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domingo, 6 de mayo de 2012

LA HOMILÍA MÁS JOVEN: COHERENCIA



1.- En el modo de celebrar la misa antiguamente, y no hablo de siglos ya que era practica de días solemnes cuando yo me iniciaba en el sacerdocio, poco antes de la comunión, el ayudante a misa, se acercaba al sacerdote y le presentaba una placa, generalmente metálica y preciosamente decorada, él la besaba y a continuación bajaba del presbiterio y la presentaba a cada uno de los miembros de la asamblea, diciéndole: pax tecum a lo que el fiel respondía: et cum spiritu tuo (la paz sea contigo / y con tu espíritu). Este objeto litúrgico llamado Portapaz, ha quedado relegado a ser exhibido en los museos, donde veréis bellos ejemplares. Se reformaron ciertas normas litúrgicas y, con bastante frivolidad en la mayoría de los casos, se ha recurrido a los abrazos y besitos, muy divertidos casi siempre, pero carentes de lo que la Santa Madre Iglesia busca con el rito: que la paz de Cristo, que acaba de nacer sacramentalmente en el altar, inunde de felicidad a los fieles.

Me he referido a la liturgia latina. En otras, recuerdo ahora la ambrosiana de Milán o la hispánica, propia de la península ibérica, acabada la liturgia de la Palabra, el sacerdote dice: recordando al Señor, que nos manda que si vamos a acercarnos al altar y estamos enemistado con el hermano, dejemos la ofrenda y vayamos primero a reconciliarnos, hagámoslo ahora nosotros para empapados de la paz de Cristo, podamos proseguir nuestra celebración (no son palabras exactas).

2.- Me he referido, pues, extensamente a este rito, mis queridos jóvenes lectores, pues observo con pesar, que muchas personas entran en la iglesia despreocupadas de quienes han encontrado por el camino, en la puerta del recinto, o al salir, mudos e indiferentes totalmente, a las demás personas. Ahora bien, en aquella hora precisa, todo son sonrisas, desplazamientos en busca del amiguete o la amiguita correspondiente, carentes los gestos de fervor cristiano. No es este el sentido del rito, ni el proceder que dicta la norma litúrgica, que mejora las prácticas de tiempos anteriores, de los que os he hablado. Ahora bien, si me he entretenido hoy en este detalle, es para que examinéis sinceramente vuestro interior, a la luz de lo que nos enseñan las primeras lecturas de la misa de hoy. Pablo llega a Jerusalén y “no va a la suya” y los demás tampoco quieren que actúe a su antojo. Es presentado a la comunidad, en otro momento recordará él que saludó a los que son considerados columnas de la Iglesia, para dedicarse después y en comunión con ellos, a la evangelización de aquellos que le ha indicado Dios y de los que se sentirá especialmente responsable. Mantiene comunicación con los hermanos de otras comunidades, se sentirá obligado a ayudar económicamente a la Iglesia de Jerusalén, que él no preside, y ellos a su vez se preocuparán de su suerte. Un tal proceder es el que debéis imitar.

3.- El fragmento de la carta de San Juan, pese a ser un autor muy espiritual e intelectual, aterriza hoy en realidades muy concretas y personales. Se refiere a la conciencia, el sentido interior de la moralidad individual. Algunos pretenden prescindir de ella y se esfuerzan en entregarse a la frivolidad burguesa, gesto que colabora a que crezca el PIB, otros se entretienen fomentando actitudes de angustia, que también favorecen a la industria farmacéutica. Las dos posturas son erróneas. Respecto a la segunda, me acuerdo ahora de lo que en una carta le dice Teresa de Lisieux a un familiar: no te atormentes, la congoja, más que dolor, puede continuar siendo orgullo (la cita no es textual). Dios está por encima de nuestra conciencia y nosotros debemos vivir confiados “como un niño en brazos de su madre” como reza el salmo 131,2.

4.- Aunque no todos vosotros, mis queridos jóvenes lectores, estéis familiarizados con los cultivos vinícolas, el ejemplo que pone el Maestro, se puede aplicar a cualquier árbol. A mí me resulta muy fácil entenderlo, junto a la puerta de mi casa, se encarama una parra centenaria que cada año el hortelano la poda. Extirpa ramas que se han secado y otras que darían uvas deficientes, sólo así podremos comer algunos gustosos racimos.

Precisamente los sarmientos cortados, los sierro yo en trozos de medio palmo, me entretengo en pulirlos y barnizarlos, para que tengan tal apariencia, que puedan colocarse encima de la mesa de estudio. Por descontado que las frases del evangelio de la misa de hoy, escritas en una cartulina, van sujetas al tronquito. Si queréis recordar estas exigencias que hoy nos recuerda el Señor, os podéis vosotros mismos entretener en confeccionaros unos tallos semejantes de cualquier árbol frutal, os recordarán que al examinaros, más que escarbar morbosamente buscando pecados, como se pretende a veces, debéis preguntaros ¿qué he hecho yo hoy por el Reino? ¿Cómo ha preparado Dios mi vida, enriqueciéndola y debo sentirme agradecido? Esperaba el Señor que diera fruto, aguardaba mi colaboración para engrandecer su Iglesia, ¿le he sido fiel?

5.- Aunque vuestra respuesta pueda ser algunos, o muchos, días negativa, no os deprimáis, Él está por encima de nuestra conciencia y siendo juez justo, no es severo. Con humildad le prometéis que vuestro sarmiento, que sois vosotros mismos, lo revitalizaréis de tal manera, que llegará a sentirse satisfecho de ser nuestro padre.


WebJCP | Abril 2007