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domingo, 20 de julio de 2008

Formación misionera: Evangelizar Evangelizándose, formación para la misión III

PROMOCIÓN HUMANA: DESDE LA SOLEDAD A LA SOLIDARIDAD
III

• Entre evangelización y promoción humana existen lazos muy fuertes.
• Salvación, liberación, desarrollo, andan de la mano.
• Complemento de la "Nueva Evangelización" es una "Renovada Promoción Humana".
• El hombre (=ser en relación) se salva en la medida que "sale de la soledad del egoísmo y entra en la comunión solidaria" (cf. Lc. 16, 19-31)
• Ni esclavos ni huérfamos, sino libres y hermanados.
• El hombre que hay que evangelizar es un ser concreto, sujeto a los problemas sociales y económicos.
• No se puede gozar la salvación sin gozar la creación.
• El "Mandamiento nuevo" del amor se hace realidad en la promoción de la justicia y la paz.
• Leemos en los Documentos de la Iglesia"
"La genuina unión social exterior procede de la unión de los espíritus y los corazones, esto es, de la fe y la caridad. con el mensaje evangélico la Iglesia ofrece una fuerza liberadora y promotora del desarrollo; ayuda a reconocer la dignidad de cada persona; dispone a la solidaridad, al compromiso, al servicio a los hermanos" (Sto. Dgo. 157).

SITUACIÓN

Leemos en los Hechos de los Apóstoles (4, 32 y 34):
"La multitud de los creyentes no tenían sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llama suyos a sus bienes, sino que todo era común entre ellos. No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad.

Leemos en el informe de la CEPAL:
"América Latina concluyó la década del 80 con:
• 184 millones de pobres, es decir, el 44% de su población.
• La tendencia concentradora del ingreso se acentuó.
• La distribución de los ingresos fue menos equilibrada.
• el 5% más rico mantuvo o aumentó sus ingresos absolutos, mientras que para el 75% más pobre disminuyó.
Leemos en el Documento de Santo Domingo (161):
"La falta de coherencia entre la fe que se profesa y la vida cotidiana es una de las varias causas que genera pobreza en nuestros países, porque los cristianos no haaan sabido encontrar en la fe la fuerza necesaria para penetrar los criterios y las decisiones de los sectores responsaaables del liderazgo ideológico y de la organización de la convivencia social, económica y política de nuestros pueblos.
Releyendo los análisis seóalados, ¿las situaciones reales de empobrecimiento que se dan en el mundo de hoy tienen su causa en la "incapcidad de los pobres", en el "egoísmo de los ricos" o en la "superficialidad de la fe cristiana"?
Los servicios de ayuda o de caridad que conoces en tu ambiente, ¿a qué tipo de "prmoción Humana" apuntan:
a) asistencialismo?
b) paternalismo?
c) liberación solidaria?

¿Cómo podemos contribuir a que nuestras relaciones sean más justas y respetuosamente solidarias en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la Iglesia, en el barrio?
¿Cómo se expresa concretamente en tu vida, en tu grupo misionero y en tu parroquia la "opción preferencial por los pobres"? (ver Sto. Dgo. 178)

