podéis serlo? Sí, sí, ¡también vosotros, los niños, podéis ser misioneros!

Seguro que ya habéis aprendido en la catequesis, que desde que os bautizaron estáis llamados a ser misioneros. Jesús quiere que le ayudéis a que todos le conozcan, con vuestra oración por los demás, y también contando a vuestros padres, a vuestros amigos, a vuestros compañeros… ¡cuánto les quiere Jesús! Eso es ser misionero. Tenéis que ser misioneros en casa, en el colegio, en el parque... Nada hay más grande en el mundo que "ayudar a todos a acercarse a Jesús".

Pero no olvidéis que el misionero es el primero que se acerca a Jesús para darle calor, para darle su amor. Yo supongo que vosotros acudís muchas veces a Jesús ¿no? Que le rezáis, que vais a Misa, que le ofrecéis vuestros pequeños regalos... ¡Jesús os está esperando cada día!

El próximo 25 de enero vamos a celebrar la Jornada de la Infancia Misionera. Bajo el lema: “Con los niños de Asia buscamos a Jesús”, queremos ayudar a que muchos niños de Asia conozcan a Jesús y puedan saber cuánto les quiere. Ya sabéis que para eso, es necesario que haya misioneros que vayan a esas tierras. A ellos también les tenemos que ayudar con nuestra oración y con nuestra generosidad.

¡Cuento con vosotros para esta impresionante misión!

Os bendice con todo cariño, vuestro obispo.



Carta de agradecimiento por la ayuda recibida de Infancia Misionera

OMPRESS-MADRID (23-01-09) A continuación les presentamos una breve carta, de las muchas cartas de agradecimiento que los destinatarios de las ayudas de Infancia Misionera nos hacen llegar. La carta es de la hermana María de las Lágrimas Farina, de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, congregación de origen argentino, que con muchísimo esfuerzo lleva adelante la Casa de Misericordia para niños de San Nicolás en Ivano-Frankivsk, Ucrania:

“La Casa de la Caridad San Nicolás recibió su generosa ayuda el 29 de octubre de 2008. Actualmente viven aquí alrededor de 50 personas, la mayoría son niños de familias con problemas de pobreza material y espiritual, de hasta 14 años. Tres de ellos son bebés de menos de un año. También viven aquí 8 madres solteras con sus pequeños.

La casa tiene mucho movimiento durante todo el día. Están el Jardín Infantil, las labores de la casa, la cocina, el lavado de ropa, los turnos para atender a los bebés, bañar a los niños, seguirles durante el tiempo de estudio, charlar, jugar con ellos, clases de inglés y de español, música, rezar juntos las oraciones de la mañana y de la noche… Nos ayudan voluntarias y Dios sabrá recompensar a cada uno según su generosidad. Vuestra ayuda se ha usado para las cosas necesarias de la casa. Nosotras vivimos de la Divina Providencia, por lo que les agradecemos mucho su ayuda y rezamos por todos cada día”.

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WebJCP | Abril 2007