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domingo, 19 de mayo de 2013

Fiesta de Pentecostes


¿Cómo sé que esta historia no es una ilusión, un montaje más que nos hemos hecho los humanos para seguir alimentando sueños?
Si pretendes una respuesta científicamente verificada, no continúes. ¿Es que puedes verificar que merece la pena amar, a pesar de todo?
¿Es que uno inicia la aventura con otra persona y decide construir un proyecto común de futuro por razonamientos incontrovertidos?
Al revés, el que necesita esas garantías ha dejado de amar.
Lo cual no quita sus referencias objetivas y racionalmente críticas a la fe. También el que se casa ha verificado que es amado. Ha vivido una serie de signos del amor a través de una historia en que él mismo ha estado implicado.
Los signos están dados: la vida histórica de Jesús, su mensaje y sus hechos, el proceso de los discípulos, el viraje que se produce en un momento de su vida, cuando comienzan a decir que han visto a Jesús resucitado...
Estos signos no son neutrales (como los que maneja la ciencia), son implicativos, es decir, comprometen mis preguntas y esperanzas sobre el sentido de la existencia. Cuando confronto mi vida con esos signos y comienzo a percibir la realidad con otras claves, entonces comienzo a verificar que el mensaje de Jesús es verdad, la verdad íntima del hombre, y comienzo a fiarme de su persona, y, poco a poco, sin saber cómo ni por qué, El adquiere un significado único y total...
Cuando, al final de un proceso, creo en Jesús y puedo invocarle de corazón como mi Dios y mi Señor (Jn 20), entonces puedo mirar hacia atrás y reconocer que mi búsqueda era guiada por dentro, suave y fuertemente, a través de mi propia libertad, y El ya se había fijado en mí.
¿Cómo sé que esta historia no es una ilusión?
Porque tengo una historia vivida con Jesús.
Porque noto los frutos de la fe, de la esperanza y del amor en El.
A esto le llamamos los cristianos el Espíritu Santo:
Derramado en los corazones (Rom 5 y 8; Jn 14),
ha convocado el nuevo Pueblo de Dios de todas las naciones (Hech 2),
— y sigue poniendo en pie a los testigos del Evangelio


WebJCP | Abril 2007