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sábado, 3 de mayo de 2008

Vigilia de Pentecostes - Diocesis de San Martin


Vigilia de Pentecostés

10 de mayo de 2008

Siguiendo la tradición, durante cuarenta días Jesús resucitado se aparece e instruye a sus discípulos, hasta que es elevado al cielo, hecho que se conmemora el día de la Ascensión. Ya en el Evangelio de Juan, Jesús promete un misterioso “paráclito” – abogado o suena mejor, compañero de camino – que sería enviado a los suyos, que revelaría y llevaría a comprender las cosas por Él enseñadas; según Lucas serían “revestidos por la fuerza que viene de lo alto”. Esta promesa se cumpliría cuando él se fuera. La Iglesia entonces, después de la Ascensión celebra la solemnidad de Pentecostés.

Lucas en los Hechos de los Apóstoles nos narra el acontecimiento sucedido a Pedro y los Discípulos que en oración y en compañía de María, reciben el Espíritu Santo, Vida en abundancia para los Pueblos de la tierra. En virtud de su acción realiza la unidad y los convierte en Pueblo de Dios, discípulos misioneros enviados a “hablar en las lenguas” de las culturas, los idiomas nuevos, las palabras intraducibles, pero que urge gritar, del amor.

(Vamos a continuar con el tema de los gritos propuesto en la Vigilia del Buen Pastor)

Hay que acondicionar el lugar, templo o salón. Hará falta:

- El cirio pascual

- Un fuentón con agua bendita (o la pila bautismal) y un ramillete como aspersor.

- Siete velas (pueden ser de colores) colocadas alrededor del cirio o en el altar

- Una canastita con velitas lápiz u otras velitas semejantes

- Una canastita o cajita con papelitos (donde escribirán las palabras que grita el mundo)

- Un atril con la Palabra

1 Los gritos (experiencia)

Todos se reúnen en el templo o en un salón no muy iluminado (suficiente como para leer). Se puede comenzar haciendo una canción animada. Quien guía introduce a la temática de los gritos con el siguiente relato, luego invita a una pequeña actividad:

“Se grita cuando se llega al límite. Cuando la situación se desborda, para bien o para mal, de dolor o de gozo se grita. Es cuando las palabras prolijamente ordenadas en una oración lógica no pueden expresar lo que se está sintiendo, lo que se está viendo, lo que se desató.

Gritos que al sumarse pueden convertirse en el gran grito de liberación de un pueblo. O en el lamento de miles de víctimas de una guerra. Gritos de mujer que da a luz y que anuncian una nueva vida. Gritos en silencio que anuncian la derrota o la caída de una esperanza.

El grito quiere ser escuchado, llamar la atención, despertar, alentar o insultar. Si todo otro tipo de expresión falló, si se llegó al grito como último recurso, hay una manera contundente de comunicación que estalla por gozosa o muerde la bronca por que no da más.

Al grito lo acompaña un rostro que se tensa, se abre, se quiebra entrecerrando los ojos o tal vez desorbitándolos.

Quizá estamos en una época que prepara un grito. Se arremolina, vibra antes de salir, toma aire y se dispone.

¿Cuál es el grito que se prepara? Esta era de avances, tecnológica e insensible, ecologista y descomprometida, tierna y humana, cruel y espontánea, solidaria y egoísta, consumista y generosa… ¿qué está gritando?”

- Si el mundo de hoy, especialmente los jóvenes de hoy gritaran una palabra, ¿qué palabra sería? La escribo en un papel. Solo una. Ponemos los papelitos en una caja preparada, o una canastita. Que se mezclen.

- A continuación vamos a escuchar “los gritos del mundo”. Simplemente eso, escucharlos, dejando una pausa entre palabra y palabra. Se van pasando la canastita y cada uno saca un papelito y lo lee en voz alta… si quiere QUE LO GRITE!

Armamos grupos, no muy numerosos. Se reúnen y comparten las siguientes preguntas:

¿Cuál de los gritos me parece más verdadero?¿por qué?

¿Cómo podemos como Iglesia responder a esos gritos?

(siempre conviene que cada grupo cuente con alguien que lo coordine para que cumplan la consigna)

2 Hablar la misma lengua (momento celebrativo -I parte-)

Nos juntamos los grupos. Para juntarse se puede hacer otro canto. El animador pregunta como a “vuelo de pájaro” que cosas salieron en la segunda pregunta (qué poder hacer como Iglesia). No tiene que alargarse mucho, simplemente que quede una idea de lo que los grupos charlaron.

Alguien lee Hch 2, 1-11; se hace una breve explicación:

Llama la atención lo que se resalta como novedad a partir de la venida del Espíritu. La capacidad de “hablar en lenguas” de tal modo que los discípulos pueden ser entendidos. Todos pueden oír en su propia lengua ‘las maravillas de Dios’. Hay una nueva capacidad de comunicarse y de entenderse. ¿Cuáles son las maravillas de Dios? Ni más ni menos que la vida de Jesús, anunciada desde su nacimiento hasta su resurrección, como buena noticia para hombres y mujeres.

