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MISIONEROS EN CAMINO: II Domingo del T.O - Ciclo B (Jn 1,35-42): ¿SEÑOR, DÓNDE VIVES?
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viernes, 13 de enero de 2012

II Domingo del T.O - Ciclo B (Jn 1,35-42): ¿SEÑOR, DÓNDE VIVES?



1 - Suena a pan recién hecho, a normalidad llena de alegría, a principio de todo. Dos discípulos de Juan Bautista preguntan a Jesús, “¿Señor, donde vives?” Muchas veces nos hemos preguntado como sería esa primera conversación del Rabí con sus nuevos amigos. Un himno de la Liturgia de las Horas recoge ese momento con una gran belleza. Dice en sus primeros versos:

“Muchas veces, Señor, a la hora décima

--sobremesa en sosiego--,

recuerdo que, a esa hora, a Juan y Andrés

les saliste al encuentro.

Ansiosos caminaron tras de ti...

“¿Qué buscáis...?” Les miraste. Hubo silencio”

Y estos son sus palabras finales:

“Al sol de la hora décima, lo mismo

que a Juan y a Andrés

--es Juan quien da fe de ello--,

lo mismo, cada vez que yo te busque,

Señor, ¡sal a mi encuentro!”

2.- Es evidente que el Evangelio de San Juan, antiguo discípulo del Bautista, da importancia singular al “descubrimiento” que el Profeta del Desierto hace del Mesías. Opina José Luis Martín Descalzo, en su monumental biografía de Jesús de Nazaret, la sorpresa que tuvo que producir el titulo de cordero –de víctima—que Juan hizo de Jesús. Era profetizar su futura misión redentora, pero en esos momentos resultaba incomprensible. Sin embargo, ello produjo una emoción tan honda a Andrés y al propio Juan que les llevo a seguir al mismo Jesús. Este Juan Evangelista recordaría muchos años después –en la fecha tardía en la que redactó su evangelio— esos momentos con un sentimiento tan singular. Y la conversación en la morada de Jesús debió de ser de tal dimensión que un hombre ya maduro como lo era Andrés fue capaz de relatar al día siguiente a su hermano Pedro que habían encontrado al Mesías. Andrés, rudo pescador, era poco dado a las fantasías.

3 - La otra parte singular del texto evangélico es el reconocimiento de Pedro como primado. Desde luego, también, ese momento tuvo que sorprender a los primeros tres apóstoles. En Israel, poner o cambiar el nombre tenía una importancia enorme. Cada nombre contenía una misión. Era como un título. En fin, el nombre de Cefas –o Kefas— con significado pétreo y firme confirmaba su condición de sustentador de la nueva Asamblea. Hemos de reflexionar un poco más en ese encuentro entre Jesús, Andrés y Juan. Es verdad que Cristo elige a sus discípulos, pero estos, al menos los dos citados, tuvieron la habilidad de situarse cerca. Es asimismo Martín Descalzo quien narra muy bien ese seguimiento tímido. Tiene que ser Jesús, quien se da cuenta que están ahí y les pregunta: “¿Qué buscáis?”. El desconcierto de Juan y Andrés tuvo que ser grande pues solo se atrevieron a decir: “¿Dónde vives, maestro? Y por ello parece oportuno leer ahora otros cuantos versos del aludido himno de Vísperas. Son los siguientes:

“Rabí –hablaron los dos--, ¿en dónde moras?”

Venid, y lo veréis.” Fueron, y vieron...

¿Señor, en dónde vives?

“Ven y verás.” Y yo te sigo y siento

que estás... ¡en todas partes!,

¡y que tan fácil ser tu compañero!

En cierta medida, todos, en nuestra conversación, hemos vivido esa escena y como el Evangelista Juan no la olvidó, tampoco nosotros podremos olvidarla. Y era esa mirada especial que hizo cambiar las vidas de Pedro, Juan y Andrés lo más fundamental. También nosotros podemos “sentir” esa mirada de Jesús que nos mantiene firmes en el deseo de seguirlo. No es posible obviar, entonces, las emociones profundas que el Evangelio de hoy nos produce.

3.- El domingo anterior, que celebrábamos el Bautismo de Cristo, iniciamos, a modo de transición, el Tiempo Ordinario. La fiesta del Bautismo forma parte todavía del tiempo de Navidad, pero “numera” como Primer Domingo Ordinario y por eso este es el segundo. La unidad y transición son absolutas. Juan El Bautista protagoniza, junto a Jesús, ambos relatos. Y así tras bautizar a Cristo señala cual va a ser su misión redentora. Consecuentemente, los discípulos de Juan se inician en el seguimiento del Cordero y reciben su llamada.

4.- A Samuel le va a ocurrir algo parecido. Recibe una llamada, escucha una voz, pero todavía no sabe quien le llama y para que. Acude a Elí, al más próximo que tiene para preguntarle. Y será Elí quien comprenda que es Dios quien llama a Samuel. Es muy notable, desde el punto de vista literario, este pasaje del Capítulo Tercero del Libro de Samuel. El triple dialogo entre el Señor, Elí y Samuel tiene mucho de lo que se llama “carpintería teatral. Pero por encima de la bella forma esta el fondo sublime y que es la llamada especial de Dios a un hombre joven, que muy bien puede ser modelo profético para los discípulos cristianos de todos los tiempos.

5.- Hasta el Domingo Sexto del Tiempo Ordinario vamos a leer fragmentos de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios. Es una obra maravillosa que condensa de manera magistral el pensamiento cristiano y que mantiene su actualidad. Pablo va a tratar de la enseñanza positiva para mejor vivir el cristianismo. La doctrina fundamental es que nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo, porque este mora en nuestras almas por efecto de bautismo. Plantea muy directamente un tema de actualidad, no siempre tratado con limpieza y cordura en nuestros tiempos: el de la sexualidad. Y la enseñanza mejor es que es amor el que debe argumentar el mundo de la sexualidad y de las relaciones interpersonales. El amor es necesario para el celibato, para la castidad, para la vida en pareja. Y es el amor de Dios lo que inspira las posiciones de ausencia del goce sexual. La ayuda es la misma para la aceptación voluntaria de la castidad, como para la asunción de la prueba de carencia para aquellos que no tienen vocación de célibes, pero que su peripecia biográfica personal les pone en dicha situación de carencia, permanente o temporal. Y la única enseñanza posible es en definitiva, la de Cristo. El mismo Jesús dice, en el capítulo 19 del Evangelio de Mateo, en el versículo 12: “Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, los hay que fueron hechos eunucos por los hombres y los hay que a sí mismos se hicieron tales por el Reino de Dios. ¡El que sea capaz de hacer esto que lo haga!”


WebJCP | Abril 2007