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sábado, 5 de mayo de 2012

Palabra para la Misión: “Ustedes son los sarmientos”: podados y fecundos para la Misión


V Domingo de Pascua
Año B - 6.5.2012 / Por EUNTES

Hechos 9,26-31 / Salmo 21 / 1Juan 3,18-24
Juan 15,1-8

Reflexiones

Jesús en el Evangelio se identifica con la vid: “Yo soy la vid verdadera” (v. 1). La afirmación de hoy va unida a la serie de definiciones que Jesús da de sí mismo, y que encontramos en el Evangelio de Juan: Yo soy el agua fresca (Jn 4); “Yo soy el Pan vivo” (Jn 6); “Yo soy la luz del mundo” (Jn 9); “Yo soy el Buen Pastor” (Jn 10); “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11)… Y hoy: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos” (v. 5). Estas afirmaciones nos recuerdan la auto-definición del Dios del Éxodo: “Yo-Soy me ha enviado a Ustedes” (Éx 3,14). Se ve claramente que las revelaciones de la identidad de Dios, y de Jesús, son en sí mismas un Evangelio, una buena noticia, y contienen una misión, un mandato que llevar a otros. Después de la última cena con los discípulos, en un contexto de despedida, ya de por sí cargado de significado y emociones, se inscribe el pasaje evangélico de hoy sobre ‘la vid y los sarmientos’, en el cual Jesús asume la rica temática bíblica de la vid, que fue objeto de cánticos en los profetas (Isaías, Jeremías, Ezequiel) y en los salmos (80). Él es la vid verdadera del nuevo Israel, que no decepcionará las esperanzas divinas, porque dará frutos.


En el pasaje de la vid y los sarmientos hay una revelación trinitaria: el Padre es el viñador, el Hijo es la vid, el Espíritu Santo es la savia vital y amorosa en el seno de la Trinidad y en el corazón de los discípulos, que son los sarmientos. De la alegoría de la vid se puede hacer, además, una lectura eclesial y eucarística: el primer “fruto de la vid” es la Eucaristía de la nueva alianza en la sangre de Jesús (Mt 26,29). Los otros frutos corresponden a los que Él llama a seguirle: para “que den fruto abundante, así serán discípulos míos” (v. 8). Estos frutos hay que recogerlos en el campo que es el mundo, donde “la mies es mucha, pero los obreros son pocos” (Mt 9,37).


La condición indispensable para dar fruto consiste en la unión del sarmiento a la cepa. Unión de verdadera simbiosis. A este respecto, la experiencia de la vida agrícola no admite alternativas ni excepciones. De ahí la insistencia de Jesús: “Permanezcan en mí y yo en ustedes” (v. 4). En el breve pasaje de hoy se utiliza hasta siete veces el verbo “permanecer”. No es suficiente cualquier presencia, de paso, como un vuelo de pájaro de un árbol a otro, o una mariposa de una a otra flor; ‘permanecer’ indica estabilidad, morada fija, residencia. Es decir, amistad, convivencia, identificación, oración. (*) Una amistad que se fortalece con la “podadura”, que se ha de asumir como paso necesario de purificación y de fecundidad, “para que dé más fruto” (v. 2). Nos lo asegura también Job, un experto en podaduras: ¡feliz el hombre a quien corrige Dios! Él llaga y luego cura con su mano (Jb 5,17-18).


