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martes, 22 de abril de 2008

27 de Abril: Dia de las Vocaciones Nativas

El 27 de abril se celebra la Jornada de las Vocaciones Nativas.
Una gran ocasión para colaborar con

la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol,
que atiende a novecientos seminarios en los cinco continentes.
Es "responsabilidad de todos",
como reza el lema de esta Jornada,
que ninguna vocación se pierda
por falta de medios económicos.

Por F.J. Pérez Valero

Tenemos veintitrés seminaristas mayores y hay además muchas vocaciones a la vida religiosa, sobre todo femenina. De momento, tenemos todavía pocos sacerdotes pero numerosas vocaciones. Éstas son siempre una gran bendición aunque también implican el problema económico para sostener el seminario, que es algo que siempre excede de nuestras posibilidades. Gracias a Dios recibimos siempre ayudas para ello”. Quien así habla es monseñor Gabriel Peñate Rodríguez, vicario apostólico de Izabal, en la costa atlántica de Guatemala. Es un testimonio directo acerca de la realidad de las comunidades cristianas en países de África, Asia o América del Sur. Es la actualidad del florecimiento de las vocaciones sacerdotales y religiosas entre la falta de medios, tanto económicos como formativos, a la que se enfrentan.

Para ello se fundó y por ello existe la Obra de San Pedro Apóstol que trabaja para “que ninguna vocación se pierda”. Fue hace ya más de un siglo cuando Estefanía Bigard y su hija Juana organizaron en la ciudad francesa de Caen una red de ayuda a misioneros con los que mantenían correspondencia. Ambas se convencieron, y convencieron a muchos, de que las nacientes comunidades cristianas, tras el impulso misionero del siglo XIX, no podrían convertirse plenamente sin un clero autóctono. Pensaban, y muy bien, que los religiosos, los sacerdotes y los obispos habían de ser nativos para así dar valor a la riqueza de las tradiciones locales y predicar el Evangelio en el ámbito de su misma cultura del modo más eficaz.

De China a Kazajstán

Algunos años después, el grupo fundado por las Bigard se había difundido por toda Europa. Hoy, ya en el siglo XXI, asiste a casi novecientos seminarios de los cinco continentes. Como a los de China. Allí, en Pekín, y a pesar de la división que existe entre la Iglesia católica y la Iglesia “oficial” –supervisada por el gobierno comunista– el seminario ha tenido que ampliar sus edificios para acoger a los numerosos candidatos al sacerdocio. En los últimos meses han sido ordenados cinco nuevos sacerdotes en un seminario que fue reabierto en 1982 en la periferia de la ciudad. Entonces sólo tenía seis seminaristas, pero desde aquella fecha se han formado más de setenta sacerdotes de la diócesis pequinesa.

La Obra de San Pedro Apóstol atiende a todos y llega a todos. Y es necesaria para sostener, por ejemplo, el trabajo pastoral en lugares como Kazajstán. Allí hace pocos meses fueron ordenados los dos primeros sacerdotes después de haber realizado los estudios teológicos en el Seminario de Karaganda, el único seminario católico de Asia central. Dedicado a “Santa María Madre de la Iglesia”, el seminario mayor de Karaganda fue erigido en enero de 2005 y hoy acoge a veinte seminaristas. Hace una década el país sólo contaba con nueve sacerdotes; hoy son más de ochenta y un centenar las religiosas. “Somos una Iglesia joven, que está creciendo –explica monseñor Jan Pawel Lenga, obispo de Karaganda–: estamos en camino, tenemos el entusiasmo de los pequeños, nos esforzamos por testimoniar la fe y sembrar la Palabra de Dios en las llanuras ilimitadas del Kazajstán, el país más extenso del Asia central. Ese “entusiasmo de los pequeños” es el destino de los dineros que distribuye cada año la Obra Pontificia.

Los donativos se encaminan hacia la construcción y el equipamiento de los seminarios, así como a casas de formación para la vida religiosa. Seminarios de todas las regiones del mundo, como el regional de Mongolia, que acaba de abrir sus puertas a los laicos con la inauguración de un primer curso de formación permanente. Medio centenar de laicos mongoles podrán “recibir una formación que les permitirá colaborar mejor con los sacerdotes en la evangelización”, afirma el rector del seminario, Don Tian. La Obra de San Pedro Apóstol llega también a Vietnam, a esa Iglesia de mártires, en la que hace menos de un año cincuenta diáconos recibieron la ordenación sacerdotal en la diócesis de Bui Chu, perteneciente a Hanoi. Los nuevos sacerdotes forman parte de un grupo de seminaristas que, en los años precedentes, encontraron algunos obstáculos en sus estudios para la formación debido a las, hasta hace poco, difíciles relaciones con las autoridades civiles. Durante décadas muchas regiones del país carecieron de sacerdotes y seminaristas, ahora las vocaciones están renaciendo.

El impulso del “Papa de las Misiones”

Fue el Papa Pío XI quien dio a la tarea iniciada por Estefanía y Juana Bigard el impulso definitivo, en el sentido de universal. En 1922, la Santa Sede procedió a su proclamación como Obra Pontificia. El “Papa de las Misiones” la dotó asimismo de sus fundamentos espirituales y patronales nombrando a Santa Teresa del Niño Jesús protectora perpetua de la Obra de San Pedro Apóstol. Era el 23 de julio de 1925, el mismo año en el que Santa Teresa fue canonizada y dos años antes de que fuera proclamada patrona de las misiones, junto a San Francisco Javier, en todo el mundo. “La intuición fue profundamente precisa: por su testimonio y por su intercesión, Teresa puede inspirar y sostener esta Obra de gran importancia para el desarrollo de las Iglesias de reciente fundación”, escribió Juan Pablo II al conmemorar el centenario de la fundación. La Obra de San Pedro Apóstol ayuda a que en cada Iglesia local nazcan, maduren y se fortalezcan las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Ayuda a que ninguna se pierda. También son atendidos por ella los sacerdotes nativos enfermos y jubilados.

