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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Día: 26 de Enero de 2012 - Santos Timoteo y Tito (Obispos)
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miércoles, 25 de enero de 2012

Evangelio Misionero del Día: 26 de Enero de 2012 - Santos Timoteo y Tito (Obispos)


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 4, 26-34

Jesús decía a sus discípulos:

«El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha».
También decía: «¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra».
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba, sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

Compartiendo la Palabra
Por Carlos Latorre, cmf

Timoteo y Tito fueron discípulos predilectos de Pablo, que escribió dos cartas a Timoteo y una a Tito. Timoteo fue Obispo de Éfeso y Tito de Creta. Hoy leemos un fragmento entrañable, lleno de cariño, que revela los sentimientos de Pablo hacia la familia de Timoteo: “tengo siempre tu nombre en mis labios cuando rezo de noche y de día”.

Lucas nos habla de una misión bien numerosa de discípulos. Él sabe que la misión universal no empezará hasta después de la Pascua, pero ya en vida de Jesús hay como un primer ensayo de la tarea que les va a encomendar.

El texto del evangelio nos muestra cómo es el Señor el que elige y el que envía. En la cifra 72 se acentúa la universalidad de los mensajeros y del mensaje que debe llegar a las setenta y dos naciones entonces conocidas. En este número elevado de evangelizadores se subraya la universalidad de la vocación y del anuncio que deben transmitir.

El Señor designa y el Señor envía. Y es la fuerza de la Palabra que transmiten sus enviados la que transforma los corazones y suscita nuevas comunidades.

Y los envía de dos en dos para que su testimonio tenga el valor jurídico que pedía la ley judía y para que sean como el primer núcleo de las comunidades que van a nacer gracias a la Palabra que proclaman.

El rechazo de Jesús y de sus enviados tendrá consecuencias irreparables.

Los misioneros y misioneras del reino de Dios no surgen de largas y complicadas carreras y métodos de selección. Surgen de una seducción misteriosa que Jesús, el Señor, ejerce en los hombres y mujeres que escuchan su Palabra.

Cada vez que leo estos relatos me admiro de la rapidez con que el mensaje de Jesús se extendió por todas las naciones entonces conocidas y la infinidad de pequeñas comunidades que se organizaron por todas partes. ¡Qué hubiera sido en esta época de la globalización!


WebJCP | Abril 2007