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MISIONEROS EN CAMINO: Domingo III de Pascua (Y les dijo: ¡Paz a vosotros!)
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viernes, 20 de abril de 2012

Domingo III de Pascua (Y les dijo: ¡Paz a vosotros!)



Jesús, después de la Resurrección, sigue animando con su presencia a los Apóstoles. Lo necesitan. Han quedado muy solos con la ausencia del Maestro. Por eso se les aparece, de vez en cuando, para que se den cuenta de que no les abandona. Él va a subir al cielo, y los discípulos tendrán que continuar su labor en el mundo. No es fácil la tarea que les espera. Y para poderla cumplir bien, necesitan entusiasmo, arrojo y un gran deseo de seguir las enseñanzas y mandatos de Jesús.

La obra de la incipiente Iglesia, el duro trabajo de la evangelización, necesitan saber que su Señor está con ellos. Están tan deprimidos, que no reconocen a Jesús en algunas de sus apariciones. Por eso Jesús les hace ver que es Él mismo, aunque ahora está glorificado. Y Jesús les desea y les da la Paz. Una paz que les dé confianza, y serenidad. La paz que tienen que transmitir a los demás, la paz que es el fruto de la justicia, la paz que es el mismo Jesús, el Príncipe de la Paz, aquel que, a través de los ángeles, deseó la “paz a los hombre que ama el Señor” (como rezamos en el “gloria” de la misa dominoical). Así es como tuvieron noticia los pastores del nacimiento del Mesías.

Jesús se les aparece en esta ocasión que nos ha contado el evangelio que hemos escuchado, cuando estaban hablando de Él. Estaban hablando de cómo le habían reconocido al partir el Pan, (se refiere a los discípulos de Emaús). Conocían bien aquel gesto de Jesús, partiendo y repartiendo el pan de la Eucaristía en la última Cena. Después partiría su cuerpo en la cruz, y le repartiría para todos, en forma de redención, también para todos.

Tenemos que celebrar y vivir la Eucaristía de cada domingo, con ese gran deseo de paz para todo el mundo. Sin paz, no hay Eucaristía. La violencia, el desamor, la falta de solidaridad, que rompe la paz, es lo más contrario a la Eucaristía. Por eso dice el Señor: “Si al ir a ofrecer tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja la ofrenda sobre el altar, y ve a reconciliarte con tu hermano. Después podrás ofrecer tu ofrenda” (Mt.5, 23-24).

Si tu espíritu no está en paz con todos, si está enemistado con alguien, si tu enfado o tu violencia siguen anidando en tu corazón, no te atrevas a celebrar la Eucaristía; sería una verdadera incoherencia. Pon primero paz en tu corazón, perdona sinceramente, y luego puedes reconfortarte con el pan de la Eucaristía. Jesús lo dice en otra ocasión:”lo que has recibido gratis, dalo gratis”. Tú que vas a recibir el perdón de Dios, y te va a llenar de paz tu corazón, perdona y sé portador de paz, gratis y con generosidad. Cuando salgas a la calle por la puerta de la Iglesia, ve repartiendo perdón para parecerte a Dios, ve siendo creador de paz en un mundo caracterizado por tanta violencia. Habrás celebrado bien la Eucaristía.

El Evangelio de hoy, también nos ha dicho que “les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. Pidámosle a Jesús, que nos habrá también a nosotros el entendimiento para entender su Palabra, y nos abra el corazón para aceptarla y ponerla en práctica. Sigamos, hermanos, viviendo la alegría de la Resurrección en este tiempo de Pascua.

Félix González


WebJCP | Abril 2007