“A la escasez de vocaciones al presbiteriado y a la vida consagrada en las Iglesias antiguas se opone un rico florecimiento en las Iglesias jóvenes de los territorios de misión. Son centenares los jóvenes que cada año solicitan su ingreso en los seminarios o ser aceptados en las congregaciones e institutos religiosos”, explica el padre Vito Del Prete, secretario general de la Pontificia Unión Misional. Cientos de futuros sacerdotes a los que muchas veces sólo se les puede ayudar de manera parcial e incompleta. En Nicaragua hoy están dispuestos a ordenarse más de ciento cincuenta seminaristas. En Honduras, donde hay un alto porcentaje de misioneros extranjeros, el aumento de las vocaciones sacerdotales es todo un reto positivo y una emergencia para la caridad y la solidaridad de la Iglesia. Como indican desde la Iglesia nicaragüense, “la tarea principal de los obispos consiste en fortalecer a los sacerdotes locales para que éstos, a su vez, puedan reforzar la fe entre los creyentes pues la evolución de las sectas sigue siendo un peligro”.

Faltan formadores

En América del Sur seis mil seminaristas están en pleno proceso de formación. Pero, y a pesar de las ayudas, éstas sólo alcanzan a uno de cada cuatro. Algunos seminarios tienen que cerrar sus edificios antes de concluir el curso por la falta de alimentos o la ausencia de profesores suficientemente preparados. La mayoría carece de medios materiales para la formación adecuada: no tienen lugares de estudio, aulas o capillas. Sin embargo, las carencias materiales, las más urgentes en muchos países pobres, se ven superadas ante las carencias en formación: “La falta de estructuras es un problema que se puede resolver con una ecuánime distribución de recursos; pero más delicada y dramática es la falta de formadores sin los cuales no es posible asegurar la comunidad cristiana de pastores”, sostiene el padre Del Petre, para quien, “las Iglesias jóvenes de los territorios de misión tienen las vocaciones, pero por ser de reciente fundación no tienen todavía personal suficiente”.

En África y Asia el crecimiento de vocaciones a la vida religiosa es constante. Desde 1997 a 2005 en el continente africano se ha pasado de una cifra de diez mil a once mil vocaciones, mientras que si en Asia era de dieciséis mil, ahora ya los dígitos llegan a los veinte mil. Además, los religiosos no sacerdotes han pasado de seis a ocho mil en ese mismo periodo de tiempo. Y al aspecto humano se une la proliferación de institutos de vida consagrada y de centros educativos y asistenciales. Por este motivo, hay congregaciones europeas y americanas que han invertido lo mejor de su personal en el reclutamiento y la formación en los territorios de misión. Entre marzo y abril del año pasado, el prepósito general de los Carmelitas Descalzos, Luis Aróstegui Gamboa, visitó el Carmelo de algunos países del Sudeste asiático. Pudo conocer y contemplar la realidad carmelitana en esos países, en algunos de los cuales se produce un notable florecimiento de vocaciones. El padre Aróstegui visitó Vietnam, Camboya, Taiwán, Singapur y Malasia, en donde se advierte “un dinamismo extraordinario”, según afirmó. “Los aspirantes a carmelitas de todos estos países –explicó el padre general– son campos prometedores, necesitan el apoyo de la Orden en este momento aún inicial, para que la formación espiritual, teológica y pastoral los consolide en su vocación”.

Nuevas fundaciones

En Camboya, cinco hermanas carmelitas coreanas han comprado el terreno donde esperan comenzar en breve la construcción del monasterio. “Por el sufrimiento del pasado –constató el padre Luis Aróstegui–, nos parecen pueblos culturalmente perseverantes y generosos en la fe y vida cristianas”. En Malanje, Angola, las hermanas clarisas del convento castellano de Astudillo han realizado ya tres fundaciones en la antigua colonia portuguesa ante la cantidad creciente de vocaciones. En el otro extremo de África, las hijas de San Pablo han hecho una nueva fundación en Juba, Sudán, en una zona arrasada durante un cuarto de siglo por la guerra.

En Asia del Sur y Oceanía “hay una buena respuesta de las vocaciones a la vida religiosa franciscana”. La presencia franciscana en la isla de Sumatra, la mayor isla indonesia, es “fuerte, floreciente y dinámica. Incluso en una sociedad de amplia mayoría musulmana, donde las comunidades cristianas tienen dificultades y a veces son miradas con desconfianza”, según recoge una crónica de la agencia Fides que se hacía eco de la renovación de sus votos de setenta jóvenes de la Orden de los Frailes Menores Conventuales en Pematang Siantar, ciudad al Norte de Sumatra.

El espíritu de Juana y Estefanía Bigard, el apoyo de la Santa Sede, el patronazgo de Santa Teresa del Niño Jesús y la colaboración, año a año, de miles de fieles han convertido a la Obra de San Pedro Apóstol en una de la mayores alianzas mundiales por la formación, la solidaridad y la ayuda. Hoy tenemos la ocasión, una vez más, de evitar que ninguna vocación pueda perderse para que el anuncio de Cristo resuene en todos los territorios del mundo.


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WebJCP | Abril 2007