El Reino anunciado por Jesús se hace presente, visible, palpable en la vida de estos discípulos y discípulas que ahora viven en el Espíritu, es decir, una nueva libertad que va más allá de la ley y del cumplir; una nueva paz que no es algo estático sino dinamismo de lucha y de construcción; nuevas relaciones que se basan en el amor y la autenticidad dejando fuera toda hipocresía y complacencia; una nueva energía que mueve y arde sin consumir a la persona sino más bien estimulándola a dar y dar su vida en entrega total; en fin, una manera de vivir ese estilo de vida nunca antes conocido, el de ser cristianos. Los pueblos que asistían a este espectáculo se despiertan, se maravillan y sienten que al fin sus gritos fueron escuchados, que estos hombres y mujeres “locos” por el Espíritu son la respuesta de Dios a todas sus búsquedas. Así la Iglesia invitaba y atraía a todos a sumarse a la aventura de ser cristianos también.

¡Cuanto necesitamos de esta bella locura de la fe! El Espíritu nos lleva a hacernos cargo de los gritos del mundo, a recibirlos y a que nuestras vidas, la de nuestros grupos y comunidades sean palabra que dialoga con las búsquedas de ellos.

Para esto, pidamos el Espíritu, esta noche, nosotros también.

3 Lenguas de fuego (momento celebrativo –II parte-)

Dos lectores se disponen a leer la poesía que sigue.

Siete personas preparadas de antemano van encendiendo las siete velitas alrededor del cirio o en el altar a medida que se las menciona en la poesía.

Como todos saben,

Hay en el mundo siete llamas

Que forman juntas

el aire que respiramos

y el suelo bajo nuestros pies,

todas las cosas en suma.

Pero en todo hombre

Hay también siete llamas,

Porque todo hombre es un pequeño mundo

Y precisamente por esto hay

Siete velas encendidas

En este lugar.

La primera es la llama del sol

Que es la fuente y el guardián de todo,

Y todos los niños, de algún modo,

Un poco han nacido del sol

Y el sol los conserva.

La segunda llama es la del lenguaje.

Los hombres se buscan con palabras de fuego,

Y es mejor una lengua ardiente y balbuciente

Que no una cabeza sabia que calla.

La tercera es la llama del entusiasmo.

Esta nos enseña a amar,

Se apodera de nuestro ser,

Por ella el hombre se hace un alma ardiente,

Un árbol en llamas que no se consume.

La cuarta llama es la del hambre y la sed

Según está escrito:

El hambre es un fuego que devora las piedras,

La sed es un fuego que ningún mar logra extinguir.

La quinta llama es Dios

Que manda sus chispas

Sobre todo lo que vive en el cielo y en el abismo.

La sexta llama es la de la música,

Que se puede situar en el oído para escuchar,

Y en la boca para cantar,

Y en las manos para tocar,

Y en los pies para danzar.

La séptima llama es la de la esperanza

Que hace de los hombres niños,

Caballeros andantes y profetas que cantan:

“Setenta veces siete árboles

Florecerán allí donde habitamos,

Y la luz refulge sobre el agua.”

Hacemos a continuación un gesto, con una música suave de fondo o cantando una canción cada uno toma de una canastita una vela lápiz, la van encendiendo en las velitas y vuelve a su asiento o a su lugar si están en ronda. Cada cual tiene una fotocopia con la invocación al Espíritu que está a continuación, cuando todos han encendido su velita la leen en voz alta (entre estrofa y estrofa se puede hacer un estribillo):

Envía tu Espíritu

Sobre joven y viejo

Sobre hombre y mujer

Sobre alto y bajo

Sobre este y oeste.

Derrama tu fuego

En el corazón del hombre

En la boca del hombre

En los ojos del hombre

En las manos del hombre.

Envía tu Espíritu

Sobre los que creen

Sobre los que dudan

Sobre los que aman

Sobre los que están solos.

Derrama tu fuego

En las palabras de los hombres

En el silencio de los hombres

En el hablar de los hombres

En las canciones de los hombres.

Envía tu aliento

Sobre los que construyen el futuro

Sobre los que conservan los valores

Sobre los que protegen la vida

Sobre los que crean belleza.

Envía tu Espíritu

Sobre las casas de los hombres

Sobre las ciudades de los hombres

Sobre el mundo de los hombres

Sobre todos los hombres

De buena voluntad.

Aquí y ahora

Sobre nosotros

Derrama tu Espíritu

Y que esté con nosotros para

siempre.

AMEN.

Se hace un momento de silencio para que relean la oración tranquilos. Si se presta el clima se hace una oración de “eco”.

Puede hacerse un momento de peticiones. Responder a cada una cantando: “Ven Espíritu Santo ven, que tu Pueblo no vive sin ti”

Un sacerdote si hay presente sino el animador o animadora alude al bautismo en el cual recibimos el Espíritu Santo y rocía con agua bendita a todos. Rezamos un Padre Nuestro y hace la siguiente oración:

“Dios nuestro, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia en todo pueblo y nación, derrama los dones del Espíritu Santo por toda la extensión de la tierra, y aquellas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica continúa realizándola ahora en los corazones de tus fieles. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo…”

Saludo de la paz.

Y sabiendo que nos moviliza el Espíritu a construir espacios de paz, justicia y fraternidad, comenzamos a hacerlo dándonos un saludo de paz.

Para terminar cantamos una canción a María que estuvo con los discípulos y eran la Iglesia naciente que recibía el Espíritu Santo. “Podemos ir en paz…”


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WebJCP | Abril 2007