Una de las ventajas de un mundo globalizado es que nos ha permitido ampliar horizontes y conocer en profundidad otras culturas y religiones. Es a partir de este conocimiento mutuo que los católicos nos hemos dado cuenta de que Dios quiere la salvación de todos los hombres, lo que ha supuesto que abandonemos la presuntuosa frase de que “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Una actitud muy generosa pero que se enfrenta con problemas a la hora de llevarla a cabo.La declaración vaticana Nostra Aetate reconoce que en los otros credos, que no son cristianos, hay elementos de verdad y de gracia. Son palabras que nos obligan a concebir un sistema en el que puedan convivir verdades distintas, la nuestra junto a las verdades de los otros, que no se deben comparar ni unir. El intento debe de ser el caminar juntos hacia una misma meta que es Dios mismo, alabado con diversos nombres.
Puede existir mucho enriquecimiento mutuo si somos capaces de dialogar a nivel de experiencia de Dios con el interés de aprender de los otros y ofrecer modestamente nuestras vías de acceso. El siguiente paso, desde ese Dios que compartimos, es trabajar juntos por el mundo que creó y puso en nuestras manos. Tenemos que ser conscientes de que el orden del conocimiento y de las verdades es muy importante pero que Mateo puso en boca de Jesús: “Venid benditos de mi Padre porque tuve hambre y me distéis de comer”. El Dios común alienta todos los corazones humanos para que se hagan altruistas y apoyen a los necesitados de los que se ven rodeados. Comprobar el grado de generosidad de los adeptos de una religión puede darnos un baremo para calcular la medida de su verdad.
A lo mejor la forma de solventar las dificultades del diálogo sea partir de la verdad bíblica que siempre nos reenvía hacia una plenitud de verdad todavía no alcanzada: “Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres” dice la Epístola a los Hebreos 1,1 una revelación que continúa y que unos mediadores son capaces de comprender mejor que otros, pertenezcan a la religión que sea, pues Dios vela por todos.
*Teóloga y madre de familia







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