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MISIONEROS EN CAMINO: Pascua y Misión: de la pasión de Cristo a la resurrección del hombre
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sábado, 30 de marzo de 2013

Pascua y Misión: de la pasión de Cristo a la resurrección del hombre

Domingo de Pascua
Año C – 31-3-2013 / Por EUNTES

Hechos 10,34.37-43 / Salmo 117 / Colosenses 3,1-4
Juan 20,1–9

Reflexiones

Un pasaje pascual del Evangelio de Juan nos introduce en la Fiesta de hoy. La llegada de unos peregrinos griegos a Jerusalén, en días cercanos a la última Pascua de Jesús, tiene el efecto de una explosión luminosa sobre el misterio que se avecina. Esos peregrinos llevan una pregunta en su corazón y en sus labios: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21). Eran personas de lengua y cultura helénica, convertidos o simpatizantes con el judaísmo. Su deseo tiene una honda significación misionera. Su pregunta va mucho más allá de la curiosidad por conocer la estrella de turno. Ellos vienen de lejos, pertenecen a otro pueblo, están cansados por el viaje, llevan en su corazón motivaciones espirituales... Quieren ver a Jesús: no para un saludo fugaz, sino para conocer su identidad, captar su mensaje de vida. La narración de Juan contiene otros detalles vocacionales y misioneros: para llegar hasta Jesús, se necesitan a menudo guías, acompañantes. Esos peregrinos buscan intermediarios de su cultura, Felipe y Andrés, los únicos apóstoles con nombres griegos.



Esos peregrinos griegos asumen un significado emblemático: junto con otras personas de origen no judío (el centurión de Cafarnaún, la mujer Cananea y otros), son las primicias de los pueblos lejanos, también ellos llamados a aprender los caminos del Señor. La aspiración a cambiar de vida, conocer al verdadero Dios, encontrar a Cristo, está en el corazón de cada persona. Es un deseo que atraviesa los siglos, se cruza con personas, pueblos, culturas; a veces es explícito, muchas otras es mudo, intuitivo, indescifrable, a menudo confuso, fragmentario, contradictorio; pero es siempre un gemido que nace de lo profundo de la vida. Son los SOS del espíritu, breves y elocuentes como un sms… Más que las palabras, a menudo gritan los gestos, las situaciones, los sufrimientos, las tragedias, los silencios...


“¡Queremos ver a Jesús!” Él responde a la petición de los peregrinos griegos, anunciando que ha llegado su hora, la hora de ser levantado de la tierra para atraer a todos a sí (Jn 12,32), a fin de que los pueblos alcancen la vida en plenitud. La hora del grano de trigo, que muere para dar mucho fruto (Jn 12,24). Aquí hay un dato autobiográfico: el grano que muere para dar vida es el mismo Jesús. Él está hablando de sí y muestra el único camino que lleva a la vida: pasar por la muerte y la resurrección. Tan solo el que cumple este itinerario podrá luego anunciar a Cristo muerto y resucitado. El evangelista Juan indica quiénes podrán señalar a Jesús: son los apóstoles, que, tras haber encontrado personalmente al Resucitado, anuncian con gozo pascual: “¡Hemos visto al Señor!” (Jn 20,24). Para el evangelista Juan todo el arco de la Misión se encierra entre estas dos expresiones: “¡Queremos ver a Jesús!” y “¡Hemos visto al Señor!” El recorrido es completo en todas sus fases: comienzo, encuentro, diálogo, crecimiento, madurez, gozo, irradiación…


¿Quiénes darán cumplimiento a tantas esperanzas? Dar la respuesta corresponde a hombres y mujeres, que somos los cristianos, testigos del Resucitado. No será suficiente una respuesta teórica o la repetición de una fórmula; la respuesta misionera debe arrancar del conocimiento amoroso, de la conversión y adhesión a Cristo. Los cristianos, los misioneros deben poder afirmar, como los apóstoles después de la resurrección: “¡Hemos visto al Señor!” (Jn 20,24). “El apóstol es un enviado, pero antes es un experto de Jesús” (Benedicto XVI). También él debe ser grano de trigo que muere para dar vida. Solo así puede anunciar el Evangelio con credibilidad y eficacia. (*)


De la experiencia de vida nueva en Cristo nace el compromiso misionero del anuncio y del compartir. Puesto que Cristo ha resucitado, existe una manera nueva de relacionarse: con Dios, entre los seres humanos, con el cosmos, con las fuerzas del bien y del mal… Una vida mejor es posible, gracias al compromiso de los que creen en Cristo resucitado y hacen causa común con el hombre.