La invitación a fiarse de Dios, siempre -incluso en los meandros del dolor- nos llega también de Juan (II lectura), porque “Dios es más grande que nuestro corazón y lo conoce todo” (v. 20). Él nos ha dado el Espíritu Santo (v. 24), para que nos ayude a no amar de palabra, “sino de verdad y con obras” (v. 18). Un testimonio de este amor nos lo ofrece la historia de Pablo (I lectura): tras haber perseguido a los cristianos, descubre en ellos la presencia del Señor que cambió su vida. En el camino de Damasco no ha nacido solo un cristiano, sino el apóstol, el gran misionero, que -gracias a la mediación de Bernabé que lo presentó a los apóstoles- predicaba en Damasco y en Jerusalén con valentía, públicamente, en el nombre del Señor Jesús (v. 27-28). Hay que subrayar con fuerza el papel de Bernabé como amigo, acompañante, consejero y socio de Pablo en la misión. El miedo y las sospechas hacia Pablo eran grandes, no solamente porque había sido un perseguidor, sino más bien porque “Pablo manifestaba una fuerza y una amplitud de miras que sorprendió y atemorizó a cristianos que ya habían hecho sus vidas sin el soplo misionero que traía el neoconverso. Este predicaba con valentía y no temía enfrascarse en discusiones con judíos de origen griego. Su mensaje y su vehemencia le traían dificultades. Pablo tomada en serio aquello que tanto nos cuesta: amar al prójimo en su situación concreta” (Gustavo Gutiérrez).


En lugar de refugiarse en proyectos personales y seguir su camino, Pablo, podado y fecundado en el sufrimiento, encara incomprensiones y divergencias, acepta confrontarse con los demás apóstoles, no se aísla; por el contrario, busca y mantiene la comunión con el grupo. Es un ejemplo para aquellos que, hoy también, se entregan con pasión a la causa misionera del Evangelio y encuentran incomprensiones y contrastes en la misma comunidad eclesial. La tentación de abandonar parecería la cosa más fácil. Pablo, por el contrario, luchó y resistió. Renovó a la Iglesia desde dentro. Buscando siempre la comunión. ¡Con amor!


Palabra del Papa

(*) “Estamos llamados a permanecer en Cristo –como gusta repetir el evangelista Juan (cf Jn 1,35-39; 15,4-10)– y esto se hace realidad particularmente en la oración. Nuestro ministerio está vinculado totalmente a este permanecer, que equivale a orar, y toma de ahí su eficacia”.

Benedicto XVI
Homilía en la ordinación presbiteral de 19 diáconos, Roma, 3.5.2009


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 6/5: S. Pedro Nolasco (+1245 en Barcelona), fundador, junto con S. Raimundo de Peñafort y el rey Jaime I de Aragón, de la Orden de la Merced para el rescate y la redención moral de los esclavos.
- 6/5: B. Francisco de Montmorency-Laval (1623-1708), misionero francés, obispo de Quebec (Canadá).
- 6/5: B. Rosa Gattorno (1831-1900), madre de familia y viuda, fundó en Piacenza (Italia) el Instituto de las Hijas de Santa Ana, que muy pronto (1878) partieron como misioneras hacia otros continentes.
- 8/5: B. María Catalina Symon de Longprey (+1668), de las Hermanas Hospitalarias de la Misericordia, entregada al cuidado físico y espiritual de los enfermos en Quebec (Canadá).
- 8/5: S. Magdalena de Canossa (1774-1835), italiana de Verona: renunció a sus bienes patrimoniales y fundó dos Congregaciones para la educación cristiana de la juventud.
- 8/5: Jornada Internacional de la Cruz Roja (desde 1929) y de la Media Luna Roja.
- 9/5: S. Pacomio (Alto Egipto, 287-347), padre del monacato cenobítico cristiano, autor de una de las primeras Reglas monásticas.
- 10/5: S. Juan de Ávila (1500-1569), entregado a las misiones populares en el sur de España, amigo y socio de los grandes reformadores de su tiempo; es el patrono de los sacerdotes diocesanos españoles.
- 10/5: B. Ivan Merz (1896-1928), laico de Croacia, humanista, comprometido en la vida social.
- 11/5: B. Zeferino Namuncurá (1886-1905), nacido en Argentina, miembro de la etnia mapuche de la Araucania, y fallecido en Roma, siendo aspirante de la familia salesiana, modelo de virtudes cristianas.
- 11/5: Memoria del P. Mateo Ricci (1552-1610), jesuita italiano, misionero en China: vivió, murió y está enterrado en Beijing. Fue pionero de una nueva presencia misionera y cristiana en China.


WebJCP | Abril 2007