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sábado, 9 de junio de 2012

Corpus Christi: La hora de la misión


Publicado por Antena Misionera Blog

Eucaristía y Misión… Dos realidades que se juntan el día del Corpus… Y que debiera de realizarse cada vez que celebramos la Eucaristía…
Al finalizar la Eucaristía, el sacerdote en nombre de la Iglesia nos envía a construir la paz, la justicia y la fraternidad… Si la reunión del domingo no tuviera una repercusión en nuestra vida, se convertiría en una pérdida de tiempo, sería un bla, bla, bla inútil.
En cada reunión proclamamos una y mil veces el amor mutuo, nos damos la mano, nos concedemos mutuamente la paz, rezamos a Dios, le llamamos Padre de todos… Todo esto nos compromete en la vida diaria.

Tras la asamblea comienza la misión ¿Recordáis cuál es origen de la palabra “misa”? Viene de missio, misión. Después de la liturgia eucarística, comienza la liturgia del hermano.

Los que hemos visto que nuestro Señor parte y reparte el pan no podemos comer el pan ajenos a los que no tienen pan.

Los que hemos visto al Señor ponerse a la mesa y servir a sus discípulos, hasta lavarles los pies, no podemos tomar una actitud egoísta o indiferente ante nuestros hermanos…

Debe haber una conexión entre Eucaristía y vida si no queremos caer en una flagrante contradicción que Dios detesta. El templo no es para Jesús el horizonte último, sino el espacio donde vigorizamos nuestras vidas, para ponerlas al servicio en los lugares donde hierve la vida.

Los cristianos que hemos participado en la Eucaristía con sinceridad y hondura debemos intentar con todas nuestras fuerzas ser criaturas nuevas en la sociedad…

Desgraciadamente, muchas veces no suele ser así. La misa se ha convertido en una especie de remanso de paz que nada cambia.

¿Cómo se puede explicar el hecho de que una persona se pase gran parte de su vida comulgando, y después de muchos años recibiendo a Jesús, resulta que tiene los mismos defectos y faltas más importantes que cuando empezó a comulgar? ¿Cómo se puede explicar que tanta gracia acumulada durante tantos años no se note, al menos de alguna manera, en la vida concreta de la persona?

¿Cómo es posible que, en países de mayoría católica, mucha gente piadosa que frecuenta la Iglesia, viva indiferente ante la injusticia y la desigualdad y, más aún, contribuya con sus opciones políticas y económicas a mantener cada vez más la desigualdad y la injusticia?

Quizá tú mismo en ocasiones has criticado a la gente que va a misa por un simple hábito, costumbre o tradición, sin que ello afecte para nada a su vida…

Cuántas veces hemos oído decir: “Para ir como va ése o aquella, mejor no ir”.

No les falta razón cuando se critica a los que van por “cumplir” o a los que “no se les nota nada que han estado en la Eucaristía”. No estoy de acuerdo, sin embargo, con la conclusión: “¡Mejor no ir!”… La Eucaristía es un encuentro para la misión. Intenta ser consecuente con ello y verás tú mismo que no se puede decir: “Mejor no ir”…

Termino narrando un hecho ocurrido en una Parroquia de Madrid…

Un domingo, trataba el evangelio sobre la multiplicación de los panes. Entre todos fueron discerniendo qué panes y peces deberían multiplicar y cómo…

Al final se había añadido que no nos basta con partir el pan de la eucaristía si al salir no estamos dispuestos a partir y compartir no solo lo que tenemos, sino lo que sabemos…

Siguió la misa.

Al final la misa terminó con esta encomienda: “La misa en realidad no ha terminado del todo. Podéis ir en paz si sois capaces”.

La gente salió. El sacerdote estaba recogiendo algunas hojas de canto que se habían quedado por los bancos, cuando vio una muchacha sentada cerca de la puerta. Tenía la cabeza sobre el reclinatorio.

La reconoció. Era Carmen. Sabía que acababa de terminar con éxito su licenciatura en Periodismo y que ya tenía ofrecido trabajo en un diario prestigioso.

Se sentó a su lado. ¿Qué pasa Carmen?

- Son ustedes unos liantes…. ¿Nosotros?

- Usted y toda la gente de esta maldita parroquia… y el que escribió esa historia de multiplicar panes y peces.

Levantó la cabeza. Tenía una lagrimilla en los ojos y un papel medio arrugado en la mano.

-Hace dos días me llegó esta carta de Guatemala. Me cuentan que está en crisis la emisora cultural de un pueblito, junto a la frontera con México. Que necesitan ayuda económica y ayuda de gente. Que tienen que formar locutores y organizar campañas… y que si me voy con ellos. Yo me lo tomé en broma, pero después de la misa de hoy y de las indirectas suyas que parecía que iban para mí…

-Oye, yo… -Bueno, ya sé que no lo hizo aposta, pero lo hizo. Y ahora yo no me atrevo a salir de la iglesia, porque ya sé a dónde tengo que ir.

El sacerdote le dio unas palmaditas en el hombro mientras me levantaba.

-Yo no te digo ni que sí ni que no. Puedes ir en paz.

Intentó darle al cura una patadita en la espinilla. Y al cabo de un tiempo el sacerdote se encontró con su hermano…

-¿Ya se enteró, don Mariano? Carmen se marchó ayer para Guatemala.

-¿Cómo no me dijo nada? -Nos pidió que callásemos y dijo que ya le escribiría.

A Carmen le costó muchísimo salir de misa aquel domingo. Acaso a algunos otros nos costaría mucho también si pensásemos en lo que tenemos que hacer al salir. Aunque solo sea pedir perdón a alguien, echar una mano, ser más tolerante… o lo que sea, pero que se note… porque la Misa se tiene que notar en la vida…


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