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sábado, 24 de diciembre de 2011

LA HOMILÍA MÁS JOVEN: NOBLEZA VENIDA A MENOS



1.- Cuando el hombre se independizó de resguardarse en la oquedad de la montaña, de vivir de huevos de los nidos y fruta de los árboles. Cuando fue capaz de hacerse un cobertizo, almacenar agua y encender fuego, empezó una nueva vida. Fue un cambio lento, pausado en el progreso de los útiles que le permitían subsistir y paulatino en el avance de la mente, que descubría cosas, que sufría percances, que empezaba a pensar por su cuenta, en una palabra a tener conciencia de que tenía conciencia. No os creáis, mis queridos jóvenes lectores, que el progreso fue cosa de unos años, ponedle unos cuantos miles, sin buscar ninguna exactitud.

2.- Unos descubrieron que a ciertos animales se les podía domesticar y aprovecharse de su piel, su carne, sus cuernos, sus huesos y su lana. Su vida no podía permanecer en el mismo lugar, sus rebaños exigían diaria dedicación. En una palabra, se hicieron pastores, nómadas, beduinos, como queráis llamarles. Estas labores las realizaban erguidos, elevar su vista por encima de los rebaños, oteando lejanos horizontes, era su orgullo, su altivez.

Otros, en cambio, descubrieron que ciertos vegetales eran comestibles, se les podía plantar y recoger sus frutos a su tiempo. La arcilla permitía ser modelada y hasta endurecida por el fuego. Eran los labradores. Su oficio les exigía agacharse para arañar la tierra y arrancarle la cosecha, el labrador tendía a ser humilde.

3.- Pero las cosas habían cambiado mucho ya en los tiempos de la primera Navidad. Un pastor, por aquel entonces, ya era como un banderillero jubilado, en un país donde las corridas de toros están prohibidas. Orgullo sí que puede tener, marginación y hasta desprecio, también. He tenido cortos contactos con pastores. He tratado con algunos, tanto en la meseta castellana, como en el pirineo, en el desierto o en el bosque. Es un hombre diferente. Sus virtudes y defectos también lo son. Hablo de los varones. Como ocupación femenina, pienso que solo se da en la infancia, en las culturas beduinas del desierto. En llegando la pubertad, se entrega a la chica a quien a los padres más les convenga. Hasta no hace mucho, en el mercado de Beer-Sheva de los jueves, se encontraban muchachas a buen precio, según me han contado.

4.- No os niego que la estampa plástica de un numeroso rebaño en el desierto es preciosa. Y que una niña vestida de vivos colores y de no más de ocho años, cuidando cabras, es encantadora. Generalmente se las ve a distancia, huyen de la vista de un extraño de inmediato, si se aproxima a menos de cien metros.

5.- Os he contado estas cosas, mis queridos jóvenes lectores, para que entendáis lo insólito del relato de Lucas. A ningún urbanita se le hubiera ocurrido inventar que Dios se interesaba por los pastores , les comunicara el nacimiento de su Hijo y hasta les ofreciera un concierto interpretado por ángeles. A poca distancia de Belén, se cantó el primer villancico. Estoy seguro de que no sabían que eran los primeros oyentes, pero les gustó el detalle y correspondieron a la predilección. Nobleza obliga, pensarían.

Que les llevaran regalos o no, de esto no nos habla el evangelio. Tampoco hubiera tenido la Sagrada Familia sitio donde poner las múltiples cosas que los relatos populares cuentan. Lo que si dicen es que fueron a explicar lo que habían escuchado. Se comportaron como gente comunicativa, pese a que hacerlo les suponía desplazarse a medianoche. (Tal vez este detalle sea el origen de se piense que el Mesías nació de noche, que, añadido a que el protoevangelio de Santiago dice que el acontecimiento sucedió en una gruta, nos dan la clave para entender nuestras representaciones familiares.

6.- Pues, sí, fueron a contar lo que sabían y para María era el mejor regalo que le podían hacer. Encontraría en ellos unos confidentes del Señor con quienes compartir, como lo había sido Isabel, al inicio de su prodigioso embarazo.

María conservaba estas cosas meditándolas en su corazón, dice y repite Lucas. Era una mujer de vida interior, pero no por ello hermética. La rica ingenuidad que Dios la había dado, la hacían comunicativa. Su Hijo de mayor remacharía el clavo y diría a sus amigos: lo que se os ha confiado reservadamente, predicadlo vosotros desde las azoteas. (Mt 10,27).

7.- Acogió la Virgen a los pastores, los saludaría con placer también José, y se fueron a contarlo a los del lugar. Llegaría un día en que Jesús escogería a sus apóstoles. El Padre, en los alrededores de Belén, durmiendo al raso, despertó a estos beduinos. Dejaron el rebaño y se fueron al encuentro de lo que se les había anunciado. Fueron, sin que así los llamemos, los primeros apóstoles. En aquellos momentos sería el mejor regalo de navidad que recibió Santa María. Estoy convencido de que con ellos se encontraría más cómoda que con los posteriores confidentes, de los que os hablaré, si Dios quiere, el próximo día seis. No dejéis de aprender la lección, mis queridos jóvenes lectores.


WebJCP | Abril 2007