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MISIONEROS EN CAMINO: Palabra para la Misión: El desafío de ser guías para los que quieren “ver a Jesús”
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sábado, 24 de marzo de 2012

Palabra para la Misión: El desafío de ser guías para los que quieren “ver a Jesús”


V Domingo de Cuaresma
Año B - 25.3.2012 / Por EUNTES

Jeremías 31,31-34 / Salmo 50 / Hebreos 5,7-9
Juan 12,20-33

Reflexiones

“Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21). El evangelista Juan indica quiénes lo han visto y pueden dar una respuesta plena. Los apóstoles, después del encuentro con el Resucitado, afirman: “Hemos visto al Señor” (Jn 20,25). Estas dos expresiones de Juan encierran todo el arco de la Misión. En la inminencia de aquella Pascua tan especial para Jesús, la llegada de algunos peregrinos griegos a Jerusalén (Evangelio) produce el efecto de una explosión luminosa sobre el misterio que se acerca. Se trata de personas de lengua y cultura griega, convertidos o simpatizantes con el judaísmo. Eran las primicias de los pueblos paganos, llamados también ellos a ponerse en camino, para seguir los senderos del Señor, como había predicho el profeta (Is 2,3).


Esos peregrinos manifiestan un deseo que encierra un gran significado misionero: “Queremos ver a Jesús” (v. 21). La pregunta va mucho más allá de la curiosidad por conocer al famoso de moda. Llegan de lejos, pertenecen a otro pueblo, el viaje ha sido seguramente cansado, se han puesto en camino por motivos espirituales. Quieren ver a Jesús, no para darle un saludo fugaz, sino para conocer su identdad profunda, captar su mensaje de vida. En la escena hay también otros detalles vocacionales y misioneros: para llegar a Jesús, a menudo se necesitan guías, acompañadores. Esos peregrinos buscan a intermediarios de su cultura, Felipe y Andrés, apóstoles con nombres griegos.


Jesús capta la densidad y la importancia de ese momento: su hora, la hora en que ha de ser glorificado (v. 23), la hora de la entrega de su vida, la hora de ser elevado sobre la tierra y atraer a todos hacia sí (v. 32), para que todos los pueblos lleguen a la vida en plenitud. Esa vida verdadera, que consiste en conocer –es decir, amar, acoger, contemplar- al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo (cf Jn 17,3). No es suficiente, sin embargo, cualquier vaga idea o teoría sobre Jesús, sino la comprensión amorosa del misterio del grano de trigo, que muere para dar mucho fruto (v. 24). Este es un dato biográfico: el grano de trigo que muere es Jesús. Él está hablando de sí mismo y muestra el único camino que lleva a la vida: a través de la muerte. (*)


El momento culminante del grano de trigo que muere lo presenta con pasión la carta a los Hebreos (II lectura): por haber aceptado la muerte por amor, Jesús se ha convertido “para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna” (v. 9). Así, en el sacrificio pascual de Cristo y en la efusión del Espíritu Santo, se realiza la alianza nueva (I lectura): queda superada la antigua alianza, basada sobre las piedras de la Ley, y se abre el camino a la nueva, arraigada en el corazón y en la vida de las personas (v. 33) que se dejan conducir por el Espíritu.


Esos peregrinos griegos que piden ver a Jesús adquieren para nosotros un valor emblemático: representan a las personas y pueblos que aspiran a un cambio de calidad de vida, que buscan a Dios con corazón sincero… A veces ese deseo es explícito, muchas otras veces se trata de un deseo mudo, intuitivo, indescriptible, a menudo confuso y contradictorio, aunque siempre es un deseo o un gemido que nace de lo más profundo de la vida. Se trata de auténticos SOS del espíritu, o mensajes del tipo sms. Más que las palabras, a menudo hablan los gestos, las situaciones, los sufrimientos, las tragedias, los silencios...


¿Quién dará una respuesta a tantas esperas? Se necesitan personas disponibles. La respuesta es tarea para hombres y mujeres de todos los tiempos, es decir, los cristianos. No basta una respuesta teórica o la repetición de unas fórmulas; la respuesta misionera brota del conocimiento amoroso, de la conversión y adhesión al Señor Jesús. Los cristianos, los misioneros deben haber visto al Señor, tener un conocimiento íntimo de Él, poder afirmar lo mismo que los apóstoles después de la resurrección: “¡Hemos visto al Señor!” (Jn 20,25). “El apóstol es un enviado, pero antes es un experto de Jesús” (Benedicto XVI). Solo así lo puede anunciar con credibilidad y eficacia.


La comunicación misionera de la experiencia cristiana asume formas diferentes, según los tiempos, las personas, la creatividad, las tecnologías. Si miramos el calendario de los santos y evangelizadores de cada semana (ver más abajo), encontramos modelos y estilos diferentes de anunciar el Evangelio… Hoy se emplean también técnicas nuevas. En muchos ámbitos y naciones, especialmente entre los jóvenes, la Misión corre también vía sms, con mensajes de correo electrónico y otros. Llegan a muchas personas, inclusive no cristianas, frases del Evangelio, pensamientos espirituales, noticias sobre la Iglesia... Cuando el fuego de la misión arde en el corazón, se buscan caminos nuevos para dar una respuesta a los que quieren ver a Jesús.



Palabra del Papa

(*) “Jesús, en la inminencia de su pasión, declara: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12, 24). Ya no es hora de palabras y discursos; ha llegado la hora decisiva, para la cual ha venido al mundo el Hijo de Dios y, a pesar de que su alma está turbada, se muestra dispuesto a cumplir hasta el fondo la voluntad del Padre. Y la voluntad de Dios es darnos la vida eterna que hemos perdido. Pero para que esto se realice es necesario que Jesús muera, como un grano de trigo que Dios Padre ha sembrado en el mundo, pues solo así podrá germinar y crecer una nueva humanidad, libre del dominio del pecado y capaz de vivir en fraternidad, como hijos e hijas del único Padre que está en los cielos”.

Benedicto XVI
Angelus, domingo 29 de marzo de 2009


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 25/3: Anunciación del Señor, por medio del ángel Gabriel a María. (Este año la celebración se traslada a lunes 26/3).
- 26/3/1967: Aniversario de la encíclica “Populorum Progressio” de Pablo VI, sobre el desarrollo integral de la persona y el desarrollo solidario de los pueblos.
- 27/3: S. Ruperto (+ ca. 718 ca.), de origen irlandés, fue un gran evangelizador de Baviera y obispo de Salzburgo.
- 28/3: B. Cristóbal Wharton (+1600); 29/3: B. Juan Hambley (+1587); 31/3: B. Cristóbal Robinson (+1597) y otros sacerdotes ingleses martirizados bajo Isabel I, reina de Inglaterra.
- 30/3: B. Ludovico de Casoria A. Palmentieri (1814-1885), franciscano, educador; junto con otros trabajó activamente para el rescate de muchachos africanos de la esclavitud.
- 30/3: S. Leonardo Murialdo (1828-1900), sacerdote de Turín, educador, fundador del Instituto de los Josefinos para la formación de niños abandonados.
- 31/3/1767: Expulsión de los Jesuitas de España, de Portugal y de sus colonias en América Latina. Seis años más tarde (1773), la supresión de la Compañía de Jesús.


WebJCP | Abril 2007