ILUMINACIÓN

El amor, la ley fundamental de la perfección humana, y por tanto de la transformación del mundo, no es solamente el mandato supremo del Señor: es también el dinamismo que debe over
a los cristianos a realizar la justicia en el mundo, teniendo como fundamento la verdad y como signo la libertad. Y con razón se suele decir que "la justicia no es ni sentimental ni optativa; es realista y es obligatoria".
Por eso una bien ubicada y coherente "Promoción Humana", aquella que apunta a "todo el hombre y a todos los hombres" hace concreta y sincera nuestra opción por el amor (ver: 1 cor. 13, 1-13; 1 Jn. 3, 14; 4, 16; 4, 20; Sant. 2, 14-17).
Entre evangelización, promoción humana, desarrollo, liberación, existen lazos muy fuertes, de orden antropológico (=mirando desde el hombre), teológico (=mirando con los ojos de Dios) y evangélico (=siguiendo el sentir y el obrar de Jesús). En efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover mediante la justicia y la paz el auténtico crecimiento del hombre? (cfr. Sto. Dgo. 157).
Con el mensaje evangélico, la Iglesia ofrece una fuerza liberadora y promotora del desarrollo, porque lleva a la conversión del coraón y de la mentalidad (una mentaidad cristiana, ni comunista ni neo- liberal); ayuda a reconocer la dignidad de las personas, dispone a la solidaridad y al compromiso. (cfr. Sto. Dgo. 158).
Por eso no hay que dudar en asumir la "Promoción Humana" como una dimensión privilegiada de la "Nueva Evangelización. Jesús es el Buen Samaritano (Lc. 10, 29-37), que no solamente se conmueve sino que se transforma en ayuda eficaz, motivado por la digidad de todo hombre, cuyo fundamento está en él mismo (ver Mt. 25, 31-46).
Esta dignidad no se perdió por el pecado, sino que fue exaltada, y revelada en Jesucristo, que nos enseñó a amar y actuar gratis, más allá de a convivencia o el interés. No hay que hacer promoción humana con mentalidad y finalidad proselitista. La solidaridad cristiana es fidelidad a Dios, fundamento de la relación entre Evangelio y promoción humana. (cfr. Sto. Dgo. 159).
El seguimiento de Cristo, propio de todo cristiano y de todo misionero de la primera y de la nueva evangelización, exige comprometerse vivir según su estilo. La falta de coherencia entre la fe y la vida es una de las causas que genera pobreza. La fe puede y debe penetrar los criterios y las decisiones prácticas de la vida, debe ser "sal en la sopa, no en salero" (ver Mt. 5, 13-16). En nuestros pueblos de arraigada fe cristiana se han impuesto estructuras generadoras de injusticia. (cfr. Sto. Dgo. 160-161).
La "promoción" hace pasar a condiciones de vida cada vez más humanas, hasta llegar al pleno "conocimiento" de Cristo; es un verdadero canto a la vida (Jn. 10, 10); y para que sea un canto actualizado y no desafinado es preciso que la "Promoción Humana" no pierda su dimensión profética (denuncia y anuncio). Ser profetas a nivel personal, de grupo y como iglesia, nos puede ayudar a armonizar la Nueva Evangelización con la Promoción Humana (ver Is. 58, 1- 12; Amós 2, 6-16; Job. 24, 1-25). Además el profetismo nos hace creativos en nuestro servicio solidaria, capaces de encarnar la fe y el amor en sintonía con los signos de los tempos: derechos y deberes humanos, ecología y tierra como don de Dios, empobreciieto y solidaridad, trabajo y movilidad humana, orden democrático y orden económco, identidad nacional e integración latinoamericanao. (ver Sto. Dgo. 164-209).
Lo difícil y urgente en la promoción humana es ser creativos en los objetivos y en las metodologías. Lo que podemos y debemos hacer en este campo procurará crear un espacio vital donde los pobres tengan capacidad real de participación y sean reconocidos cada uno en su propio valor.
Eso requiere que nuestra acción solidaria no sea solamente orientada " hacia el pueblo y los pobres del pueblo", sino también, y principalmente, "desde el pueblo, desde los pobres".
La promoción deja de ser "humana" (y por eso mismo cristiana) cuando se reduce a una "Sociedad Anónima del Amor" y prefiere la mediación de la "tarjeta de crédito" al "apretón de manos".
Y esto es posible, o por lo menos se hace más fácil, en la medida que se estimulan, reflotan o implementa las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base) y se asume en serio que "la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia forma parte de nuestra misión evange lizadora" (Sto. Dgo. 158). La mística de las CEBs nos permite armonizar lo personal creativo con lo counitario solidario, superndo a la vez la esclavitud y la orfandad.
Mientras que, conocer y dar a conocer a Doctrina Social de la Iglesia, además de saldar una de las grandes deudas que tiene nuestra propuesta misionera, nos permite evitar caer en un profetismo estéril, de simple denuncia, o en un asistencialismo esterilizante, de pura limosna.
La dureza del presente, y la autenticidad de la evangelización en sintonía con Lc. 4, 18 y 7,22, exige a todo bautizado realizar una acción eficaz de promoción de la justicia, de alivio del dolor y de defensa de la real dignidad del pobre, del débil y del indefenso inspirándose en la Doctrina Social de la Iglesia (cfr. Sto. Dgo. 16 y 193).

COMPROMISO

Reflexionar a solas o en grupo con Lc. 10, 29-37 (cómo armonizar el culto a Dios y el amor solidario); Lc. 16, 19-31 (cómo denunciar y superar las causas de pobreza por indiferencia, abandono y marginación); Mt. 25, 31- 46 (promover la mística de la caridad, la alegría y capacidad de servir a Cristo en el pobre; cfr. Sto. Dgo. 178).
Hacer un mapa de las zonas más pobres de nuestro pueblo, ciudad y provincia (marcando las distintas situaciones de pobreza: Sto. Dgo. 195).
Estimulados e iluminados por el Nro. 227 de Santo Domingo, aprovechar el Día o Mes del Niño para proponer o reanimar la "Pastoral de la Infancia".

ORACIÓN

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WebJCP | Abril 2007