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MISIONEROS EN CAMINO: CONOCER PARA DECIR: XII Domingo del T.O. - Ciclo C (Lc 9, 18-24)
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viernes, 21 de junio de 2013

CONOCER PARA DECIR: XII Domingo del T.O. - Ciclo C (Lc 9, 18-24)



Cuando Benedicto XVI convocó el Año de la Fe, lo hacía desde un convencimiento: la falta de conocimiento por parte de muchos católicos de la persona de Jesucristo y, por supuesto, una forma de revitalizar, recuperar, consolidar y llegar al fondo de las verdades más fundamentales de la vida cristiana. Para ello, si recordáis, nos dejaba como sugerencia e himno para este Año de la Fe, el Credo y el acercarnos a la lectura del Catecismo de la Iglesia Católica.

1.- En un mundo que avanza, técnica y racionalmente a un ritmo de vértigo, los católicos hemos de dar respuesta no tanto a los interrogantes que la ciencia nos plantea (aunque también) sino más bien, primero, testimonio de lo que creemos. Para ello el Papa Francisco, al iniciar su pontificado, nos indicaba como pistas de actuación aquello de caminar, edificar y testimoniar (o confesar).


Es aquí donde, a muchos católicos, nos dan por goleada –no tanto porque no sepamos responder a muchos retos que la sociedad nos plantea- sino porque, en realidad, existe un desconocimiento o desinterés por aquello en lo que creemos o en Aquel en el que hemos sido bautizados.

Posiblemente si en una encuesta, a pie de calle, nos preguntasen ¿Quién es para usted este o aquel político? ¿Qué significa para su vida éste o aquel cantante, artista o deportista? ¿Qué supone para su forma de pensar este escritor o aquel filósofo? ¿Por qué admira a ese presentador o divo televisivo….? Tal vez, digo yo, enseguida brotarían decenas de respuestas.

¿Ocurriría lo mismo si nos preguntasen qué es para ti Jesús de Nazaret? El silencio, la timidez o el bloqueo mental y verbal, posiblemente, sería la única respuesta.

2.- Hoy, en este Año de la Fe, es Jesús quien nos interpela: ¿Quién y qué soy yo para ti? ¿Ya significo algo? ¿Se nota en tu forma de pensar, ver y actuar? El peligro, como siempre, son las respuestas fáciles y hechas: Tú eres el Hijo de Dios; Tú naciste en Belén o, como mucho, Tú moriste en la cruz.

Jesús, además de réplicas de cortesía, quiere conciencia y consciencia de lo que llevamos entre manos. Nosotros no creemos en algo, sino en Alguien. Un Alguien que, en los momentos más aciagos o felices de nuestra existencia, aporta valor, coraje o gratitud. Alguien que, con el nombre de Jesús, necesita adhesiones firmes y no simples verdades memorizadas (aunque en esto también estamos muy deficientes) que denote que, nuestra fe y confianza en Él, no sólo es un cumplir un expediente con bautizo, comunión, confirmación o boda por la Iglesia….sino que, a la hora de la verdad, es decisivo cuando estamos en el trabajo, en el ocio o en la familia.

3.- ¿Quién es Jesús para nosotros? Si bendecimos la mesa al mediodía, podremos decir que es Aquel que nos invita a dar gracias al Padre por los alimentos recibidos. Si perdonamos y amamos, concluiremos que es Aquel que nos exige hacer lo que Él hizo. Si la eucaristía de cada domingo es necesidad (y no obligación) podremos contestar que, Jesús, es la cita más deseada y añorada de la semana. Si en nuestra casa, además de la caja tonta que es la televisión, conectamos con la Palabra de Dios o nos asomamos a alguna revista cristiana…podremos concluir que, además de las cosas del mundo, nos interesa todo lo relativo a Jesús.

Con la espontaneidad a la que el nuevo Papa nos tiene acostumbrados recientemente decía que, los cristianos, después de descubrir a Cristo no podíamos vivir con “cara de pepinillo de vinagre”. Tal vez porque, entre otras cosas, no es cuestión de decir con palabras “quién es Cristo para mí” sino, con el semblante, las obras y el rostro esperanzado…demostrar que, Cristo, es ALGUIEN importante y esencial en nuestra vida.

4.- ¿QUÉ QUIERO DE TI, SEÑOR?

Vida, de la que tú me ofreces,
o muerte, segura, cierta que yo persigo
y que en el mundo vivo a todas horas
Alegría, que brota desde el fondo de las personas,
o sonrisas, que en surtidores de mentiras,
me refugio en el hombre que errante, busca

¿QUÉ QUIERES SER PARA MI, SEÑOR?

Respuesta que calme mis heridas,
mi soledad y mi desconcierto,
mi egoísmo y mis debilidades…
o, por el contrario,
dulces que, hoy dulcifican mi paladar,
pero que mañana me dejan insatisfecho
con ansias de más de lo efímero
y sin referencia a lo eterno

¿QUÉ QUIERES SER PARA MI, SEÑOR?

Verdad, que se abre como un abanico
frente a tanta mentira
O, falsedades, que añoro y me seducen
para no complicarme demasiado mis años

¿QUÉ QUIERES SER PARA MI, SEÑOR?

El Hijo de Dios, que me ofrece VIDA ETERNA
o, por el contrario, simplemente
hombre que sale al encuentro del hombre
sin más pretensión que llenarle de satisfacciones.

QUE SEAS PARA MI, SEÑOR

Ilusión que me empuje a trabajar por tu Reino
Fe que me ayude a sentirte siempre presente
Esperanza que me anime en el desaliento
Amor que haga desplegar lo mejor de mí mismo
Ayúdame, Señor, en este Año de la Fe
a descubrir este tesoro que llevo entre manos.
Un tesoro que, tal vez por el paso del tiempo,
no lo veo con claridad o hasta lo he olvidado.
Un tesoro, la fe, que por mis falsas seguridades
digo conocerlo cuando, en realidad, vivo muy lejos.

Amén.


WebJCP | Abril 2007