Creer en la resurrección de Cristo trae consigo comprometerse por la resurrección del hombre. Pasión de Cristo - Pasión del hombre: es un binomio inseparable. Lo mismo debe valer para la resurrección... Cristo, hombre de dolores, continúa hoy su pasión en los dolores del hombre. De cada persona. Por su pasión y resurrección, Cristo se converte en el primogénito de la nueva familia humana que nace de la Pascua: es la familia de los resucitados, llamados a vivir como resucitados. Hoy, para laicos, religiosas y sacerdotes, hacer Misión es colaborar con el Espíritu del Resucitado, para que la resurrección de Cristo sea resurrección del hombre. De esta manera, la contemplación de la pasión de Cristo no se dirige solo al pasado, sino que se convierte en compromiso por el presente y el futuro: ¡una contemplación que lleva necesariamente a un renovado compromiso misionero!


Palabra del Papa

(*) «Sigamos a Jesús. Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que Él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro. Y, por favor, no os dejéis robar la esperanza, no dejéis robar la esperanza. Esa que nos da Jesús... Los jóvenes deben decir al mundo: Es bueno seguir a Jesús; es bueno ir con Jesús; es bueno el mensaje de Jesús; es bueno salir de uno mismo, a las periferias del mundo y de la existencia, para llevar a Jesús».

Papa Francisco
Homilía en el Domingo de Ramos, 24-3-2013

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 31/3: Pascua en la Resurrección de Jesucristo, Salvador de todos los pueblos. ¡Aleluya!
- 31/3/1767: Expulsión de los Jesuitas de España, de Portugal y de sus colonias en América Latina. Seis años más tarde (1773), tuvo lugar la supresión de la Compañía de Jesús, benemérita de la evangelización en el mundo entero.
- 1/4: B. Luis Pavoni (1784-1848), sacerdote de Brescia, pionero en el campo social, fundador, entregado a la educación humana, cristiana y profesional de los niños.
- 2/4: S. Francisco de Paula (1416-1507), ermitaño de vida austera, fundador de los Mínimos.
- 2/4: BB. Diego Luis de San Vitores (1627-1672), sacerdote jesuita español, y Pedro Calungsod (1654-1672), nacido en Filipinas, catequista seglar; ambos fueron matados por odio a la fe cristiana y arrojados al mar en la isla de Guam (Marianas, Oceanía).
- 2/4: B. María Laura Alvarado (1875-1967), nació y vivió en Venezuela, fundadora, entregada a la asistencia a los huérfanos, ancianos y pobres.
- 2/4: Aniversario de la muerte (2005) del beato Papa Juan Pablo II.
- 4/4: S. Isidoro (ca. 570-636), obispo de Sevilla y doctor de la Iglesia, experto en las ciencias y en la organización; se le considera el último Padre de la Iglesia latina.
- 4/4: S. Benedicto Massarari, llamado el ‘Negro’, descendiente de esclavos africanos (Sicilia, 1526-1589), franciscano, el primer africano negro canonizado. Es co-patrono de Palermo.
- 4/4: Recuerdo de Martin Luther King (USA, 1929-1968): líder de los derechos civiles, de la integración racial y de la “no-violencia-activa”, Premio Nobel de la Paz (1964), asesinado en Memphis.
- 5/4: S. Vicente Ferrer (1350-1419), sacerdote dominico español, uno de los mayores predicadores y misioneros itinerantes en la Europa occidental.


WebJCP | Abril 2007