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miércoles, 23 de noviembre de 2011

I Domingo de Adviento (Mc 13,33-37) - Ciclo B: DIOS NO ES UN ESPEJISMO


Por P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

Feliz Año Nuevo. Hoy, estrenamos el calendario litúrgico, un nuevo tiempo, tiempo de Adviento y un leccionario nuevo, el ciclo B, el evangelio de Marcos.
Adviento, miramos al futuro y esperamos la venida de Cristo en gloria. Anticipación y esperanza.
Adviento, miramos al pasado y recordamos al que vino, al que nació en Belén, La Navidad. Nostalgia.
Adviento, miramos este hoy, aquí en la iglesia y nos animamos mutuamente a vivir el presente con alegría porque Dios está entre nosotros. Certeza.
Érase una vez un viajero que andaba perdido por el desierto. Debilitado por el cansancio y el sol implacable creyó ver a lo lejos un oasis y pensó: Mi mente me está engañando. Tiene que ser un espejismo. Seguro que no hay nada, se decía a sí mismo.
A medida que se iba acercando veía palmeras y hierba e incluso contemplaba un burbujeante manantial.
Este hombre reflexivo y sabio se detuvo un momento y luego reemprendió el camino.
Sé que no hay nada, todo esto es pura proyección de mi imaginación. Es demasiado hermoso para ser verdad.
Horas más tarde llegaron al oasis otros dos viajeros y encontraron el cuerpo del viajero muerto de hambre y de sed y se dijeron: ¡Que cosa tan extraña! Los dátiles le están cayendo a la boca y se murió de hambre. El agua del manantial está al alcance de su mano y murió de sed. ¿Cómo pudo morir en medio de tanta abundancia?
El oasis no era un espejismo y nuestro viajero, enfermo y sin fuerzas, no pudo disfrutar de su abundancia.
Dios, nuestro oasis futuro, no es un espejismo, no está ausente, si parece estarlo es porque lo buscamos donde no está o porque adoramos a un dios falso.
La espera de Dios, conserje cósmico, se nos antoja larga e ilusoria. Y un año más volvemos a anunciar a los cristianos el tiempo del Adviento, de la espera y de la esperanza.
Los que estamos aquí creemos en la venida de Dios, el consumador del mundo. Otra cosa es que nuestra espera sea alegre y que nuestra esperanza esté exenta de interrogantes.
Estudiar el futuro, predecir el futuro de la economía, de la sociedad, de los pueblos…se ha convertido en un gran negocio. Think tanks de hombres prestigiosos dedican todo su tiempo a investigarlo.
En un nivel más pequeño, todos dedicamos unos minutos a escuchar al hombre del tiempo. Unos esperan que les anuncie un día de sol, otros un día de lluvia. El hombre del tiempo, no es dueño del tiempo, con sus mapas nos anticipa un futuro muy próximo.
El predicador con sus mapas bíblicos nos anuncia que Dios baja a visitarnos, “ojalá rasgases los cielos y descendieses” grita el profeta y nos invita a renovar el deseo de Dios.
La primera Navidad fue la primera visita de Dios en su hijo Jesús de Nazaret. La que se retrase sine die es su segunda venida en gloria, la que recordábamos el domingo en el juicio de las naciones. Nadie sabe el día ni la hora.
El predicador por más que estudie los mapas bíblicos y los signos de los tiempos no sabe nada, no puede predecir nada. Sólo sabe que vendrá y nos invita a creer y a esperar y a llenar este tiempo intermedio en oración para no desfallecer hasta que lleguemos al oasis de Dios.
El Libro del Apocalipsis, libro del final, nos recomienda como el evangelio de Marcos la vigilancia.
“Vigila y reanima lo que aún te queda y está a punto de morir”.
“Sólo os pido que mantengáis lo que ya tenéis hasta que yo vuelva”.
“Mira, vengo pronto. Mantén lo que tienes, para que nadie se lleve tu corona”.
Marcos nos dice: cuidado, alerta, no sabes ni el día ni la hora.
Vigilar se opone a dormirse en los laureles, a dejar que la oscuridad de la noche nos envuelva y no esperemos nada.
El evangelio nos pide vivir este presente con paz y alegría, como los niños que aún creen y sueñan con un gran futuro, no como los adultos saturados y cansados que ya están de vuelta de todo y nada les entusiasma.
Ya llevamos más de dos mil años anunciando el fin y no pasa nada, pero no por eso dejamos de cantarlo y de decir que Dios no es un espejismo sino el oasis de la vida plena y feliz.


WebJCP | Abril 2007